Mostrando entradas con la etiqueta fotógrafo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta fotógrafo. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de junio de 2011

Chile a través del lente de Ignacio Hochhäusler

www.emol.com
Fecha: 26 de junio de 2011



Libro reúne el legado de Ignacio Hochhäusler

HERNÁN RODRÍGUEZ.
Libro reúne el legado de Ignacio Hochhäusler, el fotógrafo vienés que inmortalizó a la élite chilena y múltiples rincones del país a partir de 1926.



IGNACIO HOCHHÄUSLER
1892-1983
"Por el alma de Chile"
Origo
Curatoría de Gonzalo Leiva.
$49.900
En librerías, la segunda semana de julio.

''Sus retratos son muy psicológicos, se fija mucho en la expresión, y después salta a reproducir imágenes del paisaje y del hombre chileno, del campesino, el habitante rural o la mariscadora chilota, y lo hace genialmente bien".



Nació en Austria en 1892, pero luego de la Primera Guerra Mundial hizo de Chile su país. Su obsesión fue recorrerlo, descubrirlo, registrarlo e inmortalizarlo. Ahora, un libro rescata el legado de este gran fotógrafo que por años estuvo en el olvido.

Constanza Rojas Valdés

El asiento que escogió en el tren fue crucial. Ignacio Hochhäusler iba de Austria a Francia para luego embarcarse a Chile, donde escaparía de una Europa devastada por la Primera Guerra Mundial. Frente a él se sentó un fotógrafo, con el que conversó todo el trayecto. "¿Y si me dedicara a eso en Chile?, ¿si me convirtiera en fotógrafo?", se preguntó Hochhäusler, quien desde niño se había sentido atraído por este arte. Y así lo hizo.


Palacio de la Moneda . El fotógrafo se maravilló con la ciudad de Santiago, y registró numerosas postales del centro.


Capturó a numerosos artistas y registró decenas de espectáculos del Teatro Municipal. En esta imagen aparece la bailarina Yerka Luksic en El Arrayán, a quien el fotógrafo le tenía mucho cariño.








Vista de la Plaza Bulnes desde La Moneda. Hochhäusler retrató estos nuevos edificios como ejemplo de la modernidad que llegaba a Chile. Lo mismo hizo con el Estadio Nacional.



Nacido en 1892 en Viena, se instaló en Santiago en 1926. Sondeó las técnicas que se utilizaban en la ciudad y, como autodidacta, comenzó a aprenderlas. Al poco tiempo, Ignacio Hochhäusler ya tenía un nombre, especialmente asociado a los retratos de niños. Prácticamente toda la alta sociedad y la clase política llevaban a sus hijos a su estudio. También posaban ellos frente al lente, como lo hicieron Arturo Alessandri Palma, Pedro Aguirre Cerda y Agustín Edwards Budge.

Los retratos le dieron de comer, pero lo que realmente lo movía era Chile. Este país todavía por descubrir, cuya capital se modernizaba, mientras las regiones extremas mantenían su riqueza natural. Le apasionaban tanto los paisajes como sus habitantes, y así recorrió de norte a sur, registrando la chilenidad con ojos increíblemente sensibles. Hernán Rodríguez, autor del libro "Historia de la fotografía, fotógrafos de Chile 1900-1950", explica: "Es impresionante la diversidad de su trabajo. Sus retratos son muy psicológicos, se fija mucho en la expresión, y después salta a reproducir imágenes del paisaje y del hombre chileno, del campesino, el habitante rural o la mariscadora chilota, y lo hace genialmente bien. También tiene esa sensibilidad fantástica para captar momentos de creatividad, de bailarines y artistas. Todos, trabajos de gran calidad".

El rescate

Ignacio Hochhäusler murió en 1983, a los 91 años, luego de haber tenido un rol social activo como fotógrafo. Ganó premios internacionales y fue uno de los fundadores del Foto Cine Club. "Pero hoy es un fotógrafo olvidado. El pago de Chile", dice Hernán Rodríguez. "Todo este mundo de los fotógrafos del 30, 40, 50 desapareció. Se fue esta generación, que se preocupó de mantener vivo el interés del público, y surgió otra que no tenía muchos vínculos con la anterior. Vino un momento político distinto en Chile, y cambió completamente el panorama. Hace diez años, o menos, comenzó este redescubrimiento de autores como Antonio Quintana y Jorge Opazo, pero son personajes que no están en la memoria colectiva. Ha tenido que reconstruirse su memoria", agrega.




Junto a paisajes naturales, retrató la vida cotidiana de los chilenos de norte a sur. Acá, un pueblo en el desierto de Atacama.




La Patagonia a los ojos de Hochhäusler. "La visualidad representada quiere señalar las nostalgias de un Chile cálido, bucólico, en transformación, enfatizado en el diálogo que establece la naturaleza humana con su entorno", escribe el curador Gonzalo Leiva en "Por el alma de Chile".

