domingo, 24 de julio de 2011

La sorprendente historia que relata los inicios y desarrollo del esquí en Chile

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domingo 24 de julio de 2011



SOLEDAD CAMPONOVO L.

Alberto, Gabriela y Germán Tardio durante el campeonato.

Alfonso Huneeus en El Colorado

En 1887, dos ingenieros noruegos fueron los primeros esquiadores de Chile. Tenían como misión estudiar el terreno por donde más adelante pasaría el Ferrocarril Transandino, entre Los Andes y Mendoza, labor que realizaron sobre sus esquís. Dos años después, 14 esquiadores, también noruegos, fueron contratados por el gobierno de Balmaceda para transportar a través de la cordillera cartas y encomiendas hasta Argentina. Sin proponérselo, estos escandinavos inauguraban la historia del deporte blanco en el país.

A partir de 1910, el esquí empieza a difundirse por medio de chilenos que regresan del extranjero, como Fernando Valdivieso Valdés, que en 1913 fue demorado en la aduana por su peculiar equipaje: dos "palos largos encurvados en la punta"; y Agustín Edwards Budge, que posteriormente publicó "Ski", libro en el que recoge su experiencia como esquiador en Europa.

Hacia 1930, el esquí se propagó con una serie de hechos, partiendo con la contratación por parte del Estado del instructor alemán Oeltze von Lobenthal, quien sistematizó su enseñanza y propició la creación del Ski Club Chile, que contó con 87 miembros fundadores. A partir de entonces, comenzaron exploraciones semanales en mula o a pie en busca de pistas cercanas a Santiago donde practicar la disciplina. Algunas de ellas son parte de los más de 20 lugares donde se puede practicar hoy en día.

Al comenzar esta nueva temporada, recorremos la evolución del esquí en Chile y sus hitos más destacados.

El Mundial del 66




El Mundial de Esquí Alpino realizado en 1966 en Portillo ha sido el principal acontecimiento de este deporte en Chile. Por primera y única vez en la historia de este campeonato fue organizado por un país del hemisferio sur. Lograr la sede fue una hazaña de los dirigentes chilenos, encabezados por Sergio Navarro, que recuerda de cerca la del Mundial de Fútbol de 1962. Tres años antes del evento comenzaron los millonarios preparativos: el diseño y construcción de andariveles, habitaciones, instalaciones recreativas y una pista de descenso, además del montaje y mejora de los sistemas de comunicación y transportes. La competencia -donde los franceses se llevaron la mayoría de las medallas- resultó un éxito y fue vital para posicionar al país en el circuito internacional del esquí.
"Evite la pollera"






En la década de 1930, cuando el deporte blanco comenzaba a ganar adeptos en Chile, las secciones de moda de las revistas recomendaban a las mujeres evitar las polleras a la hora de esquiar, proponiendo diferentes modelos que incluían guantes de lana, boinas, pañuelos de colores y trajes estilo sastre confeccionados en tricot o tweed . En ese entonces, como era costoso conseguir los equipamientos en el extranjero, un grupo de aficionados intentó fabricar esquís artesanales con madera chilena y clavos para suplir las fijaciones. La idea no dio buenos resultados.

Los mejores esquiadores




Muchos son los nombres que surgen al hablar de esquiadores chilenos destacados. Algunos de ellos son Vicente Vera, quien participó en los principales certámenes del mundo en las décadas de 1950 y 1960; Paulo Oppliguer, uno de los mejores velocistas del orbe en 1993; y Cristián Anguita, récord iberoamericano en la disciplina de kilómetro lanzado. Entre las mujeres resaltan Verena Vogt, la primera chilena en competir en unos Juegos Olímpicos de Invierno -los de 1968, en Grenoble, Francia- y las esquiadoras que siguieron sus pasos: Anita Irarrázabal, Daniela Anguita, Macarena Benvenuto y Noelle Barahona.

Todo sea por llegar





En 1938, la revista En Viaje hacía un completo recuento de las "facilidades" para acceder a los 16 centros de esquí existentes en Chile. Por ejemplo, el trayecto Santiago-Portillo demoraba cinco horas y media, incluyendo el periplo desde Los Andes a bordo del Ferrocarril Trasandino. El recorrido a Farellones, por su parte, era posible hacerlo en auto porque el camino -construido a pico y pala por los apasionados deportistas- estaba casi terminado, aunque el último tramo había que finalizarlo en mula. De las canchas de Chillán se decía que eran magníficas, pero llegar a ellas demoraba más de 12 horas desde esa ciudad, seis de las cuales había que caminar. Hoy, en comparación, subir a la nieve es relativamente simple e incluso se puede ir en helicóptero a esquiar a lugares antes inaccesibles.

De refugios a resorts







No conformes con pasar sólo unas horas en la cordillera, los esquiadores más entusiastas, agrupados en clubes, impulsaron la creación de sencillos refugios, a los que incluso había que llevar la ropa de cama para quedarse. Así, por ejemplo, en 1932 los socios del Club Alemán de Excursionismo construyeron en el Cajón del Maipo el refugio "Lo Valdés"; en 1934, el Club Andino inauguró "El Paraguas", en Lagunillas; y en 1935, el Ski Club construyó el "Refugio Chico", en Farellones. Poco a poco estas construcciones fueron seguidas por andariveles, canchas perfectamente trazadas y otros servicios, hasta convertirse en los sofisticados centros de esquí que conocemos hoy, como Valle Nevado, Portillo y las Termas de Chillán, resorts que reciben anualmente turistas de todo el mundo.




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