LA TERCERA EDICION IMPRESA jueves 23 de junio de 2011
Expertos polacos recorren la obra del arquitecto Luciano Kulzcewski Esta mañana, la delegación de tres especialistas visitará 10 de los recintos más representativos que el urbanista construyó en Santiago. por Darío Zambra
Día a día, en sus ocho carriles nadan más de 50 personas. Es una piscina semiolímpica temperada que tiene 25 metros de largo. Quienes la utilizan son alumnos de distintas carreras de la Universidad de Chile que practican natación. Algunos de estos estudiantes han escuchado decir que este recinto es de estilo art decó, pero la mayoría desconoce que fue diseñada por un reconocido arquitecto chileno.
La Piscina Escolar -ubicada en la Av. Santa María con Independencia- fue construida en 1937 por Luciano Kulzcewski y pertenece a la U. de Chile. Este recinto será una de las últimas paradas de un recorrido que realizará hoy un grupo de tres profesionales polacos, expertos en restauración patrimonial.
La delegación llegó el martes a Santiago para asesorar el proceso de remodelación de la Casa Central de la U. de Chile. Estos especialistas pertenecen al Departamento de Patrimonio Nacional del Ministerio de Cultura de Polonia, país que apoya en forma permanente el legado de sus ciudadanos repartidos por el mundo. En el caso del plantel universitario, el nexo es Ignacio Domeyko, quien fue uno de sus rectores y el primer ciudadano polaco en Chile.
Los orígenes de Luciano Kulzcewski también están en Polonia. Su padre, Boleslao Kulzcewski, era un ingeniero francés, hijo de padres polacos. De ahí el interés de estos expertos por conocer el trabajo del arquitecto chileno.
De las más de 30 obras que tiene en Santiago, la delegación visitará 10. Su recorrido comenzará en la casa que el arquitecto construyó para su familia en la calle Estados Unidos y seguirá en la actual sede del Colegio de Arquitectos; una residencia de calle Merced; el conjunto residencial Keller, en Providencia; la población construida para los suboficiales de Caballería, en Ñuñoa; una residencia en calle Manuel Montt y un edificio de departamentos en Merced.
Las últimas paradas de su visita serán la piscina escolar de la Universidad de Chile y una vivienda en José Domingo Cañas.
"Estas obras representan toda la diversidad y las múltiples facetas del legado de Luciano Kulzcewski. Con la elección de estos lugares se buscó dar cuenta de sus diferentes etapas y estilos. Algunos son art nouveau, otras neomedievales y también art decó", explica Cristián Matzner, arquitecto del Consejo de Monumentos Nacionales, quien acompañará a los expertos en su recorrido.
El objetivo de la visita, además de conocer estos lugares, es analizar la posibilidad de establecer convenios para recuperar parte de la obra de Kulzcewski. "Nuestra delegación tiene mucho interés en apoyar un proyecto de este tipo", asegura Radoslaw Smyk, encargado de Asuntos Económicos de la embajada de Polonia en Chile.
Si bien algunos recintos diseñados por el arquitecto se mantienen en buen estado, otros están deteriorados, como es el caso de la fachada de la piscina escolar.
El Ministerio de Relaciones Exteriores y el Colectivo Londres 38 ganaron el fondo Heritage Trust Project para preservar su patrimonio fotográfico en formato digital. por Diego González
Antes de llegar a las dependencias del ex Hotel Carrera, en Teatinos 180, el Ministerio de Relaciones Exteriores estaba dividido en más de 10 edificios de Santiago. Uno de ellos era el de Bandera 65. Ahí se encontraba su archivo fotográfico, que comenzó la mudanza a un costado de la Plaza de la Constitución en 2007.
Fueron cerca de 10.000 fotografías y 40.000 negativos los que ocuparon el segundo subterráneo del inmueble, donde se encontraban la lavandería y las piezas de servicio del hotel. Prontamente, este legado podrá ser visto en una plataforma digital de uso público gracias al fondo Heritage Trust Project de la compañía EMC, que el Minrel acaba de recibir. En un primer momento, su acervo contará con 3.500 imágenes, donde figuran las visitas a Chile de Indira Gandhi, Lech Walessa o Kofi Annan.
Para la encargada de la Colección Fotográfica del Minrel, Sandra Gutiérrez, este apoyo es fundamental, ya que permite dar a conocer un legado que se ha mantenido guardado: "Sin estas imágenes la historia se hace más pobre y la memoria se pierde, quedando muchos espacios en blanco".
El fondo Heritage Trust Project, lanzado el 2010 por primera vez en Latinoamérica, tuvo más de 90 postulantes de todo el mundo. De los 15 ganadores, los únicos proyectos de la región fueron dos instituciones chilenas (Minrel y el colectivo Londres 38), las que recibirán el financiamiento en julio.
Para Erika Hennings, presidenta del colectivo Londres 38 (ex centro de detención y tortura de personas desde 1973), el aporte permitirá digitalizar archivos fotográficos y 40 testimonios en video que prepara la cineasta Carmen Luz Parot. "La casa es un soporte de memoria. No tenemos muchos objetos de colección, pero sí tendremos una gran base con documentación digitalizada", dice Hennings. Y agrega: "En ese sentido, nos ayuda a guardar y preservar el archivo que mantenemos, que cuenta la historia de una generación de jóvenes que tenían proyectos, al tiempo que integramos la historia sin centrarnos en el dolor. Esto contribuye a darle un significado distinto el día de hoy".
La casa de Londres 38 fue del Partido Socialista hasta 1973. Tras ser sede de la Dina, funcionó ahí desde 1978 el Instituto O'Higginiano. Luego, se cambió la numeración por la de Londres 40 en un intento por borrar la memoria del lugar.
Patrimonio gráfico
Jorge Alessandri
En el histórico edificio de Phillips 16, a pocos pasos de la Plaza de Armas, el ex presidente vivió por más de 40 años. Desde su departamento del cuarto piso, caminaba a diario hacia La Moneda, algunas veces solo, otras, acompañado por algún ministro, siempre sin escoltas.
