jueves, 23 de septiembre de 2010

10 héroes olvidados por una historia que ayudaron a escribir

www.emol.com
domingo 19 de septiembre de 2010
ARTES Y LETRAS

Homenaje Los otros próceres:

Hay muchos chilenos y extranjeros que, en estos 200 años, han hecho historia en silencio. Genios, héroes, apóstoles de utopías, han habitado la cara oculta de Chile, fuera de los focos. De los que hicieron patria sin que nadie se los pidiera, aquí rendimos tributo a algunos.

Miguel Laborde
El Chile de las primeras cuatro décadas era enorme. Aunque sin Tarapacá ni Antofagasta, se tenía conciencia de unos espacios ilimitados por el sur, de una Patagonia gigantesca y todavía nuestra. Chile era más grande que cualquier país de Europa. Con la ventaja de tener grandes riquezas no explotadas y una población muy escasa. Aquí, en el Cono Sur, parecía asomar lo mejor del futuro.

Así lo proyectaron "los intelectuales de Peñalolén", especialmente Juan Egaña en los años de la Independencia, calculando que si se trabajaba bien, con inteligencia, Chile podría alimentar a una población de millones. Incluso, previó el uso de los combustibles fósiles.

En el espíritu de "los padres fundadores", Chile era el mejor país del mundo y así se le consideró hasta bien avanzado el siglo XIX. El mundo occidental era más admirable que el oriental, América prometía un futuro imposible en Europa, América Latina con su vocación moral era más valiosa que la materialista América sajona, y en el contexto regional, era Chile el primer país en alcanzar el orden necesario para el progreso indefinido.

Con esa íntima convicción se lanzaron los chilenos a explorar las riquezas minerales del norte, a irrigar el Valle Central, atraer inmigrantes europeos para poblar y desarrollar las provincias más despobladas, ordenar el territorio a partir de una red férrea, consolidar la soberanía en el Estrecho de Magallanes y la Isla de Pascua, desarrollar una marina mercante que comenzó por llevar cobre a la India y que a mediados de siglo era proveedora de los territorios auríferos de Australia y California.

Rubén Darío, el iniciador de las letras modernas en lengua castellana, emigra a Chile porque considera que aquí se estaba iniciando la nueva historia.

En ese ambiente, de chilenos que pensaban en grande, surgen algunos personajes que sólo se comprenden en ese contexto de una nación que se respeta a sí misma.

Ramón Picarte: el matemático patriota



¿Cómo fue la vida de los hijos de los patriotas? Ramón Picarte Mujica (1830-1864) fue uno de ellos, hijo de un "Manuel Rodríguez del sur", un audaz activista, un padre ausente.

Pero el niño se educa en el Instituto Nacional. ¿Compañeros? Montt y Varas, Blest Gana, Barros Arana, los Amunátegui. Ellos seguían la ruta esperada, prepararse para regir esta república independiente, pero Picarte es diferente. Amigo de las matemáticas, fue alumno prodigio de Gorbea, el que impulsó esta disciplina en Chile. Pero ni él le creyó cuando el novato le fue a mostrar su descubrimiento. Por entonces, los que debían enfrentar muchos cálculos de multiplicación disponían de tablas que los salvaban de los desafíos complejos. Pero faltaba mejorar las de dividir. Y eso, aseguraba Picarte, es lo que había vislumbrado.

Ante el escepticismo local, decidió embarcarse a Europa y allá confrontar sus fórmulas ante la Academia de París. Tuvo que trabajar para el pasaje, detenerse en cada puerto para pagar el tramo siguiente, se demoró un año.

Debieron quedar atónitos los grandes académicos con este recién llegado, pero había descubierto una pista clave. No era perfecta, pero casi; fue felicitado y se le solicitó volver cuando lo hubiera resuelto. El hallazgo apareció en la prensa francesa.

Picarte cumplió. Le tomó varios meses, pero muy pronto comenzó a publicarse su manual que, traducido a 18 idiomas, sería una herramienta cotidiana para miles de personas a lo ancho del planeta.

Entre sus amistades en París estuvo el célebre matemático Fourier, en cuya casa conoció los esfuerzos por planificar una ciudad perfecta, científicamente calculada para solucionar "el problema de la felicidad pública".

