lunes, 8 de julio de 2013

La disputa por el legado del arquitecto chileno de Le Corbusier



Por más de 10 años, Guillermo Jullian de la Fuente trabajó con el francés y luego hizo carrera en EE.UU.

por Denisse Espinoza - 07/07/2013 - 09:37

Le Corbusier

Le Corbusier

En los años 50, la mayoría de los arquitectos jóvenes tenían un sueño en común: conocer y trabajar codo a codo con Le Corbusier, el principal motor de la arquitectura modernista en el mundo. El chileno Guillermo Jullian de la Fuente no era la excepción. Recién egresado de la U. Católica de Valparaíso, en 1956, partió a Francia, compró una citroneta y por dos meses buscó las obras del maestro. Cuando juntó valor, Jullian le escribió a Le Corbusier y le pidió de frentón ser su ayudante. El francés lo contrató enseguida, gracias a la simpatía que sentía hacia los arquitectos chilenos, luego de trabajar con Roberto Matta y conocer el trabajo de Emilio Duhart.


En tres años, Jullian se convirtió en jefe del atelier ubicado en la rue de Sèvres y colaboró en emblemáticas construcciones, como el Centro de Artes Visuales Carpenter en Massachusetts, EE.UU., y el Palacio de las Asambleas en Chandigarh, India.


Cuando murió Le Corbusier, en 1965, Jullian se encargó de otros proyectos como el Hospital de Venecia, que no se realizó, y la Embajada de Francia en Brasilia, que sí se levantó. A fines de los 70, Jullian de la Fuente era un reputado arquitecto en Europa, pero desconocido en Chile.


Sin embargo, desde 2004 gran parte de su legado, constituido por miles de planos, dibujos y fotos de sus obras, está depositado en la Colección Archivo de Originales de la Facultad de Arquitectura de la Universidad Católica (PUC). Fue él mismo Jullian quien trajo su archivo a Chile, tras regresar en 2003 para dedicarse a la docencia. Murió en 2008 de una insuficiencia cardíaca, a los 76 años.


Sólo días tras el deceso se generó una disputa que tiene enfrentados a la PUC y a dos de los cuatro hijos del arquitecto, radicados en Francia: Guillaume y Paule Jullian Muzzo. Ellos reclaman la propiedad de los archivos, alegando que el contrato de donación que se suscribió con la Universidad no es válido. “El objetivo es conocer el inventario exacto de su obra, recuperar nuestros derechos intelectuales, legales, y para nuestra familia, su historia”, dice Jullian Muzzo, hijo.


Obra abierta


Según la PUC, el legado de Jullian se compone de 17 mil documentos que recorren 40 años de trayectoria. Además de los trabajos que Jullian proyectó por su cuenta como las embajadas de Francia en Rabat y Washington, también hay copias de planos de obras de Le Corbusier donde colaboró Jullian, como el Convento de la Tourette y el Estadio Olímpico de Bagdad. Para el hijo de Jullian es material clave: “Hay documentos relativos a proyectos de Le Corbusier que nunca se han publicado. Para la historia de la arquitectura moderna, el valor es inestimable”, dice.


Tras la muerte de su padre, Guillaume Jullian inició las primeras acciones legales para conocer qué había en el archivo de la PUC y para ver el contrato de donación. En eso pasaron cinco años. “La Universidad dilató el proceso. Estamos molestos. Recién en marzo pudimos ver el contrato de donación, que no tiene validez. Allí se habla de 4.500 planos y resulta que son más de 17 mil documentos. Tampoco tiene la firma de un juez. Queremos iniciar una acción de dominio para que definitivamente devuelvan todo”, dice Juan Ignacio Correa, abogado de los Jullian Muzzo.


La dirección de la Escuela de Arquitectura de la PUC prefirió no referirse al conflicto, pero sí explica que fue deseo del mismo Jullian donar sus archivos. “El material recibido en 2004 no estaba ordenado. Guillermo fue contratado por varios años para guiar la catalogación de su legado. Hoy, los documentos se encuentran disponibles para su consulta a todo público y están en óptimas condiciones de almacenamiento”, señalan en un comunicado.


Además del Fondo Jullian de la Fuente, la universidad guarda en comodato archivos de la arquitecta estadounidense Ann Pendleton-Jullian, segunda esposa del chileno y madre de su hija Marianne, quien no es parte del conflicto legal.


En 1984, Jullian se radicó en EE.UU., hizo clases en la Universidad de Cornell, Harvard y Pennysilvania, se dedicó a la pintura y abrió un atelier junto a Pendleton. Construyeron la casa del astrónomo Carl Sagan y participaron en un concurso para el diseño del Congreso de Valparaíso. Jullian quería dejar una obra en Chile. “Volvió para trabajar en lo que sería su último proyecto, la Casa Mars en Marbella para el estudio Ocho al Cubo. También en un proyecto en el cerro Santo Domingo con arquitectos jóvenes. Sus tres últimos años fueron productivos y emocionalmente importantes”, revela Pendleton.


Según la arquitecta, desde 2002 Jullian pensaba traer su obra a Chile. “No fue una decisión casual dar sus archivos a la U. Católica de Santiago. Era una manera de devolver sus vivencias, las experiencias que acumuló por décadas, de viajes y una intensa vida creativa, para la siguiente generación de arquitectos chilenos”, afirma.

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