Unctad III
Hoy Centro Gabriela Mistral (GAM), el edificio comenzó a erigirse en diciembre de 1971 para albergar la Tercera Conferencia de Comercio y Desarrollo de Naciones Unidas (Unctad III). Su construcción demoró el récord de 275 días. Para ello, los obreros trabajaron en tres turnos, las 24 horas.
Arqueólogos encontraron en una zona del estado de Florida, EEUU, un fragmento óseo de por lo menos 13.000 años de antiguedad que tiene la imagen tallada de un mamut o un mastodonte.
La imagen grabada en el fragmento óseo contiene es de 7,62 centímetros de largo, de la cabeza a la cola, y de 4,4 centímetros de alto. De acuerdo a lo indicado por los expertos, este sería el ejemplo más antiguo de arte en la edad de Hielo en América, y la prueba de que durante esta época las personas creaban imágenes artísticas de los animales que cazaban.
"Hay cientos de representaciones de proboscidios en paredes de cavernas y talladas en huesos en Europa, pero ninguno en Estados Unidos, hasta ahora", dijo Dennis Stanford, curador de arqueología del Museo Smithsoniano de Historia Natural, y coautor del informe.
El hueso fue hallado por un cazador de fósiles cerca de Old Vero, donde ya se habían encontrado huesos humanos junto a animales extintos de la Edad de Hielo en una excavación de 1913 a 1916.
Para asegurarse de que no fuese un intento moderno por imitar el arte prehistórico, investigadores compararon con otros materiales hallados en el lugar y lo estudiaron con microscopios, que no mostraron diferencia de coloración entre las incisiones y el material circundante. Eso, dijeron, indica que ambas superficies envejecieron simultáneamente.
Además, los expertos señalaron que el hueso donde fue tallada la figura es un fragmento de un mamífero, el que probablemente también era de un mamut o mastodonte, que se extinguieron en América hace unos 13.000 años.
Plantas y animales foráneos han provocado una importante disminución de las especies autóctonas, lo que amenaza el rico ecosistema de la zona, declarada Reserva de la Biósfera.
MATÍAS ROVANO BUSTOS Desde Juan Fernández En el archipiélago Juan Fernández apenas 250 "Rayaditos de Masafuera" revolotean por los árboles. Es un ave endémica que vive en la isla Alejandro Selkirk -habitada normalmente por pescadores durante 8 meses en el año-, pero que a pesar de su aislamiento está entre las especies con mayor riesgo de extinción en Chile.
Su caso no es el único. La mayor parte de la flora y fauna del archipiélago está en riesgo. Y la causa es exclusivamente la introducción de especies foráneas que las depredan o compiten por el espacio. Desde 1574 comenzó un ingreso descontrolado de personas que paulatinamente fueron interviniendo el rico ecosistema insular.
Grave amenaza
La vegetación es la más amenazada. Las investigaciones han detectado 503 especies introducidas, mientras que las nativas son sólo 213 (de ellas 135 son endémicas, una de las tasas más altas del mundo). De las 4.794 hectáreas que tiene la isla Robinson Crusoe, 1.800 están afectadas con especies como maqui, murtilla y zarzamora.
La luma, el canelo y el naranjillo "se encuentran en extrema condición de amenaza, así como muchas otras especies endémicas de gran valor. Tanto es así, que casi el 84% de la flora está amenazada de extinción, y de hecho ya se registra la extinción de 8 especies de plantas en los últimos 100 años", indica un documento elaborado por el Servicio Agrícola y Ganadero (SAG).
"Las proyecciones señalan que, de seguir el patrón actual de avance de especies foráneas, existe una alta probabilidad de que el bosque montano nativo sea invadido o reemplazado", agrega el informe.
El SAG, junto a la Corporación Nacional Forestal (Conaf), trabaja en un plan que se extenderá por 50 años y que pretende erradicar las especies introducidas en el archipiélago. O al menos disminuir notoriamente su presencia.
"Lo primero que haremos será establecer una barrera biológica para controlar el ingreso de embarcaciones que llegan", explica Iván Leiva, administrador del parque y reserva. La iniciativa para controlar la flora exótica en terreno incluye el uso de herbicidas, métodos mecánicos como el corte de plantas, extracción de órganos de propagación y el control de los procesos de florecimiento (para evitar la reproducción).
El caso de los animales es aún peor. Si en la región de Coquimbo las cabras erosionan el suelo y permiten el avance de la desertificación, en Juan Fernández los caprinos se comen todo lo que encuentran. En total son unas 20 especies foráneas contabilizadas, entre ellas conejos, ratas, coatís, palomas, gatos y perros.
De tanto en tanto es posible ver un picaflor rojo libando entre las flores. Antes era habitual. El problema es que gatos asilvestrados están siempre al acecho para cazarlos. Y son tan hábiles que redujeron su población a menos de mil ejemplares.
Pero los animales no sólo matan a otros animales. También permiten la propagación de las plantas foráneas y se comen las semillas de las especies nativas.
A un nivel micro pasa lo mismo: hay 80 especies de insectos "externos", aunque seis de ellos son considerados dañinos, sobre todo la chaqueta amarilla.
"La situación es muy grave. Estamos trabajando con la ONG Island Conservation para realizar programas de erradicación de especies invasoras, principalmente animales", afirma Hernán González, encargado de la oficina del SAG en Robinson Crusoe.
Esa ONG trabaja también en la Reserva Pingüino de Humboldt -en la IV Región- y su sistema es básicamente la caza. "En la isla Alejandro Selkirk podrían tener resultados en dos a tres años", añade.
40 especies vegetales introducidas son invasoras, entre ellas la zarzamora, maqui, murtilla, ciprés, eucaliptus, aromo.
Un individuo de "margarita arbórea" sobrevive en forma natural. El resto se mantiene en criaderos.
75% de la isla Robinson Crusoe presenta algún grado de erosión; de esta cifra, el 35% es irreversible.
PUBLICACIÓN Las mil aristas de su vida (1893-1972):
El director de la única película muda chilena que sobrevive -participó en nueve- fue un gran animador de la escena cultural. Poeta, dramaturgo, actor, cronista y dibujante, las facetas de su vida emergen con la publicación de sus "Obras completas", que incluyen inéditas historias del cine y del teatro nacional y un DVD con "El húsar de la muerte".