Picarte era patriota y decide volver, dedicando años a idear un modelo ideal. Si un gran número de obreros ahorrara 5 y medio centavos diarios... Se vino a Santiago y en la prensa comenzó a aparecer un aviso suyo, mediante el cual, a todo interesado en aportar a la construcción de una ciudad del futuro, lo esperaba a partir de las 12 horas en el Portal Fernández Concha, 2° piso.

La urbe se ubicaría entre Chillán y San Carlos. En su memoria de incorporación a la universidad escribe: "Si este horrible estado de cosas [la miseria] es una necesidad en esa triste civilización europea que sólo se sostiene con la pobreza i el egoísmo, en América, continente de Repúblicas nuevas, i en Chile especialmente donde todavía no se han formado o no tienen consistencia las arterias de torpe especulación, sería una eterna vergüenza si pudiendo hacer algo útil a este respecto [la asociación], no lo realizáramos".

No encontró inversionistas. Se instala en el sur, funda la Sociedad de Artesanos de Chillán, pero no llega a obtener los apoyos. Lo vemos patentar otras tablas de logaritmos, publicar en Francia sus tablas, viajar allá. Y desaparece, por completo. En su caso, los seguidores están aumentando: www.picarte.cl

Alejandro del Río: el médico de todos



La salud andaba mal por el Centenario. Por fortuna hubo espíritus como Francisco Arriarán del Río, benefactor del San Borja y otros hospitales; y su primo Manuel Arriarán Barros, quien construye un hospital para niños en la avenida Matucana -asesorado por su sobrino Roberto del Río-, además del que lleva su propio nombre, el "Manuel Arriarán". En este árbol de genes nobles falta Alejandro del Río Soto-Aguilar (1867-1939), hermano de Roberto.

Por entonces, aparece la Revista de la Beneficencia Pública (1917), dirigida por el doctor Alejandro del Río e Ismael Valdés Vergara, para hacer ver las dramáticas realidades sanitarias y propiciar soluciones técnicas, como un alcantarillado para Santiago. Unas pocas familias no eran suficientes; tenía que ser rol del Estado.

El doctor Del Río, director del Instituto de Higiene, sufre porque los enfermos y heridos que se encuentran en la vía pública deben ser llevados a una comisaría. Ahí se debe llenar un informe, con exasperante lentitud. Cuando el sujeto llegaba al hospital, casi siempre era un difunto. Consiguió, traídas de París, dos ambulancias.

Crea la carrera de médico sanitario, luego un centro de salud modelo -en Puente Alto-, es el titular de la cátedra de bacteriología e higiene, funda la primera Escuela de Enfermería de Sudamérica...

Poco después logra crear la Asistencia Pública, que hoy lleva su nombre; la dirigió 18 años. Será nuestro primer ministro de Higiene, Asistencia Social y Previsión, y se le conoce como "el padre de la medicina social chilena", con aportes que se prolongan más allá en congresos panamericanos.




Los Larraín: el clan más tenaz



En el mundo indígena, es un gran acontecimiento el funeral del último miembro de una familia; cada una es un bien de la comunidad. Es parte de su cultura.

En el caso de los Larraín, vascos de Navarra en su origen, no lejanos del paso a Francia, zona de circulación de ideas y contrabandos, traen a Chile un espíritu cosmopolita y con interés en la cosa pública, lo que les dará visibilidad e influencia en el país, desplazando a familias hasta entonces más relevantes.

No es casual encontrarlos entre los primeros que osan gritar "¡Junta queremos!" en el año 1810, o que en el Congreso Nacional de 1811, el presidente sea de la familia.

En el siglo XVII, Santiago de Larraín ya había sido alcalde de Santiago y procurador de la ciudad, el abogado que velaba por los intereses de ella. Y luego Presidente Gobernador de Quito. Su hijo Juan Francisco será un Gran Corregidor de Santiago y los nietos lideran facciones patriotas y realistas. En la Colonia se forjó el sello y seguirán fieles a él.

Como Rafael Larraín Moxó, líder de la SNA, viajero importador de máquinas, cofundador y presidente del Banco de Chile, presidente del Partido Conservador, del Senado, de la Sociedad de Instrucción Primaria, vicepresidente de la Exposición Internacional de 1875...

