martes, 6 de marzo de 2012

Tras cinco años de batallas judiciales: Las monedas de 'La Mercedes' cambian la historia de la arqueología subacuática

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domingo, 4 de marzo de 2012

REPORTAJE

El 26 de febrero, doscientos años después de lo previsto, la carga de "Nuestra Señora de las Mercedes" arribó finalmente a España. La justicia estadounidense falló a favor del gobierno español y la empresa Odyssey se vio obligada a devolver más de 595 mil monedas de oro y plata extraídas del barco hundido. El tesoro incluiría monedas acuñadas en Chile.  







Francisca Allende Celle 
Más de doscientos años después de su hundimiento, la fragata española "Nuestra Señora de las Mercedes" parece haber resurgido de las profundidades del océano para cumplir con su última misión: llevar hasta España un enorme cargamento de monedas de oro y plata acuñadas en América, propiedad de la corona española y también de algunos comerciantes ibéricos.

Esto, luego de que el Tribunal Federal de Tampa dictaminara, hace pocos días, que el tesoro reflotado por la compañía estadounidense Odyssey desde las profundidades del mar -cerca de la costa portuguesa- debía ser devuelto a España. Tras la decisión judicial, dos aviones Hércules trasladaron desde Florida a Madrid, el 26 de febrero, una serie de containers blancos. En su interior viajaba el cargamento que se supone iba a llevar a Cádiz esta nave española, que había emprendido viaje en nombre del rey Carlos IV, en 1804. El arribo provocó expectación en España, que enarboló el caso como un asunto nacional.

El supuesto "Cisne Negro"
En marzo de 2007, el barco de la empresa de exploración submarina Odyssey llevaba a cabo una silenciosa búsqueda en aguas internacionales, en las profundidades de la costa portuguesa, cien millas al oeste de Gibraltar. A finales de ese mes y a 1.100 metros bajo el mar, un robot llamado Zeus pudo admirar, por primera vez en doscientos años, el perfil de Carlos IV que adornaba las monedas de ocho reales .

Luego de cargar secretamente 17 toneladas de plata y oro en un Boeing 757 con rumbo a Estados Unidos, la compañía estadounidense anunciaría al mundo su sorprendente hallazgo: medio millón de monedas de oro y plata pertenecientes al naufragio de una nave que Odyssey bautizó con el nombre de "Cisne Negro".

Pero España rápidamente pudo deducir que el "Cisne Negro" se trataba, en realidad, de una nave española, la fragata "Nuestra Señora de las Mercedes", hundida en 1804 por la marina inglesa. Fue el inicio de cinco intensos años de litigios judiciales entre el gobierno español y la compañía estadounidense Odyssey Marine Exploration, a quienes los españoles denominaron "corsarios modernos".

¿Buque de guerra?
Tanto Odyssey Marine como el gobierno español intentaron persuadir al Tribunal Federal de Tampa sobre el derecho que poseían sobre las 595 mil monedas de oro y plata halladas en el naufragio (la carga incluía además sacas de lana de vicuña y barras de estaño, entre otros bienes). Debido a las leyes imperantes en Estados Unidos, España debió probar que el navío correspondía a un buque de guerra. De esta forma, el juez no tendría jurisdicción sobre el caso y se vería obligado a ordenar el regreso de la carga al país del que provenía.

Además, el gobierno español argumentó que los restos de La Mercedes corresponderían a un cementerio marino, por lo que se encontraban protegidos por la Ley de Inmunidad de Soberanía Extranjera, que defiende el derecho de toda nación a proteger sus patrimonios y bienes históricos de cualquier perturbación o expolio.

Odyssey, por su parte, se abocó a cuestionar las pruebas presentadas por la contraparte. Aunque, en un primer momento, intentó debatir la defensa española, sugiriendo que "La Mercedes" no era un navío de guerra, la gran cantidad de documentación y cartas de la época que probaban lo contrario (la fragata tenía dos cubiertas de artillería) llevaron a Odyssey a cambiar de plan e iniciar conversaciones con congresistas y senadores para que cambiasen las leyes a su favor.

Perú entra en la batalla
Pero no sólo España inició acciones para recuperar el tesoro de plata y oro. Perú y una treintena de descendientes de los comerciantes que originalmente eran propietarios de parte del tesoro también reclamaron sus derechos sobre las cientos de miles de monedas.