ELENA IRARRÁZABAL SÁNCHEZ "Cuando las películas se fueron gastando por el uso y quedaron poco menos que inservibles, nadie de nosotros se preocupó de conservarlas, siquiera como recuerdos. Sólo servían de estorbo. Pero un pequeño industrial extranjero de espíritu práctico vio el negocio, y empezó a comprar toda la existencia de ese viejo material. No por cierto para remendar las partes deterioradas o copiar trozos de nuevo a fin de pasar las cintas en cines de barrio o teatrillos de pueblo sino para aprovechar esos cientos de kilos de celuloide para fabricar peines y peinetas. A eso quedaron reducidas las antiguas películas chilenas".
Transformadas en peinetas. Así terminó el casi centenar de cintas del cine mudo nacional, con la excepción, casi milagrosa, de "El húsar de la muerte". Aunque hoy llega a doler el estómago por la pérdida de ese valioso legado, Pedro Sienna describe esta tragedia sobriamente, en los manuscritos que escribió en su vejez sobre la génesis del cine chileno. Ya estaba curtido en mil batallas, que se pueden recorrer en sus "Obras completas" (Universitaria), que incluyen una semblanza biográfica, sus libros y crónicas periodísticas, la transcripción de manuscritos inéditos y un DVD con la versión restaurada de "El húsar de la muerte".
Obras completas de Pedro Sienna Editores: Cecilia Pinochet, Mauricio Valenzuela y Francisca Schultz. Universitaria, 404 pp, $20.000 (en librerías a partir de julio)
La investigación, textos y edición de todo este material estuvieron a cargo de Cecilia Pinochet, jefa de la carrera de Teoría e Historia del Arte de la Universidad de Chile; el periodista Mauricio Valenzuela y la licenciada en Teoría del Arte Francisca Schultz.
Los pliegues de su figura
Lanzamiento "La mística atraviesa su vida", dicen los editores de las "Obras completas" de Sienna. Se presentan el 30 de junio (19:00 horas) en la Cinemateca del Centro Cultural Palacio La Moneda.
Alto, fachoso -todo un galán-, cuentan que Sienna llamaba enseguida la atención cuando entraba a un lugar. Su amigo Pablo de Rokha lo describió como "vibrante y claro. El apretón cordial de manos que va sembrando por el mundo resuena y compendia, íntegro, todo su estilo de hombre; es todo un hombre, todo un hombre". Premio Nacional de Arte (1966), autor de "Vieja herida", un soneto que aprendieron generaciones, precursor del teatro nacional, hoy se le suele reducir a una sola obra: la cinta muda sobre Manuel Rodríguez.
Sienna se sentía muy cercano a la figura de Manuel Rodríguez, a quien aparece interpretando en "El húsar de la muerte". La cinta será proyectada en el lanzamiento de sus "Obras completas". Éxito "Un grito en el mar" (dirigida por Sienna en 1924) se filmó en parte sobre barcos. Camilo Mori hizo algunos decorados. Actor "La última trasnochada" (1926) fue su última cinta. En esta escena de bar actúa su amigo Daniel de la Vega (izquierda) y Sienna (derecha).
"Uno de los objetivos del libro es situarlo en el 'mapa cultural' que tanto lo nombra, pero que tan poco lo conoce. Si bien el libro rescata la vertiente cinematográfica, busca mostrar que Sienna no realizó únicamente películas y es mucho más que 'El húsar de la Muerte'. Fue también cronista de Zig Zag y La Nación, un poeta con varios libros a su haber y un activo partícipe del teatro chileno en la primera mitad del siglo XX", explica Mauricio Valenzuela.
¿Hombre multifacético o más bien un diletante? Según Cecilia Pinochet, "Sienna tiene un espíritu soñador, aventurero, productivo, muy relacionado con las carencias de la época que vivió. Fue un osado gestor. Un autodidacta que no pertenecía a la clase dirigente, y que tenía como aspiración la democratización de la cultura. Eso lo llevó a actuar en distintos campos".
Una nueva generación
"Sienna encarna a la nueva clase media. Un grupo heterogéneo de profesionales y empleados que tomaría protagonismo social en la década del 20 y que asume un rol activo en el movimiento intelectual de la época", explica Cecilia Pinochet. "Su adolescencia florece en medio del cambio propiciado por los requerimientos sociales por los que comenzaba la lucha la clase obrera. Fue una suerte de 'padre fundacional', ya que la suya fue la primera generación de artistas de la clase media que se incorporó al circuito intelectual, tomando nuevos espacios y sentidos", agrega Valenzuela
Nacido como Pedro Pérez Cordero -a los 20 años adopta el apellido Sienna, inspirado en el color siena, "cálido y sombrío a la vez"-, el realizador fue hijo de un coronel de Ejército y veterano del 79, que entendió poco su vocación artística. Contrariado, Sienna se fuga de su casa y empieza muy joven sus incursiones artísticas, en principio como dibujante y caricaturista.
Sus afanes poéticos reciben un impulso con el segundo lugar que obtienen sus poemas en los Juegos Florales de 1914, aquellos en los que Gabriela Mistral -"la misteriosa y taciturna poetisa"- obtuvo la distinción máxima con los "Sonetos de la muerte". Mistral no quiso subir al escenario, pero Sienna sí. Declamó sus versos con tal intensidad que a la salida lo contrató como actor un empresario teatral español. El teatro fue su espacio durante varios años, hasta que lo capturó la naciente industria de las imágenes en movimiento.
La epopeya muda
"Éramos jóvenes y por lo tanto audaces; éramos pobres, y por lo tanto soñadores", relata Sienna en sus memorias sobre el cine chileno. Pese a las precariedades, el empeño de unos pocos situó al cine mudo chileno como el más productivo de Sudamérica. "Con Coke, Nicanor de la Sotta y Juan Pérez Berrocal hicimos esa hazaña".
"Nos atrevimos con este arte cuya técnica y demás procedimientos ignorábamos en absoluto y sólo imaginábamos por intuición o mirando películas extranjeras. Logramos, por fin, a costa de muchos quebrantos de cabeza y de echar a perder metros de película, dar en el clavo". Grabando sólo de día y graduando la intensidad de la luz con un toldo de sábanas, pidiéndole trajes al Teatro Municipal y reclutando como actores a amigos y familiares, Sienna, Coke y otros próceres consiguieron filmar entre 1917 y 1929 cerca de 80 películas mudas con argumento sin recibir un peso del Estado, según los datos que da Sienna en sus memorias.