Patricio Larraín Gandarillas es considerado el más progresista agricultor chileno del siglo XIX, impulsor de la Quinta Normal, importador de las primeras abejas e iniciador de la apicultura, lo que de inmediato aumentó la producción de fruta nacional; constructor del ducto que permitirá regar el Valle de Mallarauco.

Un solo ejemplo más en la generación que sigue. En ésta, José Luis Larraín Larraín, tras ver el éxito de las ferias agroganaderas en Inglaterra, y pensando en el avance del ferrocarril en Chile, anticipó una revolución comercial. Compró un gran predio frente a la Estación Central e inició los remates y las ferias con un proyecto que sus hijos expandirán por el sur, ordenando precios y dando estabilidad a la agricultura; es el origen de El Tattersall.

De uno de esos hijos, Aníbal Larraín Bulnes, viene la empresa financiera LarrainVial; y de ahí los Larraín Peña, contemporáneos, Fernando y Carlos siempre inquietos, en la política, interesados en el arte y la cultura, viajeros. A veces nos aburrimos de ver reiterados los apellidos, desde 1810, cuando la situación la controlan los Barros, Larraín, Vial, Infante... Pero esos troncos familiares son el esqueleto de un país. Los que, finalmente, definen el carácter de una nación.

Elvira Santa Cruz: la revolución de El Peneca



En la infancia se configura el mundo. En Chile, fue una intelectual la que tuvo el poder de seducir a varias generaciones de chilenos -y luego de latinoamericanos- mediante la revista El Peneca; por un mundo mejor. Se llamó Elvira Santa Cruz (1886-1960).

En 1921 asume su dirección, cuando estaba en decadencia, y en sus páginas propone modelos de héroes nuevos. Aventureros pero sensibles, audaces y también solidarios. Así le gustaban. Por su impacto se formaron docenas de clubes relacionados, "red social" que llegó a tener 240 mil seguidores que compraban la revista cada sábado, de Chile a Venezuela.

Fue una de las revistas fundadas por Agustín Edwards Mac-Clure, y no la única que por su éxito comenzó a distribuirse en otros países. Elvira Santa Cruz, más conocida por su seudónimo, Roxane, era una pensadora sólida, que había estudiado sociología en Europa, especialmente el problema del trabajo femenino. Feminista, en El Mercurio de Santiago encontró un espacio de expresión. Pero no le hizo gracia, al principio; ya había publicado una novela, "Flor silvestre", premiada y difundida en Estados Unidos y Europa, y Francia la había distinguido como Caballero de la Legión de Honor.

Pertenecía al Círculo Femenino de Lectura, desde donde se denunciaba la mala calidad de la educación en Chile y la desigualdad que padecía la mujer en el trabajo. Es ella quien organiza la Inspección Femenina de fábricas y talleres, para fiscalizar el cumplimiento de las leyes de guarderías infantiles y permisos maternales, así como el respeto a la dignidad de la mujer en los lugares de trabajo. Asimismo, promovió la creación de una Comisión de Vigilancia de las plazas infantiles de Santiago, en defensa de los niños.

Ella había estado pensando en "una revista revolucionaria" desde la llegada de su amigo Arturo Alessandri al poder, pero aceptó la oferta de Edwards Mac-Clure, quien estuvo de acuerdo en que un porcentaje de las ventas se destinara a la construcción de colonias escolares, como las preconizadas por la doctora Eloísa Díaz Insunza, y así fue como logró impulsar varias, en las que veranearon miles de niños escasos de recursos, bajo el ideario -efectivo- de que así formaban defensas para soportar las enfermedades invernales. El año 1930 se construyeron las cuatro primeras; la quinta, enorme, fue en Reñaca.

Por su propia salud debilitada dejó la dirección de la revista el año 1951. De pronto, en alguna entrevista, niños de entonces, como Vargas Llosa, Teillier, Lihn, han recordado haberse asomado a la lectura, la literatura, la imaginación, las aventuras... y al amor a la justicia, y al orgullo de ser latinoamericano, y el compromiso con los demás, en esa escuela de valores, de héroes socialmente inquietos, que fue El Peneca.

