domingo, 18 de abril de 2010

Restauradores emprenden la sanación de nuestro arte enfermo

Terremoto 2010 Obras dañadas:

Desde murales hasta imaginería religiosa, pasando por pinturas familiares y esculturas. Las colecciones de arte también salieron damnificadas con el terremoto, y los restauradores se han comprometido en una tarea que, a simple vista, parece inconmensurable. Aquí sus estrategias y objetivos para salvaguardar el patrimonio mueble de nuestro país.




Patricio Contreras Vásquez
Tras el terremoto, los edificios colapsados y las casas de adobe derrumbadas monopolizaron las postales de la tragedia. No es mucho lo que se sabe del daño que sufrieron los bienes muebles como pinturas, esculturas y murales.

Los museos tuvieron dispar fortuna. Mientras la colección del Bellas Artes salió ilesa -situación que la curadora Marianne Wacquez atribuye a la preocupación generada tras el terremoto de 1985-, en el Museo de Arte Conteporáneo se cayeron algunas fotografías en blanco y negro de Miguel Etchepare, donadas por él mismo en 2005; sus marcos de aluminio se descuadraron, y algunas presentan raspaduras. En el Museo Andino unas veinte cerámicas de la cultura arica fueron dañadas por el quiebre de cristales; sin embargo, representan menos de un uno por ciento de las más de tres mil piezas que alberga el lugar. En el museo de Colchagua de Carlos Cardoen se perdieron muchas figuras precolombinas de las culturas nazca, paracas y moche. Momias chinchorro también fueron dañadas.

La imaginería religiosa tampoco quedó indemne. En la región de O'Higgins, uno de cada tres templos católicos quedó en el suelo, sepultando íconos como el retablo de la iglesia de La Compañía, una exquisita pieza barroca del siglo XVIII. En la diócesis de Talca un porcentaje similar de iglesias deberá ser demolido.

La pulverización, al únisono, de edificios y arte, más la amenaza del invierno son obstáculos que los restauradores deberán encarar, anticipándose a la eutanasia patrimonial que sentencia la retroexcavadora o la agonía que propicia la naturaleza. Son los bemoles de un trabajo que mezcla arte y ciencia. Luego del terremoto, la restauración -como la medicina- busca sanar nuestro arte enfermo.

Trabajo en terreno



Durante 28 años Lilia Maturana lideró el laboratorio de pintura del Centro Nacional de Conservación y Restauración (CNCR), dirigido, hasta marzo de este año, por Magdalena Krebs, hoy cabeza de la Dibam. Maturana ocupa su lugar en el Centro y evalúa positivamente el desempeño de las pinacotecas, museos y bibliotecas públicas. "En relación a lo que fue el terremoto de 1985, y a través de una gran capacitación que se hizo en la conservación preventiva para evitar los daños de los objetos, en esta ocasión fueron menores".

Una de las primeras medidas del CNCR fue la preparación de una cartilla con recomendaciones para resguardar colecciones de bibliotecas y archivos. La principal sugerencia era aislar los bienes del agua y, por cierto, velar por la seguridad. "Son las personas quienes actúan en estas situaciones y son las primeras que se deben proteger", dice Maturana. En la preparación de estos documentos participó la Asociación Gremial de Conservadores-Restauradores, instancia formada hace un lustro para unificar la voz de estos profesionales.

Macarena Carroza, directora del Centro de Conservación, Restauración y Estudios Artísticos (CREA), aprecia las recomendaciones del CNCR. "Ellos han suplido una tarea. No existe un organismo patrimonial mayor que dé las directrices. Jugaron un rol de orientación, de dar normas para que no se siga ocasionando mayor daño". Hoy Carroza integra un equipo multidisciplinario -bajo el alero de la Fundación Pro Cultura, liderada por Ilonka Csillag- integrado por Raúl Irarrázabal, Patricio Gross, Marta Cruz Coke, Walter Bee y Alberto Larraín.

Con la recomendación del padre Gabriel Guarda, partieron a la Sexta Región para catastrar distintas localidades. La iglesia de La Merced, en Codegua, fue una de las primeras estaciones. En el templo rescataron un crucifijo de madera que, mutilado y polvoriento, reposa en el taller de CREA a la espera de un tratamiento renovador.

En Villa Alegre recuperarán el techo pintado de su iglesia, e intervendrán la Zona Típica de Yerbas Buenas. "En estas situaciones uno se pone al servicio del patrimonio religioso, que es el que se encuentra más afectado y el de más urgencia, porque la gente lo reclama", explica Carroza. "Es una oportunidad de que las cosas queden mejor aún. Muchos de estos patrimonios estaban descuidados antes del terremoto. Es una oportunidad reparadora".