Las cintas solían tener una temática de tintes heroicos y fueron reclutando un público cada vez más entusiasta. Pero salvo unas pocas fotos de su rodaje o algunos fotogramas, sus versiones completas están perdidas, excepto "El húsar de la muerte" (1925), que llegó a manos de Sergio Bravo, quien la restauró con gran paciencia y con la colaboración de Sienna.
Teatro, periodismo y bohemia
Desilusionado del cine por los pocos ingresos que le dejaban los empresarios fílmicos, Sienna se vuelca al teatro a partir de 1930 y se desempeña como actor y director en una serie de compañías que montaban obras sin tregua, a veces una por semana. Su dedicación al teatro la combinaba con largas trasnochadas. "Nacía una bohemia nueva y bulliciosa en los barrios obreros del sur de la urbe. La calle San Diego estaba llena de cafés y lugares de reunión. Allí se realizaba una incesante faena de creación en torno a escenarios y boliches. Los teatros más importantes eran el Esmeralda y el Coliseo, que con gran afluencia de público popular recibían una variopinta gama de artistas y espectáculos: cine, teatro, lucha grecorromana, danza, conferencias, etc.", explica Valenzuela.
Sienna, Rafael Frontaura y Daniel de la Vega (luego Premio Nacional de Literatura y Periodismo) se decían a sí mismos "los tres mosqueteros de la noche capitalina" y recorrían bajo la luna los lugares frecuentados por la bohemia santiaguina. Entre sus amigos más cercanos se contaba el periodista y escritor Víctor Domingo Silva (autor de "Golondrina de invierno") y su hermano Hugo (que escribe "Pacha Pulai"). También era cercano a pintores como Benito Rebolledo, Juan Francisco González y Camilo Mori -quien trabajó con él decorando escenarios- y escritores como D'Halmar, González Vera, Pedro Prado y Manuel Rojas.
En 1944 Sienna abandona las tablas -dijo no querer ser un actor viejo-, renuncia interrumpida cuando dirige en 1962 "Entre gallos y medianoche", de Carlos Cariola, con la actuación de Jaime Vadell y Delfina Guzmán. En las décadas del 50 y 60 su mayor dedicación será el periodismo, a través de crónicas que publica en diversos medios, en especial en "La Nación", donde también se desempeñaba como jefe del Archivo.
Novedoso material
Entre los textos que incluyen estas Obras Completas, figuran piezas de teatro escritas por Sienna, como "Las cabelleras grises", "Un disparo de revólver" y la comedia en verso "La tragedia del amor". También sus libros de poemas "Muecas en la sombra" y "Tinglado de la Farsa" -en su época se le consideró 'uno gran sonetista'- y su último libro (inédito) de poemas, "Por los caminos de ayer".
Se suman, también las obras "La caverna de los murciélagos" (un curioso texto de ciencia ficción), la biografía "La vida pintoresca de Arturo Bührle" y "Los recuerdos del soldado desconocido", inspirado en episodios que vivió su padre como militar en la Guerra del Pacífico
"La importancia de este libro radica en que junto con reeditar material muy difícil de encontrar -ya que fue publicado hace cerca de 90 años-, compila obra perdida de Sienna hasta ahora, como sus memorias concerniente a la historia del cine chileno y a teatro, de las que sólo se publicaron en el pasado algunos breves pasajes", explican los editores.
Este es sin duda, una de los puntos de mayor interés de la publicación. Su hallazgo y transcripción fue posible gracias a la generosidad de Carmen Julia Sienna, hija del cineasta, y del periodista Fernando Kri, su secretario personal y quien heredó su biblioteca y gran parte de sus papeles y fotografías. Sus escritos iluminan con amenidad la trastienda de una época extraviada de nuestro pasado cultural.
Textos escogidos: anécdotas del cine mudo En sus "Pasajes para una historia de los inicios del cine chileno", Sienna cuenta una serie de sabrosos episodios de los comienzos del cine, a través de anécdotas vividas por Coke, Juan Berrocal y el propio Sienna.
Secando las películas en los tranvías. "Los reflectores favoritos, los seguros, eran unos cartones grandes que refregábamos con polvo de aluminio. En ellos recogíamos la luz, como hacen los niños con un espejo, y la proyectábamos sobre la escena para conseguir efectos luminosos suplementarios. Los elementos de laboratorio eran, igualmente, misérrimos. No se contaba, claro está, con aire caliente para secar la película húmeda recién salida de la cubeta. Se ponían las cintas al sol, en bastidores. Y cuando había cierta prisa en secarlas, nuestro cameraman Bussenius aprovechando que los tranvías santiaguinos de entonces tenían un segundo piso al aire libre, que costaba la mitad del pasaje, le ordenaba a su ayudante: 'Oye niño, toma ese bastidor y anda a darte un paseo en carro arriba'. El chico salía y se trepaba al segundo piso (o imperial), se daba la consabida vuelta en carro y al poco llegaba con la película perfectamente seca, sólo que después había que sacarle a papirotazos algunos ejemplares de moscas y mosquitos que se habían pegado durante el viaje".
Escenas de dormitorio en la mueblería. "¿Podrían imaginarse los directores de hoy, sentados cómodamente en un sillón del estudio, y los artistas que ensayan en escenarios bien equipados y silenciosos, lo que significa interpretar una escena de amor apasionado en la vitrina de una casa comercial, en medio del tráfago callejero, a la vista de todo el mundo? Pues bien, otro querido compañero, Jorge Délano, tuvo que recurrir a eso, obligado por la necesidad. Estaba realizando la película 'Juro no volver a amar' y le hacía falta un pasaje importante, un dormitorio de lujo. Y no tenía un cobre para montarlo. Andaba desesperado. Un día Coke pasó por casualidad frente a la Mueblería Llull, que estaba instalada en pleno centro. En una amplia vitrina se ofrecía a la vista un dormitorio que ni hecho de encargo para lo que soñaba. No dudó ni un instante. Era el escenario ideal. Entró, conversó con el dueño y obtuvo permiso. Al día siguiente, en la mañana, instaló su trípode en la acera y empezó a filmar a través del vidrio".