Fidel Sepúlveda: epicentro en Cobquecura


El portavoz de Cobquecura,
Fidel Sepúlveda (1936-2006), nació en ese rincón de excepcional belleza -por el que tanto hizo para darlo a conocer-, y murió el año 2006, sin saber que poco después, el 27 de febrero de 2010, el mundo entero tendría sus ojos puestos en su Cobquecura querido, donde está enterrado. Le llegarían las vibraciones...

Niño campesino sabio, se le fueron abriendo por ello las puertas, tal como a otro niño rural, que de San Fabián de Alico llegó a estudiar Cosmología en Oxford; Nicanor Parra. Fidel egresa de Derecho en la Universidad de Chile, se titula de profesor en la UC, luego es licenciado en filología hispánica y Doctor en Filosofía y Letras en la Complutense de Madrid: con un "sobresaliente".

No, no se hizo rico. Antes bien, hizo cuanto pudo para enriquecer a los demás. Lo hizo según ciertas reglas simples, como que la identidad -antes que por choque y la competencia con otro- se construía por participación. Ser parte de un proyecto, de cien proyectos, y en ello uno se encuentra con otros, y construye, salvándose de la soledad.

El que compite está solo: mientras más alto sube, mientras más éxito alcanza, más solo se encuentra.

Por eso, decía, los pueblos chilenos, ésos que no vio caer para el terremoto, por fortuna, viven en torno a sus plazas. Donde uno se encuentra con otros y, de hablar y hablar, termina alguno proponiendo hacer algo juntos, por gusto.

No estuvo solo. Con Violeta Parra, Margot Loyola y Oreste Plath recicla una sabiduría que parecía haberse hundido para siempre en el polvo pesado del criollismo. Desde la revista Aiesthesis, del Instituto de Estética de la UC, la que dirige por más de veinte años, hace aflorar ese mundo con tal potencia que recibirá el Premio Internacional del Instituto de Cooperación Iberoamericana por su tesis "Teoría de América en la novela actual".

No es casualidad que defendiera Cobquecura, lugar de canteras de donde sacan las hermosas lajas azul oscuro para empedrar las veredas. A las afueras, junto al mar, hay una gran catedral que el océano fue labrando, un espacio enorme al que entran unos rayos de sol y el estruendo del oleaje. Una catedral llena de agua, en maremotos.

Cruzándola se llega a playas desiertas, sin acceso vehicular, un paraíso de mamíferos marinos, de aves que anidan en la arena, todo cuanto Fidel temía ver desaparecer con el desarrollo económico; con miedo de que Chile pagara el costo del progreso con sus mejores paisajes.

Hablaba de un escenario espiritual, de la aventura de vivir en el fin del mundo, de los rincones y la gente invisibles a los ojos de la cultura oficial de Santiago, ciudad esponja de ideas foráneas no filtradas, ciudad que no asume quién es porque quiere ser otra.

Poco antes de morir lideró un grupo de autores que, pensando en el Bicentenario, se dio a la tarea de acercarse a Chile a través del arte, los que publicaron "Arte, identidad y cultura chilena".

En el arte, escribió, "se revela la vocación de trascendencia del hombre". Y ésa es, le parece, la verdadera aventura del ser humano en este territorio. Ahí roza lo inmortal aunque a veces parezca exhibir, casi intencionalmente, "una patética precariedad". Ahí dialoga con la majestuosa montaña, el majestuoso océano, los majestuosos hielos, el majestuoso desierto, puertas al misterio. Con un arte, una cultura y unos paisajes que están entre los más magníficos del mundo. El país, en cambio, todavía no.

Enrique Concha y Toro: el hermano minero



Siempre se habla de Melchor. Aunque el Barrio Concha y Toro proviene de Enrique, al igual que la Plaza San Enrique del Arrayán, donde tenía la Fundición Las Condes para beneficiar minerales de La Disputada y otras de la zona. Es que la imagen de Chile la asociamos al vino, no a las minas.