Además, CREA realizará talleres para robustecer los grupos de trabajo en terreno. "Estamos convocando a licenciados en restauración para prepararlos -aunar criterios, que conozcan nuestras metodologías-, ir a terreno y suplir toda la zona que se nos asignó. Este equipo multidisciplinario es la mejor manera". Hasta el momento la idea es centrarse en la construcción de adobe y las figuras de yeso.

Los miembros del CNCR también están desplegados en los pueblos y ciudades afectadas. El Museo de Talca parece ser el más damnificado con la caída de uno de sus muros perimetrales. Un tercio del mural de Xavier Guerrero en la Escuela México, en Chillán, llamado "De México a Chile" (1942) y restaurado el 2009, colapsó. "Dentro de nuestras posibilidades, hemos tenido una respuesta de la mejor manera posible", asegura Maturana.

Daños en el arte privado

Hasta hoy, el CNCR sólo ha recibido una obra de los museos dependientes de la Dibam.Es un óleo que retrata al general Marco Aurelio Arriagada, combatiente de la Guerra del Pacífico, realizado por Pedro Gómez (1894) y alojado en el salón de honor del Museo de la Escuela Militar. Durante el sismo, el sistema de montaje de la obra cedió y el marco se azotó contra el suelo de mármol, sufriendo quiebres y separaciones. "Nosotros consideramos el marco y la pintura una unidad -explica Lilia Maturana-, porque generalmente las pinturas tienen marcos de época. El marco es un objeto patrimonial".

El taller de CREA también ha recibido obras. Tantas, que algunas aún permanecen embaladas. Sus mesas exhiben los restos de una mutilada colección privada de ánforas de mármol del siglo XVIII. También una semilla de Raúl Valdivieso, cuya fractura -tras el trabajo de Héctor Quinteros, especialista en esculturas- es casi imperceptible.

"Hay patrimonio muy importante que es privado", plantea Macarena Carroza. "Dar respuesta a esto requiere de mucha especialidad y muchos recursos. Moverse, viajar, ir a diagnosticar. Me imagino que un restaurador solo no va a poder hacerlo".



Luz Barros dirige la galería de arte y centro de restauración Artium. A su taller han llegado principalmente obras de colecciones privadas: un toro de Palolo Valdés damnificado en sus patas; un par de esculturas de cerámica que se azotaron contra sus propios atriles; un retrato familiar que tuvo la mala fortuna de caer encima de un mueble y sufrir una rasgadura. Incluso un Monvoisin que mantenían en su taller sufrió con el terremoto.

"Nuestra especialidad son obras de pintura en caballete y pinturas en papel", cuenta Barros, quien plantea que hoy el trabajo de los restauradores es fundamental. Alerta, eso sí, sobre la impericia de los autodidactas que intervienen objetos sin atender a los criterios básicos. "Es muy importante que la restauración sea profesional, porque cuando no es así, es muy fácil que la obra pierda sus valores".

Una profesión que crece
"Chile siempre ha tenido muy buen nivel profesional en el área de la restauración", asegura Luz Barros. Destaca, en este ámbito, la creación de la Asociación Gremial de Conservadores-Restauradores. Gloria Román, presidenta de esta agrupación, cuenta que su nacimiento respondió, precisamente, al aumento en el número de especialistas. "Hoy está conformada por 89 profesionales y técnicos de las diversas áreas que trabajan en la preservación del patrimonio cultural: arqueología, papel, pintura, textil, monumentos, fotografía y, también, del área de las ciencias".

Lilia Maturana considera que, si bien nadie podía estar preparado para esta catástrofe, el CNCR ha respondido "de la manera más profesional e inmediata". Macarena Carroza también cree que las dimensiones de la destrucción son inabarcables. "Lo que yo me he dado cuenta en terreno es que hay que hacer una gran investigación de dónde están muchas cosas". En ese sentido, uno de los aspectos positivos del proceso de restauración es la documentación que se generará a partir de las obras recuperadas.

Pese a la masividad de la tarea, las entrevistadas concuerdan en que la prolijidad -herencia, según Luz Barros, de la escuela inglesa de restauración- no puede aflojar en este momento. Por eso Barros apela a fidelizar con los criterios básicos de la profesión: la mínima intervención, el uso de materiales compatibles con los originales, la reversibilidad de la intervención (que pueda deshacerse en caso de encontrar un método mejor). "Me ha tocado millones de veces ver cuadros donde su alma ya no está ahí", resume. "Toda intervención -plantea Román en esta línea- debe estar orientada por el absoluto respeto a la materialidad y al valor y significado estético, histórico y social del bien patrimonial".


Villa Alegre El techo pintado de la parroquia será desmantelado y restaurado con el apoyo de CREA.
Foto:Macarena Carroza

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