Películas convertidas en peinetas
Chile vivió en la década del 20 el esplendor del cine mudo, con Sienna como uno de sus protagonistas. Según sus "Obras completas", su primera incursión fue como actor de "El hombre de acero" (1917) escrita por Carlos Cariola y Rafael Frontaura. Prosigue en 1918 con "Todo por la patria " , "La avenida de las Acacias " y "Manuel Rodríguez" (inspirada en "Durante la Reconquista", de Blest Gana).
En 1921 dirige "Los payasos se van" y luego "El empuje de una raza" (1922). La más ambiciosa producción de Sienna fue " Un grito en el mar " (1924), con trama de piratas y marineros. Al parecer el popular cantante "Chilote Campos" tenía una copia, pero se le perdió la pista. En 1925 Sienna dirige "El húsar de la muerte" y luego en 1926 "La última trasnochada " (la última película muda chilena la hará Coke en 1929).
Todas estas cintas argumentales están hoy perdidas o destruidas -su material se utilizó para fabricar peines y peinetas-, salvo "El húsar de la muerte". Sienna fue guionista y director de la cinta y también encarna a su protagonista: Manuel Rodríguez. Dicen que por su carácter rebelde, aventurero y emprendedor, había una suerte de "simbiosis" entre el patriota y Sienna. "En un ejercicio circular, la imagen de Manuel Rodríguez cita a la figura de Sienna, y viceversa", explica Francisca Schultz.
Contemplar hoy el DVD es una sorprendente experiencia. Conserva su frescura y su humor (con el mítico personaje "el huacho Pelao", un niño descalzo que simpatiza con la causa patriota). Con fiel ambientación y música incidental de Sergio Ortega (compuesta con posterioridad), los pintorescos intertítulos permiten seguir un trama de acción y de heroísmo, con interludios de romance.
Es el único largometraje chileno del cine mudo que es posible ver en la actualidad. Fue estrenado el 24 de noviembre de 1925 y hoy es considerado el filme más importante de su época. En 1998 fue declarado monumento histórico.
La película que narra las aventuras de Manuel Rodríguez entre 1814 y su muerte, fue dirigido y protagonizado por Pedro Sienna. También tuvieron papeles protagónicos María de Hanning y Dolores Anziani.
En la última restauración que se realizó al Húsar de la muerte en 1995, se agregó una música incidental compuesta por Horacio Salinas.
Dirección y guión: Pedro Sienna. Dirección de fotografía: Gustavo Bussenius. Elenco: Pedro Sienna, Piet Van Ravenstein, Clara Werther, María de Hanning, Dolores Anziani, Hugo Silva, Piet van Ravebstein, Luis Baeza, Octavio Soto, Federico Geimza, Guillermo Barrientos, Emilia Sierra, Ángel Díaz y Víctor Véjar.
El cautivo de Til Til / El husar de la muerte
Imagenes de "El husar de la muerte", pelicula Chilena de cine mudo, realizada por Pedro Sienna el año 1925 donde se narra la historia de Manuel Rodriguez. La cinta original fue restaurada y declarada monumento historico. Es la unica pelicula Chilena de su tiempo y estilo que se puede ver en la actualidad.
Acompañada por la cancion "El cautivo de Til Til" tema dedicado al patriota de la independencia Manuel Rodriguez, del cantante Chileno Patricio Manns, en una preciosa version en vivo
--- Postales Bicentenario: El Husar de la Muerte FundacionFuturo Subido por FundacionFuturo el 30/12/2008
Las postales Bicentenario son un aporte de Fundación Futuro, en conjunto con Chilevisión. Son 200 microespacios que relatan los principales capitulos de nuestro país.
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TEATRO
Pedro Pérez Cordero - Pedro Sienna
Conocido como Pedro Sienna, nació en San Fernando en 1893. Formó una compañía de teatro, más tarde se dedicó al cine, siendo uno de los primeros actores del cine chileno; tuvo destacada participación en la película chilena «El Húsar de la Muerte». También incursionó en el campo de la literatura, publicando algunas obras.
Cuando el Saint George's College llegó a La Pirámide, todo era barro y acacias. Ahí, a los pies del cerro Manquehue, levantó un proyecto inédito para la época: no sólo tenía calles y parques al interior, sino también alumnos cuya única obligación era pensar con libertad. por Darío Zambra
No hay miembro de la congregación de Santa Cruz que no haya escuchado esta anécdota. El 1 de marzo de 1943, tres de sus sacerdotes arribaron a Chile para hacerse cargo del colegio Saint George's. El Arzobispado, a quien pertenecía el establecimiento, les había pedido administrar un college, que se había fundado siete años atrás. Cuando los curas llegaron, su sorpresa fue mayúscula: habían imaginado un college a la usanza estadounidense, parecido a una universidad. Pero se encontraron con un primary school, es decir, con un colegio en el que todos los alumnos eran menores de edad.
En Estados Unidos -su país de origen-, la Holy Cross Congregation administraba varias instituciones de educación superior, entre ellas, varios colleges y la Universidad de Notre Dame. De todos modos, se hicieron cargo del Saint George's y lo convirtieron en uno de los mejores de Santiago, el más requerido por la elite capitalina, gracias a un método innovador: mezclaban las asignaturas tradicionales, como matemáticas y lenguaje, con otras como el cuidado de granjas y las artes.
Setenta y cinco años después de su fundación, sigue siendo el establecimiento favorito de las familias más progresistas de Vitacura, Lo Barnechea, Las Condes y Huechuraba (desde donde viene la mayoría de sus 2.600 alumnos), y no sólo por estar en el lugar 39 de los mejores del Simce, sino por ese carácter social que lo define desde sus principios. El Saint George's no sólo impulsó programas de integración de niños de escasos recursos durante los 70, sino que entre 1991 y 2001 funcionó en sus salas una escuela para adultos, a la que asistían para jardineros y asesoras del hogar que no habían terminado cuarto medio.
