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domingo, 10 de abril de 2011

El patrimonio que se derrumba [Los últimos días de una quinta]

LA TERCERA EDICION IMPRESA
sábado 09 de abril de 2011



Cuenta la leyenda que Ignacio Carrera Pinto, nieto de José Miguel Carrera, pasó su infancia y juventud entre los corredores y los jardines de esta casona en Peñaflor, a 30 km de Santiago. Tras dos siglos de historia, hoy la propiedad está a punto de desaparecer: tiene un decreto de demolición y su dueño intenta vender el terreno a un comité de vivienda de allegados.

por Darío Zambra



Apenas escuchó el estruendoso ruido del terremoto, Eduardo Giesen arrancó fuera de la casa en pijamas y pantuflas, junto a su esposa y su hija. Esa madrugada del 27 de febrero no volvieron a entrar, salvo Eduardo, quien comprobó que la vivienda estaba en pie, pero con grandes grietas.

En ese momento decidieron no vivir más en esta propiedad de la calle San Martín, en Peñaflor, ciudad de la Provincia de Talagante ubicada a 30 kilómetros de Santiago. La casa había resistido todos los terremotos registrados en la Zona Central en los últimos 200 años. Pero tras el sismo del año pasado, la municipalidad decretó su demolición.

Serían los últimos días de la casa en que habría vivido Ignacio Carrera Pinto, nieto de José Miguel Carrera, uno de los militares chilenos más recordados y que murió durante la batalla de La Concepción. "También sería el fin de una de las últimas casas quinta que quedan en Santiago", asegura el arquitecto Raúl Irarrázabal, quien restauró el Castillo Hidalgo y la casa de Arturo Prat en Ninhue.

"Cada vez que llegaba aquí me recibían los perros, pero ya no es así", se lamenta Giesen, con un dejo de nostalgia, mientras abre el pesado candado de la reja que protege la propiedad. Después del terremoto, se fue con su familia, sus pertenencias y sus dos perros a vivir con uno de sus hijos, en la Comunidad Ecológica de Peñalolén.

De todos modos, Giesen va al menos un par de veces a la semana a esta casa en Peñaflor, que heredó de su padre, quien la compró hace 50 años. La propiedad tiene 400 m2 y se ubica dentro de un terreno de 13 mil m2, que colinda con una población y un terminal de buses. Según Irarrázabal, se trata de una clásica quinta, que son "casas que se encuentran en un sitio mayor y en un entorno suburbano".

La vivienda fue construida en adobe, a comienzos del siglo XIX. Sus sólidos muros tienen un grosor de 85 centímetros y una altura de cuatro metros y posee en total 12 habitaciones. También tiene corredores que rodean tres costados de la casa. Lo que más llama la atención son 13 frescos pintados en las paredes de estos corredores, que retratan paisajes naturales y urbanos, como la Plaza de Armas de Santiago. Fueron pintados durante el siglo XIX, pero se desconoce su autor.

"Ahora todo está arruinado", asegura Giesen, mientras abre las ventanas de la casa. Diarios antiguos, bolsas, cajas, botellas y latas están desperdigadas en el interior de la vivienda. Además, las paredes están quebradas, hay trozos de adobe en el suelo y pequeñas plantas crecen entre los cerámicos del piso.

En 2007, la presidenta del Instituto de Investigaciones Históricas José Miguel Carrera, Ana María Ried, solicitó al Consejo de Monumentos que esta quinta fuera declarada Monumento Nacional. Sin embargo, la petición fue rechazada. ¿La razón? El consejo concluyó que no había evidencias de que la propiedad hubiese sido de Carrera Pinto. "Además, este tipo de viviendas está suficientemente representado entre los bienes que protege el consejo", argumenta Oscar Acuña, secretario ejecutivo de Monumentos.