Perú sostuvo tener derechos sobre el cargamento de la fragata, debido a que tanto el oro como la plata habían sido extraídos de sus territorios en tiempos en que éstos pertenecían al imperio español. Los descendientes de los mercaderes, por su parte, argumentaban que todos ellos tenían derecho a recibir la herencia de los logros de sus antepasados (España argumentó que ya habían sido indemnizados en el siglo XIX).

Ambas reclamaciones fueron desestimadas por los tribunales estadounidenses. En su fallo, el juez Mark Pizzo da la razón a España y desestima la reclamación de Odyssey, ya que establece que la compañía habría vulnerado la zona en la que descansaban los restos materiales y humanos del naufragio español, que se encontraban protegidos por la Ley de Inmunidad de Soberanía Extranjera.

"El derecho internacional reconoce la solemnidad de la tumba, y el interés soberano de España por preservarla. El interés común y el respeto mutuo entre las naciones justifica que aceptemos la reclamación de España sobre "La Mercedes" y desestimemos la de Odyssey", sentenció Pizzo en un fallo que despertó expectación internacional.

Repercusiones del fallo
La batalla judicial en torno al tesoro de "La Mercedes" ha sido seguida con interés desde distintas partes del mundo, ya que se estima que puede marcar precedentes en relación a los bienes culturales subacuáticos.

"Se trata de un auténtico precedente jurídico internacional, a través del cual se ha puesto de manifiesto la virtualidad e importancia de los principios recogidos en la Convención para la Protección del Patrimonio Cultural Subacuático de 2001, especialmente el principio de la prohibición de la explotación comercial", comenta a "El Mercurio" la subdirectora de Protección de Patrimonio Histórico del Ministerio de Cultura español, Elisa de Cabo de Vega.

En el mismo sentido, el secretario ejecutivo del Consejo de Monumentos Nacionales de Chile, Emilio de la Cerda, sostiene que la relevancia del fallo español recae en que "la protección de los objetos primó por sobre los intereses de las llamadas 'empresas cazatesoros'".

A juicio del abogado español Mariano Aznar, miembro de la comisión científica del Plan Nacional para la Protección del Patrimonio Subacuático, desde ahora "los artefactos encontrados no pueden ser objeto de acción legal alguna. Son propiedad pública de un Estado y deben ser devueltos a su legítimo propietario sin que el recuperador tenga derecho a compensación", señaló al diario El País.

¿Monedas chilenas?
Considerado uno de los tesoros subacuáticos más grandes jamás encontrados, el botín rescatado desde las arcas de "La Mercedes" incluía alrededor de seiscientas mil monedas de oro y plata. Según el diario El País de España, "las monedas que portaba 'La Mercedes' habían sido acuñadas e impresas en Potosí, Lima, Santiago de Chile y Popayán".

De acuerdo a la opinión del historiador chileno, Sergio Villalobos, efectivamente "es posible que algunas de las monedas del tesoro español hayan sido acuñadas en Chile. Sin embargo, la gran cantidad de oro y plata que se enviaba a España provenía, por una parte, del Potosí en el Perú y, en gran medida, de México".

De haberlo, es probable que la proporción de dinero chileno contenido en el tesoro sea una mínima parte. "Hay que tener presente que Chile fue, probablemente, la colonia más pobre del Imperio Español y, por lo tanto, la producción de oro y plata fue muy inferior a la de otros países", agrega Guillermo Alfaro, geólogo de la Universidad de Concepción.

A pesar de los mitos relacionados con la producción de oro en nuestro país, "la Capitanía de Chile fue en realidad un 'hoyo negro' para la corona española que debía pagar anualmente para tener un ejército que mantuviera la frontera sur de los mapuches", agrega Alfaro.

Una historia que no termina
Tras recibir el tesoro -bajo fuerte protección policial- que descansa ahora en la madrileña Plaza del Rey, el Ministerio de Cultura español ha señalado que sólo determinará el destino del tesoro cuando culmine su restauración. Ya hay una veintena de museos e instituciones culturales españolas que han pedido exhibir las monedas e incluso se ha especulado que algunas podrían viajar a Estados Unidos y América Latina para ser expuestas.

"En una primera fase se llevarán a cabo los trabajos de conservación preventiva y restauración adecuadas a cada una de las piezas extraídas y, en una segunda fase se determinará, a través de un plan museológico definido por los especialistas, dónde se alojarán, bajo el criterio de que alcance la mayor  proyección social", señala a "El Mercurio" la subdirectora de Protección de Patrimonio Histórico Español.