Hoy la mayor parte de su legado lo conserva su hija, Inge Hochhäusler. Su casa es un monumento a la memoria de su padre, con cientos de fotografías, negativos y sus cámaras originales. Es ella una de las impulsoras de la publicación de "Por el alma de Chile" (Origo), que en una edición de gran calidad reúne una selección de los trabajos de Hochhäusler.

"Trabajó más de 50 años como fotógrafo, y registró la vida que había en esos tiempos, tan distinta a la de hoy. Ese tiempo en que todo sucedía en el centro, y arriba no se podía comprar ni un hilo", recuerda Inge. Con lucidez y esmero, actualmente se encarga de catalogar las obras de su padre. Tiene en mente tareas como reconocer en los retratos de niños a personajes que luego fueron protagonistas de Chile, y antologar las fotografías de grupos musicales que tomó su padre; entre ellos, Los Huasos Quincheros.

Inge conserva tantas imágenes como anécdotas. Recuerda cuando su padre les decía "yo te conocí piluchito" a los personajes que había retratado cuando niños, y cómo su optimismo, que también se refleja en sus fotografías, no tenía contrapeso. Incluso, en el frente de batalla. Su hija cuenta que cuando estuvo a cargo de una tropa durante la Primera Guerra Mundial, los soldados solían decirle: "¿Cuándo te vas a poner serio?".

---

viernes, 6 de mayo de 2011

Murió René Combeau, los ojos del teatro chileno

www.emol.com
Viernes 6 de Mayo del 2011

El chileno retrató más de 500 montajes entre 1949 y 1969:

Será recordado por su trabajo incansable en la época dorada de las tablas. También se destacó en la fotografía publicitaria y de arquitectura.


(1921-2011)

DANIELA SILVA ASTORGA
Comenzó disparando tímidamente desde las butacas. Apenas dejó su Traiguén natal por Santiago, el treintañero René Combeau (1921-2011) apuntó su cámara al teatro universitario e independiente. Creativo y profesional, no respiraba hasta hallar el encuadre perfecto, mientras manejaba la luz a la perfección. Tanto, que armó él mismo los primeros flashes electrónicos. Rápidamente, su talento e imágenes de tintes cinematográficos lo llevaron a trabajar sobre el escenario, transformándose en un fotógrafo imprescindible para las tablas chilenas.


Agustín Siré y María Cánepa.
Foto:RENÉ COMBEAU

Su mirada se apagó el miércoles al mediodía, por un paro cardiorrespiratorio, y ayer se le despidió en la parroquia Sagrada Familia.

"Es una gran pérdida. En un país desmemoriado y amnésico como éste, René Combeau hizo con perseverancia y talento un trabajo de memoria. Sin su dedicación y esfuerzo, no tendríamos tanto registro de montajes universitarios. Fue un hombre al que he querido mucho", dice el fotógrafo Luis Poirot, quien lo conoció en 1958 y tuvo siempre su apoyo. "Yo iba a ver cómo trabajaba y me comentaba todo lo que hacía. Fue muy generoso". Tal como Poirot, muchos consideran a Combeau su maestro en la fotografía teatral y en los retratos. Pero también marcó pauta en publicidad, lo que le permitió ganarse la vida.



"Todos los fotógrafos le debemos algo. Él fue quien elevó el nivel de la fotografía comercial, tal como Luis Ladrón de Guevara. Hizo que la disciplina fuera respetada a punta de trabajo. Jamás tuvo vanidad de artista, aunque lo fue consumadamente", comenta Juan Domingo Marinello, también fotógrafo.

Retrató más de 500 montajes, como "La pérgola de las flores" (1960) y "Fuenteovejuna" (1952). Fueron sus tesoros, cuenta Poirot: "Siempre decía 'Lo único que he hecho que vale la pena son las fotos de teatro. De lo otro, no me interesa guardar nada".

Combeau se retiró en los años 70, pero siguió en contacto con fotógrafos. En esa época se le diagnosticó diabetes, la enfermedad que lo obligó a guardar reposo durante el último tiempo. Antes de eso, incluso con 70 años, le encantaba transitar en moto por la capital. "Era cálido y discreto, un gran artesano de la fotografía", sostiene Ramón López, decano de la Facultad de Arte UC, quien lo vio por primera vez cuando niño. "Era fotógrafo de la Alianza Francesa, mi colegio. Lo recuerdo con su trípode, pantalones de lino, camisa blanca y chupalla, tomando la foto de curso. Aún conservo esas imágenes". Combeau también tuvo éxito como retratista de familias.

Una de sus últimas apariciones públicas fue cuando donó 4.000 negativos de su archivo a la Escuela de Teatro de la UC. Hoy, parte de ese material está en el libro "Chile Actúa" (Ediciones UC). Otros negativos teatrales se los regaló a la dramaturga Catalina de la Parra, una de sus nietas. "No me cabe duda de que su familia cuidará muy bien su legado. Él era muy ordenado", asegura Marinello.

---






---