La Arquidiócesis de Santiago había construido el colegio en Pedro de Valdivia 1423, en los terrenos que hoy ocupa el templo de los mormones y en parte de la cuadra donde hoy se erige la Universidad Finis Terrae. "Era un colegio católico de hombres muy de barrio de Providencia", recuerda uno de sus ex alumnos, el arquitecto Gustavo Munizaga. Funcionaron en ese lugar por casi cuatro décadas, hasta que a fines de los 60 se comenzó a ampliar la calle que hoy se conoce como Pocuro. Su trazado pasaba por casi todas las canchas del plantel. Entonces, los padres decidieron trasladarlo.
Desde hace algunos, la congregación Holy Cross era dueña de 56 hectáreas en la ladera sur del cerro Manquehue. Algunos dicen que las compraron; otros, que fueron una donación. Lo cierto es que ese paño pertenecía a la familia Goycolea, que tenía ahí un fértil suelo agrícola, en el que abundaban los canales y las acacias. "Parecía un tanto alejado. En ese entonces, la ciudad llegaba mucho más abajo, pero los sacerdotes tenían la visión de que en el futuro habría un desarrollo importante hacia esta zona", cuenta el rector del colegio, José Ahumada.
En 1969 llamaron a un concurso público para la construcción del nuevo recinto. Los participantes tenían que cumplir con dos requisitos: que fuera un equipo de arquitectos y que al menos uno de sus integrantes fuera un "ex georgian". Gustavo Munizaga, hijo del conocido arquitecto Escipión Munizaga, había pasado por sus aulas y convocó a sus amigos Manuel Atria, Francisco Lira y José Antonio Gómez. "El proyecto debía reflejar el principio del colegio, que es la educación para la libertad y para la responsabilidad. Se buscaba formar un alumno ciudadano, libre y que tomara decisiones. En ese sentido, debíamos hacer algo libre, con mucho terreno", explica Munizaga.
A partir de esas ideas se levantó ahí un recinto educacional inédito para el Santiago de la época, que no se parecía en nada a la infraestructura de los colegios tradicionales. El Saint George's levantó a los pies del Manquehue una especie de ciudadela: tenía decenas de salas, todas de un piso, avenidas, calles, plazas, fuentes de agua, un estadio, un gimnasio, una capilla y un teatro. "Es una especie de metáfora de la ciudad", precisa Munizaga. "Parecía más un campus universitario", agrega el profesor Harold Oliva.
Los arquitectos tomaron entonces una decisión que en su momento la congregación no comprendió, pero que con el tiempo valoró. No ocuparon todo el paño, sino que se retiraron hacia el cerro, para dejar desocupadas 25 hectáreas que están junto a la Av. Santa María. "Hoy, ese terreno vale oro", destaca Munizaga.
Durante años, las inmobiliarias no le sacaron sus ojos de encima e hicieron numerosas ofertas. "Aquí se podría hacer un proyecto inmobiliario, pero no queremos vender ningún pedazo", afirma Ahumada. De todos modos, en 2007 le arrendaron el paño a Cencosud por 30 años -por un monto que ninguna de las dos partes quiere revelar-, pero en el holding afirman que aún no tienen un proyecto definido.
Barriales y acacias era todo lo que había en la zona cuando se empezó a construir esta ciudadela. La Av. Santa María tenía sólo una pista, todavía no se construía la Av. Américo Vespucio, recién comenzaban a aparecer las primeras construcciones en el sector, y en el borde del río Mapocho estaban las poblaciones El Esfuerzo y El Ejemplo, las mismas de donde salieron los alumnos del proyecto integrador del Saint George's que que inspiró la película Machuca.
El padre Ahumada cuenta que, en esos años, acercarse al colegio era una aventura. La micro más cercana llegaba hasta Francisco de Aguirre con Vitacura y luego había que caminar 20 minutos por calles sin pavimentar.
El ex ministro de Economía Alejandro Ferreiro ingresó al Saint George's en 1971, el mismo año de su inauguración. "Lo que hoy es un parque, en verdad era un barrial. Los días de lluvia costaba mucho llegar a clases.Los temporales significaban la suspensión de todo. Al comienz, el recinto era más bien un conjunto de salas aisladas entre sí, ubicadas en un gran emplazamiento casi sin urbanizar. Después se convirtió en una especie de campus", relata. Mientras se levantaban las instalaciones, la señora Alicia Riedel, una vecina de Lo Curro, se encargó de crear y mantener todos los jardines y parques del recinto.
Desde el cerro, el Saint George's fue un testigo privilegiado de toda la metamorfosis de la zona oriente de Santiago. Pero también sufrió sus efectos. En la segunda mitad de los 90 se proyectaba la radial nororiente, que une Vitacura con Chicureo. Parte de su primer trazado pasaba a 20 metros del colegio y los directivos y apoderados hicieron gestiones para que el MOP cambiara su diseño. El gran puente azul que está frente a la entrada es testimonio de ese gallito.
Esa fue la única vez que tuvieron que ceder parte de sus terrenos. Cuando entre 1973 y 1976 el gobierno militar intervino el colegio -debido a su carácter progresista y a su marcada labor en las poblaciones-, los rectores de la Fuerza Aérea no hicieron ningún cambio sustantivo. "Eso sí, los alumnos debían aprenderse todas las canciones militares", recuerda Ahumada.
Como la ciudad, el Saint George's ha ido creciendo. Pese a la resistencia de sus alumnos, hoy muchos de sus inmuebles tienen dos pisos. Además, en marzo se inauguró un nuevo edificio de ciencias, pronto se construirá otro para los terceros y cuartos medios, y en carpeta hay un gimnasio que reemplazará al actual y que fue diseñado por otro "ex georgian", el arquitecto Gonzalo Mardones. ---
Los estudiantes, decididos a fundar el primer teatro universitario del país, se juntaban a discutir ideas en la Fuente Iris y el salón de té El Negro Bueno, en Alameda. Ahí, entre cafés y sándwiches, futuros emblemas nacionales como Bélgica Castro, entonces estudiante para profesora de Castellano, María Cánepa y Pedro de la Barra votaron para elegir el nombre Teatro Experimental (propuesto por el técnico electricista del grupo) y redactaron los Cuatro Puntos que se aplican hasta hoy: "Crear un ambiente teatral. Formar un teatro-escuela. Difundir el teatro clásico y moderno. Presentar nuestros valores". El estudiante de filosofía José Ricardo Morales fue nombrado asesor literario y fue quien ideó el primer programa: "Llegué en el Winnipeg después de combatir en la Guerra Civil española. Como yo era del teatro universitario El Búho, propuse montar algo que ya había hecho allí: Ligazón, de Valle-Inclán, y La guarda cuidadosa, de Cervantes", cuenta Morales, con 95 años y decenas de obras publicadas.