¿Y reembolsará España, al menos, el costo de la reflotación del tesoro? La respuesta española es terminante.
"En la decisión del juez de Tampa se señala que no existe el derecho a la recompensa reclamada por la empresa Odyssey. La ley de salvamento y la ley de hallazgos no son aplicables al caso, ya que no se trata de un hallazgo casual ni se solicitó a España autorización para llevar a cabo la extracción", señala Elisa de Cabo de Vega. Incluso el ministro de Cultura adelantó que posiblemente España reclamará a Odyssey el pago de los gastos judiciales.

Y mientras en Madrid restauran las monedas, comienzan a surgir nuevos eslabones de una historia que parece no querer terminar. Por una parte, Perú insiste en poseer derechos sobre el tesoro y ha señalado su intención de llevar su caso ante la Corte Suprema de Washington. Asimismo, políticos bolivianos han instado a su gobierno a pronunciarse sobre los derechos que este país tendría sobre el cargamento.

También se ha denunciado que en Gibraltar estarían ocultas una serie de piezas del naufragio. Una botella de cristal, objetos de cerámica, joyas de oro y hasta tornillos de metal son bienes que Odyssey mantendría allí. "Sabemos que alrededor de 59 objetos están en Gibraltar. Se ha informado al juez de esta cuestión, quien ha dejado claro que esos objetos deben ser entregados a España", concluye Elisa de Cabo de Vega.

 La voz de Odyssey

Según señala a "El Mercurio" Mark Gordon, presidente de la Odyssey, ellos no son cazadores de tesoros. "El término es usado negativamente en el mundo de la exploración oceánica y arqueológica, ya que se refiere, usualmente, a personas que destruyen partes de naufragios sin cuidado del valor de éstos". En su opinión, la compañía "se dedica a la exploración arqueológica-amigable y a la recuperación de naufragios en aguas profundas alrededor de todo el mundo".

Si bien su relación con España ha sido muy conflictiva, hay otros países con los que tiene mejores vínculos, como Gran Bretaña, país con el que ha establecido acuerdos para rescatar "pecios" (barcos naufragados) de las profundidades del océano. Entre sus logros figura el el hallazgo del HMS Victory, perdido en 1744 en el Canal de la Mancha.

Pese al adverso fallo sobre "La Mercedes", Odyssey afirma que "continuará trabajando con países y organizaciones como Inglaterra, que realmente desean preservar sus herencias culturales subacuáticas y que aprecian las actividades arqueológicas y científicas que desarrollamos", señaló la vicepresidenta de la compañía, Melinda MacConnel.

Chile: tesoros y naufragios
La situación de los naufragios que yacen en aguas internacionales está sujeta a múltiples convenciones y tratados y hay aristas que pueden ser relevantes para decidir su propiedad o exploración, como el país de origen de la nave, si es un barco de guerra o si hay restos humanos involucrados.

En el caso de Chile, si bien nuestras costas no eran parte importante en la ruta de los galeones, se han registrado algunos casos interesantes de embarcaciones que han zozobrado en nuestro territorio. Guillermo Alfaro, geólogo que ha participado en expediciones de búsqueda de naufragios, sostiene que, dejando de lado a la Esmeralda de Iquique o el Dresden en Juan Fernández, "periódicamente surge información de hallazgos de navíos de tiempos hispánicos. Sin embargo, la información tiende a ser confusa o sesgada".

Los vestigios arqueológicos que se encuentran sobre o bajo el agua están protegidos por varios artículos de nuestra Ley de Monumentos. Entre otros puntos, esta determina que "los monumentos arqueológicos pertenecen al Estado por el sólo ministerio de la ley", explica Emilio de la Cerda, secretario de nuestro Consejo de Monumentos Nacionales.

A su vez, el decreto 311 del ministerio de Educación agrega que constituye un monumento histórico "toda traza de existencia humana que esté sumergidas en las aguas jurisdiccionales de Chile por más de 50 años", según De la Cerda. Esto incluye, "sitios, estructuras, construcciones, artefactos y restos humanos (...) restos de buques, aeronaves, otros vehículos o alguna de sus partes, su carga o su contenido, en conjunto con su entorno arqueológico y natural".


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