domingo, 22 de noviembre de 2009

Palacio Errázuriz



Ubicado en Alameda y deslindando al poniente con la carretera Panamericana, el Palacio Errázuriz debe su nombre a don Maximiano Errázuriz Valdivieso, un importante hombre de empresa del siglo pasado y poseedor de una cultura artística notable, lo mandó construir para habitar allí con su familia.
Concebido de estilo Neoclásico, el arquitecto romano Eusebio Chelli, que había llegado a Chile para colocar el Altar del nuevo templo de la Recoleta Domínica, empieza a trabajar en el proyecto en 1872. La obra que levantó Chelli
en el lugar impresionó a los santiaguinos de la época por su original juego de volúmenes entre sus tres cuerpos, así como la terraza de la fachada para observar el ajetreo de la elegante Alameda de las Delicias. A diferencia de los espacios coloniales, típicos del Chile de entonces, que se separan con dureza, aquí uno anuncia al otro e invita, con fluidez, a continuar el paseo.




En 1883 la propiedad fue vendida a Ramón Cruz Moreno, principal coleccionista de obras de arte y antigüedades de ese entonces. Cruz lo vendió en 1907 a Aurelio Valdés Morel y éste a Agustín Edwards McClure en 1925. Al morir éste en 1941, su sucesión lo vendió a su actual propietario, la Embajada de Brasil. Esta representación diplomática posee una política de conservación de su arquitectura histórica y lo ha mantenido como Residencia de su Embajador hasta el día de hoy.

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VIVIENDA Y DECORACIÓN
Sábado 10 de Marzo de 2007


Texto, Valeria Campos Salvaterra
Fotografías, Sebastián Sepúlveda Vidal
Palacio Errázuriz (Santiago de Chile)

PATRIMONIO ARQUITECTÓNICO - Tuesday, March 13, 2007 10:41 dejado por Laurah -

Una villa neoclásica sobre la Alameda

Dicen que fue la residencia más elegante del Santiago de mediados de 1800, y su dueño, Maximiano Errázuriz, uno de los más destacados hombres de negocios y política de la historia de Chile; sin embargo, la vida de ambos se vio marcada por la soledad y la melancolía. La actual embajada de Brasil abre sus puertas en el primer reportaje de una serie que pretende arrancarles las historias a las paredes de los grandes palacios de nuestro país.
El año pasado el palacio Errázuriz recibió a cerca de mil 600 personas en el día del Patrimonio Cultural, convirtiéndose en el edificio más visitado de Santiago. "Nunca se había abierto al público, así que había mucho misterio y ansiedad por ver los secretos que guardaba esta clásica casa de la Alameda", comenta Violeta Romero, encargada cultural de la embajada de Brasil. Es que como pocos de la ciudad, aún conserva toda su majestuosidad y fausto de mediados del siglo XIX, desplegado entre los muebles Luis XV del salón, el piano de cola de la sala de música, los parqué finamente trabajados en maderas importadas... Con gran cuidado y dedicación, la embajada se ha preocupado de mantener el carácter histórico del lugar que actualmente sirve de residencia para su embajador. "El palacio se compró con todo el mobiliario original y muchas obras de arte que deleitan a los visitantes", agrega Romero.

Toda esa elegancia brotó desde el refinado ojo de quien lo mandó a construir en 1872, don Maximiano Errázuriz Valdivieso, fiel representante de la alta alcurnia chilena. Y no faltan testimonios que lo confirmen: "Era la mejor casa de Santiago... y acaso la más lujosa", decía Carlos José Larraín, aristócrata de la época; "La mejor y más equilibrada residencia del período", como la describió el destacado arquitecto chileno Eduardo Secchi, mientras que el arquitecto Rodolfo Fogarty -autor de una memoria sobre ella- la pone en el primer lugar, por sobre la majestuosidad del palacio Cousiño, y de las fantasías orientales de La Alhambra y Díaz-Gana.

Una casa de tres cuerpos, toda una villa neoclásica con aires de grandiosidad romana renacentista, fue el resultado de los anhelos de Maximiano Errázuriz. Conocedor de estilos, corrientes y artistas por sus frecuentes viajes a Europa, recurrió a uno de los grandes arquitectos del momento, el italiano Eusebio Chelli, quien había llegado a Chile para instalar el nuevo altar de la Recoleta Dominica, y que luego proyectaría grandes obras de Santiago.

Ornamentada con columnas y enormes balaustradas que se despliegan hacia la Alameda, es "una obra de ese arte que simbolizaba el orden, la armonía y también el progreso y la civilización", afirma Miguel Laborde en una memoria editada por la embajada de Brasil. Pronto el lugar se llenó de gente, pues Maximiano era un hombre conocido y muy respetado: fue presidente de la cámara de diputados y senador, llegando incluso a ser propuesto como candidato a la Presidencia de la República. Sin embargo, para él la historia del palacio estuvo marcada por la soledad.