Empezaron a ensayar en la sala de las escobas, en la Casa Central de la U. de Chile, al lado de la Imprenta Universitaria que dirigía Manuel Rojas, que se tomaba con humor sus primeros bramidos. Pronto pusieron a la venta entradas a uno y dos pesos para el estreno en el Teatro Imperio, un domingo de invierno, a las 10.30 de la mañana: fue el único horario que lograron negociar con el dueño. María Maluenda, Roberto Parada, Pedro Orthus, Chela Alvarez, Domingo Piga, Rubén Sotoconil y De la Barra integraron ese elenco que, antes de salir a escena, fue golpeado por la noticia de que las tropas de Hitler habían entrado a la URSS. En ese primer público de familiares, amigos y profesores, estaba Antonio Acevedo Hernández. El dramaturgo aprovechó su condición de periodista para darles el visto bueno con iluminadas palabras: "Saben que se juegan enteros a la carta del porvenir. Lo que aún no saben es que la fecha invernal del 22 de junio será histórica, que un día habrá de celebrarse año tras año como una fecha patriótica, sobresaliente en los fastos del arte teatral chileno".
2. Cien almas para Fuenteovejuna
Por sus primeras 14 obras, los artistas del Teatro Experimental no recibieron sueldo. Peor aún, tenían que poner de su bolsillo para que la cosa funcionara. La primera obra remunerada fue Nuestro pueblo, de Thornton Wilder, en 1945. En los años siguientes, la compañía montó obras estrenadas hace muy poco en Estados Unidos y Europa. En 1950 se hizo La muerte de un vendedor, que Arthur Miller había escrito sólo un año antes. Bélgica Castro fue parte de esa época del Experimental: "Teníamos la convicción de que cuanto más culta fuera una persona, mejor sería su vida. Deseábamos que el conocimiento y la cultura llegaran a la gente hundida en la miseria".
En 1952, la compañía escenificó el gran clásico que, de manera definitiva, los instalaría como referente dentro de la escena teatral chilena. Fuenteovejuna, de Lope de Vega, se montó en el Teatro Municipal bajo la dirección de Pedro Orthus y con más de cien actores en un escenario dominado por una imponente rampa (en la foto). Al año siguiente vino otro éxito: Chañarcillo, de Antonio Acevedo Hernández.
A esta altura, José Ricardo Morales ya no era parte del grupo: "Me retiré porque se produjeron situaciones difíciles. Después regresé a dirigir mi versión de Don Gil de las calzas verdes, de Tirso de Molina, y mi adaptación al teatro de La Celestina, en el Teatro Municipal".
3. Años 60 y 70: el auge y la caída
El teatro comenzó la década del 60 con un cambio de nombre y un gran hito teatral: el Instituto de Teatro de la Universidad de Chile inauguró sus años gloriosos con el estreno de Los invasores, escrita por Egon Wolff y con dirección de Víctor Jara, en 1963. La investigadora de la U. Católica María de la Luz Hurtado resalta la escenografía: "Era de una riqueza expresiva nunca antes vista en el teatro chileno. Amaya Clunes es una escenógrafa de teatro conceptual, abstracto y muy modernista, que deja a un lado el realismo para realzar la proyección simbólica de Los invasores".
Después del auge, vino la caída. A fines de los 60, Bélgica Castro, De la Barra, Pedro Orthus y los demás maestros fueron desplazados por las nuevas generaciones, y el grupo se llamó Departamento de Teatro de la U. de Chile. El golpe de gracia llegó en 1973. "Habían asumido una opción política clara y abierta, se propusieron apoyar los cambios políticos y sociales del país, los procesos revolucionarios, así que el golpe militar les afectó", cuenta la investigadora. En 1975, el grupo recibe el nombre de Teatro Nacional Chileno y, durante la década siguiente, hará teatro con un enfoque culturalista: se eligen obras que no toquen temas de contingencia y, muchas veces, se recurre a los clásicos con el afán de "difundir los valores universales", explica Hurtado.
4. Retomando la tradición
El 22 de junio celebrará su aniversario este grupo que nació bajo el nombre de Teatro Experimental. A mediados de los años 80 vuelve a dirigir el Teatro Nacional Sergio Aguirre, cuyo mandato anterior fue interrumpido por el golpe militar. Con ese gesto simbólico comienza un proceso de recuperación del espíritu del grupo. Se montaron obras de vanguardia que no pudieron hacerse en los años 70 y se reestrenaron hitos de los 60, como El abanderado, de L.A. Heiremans. En los años sucesivos, los dramaturgos chilenos marcaron la programación del Teatro Nacional, que estrenó Río abajo, de Ramón Griffero, en 1995; La pequeña historia de Chile, de Marco A. de la Parra, en 1996; Hechos consumados (en la foto), de Juan Radrigán, en 1999; y El coordinador, de Benjamín Galemiri, estrenada el año 2000.
Hace diez años llegó a las oficinas del Teatro Nacional, ubicadas sobre la sala Antonio Varas de Morandé 25, su actual director, Raúl Osorio. Bajo su dirección se estrenará Esperando a Godot este 22 de junio. Hablando del aniversario, Osorio explica la misión del Teatro Nacional, donde se huelen los Cuatro Puntos definidos hace 70 años en desaparecidas cafeterías de la Alameda: "La propuesta tiene que ver con apoyar a la dramaturgia nacional, rescatar los clásicos y que la programación no sólo se base en las obras, sino en muchas otras actividades, como el programa de teatro para jóvenes y los encuentros con zonas periféricas de Santiago. Si pudiera, haría más. Hay principios y fundamentos de la actividad teatral que se pensaron no hace 70, sino cientos de años atrás".