Enrique fue el menor de los hermanos. Será ingeniero y no abogado, y luego explorador minero en desolados lugares de Chile y Bolivia. Uno de los primeros en trabajar el mineral de Caracoles, obtiene un capital que, asociado a Melchor, le permite comenzar empresas en Bolivia. Será el gerente de la Minera Huanchaca que, con yacimientos de plata cerca de Oruro, fundirá el mineral en el establecimiento que hoy es orgullo de Antofagasta, transformado en Parque Cultural Ruinas de Huanchaca. Hizo aumentar la producción de plata en Sudamérica...

Asociado al dueño de El Teniente, Carlos Irarrázaval, intenta emprender en 1897 esa explotación, pero los capitales necesarios son excesivos.

Era casado con Teresa Cazotte, y de ahí que el palacio de la Alameda, epicentro social por más de 40 años, el más espectacular del país, se conociera como Palacio Concha-Cazotte. Pareja de gustos serios, Rubens, Del Sarto, Ribera, estarán entre los autores de la gran colección artística que ennobleció el lugar. El 17 de diciembre de 1910 fue ahí el gran baile ofrecido a las delegaciones extranjeras, cuyo banquete fue servido en vajilla de plata maciza de Caracoles, cincelada por artistas. Dirán que a la muerte de Enrique, en 1922, el Santiago Poniente dejó de ser lo que era. Ya no estarían, siquiera, sus cisnes deleitando a los paseantes de la Alameda.

No se debe olvidar que este puntal de la minería en Chile se formó gracias a la política de importar cerebros; fue discípulo de Ignacio Domeyko y Amadeo Pissis.

Eloísa Díaz: si ella fuera hombre...


Tuvo la mala fortuna, Eloísa Díaz Insunza (1866-1950), de ser la primera mujer médico. Todos sus merecimientos están opacados por ese detalle. De haber sido hombre, podríamos hablar de uno de los médicos más portentosos de su época.

Si se hubiera llamado Eliseo, miraríamos de otra manera a esa persona que, para ingresar a estudiar Medicina, a los 15 años tuvo que soportar un examen muy riguroso ante un público expectante que incluía a Domeyko, Barros Arana y el propio ministro Miguel Luis Amunátegui.

El tal "Eliseo" fue uno de los mejores alumnos de su época; y el primero en dos de las asignaturas. Al terminar, su tesis recibe un honor de pocas: es publicada en los Anales de la Universidad. Tiene, cuando se gradúa, 21 años.

Por entonces sólo hay médicas en dos países del mundo, Inglaterra y Estados Unidos. Pero eso no le interesa, la energía que la impulsa es moral. Su profesión es un servicio, un medio para combatir las lacras sociales. La veremos alzarse contra el alcoholismo y las malas condiciones sanitarias, pero es en el mundo escolar donde encuentra su espacio.

"Eliseo" reconoce ahí un escenario donde se definen las batallas más mortales. Promueve la vacunación masiva, instaura los servicios dentales escolares, la construcción de colonias escolares y el desayuno escolar obligatorio. Es una ejecutiva, una emprendedora, pero también una científica. Prueba, ensaya, analiza y sus conclusiones las lleva a congresos latinoamericanos. El año 1910, crea y asume la dirección del Servicio Médico Escolar. Ese año, en Buenos Aires, es homenajeada como "Mujer Ilustre de América". Es una feminista pionera. Cuando emerja el movimiento, años más tarde, así será reconocida en el Consejo Nacional de la Mujer.

No fue ni "amante esposa" ni "abnegada madre". Volcada al trabajo, la vemos de socia en la Cruz Roja y líder del Consejo de Nutrición Primaria y de la Liga Nacional de Higiene Social. Tenía todo para ser senador de la República.

Arturo Salazar y Luis Zegers: dos mentes brillantes



Ellos sacaron una de las primeras radiografías del mundo, ideando de paso soluciones porque carecían de las ampolletas. Fue la primera de Iberoamérica. Son los mismos que iluminaron el Santiago del Centenario, entre otras creaciones notables: Arturo Salazar y Luis Zegers.

Hay una escena como las que explota la educación norteamericana, a lo Edison (amigo de Zegers). El 23 de enero de 1896, uno de ellos lee, en un periódico, del invento de la radiografía de Roentgen. Interesante. Los alumnos de ingeniería de la Universidad de Chile están de vacaciones y disponen del Laboratorio de Física. Ésas serán sus vacaciones. En marzo, todo listo: radiografías más rápidas que las primeras. En 14 minutos logran "la produkzion de rrayos" (preferían la ortografía racional).

