sábado, 7 de agosto de 2010

La catedral está enferma


1.El Monumento Sepulcral de Monseñor Rafael Valdivieso tiene detalles esculturales que la escasa luz dificulta apreciar.


2.El terremoto de febrero acentuó los daños que ya se observaban en los revestimientos y yesos interiores.


3.El Altar Mayor fue construido en Munich e inaugurado en 1913. Esta coronado por un pelícano que simboliza el amor de Cristo por su Iglesia.


4.Las mediciones indican que los aparatos de iluminación no son los adecuados ni están situados de la mejor manera.


5.Los daños en pavimentos y mármoles, en general, son severos, pero no tanto como el que sufren las pinturas de la Catedral.


6.La Catedral adquirió su altura, sus cielos abovedados y sus cúpulas en el proceso de remodelación que llevó a cabo Ignacio Cremonesi a comienzos del siglo XX.

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VD
sábado 7 de agosto de 2010

Durante doce meses, un equipo interdisciplinario de la Universidad Católica estudió los aspectos arquitectónicos, iconográficos y de iluminación del interior de la Catedral Metropolitana de Santiago. La investigación, que aborda los cambios que ha sufrido a lo largo de la historia, sienta las bases científicas y técnicas para un futuro proyecto de restauración.

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Texto, Pablo Andulce Troncoso
Una mañana, hace no mucho tiempo, Fernando Pérez Oyarzún -arquitecto, académico y director del Centro del Patrimonio Cultural de la Universidad Católica- abrió el diario y encontró entre sus páginas una gran foto de la fachada norte de la Catedral de Santiago. Como hace cuando necesita ver con atención o dibujar, se ajustó sus anteojos de cristales al aire y leyó. Ahí se aseguraba que la foto correspondía a la legendaria fachada que Joaquín Toesca proyectó cerca de 1780. No era así. El profesor Pérez sabía que el aporte del arquitecto italiano es la fachada que mira hacia la Plaza de Armas. También sabía que la de la foto, la de calle Catedral, corresponde en realidad a una intervención que cubrió totalmente los antiguos muros de piedra, realizada por otro arquitecto italiano, Ignacio Cremonesi, más de un siglo después. Conoce bien las sucesivas transformaciones que ha sufrido ésta, la quinta edificación en el sitio que Pedro de Valdivia destinó para la primera iglesia de Santiago, en 1541. "Es común que se cometan errores", advierte.

Fernando Pérez sabe tanto del tema que ha escrito varias publicaciones al respecto y, junto al centro que dirige, actuó como contraparte -a petición de la Iglesia- en el proyecto de restauración de una porción del exterior de la catedral, que llevará a cabo -previa reevaluación post terremoto- un equipo dirigido por Jaime Migone con fondos proporcionados por el BID. Precisamente para contribuir a ese proceso, y porque también lo solicitó el Cardenal de Santiago, formó un equipo interdisciplinario para evaluar la situación del interior. No se trata de un proyecto de restauración aún, sino de una investigación profunda, que tomó todo un año y en diciembre de 2009 se convirtió en un extenso y completísimo informe, que busca "conocer y comprender la forma, estructura, materialidad y estado de conservación del interior de la Catedral Metropolitana de Santiago, incluyendo sus diversos componentes a fin de clarificar su proceso de evolución y proporcionar las bases de un futuro proyecto de restauración".

Micro resumen histórico

Para lograr sus propósitos, el equipo tuvo que estudiar los antecedentes históricos que explican la forma y los elementos que contiene la catedral. Algunos son sorprendentes: el emplazamiento original, trazado en los primeros años de la Conquista, tenía dimensiones mucho más modestas y una orientación norte-sur, con la entrada principal por calle Catedral. Tras una serie de terremotos e incendios, la construcción de la actual comenzó en 1748 y estuvo a cargo del maestro Matías Vázquez de Acuña y los jesuitas Pedro Volg y Juan Hagen. La intervención de Joaquín Toesca -responsable también del diseño de La Moneda- comienza en 1780 y su mérito principal consiste en finalizar un tramo interrumpido por la muerte de Vázquez de Acuña e introducir un clasicismo mucho más refinado en la fachada oriente. Toesca murió en 1799 y los trabajos quedaron otra vez inconclusos. A lo largo del siglo XIX se hicieron esfuerzos por completarla: torres provisorias aquí y allá, pero los logros más significativos tuvieron lugar en la parroquia del Sagrario y el Palacio Arzobispal.

El siguiente gran cambio, el que determinó la imagen que tiene hoy, ocurrió entre los años 1898 y 1906, cuando Ignacio Cremonesi ganó el concurso privado para realizar la renovación de la catedral. Las modificaciones causaron controversia en la época y consistieron en un aumento en la altura de la iglesia, la unificación de las fachadas, la construcción de las dos torres, la bóveda en la nave central, la cúpula de estructura metálica sobre el altar mayor, las pequeñas en las naves laterales y un cambio en la forma y las dimensiones de las ventanas. El único lugar en que aún se ve el estado anterior, los muros de piedra y los contrafuertes sin recubrir, es en el sector sur, donde está el patio.

La Catedral fue declarada Monumento Histórico en julio de 1951. El terremoto de 1985 causó daños en los revestimientos y en 1987 parte de los estucos interiores debieron removerse. Los daños estructurales más notorios pudieron ser reparados recién en 1999.

El diagnóstico

En el desarrollo de la investigación, el equipo del profesor Pérez no sólo encontró una variedad de nombres relacionados a los cambios que ha experimentado la Catedral, también observó una enorme diversidad de materiales: una base de piedra, un recubrimiento en albañilería de ladrillo, que luego sería estucado, un montón de elementos de madera y yeso -básicamente las cúpulas de las naves laterales y la bóveda- y todos los elementos verticales que sobresalen del edificio hechos en estructura metálica y rellenos de ladrillo, la ultima palabra en la época.

"Para restaurar algo es muy importante saber cómo y de qué está hecho. Eso quisimos hacer en la Catedral, para luego mostrar el estado en que se encuentra", explica Fernando Pérez. Sin intención de ser dramático, considera que el nivel de daño es bastante superior al que esperaban: "Cuando usted entra no dice 'esto está en ruinas', pero eso es en parte porque mira las cosas desde muy abajo. Acercándose se advierte que el daño es serio, sobre todo en las pinturas, algunas de ellas fueron hechas directamente sobre el yeso. Lógicamente hay problemas en los pisos, hay reparaciones que se han hecho descuidadamente, pero son temas más manejables". Simplificando el análisis, los principales agentes del deterioro son la humedad e infiltraciones graves desde la cubierta. Por lo tanto los problemas que parecen ser exteriores afectan directamente el interior.

El estudio aún no se ha sido actualizado después del terremoto de febrero. Sin embargo, a excepción del desprendimiento de una parte del cielo, lo que han observado en general es una acentuación de los mismos problemas que tenía antes: "Los elementos decorativos de las torres están más dañados, los encuentros de yeso con la piedra se notan más".

"Además, será necesario innovar en cuanto a la iluminación. La Catedral debería contar con equipos de alto porcentaje de ahorro energético, que no dañe las imágenes por calor excesivo, que resalte su estructura y que permita diferenciar distintos momentos y ceremonias", señala el académico.

Texto, Pablo Andulce Troncoso.
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