Bravísimo: 300 obras en los 70 años del Teatro Nacional
Leopoldo Pulgar Ibarra Así como ayer los estudiantes de enseñanza superior encabezaron en la calle la lucha por recuperar la educación pública y la calidad de la enseñanza, hace 70 años un grupo de jóvenes, encabezado por Pedro de la Barra, fue protagonista de la fundación del Teatro Experimental de la Universidad de Chile.
El miércoles 22 de Junio de 1941, la primera compañía universitaria del país hacía su estreno con "La guarda cuidadosa”, de Miguel de Cervantes, y “Ligazón”, de Ramón del Valle-Inclán.
Fue un instante de gran fervor, según ha recordado la actriz Bélgica Castro. Ella y sus compañeros estaban convencidos que iban a “cambiar a la humanidad” con esa gesta cultural.
7 décadas después, el Teatro Nacional Chileno (Tnch), heredero del Teuch, conmemora su aniversario sosteniendo los mismos ideales que motivaron a sus fundadores. Y pese a la difícil situación que provoca el abandono de la educación pública por parte del Estado y a los intentos de disminuir la influencia de la Universidad de Chile mediante la reducción del aporte fiscal, el Tnch sigue sosteniendo la misión universitaria de su actividad artística, basado en el concepto teatro-educación-sociedad, trilogía que vincula la creación artística con el entorno social en que vivimos.
ORIGEN
La historia del Tnch está relacionada de manera íntima a una etapa importante y especialmente creativa de la historia del país.
Además de Bélgica Castro, otros tres fundadores del Teuch pueden reconstruir hoy y en primera persona la biografía de esta institución. Uno de ellos es José Ricardo Morales, lúcido dramaturgo y director teatral español que llegó joven a Chile en el Winnipeg, el barco que arrendó Pablo Neruda a nombre del gobierno para transportar a los patriotas republicanos exiliados, luego del triunfo fascista en España, que culminó en 1939.
Con su arribo operó un fenómeno de transfusión que dio gran impulso al naciente Teatro Experimental. Morales traía experiencias e influencias de las compañías La Barraca, de Federico García Lorca, y El Buho. Ambas, de perfil universitario, concebían el teatro como un arte para el crecimiento de las personas.
En Chile, en tanto, gobernaba Pedro Aguirre Cerda, cuyo lema “Gobernar es Educar” vino a complementarse con la actitud de Juvenal Hernández, rector de la Universidad de Chile, una autoridad joven y visionaria en sincronía con una época en que las capacidades creativas estaban en expansión, no sólo en el ámbito escénico.
En este período se fundó la Corfo (1939), que catapultó la industria nacional; la Orquesta Sinfónica (1941) y el Teatro de Ensayo de la Universidad Católica (1943).
Cada uno en su área renovó lo que se hacía hasta esos momentos. En el caso del Detuch, nombre con que se había rebautizado el teatro de la Universidad, el proceso e influencia ascendente a nivel latinoamericano se detuvo con el golpe militar de 1973 y el desmembramiento de la compañía estable que integraban alrededor de 40 personas entre artistas y técnicos.
PRESENTE Y FUTURO
Desde su nacimiento, el Teuch se abocó a cuatro objetivos: poner en escena obras de valor universal, europeas y estadounidenses, que no se conocían en Chile; formar un nuevo público para la nueva cartelera; impulsar la dramaturgia chilena; y dedicar tiempo a la formación de actores y actrices, convirtiéndose en teatro-escuela.
En estos 70 años el TNCH ha exhibido más de 300 obras teatrales nacionales y extranjeras, con la intervención de casi todos los más destacados actores y actrices de nuestro país. Títulos como “Fuenteovejuna” (1952), “Romeo y Julieta” (1964) y “Marat-Sade” (1966) son ejemplos del alto nivel artístico y de producción que se había logrado. Numerosos premios en todos los rubros de la actividad escénica (dramaturgia, dirección, actuación, diseño integral) se obtuvieron en este extenso período.
Durante la última década, el Tnch ha desarrollado diversas líneas de creación artística coherentes con su misión universitaria: teatro popular chileno, con obras de llegada trasversal y público masivo, como “La Remolienda”, “Tres Marías y una Rosa” y “El toro por las astas”, con miles de espectadores y funciones en sala, giras regionales, nacionales e internacionales,.
Además de una línea de teatro de experimentación y clásicos internacionales, el Tnch le ha dado especial importancia al programa Teatro Joven. En este segmento se destacó “La mala clase”, obra que vincula de manera intensa y crítica teatro y educación. Atrajo a miles de estudiantes y profesores.
NOMBRES Y PREMIOS
A la hora de conmemorar 7 décadas “viviendo el teatro”, el Tnch puede destacar a artistas como Pedro de la Barra, Agustín Siré, Domingo Piga, Roberto Parada, María Maluenda, Domingo Tessier, Pedro Orthous, María Cánepa y Rubén Sotoconil, entre otros fundadores. Y a una docena de actores y actrices vinculados al Tnch que han ganado el Premio Nacional de Arte: Pedro de la Barra (1952), Agustín Siré (1972), Silvia Piñeiro (1988), Jorge Díaz (1993), Fernando González (2005) y Gustavo Meza (2007).
Tal vez por todo esto que en la conmemoración del aniversario 70 (Miércoles 22 de Junio), el Tnch estrene un clásico del teatro universal, “Esperando a Godot” (en la imagen), de Samuel Beckett, tragicomedia escrita en los 50 y estrenada en Chile el año 1966, texto plenamente vigente, porque en su gran vuelo dramatúrgico se mete de manera profunda y crítica en el corazón de la sociedad y el hombre contemporáneos. Habla de dos vagabundos que, en un camino junto a un árbol, esperan ansiosos y en vano a un tal Godot, un personaje que nunca llega.
La obra es dirigida por Raúl Osorio, al frente de un elenco integrado por Miguel Angel Bravo, Roberto Farías, Rodrigo Muñoz-Medina, Pablo Teillier y Joaquín Riquelme.
(Sala “Antonio Varas”. Morandé 25. F: 977 1701. Ju., vi., y sá., 20.00. $ 6.000 y $ 3.000. tnch@uchile.cl, http://www.tnch.uchile.cl/).