martes, 23 de febrero de 2010

Tras dos meses de trabajo de campo, mañana regresa a Punta Arenas:

Expedición chilena devela gran biodiversidad bajo la Antártica
www.enol.com
Martes 23 de Febrero del 2010


Un gusano de mar (poliqueto) se alimenta a través de sus finas estructuras de filtración de color blanco, parecidas a plumas.

Imágenes inéditas de las especies que habitan en estas aguas fueron tomadas por investigadores de la Universidad Austral de Chile. Aquí, el registro.

Gabriela Bade


El paraíso de Bob. En la Antártica abundan las esponjas. Una de ellas es ésta, la . En su superficie se ven pycnogónidos, parecidos a las arañas.
Ctenóforo inmóvil () a 20 metros de profundidad, su parte oral está pegada a un alga, se alimenta por filtración.

Esponjas de un metro cuadrado, "arañas" de 10 centímetros, algas de 60 metros. A lo grande: ése es el estilo de la vida marina de la Antártica, tal como pudo comprobarlo por primera vez un equipo científico de la Universidad Austral de Valdivia que mañana termina su trabajo de campo luego de dos meses en este continente.

"Encontramos una biodiversidad incomparable. Es fascinante: unas algas grandes y pardas, que llegan a una profundidad de 60 metros y cubren las paredes. Y bajo ellas hay una cobertura de las rocas con esponjas y corales. Hay tantas especies que trabajaremos nuestro proyecto en conjunto con investigadores de otros países, para poder identificarlas", explica al teléfono desde la Península de Fildes, Dirk Schories, investigador a cargo del proyecto.

A 45 metros


A 40 metros de profundidad se aprecia la rica diversidad biológica de especies marinas. En el centro, se ve un lirio de mar, muy difícil de encontrar. A su alrededor se observan octocorales (Thourella y Primnoella) esponjas, erizos y briozoos.

Según Schories, doctor en botánica de la Universidad de Hamburgo y ahora académico de la U. Austral, el equipo logró llegar a profundidades que no se habían intentado antes en la Antártica. Además, gracias al desarrollo de un sistema de referenciación geográfica posible de usar bajo el agua (un GPS submarino que se hizo especialmente para esta investigación), se podrá seguir la evolución de estos ecosistemas en el tiempo.

Pero ahora, lo que hay es un enorme registro fotográfico de las especies en su hábitat real. Schories explica que es más habitual que los buques de investigación extraigan especies del fondo marino y las suban a la superficie. Aunque también hay fotografías captadas por algunos equipos a poca profundidad.


Este molusco se caracteriza por tener una concha interna.
El estudiante de biología marina Jorge Holtheuer filmando el fondo marino. Cree que esta especie de esponja no ha sido identificada.

Para lograr este desafío y llegar hasta los 45 metros de profundidad (el límite de inmersión es 50) Schories, quien además es buzo experto, requirió el apoyo de tres alumnos, que debieron aprender a bucear al mismo nivel (ver recuadro). Los cuatro llegaron a la Antártica como parte de la Expedición Bicentenario del Instituto Antártico Chileno.
Durante dos meses los investigadores se sumergieron tres veces al día, por un máximo de 50 minutos, en un área de 90 kilómetros cuadrados en la Península Fildes. La inmersión fue con una cámara fotográfica y de video. "Con este video todavía no vamos a hacer mucho, porque vamos a venir con una cámara de alta resolución el próximo año. Pero con las fotografías vamos a hacer una guía de los animales marinos que podemos publicar como investigación", anuncia.

Larga preparación



De izquierda a derecha: Ignacio Garrido, Dirk Schories, Isabel del Moral y Jorge Holtheuer.

Para ser parte del equipo, los estudiantes de quinto año de biología marina de la Universidad Austral, Jorge Holtheuer (26), Isabel del Moral (24) e Ignacio Garrido (22) tuvieron que prepararse durante un año y medio. "Primero, tuvimos que hacer un curso de buceo científico y sólo había 10 cupos disponibles. Después de esa selección, tuvimos que hacer un curso de salvataje acuático. Y de ahí pasamos al curso de buceo científico internacional. Estábamos todo el día con el traje puesto, muertos de frío", cuenta Holtheuer.

Tantas horas bajo el agua tuvieron su recompensa. "En la vida, muy pocas personas tienen posibilidades de hacer algo como lo que nosotros hicimos ahora. Es un privilegio", comenta.



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