En cambio, los carreristas aseguran que sí vivió en este lugar. Reid explica que tras la muerte de José Miguel Carrera Fontecilla, en 1858, sus ocho hijos quedaron huérfanos y sin casa. Entre ellos estaba Ignacio, quien tenía 12 años. "Por eso vivió en la quinta de Peñaflor, que pertenecía a su prima Rosa Aldunate", precisa. En el Album de la Gloria de Chile, Benjamín Vicuña Mackenna -gran amigo del padre del militar- describía los días de Ignacio en esta ciudad. "Veíamosle correr delgado en brioso caballo y sin montura por los callejones de Peñaflor, o mecerse atrevidamente como pájaro inquieto en medio de los campos de la primavera", escribió.

"Carrera Pinto vivió en esta quinta, que era ocupada por la familia Carrera como lugar de descanso en los largos viajes entre la hacienda de El Monte y la casa que tenían en el centro de Santiago", asegura el director del Taller Histórico Forense de la Escuela de Investigaciones, Gilberto Loch.

Sin embargo, tras 200 años de historia, la quinta está a punto de desaparecer. Desde 2007, Giesen intenta vender el terreno a un comité de vivienda que construirá ahí la villa El Magnolio. Pero la transacción no se concreta. "Para mí esta casa es un lastre. Debo más de $ 800 mil en contribuciones. A veces la venta está casi lista y se posterga una vez más y... no quiero hablar más de esto".

RR
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sábado, 3 de julio de 2010

Casa del héroe de La Concepción Ignacio Carrera Pinto tiene orden de demolición luego del terremoto de febrero

www.emol.com
sábado 3 de julio de 2010

RODRIGO VERGARA


HISTÓRICO.- En la imagen se ve a la última de los Carrera que vivió en la casa. Se trata de Rosa Aldunate Carrera (a la izquierda), nieta de José Miguel.


PINTURAS.- La casa, que data de principios del 1800, tiene trece pinturas de alto valor según la PDI. Hay un grupo en Facebook para salvar la construcción que ya tiene cerca de mil miembros.

Foto:GERALDO CASO BIZAMA

El invierno de 1881 el teniente Ignacio Carrera Pinto (cuyo apellido original era De la Carrera, por parte de su bisabuelo, Ignacio de la Carrera Cuevas, padre de los hermanos Carrera) fue el último que pasó en la vieja casona de Peñaflor. Luego volvería a pelear al norte y moriría en 1882 como héroe patrio en la batalla de La Concepción.

128 años después, la construcción de adobe todavía existe, pero pareciera ser que sus días están contados. Quedó a muy mal traer luego del terremoto del pasado 27 de febrero, por lo que una orden de demolición pesa sobre ella.

Los actuales dueños, la familia Giesen Amtmann mantienen una negociación con el Serviu para que, según ellos mismos confiesan, el gobierno construya viviendas en el terreno de cerca de seis mil metros cuadrados.

Gilberto Loch, prefecto inspector de la Policía de Investigaciones (PDI), a cargo del taller de investigaciones históricas forenses de la Escuela de Investigaciones, ha trabajado junto a su equipo de alumnos y profesionales en el lugar y destaca el alto valor histórico a punto de perderse.

"Es una típica casa quinta de la época colonial, que tiene más de 200 años. Tiene en sus corredores trece pinturas murales, que, de acuerdo a lo que hemos investigado, deberían corresponder a uno de los fundadores de la pintura chilena, Ernesto Charton de Treville", dice Loch.

Ana María Ried, directora del Instituto José Miguel Carrera y descendiente directa del prócer, lamenta la situación y sostiene que la única forma de salvarla es que se declare monumento nacional.

"Raúl Irarrázabal, un gran arquitecto que restauró la casa de Prat, escribió un informe arquitectónico que dice que se trata de una de las últimas casas quintas que existen en el país", dice Ana María Ried.

Según ella, aunque el inmueble no hubiese pertenecido a los Carrera, igual merecía conservarse por sus características arquitectónicas.
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SALVEMOS LA CASA DE IGNACIO CARRERA PINTO
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