La idea original de Errázuriz era tener una casa grande donde criar a sus hijos junto a su mujer, Amalia Urmeneta, hija de José Tomás Urmeneta, otro de los nobles-burgueses del Chile de esos años y junto a quien Maximiano se haría de gran fortuna. Pero al nacer Rafael, el cuarto hijo, Amalia sufrió enormes complicaciones durante el parto, sin poder recuperarse; tras horas de agonía falleció a sus escasos 24 años. Fue un amarguísimo trago para Maximiano, que lo sumió en una melancolía que, según cuentan, no lo abandonaría más. Prefirió dedicarse por entero a su trabajo para "olvidar este triste dolor que me embarga día y noche", como escribió en una carta. El terreno en el barrio más cotizado de la Alameda de las Delicias tuvo que esperar baldío una década más. Unos años después y ya más recuperado del penoso suceso, conoce a Carmen Valdés, hija del Intendente de Valparaíso, y decide casarse con ella. Inmediatamente se trasladan a París con los niños, viaje en el cual adquirieron grandes obras de arte para el palacio que -por fin- construirían en Santiago. Pero al retorno, en su paso por el Caribe, Carmen contrajo fiebre amarilla, a causa de la cual pronto falleció. A los 40 años, Maximiano ya era viudo dos veces y su soledad comenzaba a pesarle.

Paradójicamente, la magnificencia del edificio de tres cuerpos sólo sirvió de cobijo para las grandes penas del empresario. A pesar de la ajetreada vida social que allí se realizaba, sobre todo por parte de sus hijos ya mayores, Maximiano se sintió solo. Fue entonces que dio un giro a su vida y se trasladó a su fundo en Panquehue, cerca de San Felipe, donde inauguró la Viña Errázuriz. "Ocupando una casita modesta y no el palacete pompeyano de la hacienda", según explica Laborde, permaneció en el lugar hasta su muerte en 1890.

La ostentosa propiedad se vendió, en 1883, a Ramón Cruz Moreno, el principal coleccionista de arte de la época, dueño de una casa comercial en Valparaíso. Fue un período glorioso para la residencia, pues Cruz no tuvo problemas en llenarla de cosas exquisitas, de grandes objetos de arte: parecía un museo. Aurelio Valdés Morel fue su tercer dueño, un abogado poco destacado excepto por ser un hombre riquísimo. "Fue un señor bastante sobrio, pero que quiso darle aún más realce: por eso mandó a cerrar la entrada lateral y a abrir una frontal por entremedio del balcón principal, pues según él el palacio lo merecía", cuenta Violeta Romero.

Ya entrado el siglo XX, en 1925, Aurelio traspasó la casa a Agustín Edwards McClure, quien la compró luego de renunciar a sus labores diplomáticas. Hombre distinguido -fundador de El Mercurio de Santiago y Antofagasta-, para restaurarla y modernizarla contrató al destacado arquitecto Alberto Cruz Montt, hijo de Ramón Cruz, quien había pasado su infancia allí, jugando entre los tupidos jardines. De la mano de Olga, su mujer, Edwards realizó grandes recepciones conocidas por ser las más elegantes de esos años. Allí pasó sus últimos días, hasta que fue vendida a la embajada de Brasil. Con ella dejó muchos de sus bienes, muebles y obras de arte que hoy le siguen dando la estampa que en su tiempo lo hizo el más glorioso de Santiago.

Valeria Campos Salvaterra.


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Palacio Errazuriz Urmeneta.



El Palacio Errázuriz, es una edificación inspirada en el estilo neoclásico, que se encuentra ubicada en el número 1656 de la Avenida Alameda de Santiago de Chile, en el barrio Dieciocho, el cual era un lugar predilecto de la alta sociedad Santiaguina del siglo XIX. Quién ordenó la construcción de este palacio fue Maximiano Errázuriz en el año 1872, siendo ésta realizada por Eusebio Chelli, un arquitecto italiano.

Cuando se edificó el Palacio Errázuriz, fue un deslumbre para la sociedad de la temporada, pues era bastante ostentoso, de hecho, muchos catalogaron esta construcción como la mejor casa de Santiago, inclusive mejor que el Palacio Cousiño. Actualmente en el Palacio Errázuriz, se encuentra la Embajada de Brasil. Este palacio tiene un aspecto sobrio e imponente, aunque se caracteriza formalmente por el neoclasicismo, es obvia su influencia Italiana. En su fachada principal, se observan tres volúmenes, de los cuales el central es de 2 niveles.

Originalmente se accedía a él, tras pasar por el pabellón oriente y no por su pórtico lujoso, el cual además de su altura doble, tenía columnas tanto jónicas como corintias. En el interior del mismo, los espacios están ordenados con relación a un pasillo de doble altura, en el cual se destacan los diferentes tipos de mármol que tiene el piso del espacio. De todos los salones del mismo, se destaca el gran salón de baile, cuya decoración posee relieves y espejos venecianos; otra de las áreas características es el comedor, así como también el salón de fumar, salón de juegos, de tertulias, y la biblioteca, entre otros, pues en total eran 12 salones distribuidos en el primer nivel y aproximadamente 10 dormitorios en el segundo nivel.

El parque del palacio estaba decorado con un estilo romántico, este ha sufrido algunos cambios al paso del tiempo. El primer propietario de esta edificación fue Maximiano Errázuriz, quien era un adinerado industrial, además de ser minero y hacendado. En el año 1883 el palacio se vendió a Ramón Cruz Moreno, un gran coleccionista, padre del arquitecto chileno Alberto Cruz Montt, el cual se encargó de amueblar la casa sin ningún tipo de percances. Pasó por otros dueños antes de que en el 1941 el Gobierno del Brasil, lo obtuviera y lo transformase en Embajada, función actual del mismo. [ Equipo arquitectura y construcción de ARQHYS.com ].

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