Sus vidas partieron muy distantes, pero las vocaciones los unieron. Arturo Salazar Valencia (1855-1943), huérfano a los 15 años, es autodidacto; otro aspecto útil para la biografía a lo Edison. Muy joven instala el primer teléfono de Valparaíso, es profesor de física en la Escuela Naval, a los 29 es el gerente general de la Cía. de Gas del puerto. En el año 1887 se declara una horrorosa epidemia de cólera, con 50 mil muertos. "El Loco Salazar" desarrolla la primera macrofotografía del país para estudiar las bacterias.

Tiene 40 años cuando Zegers lo invita a la universidad. En la capital estudia la generación hidroeléctrica para sustituir el gas, por un sistema interconectado, un año después que Edison produce su primer gramófono; luego la primera radio-receptora, y funda la primera radioemisora.

Luis Zegers Recasens (1849-1925) era ingeniero y académico formal, de una reputación que ya había traspasado fronteras. Cuando se funda en Londres la comisión por el desarrollo de la electricidad, en el año 1876, Zegers la integra en nombre de... Francia. De allá traería otra novedad, la telefonía inalámbrica. Fue el sucesor de Domeyko en la universidad. Suerte de genio universal, recibe premios en Europa por estudios astronómicos, inicia la meteorología en el país, hace estudios de óptica. El joven guardiamarina Zegers, sobreviviente de la "Esmeralda", era su hermano menor.

Jean Michel Etchepare: el inmigrante industrioso



Sudamérica cambia entre 1880 y 1920, por la llegada de una ola de europeos que ven en esta parte del mundo una suerte de provincia inexplorada: tierra de oportunidades. La industrialización se apoyará en sus hombros. No son muchos en Chile. Aquí no hay tierras para regalar, pero su calidad lo compensa.

Se dice muchas veces que tal inmigrante llegó sin nada, sin un peso. Pero cada uno era portador de un capital humano, de técnicas, oficios... Hasta para cargar un burro con leña hay un conocimiento. Los italianos trajeron sus pastas; los árabes, el oficio textil; los ingleses, comercio internacional. Así todos.

De los que vienen de Francia, el porcentaje mayor es del sur pirenaico, los que habrán de tener un gran impacto en la industria y el comercio, especialmente en el cuero y calzado, hoteles y restoranes. De esta etnia, son apellidos como Larroulet, Sougarret, Soublette, Duhalde...

Cortezas de encino para teñir cueros, y abundantes arroyos de los Pirineos, harán de la zona un polo de curtiembres y fábricas de calzado. Serán proveedores de ejércitos completos en Europa, los Landerretche, Hiriart-Urruty y Daguerre, tal como aquí lo serán, para la Guerra del Pacífico, los Etchepare, Dagorret, Larralde, Saint Macará y Duhart...; y se recuerda que el soldado chileno pudo desplazarse más y mejor por contar con botas y botines adecuados.

Jean Michel Etchepare Borda llega joven a trabajar donde un coterráneo (Duhart), se casa con la hija de otro (Etchegaray), y en el proceso asimila el conocimiento del cuero. En 1875 ya es cabeza de tres curtiembres y de una fábrica de calzado, con su gran Curtiembre Mapocho en la avenida del mismo nombre y su planta en calle Amunátegui. También acogerá a jóvenes coterráneos que, a su tiempo, fundarán más industrias. Falto el país de suficientes escuelas industriales, es sobre estos empresarios que recae la misión. Cuando llegue la Primera Guerra Mundial, el país ya contará con una dinámica manufacturera que le permitirá sustituir importaciones y, en general, proseguir con su economía. En esos momentos, Etchepare es fuente de empleo para más de 250 obreros chilenos. La cifra, sumando todas las industrias de vascos franceses, es de varios miles. El país se industrializa.

Pedro Prado: el poeta cósmico



En un Cono Sur cada vez más afrancesado, por los libros y revistas que iban democratizando esos sueños de ser franceses de América, Vicuña Mackenna tuvo el acierto de concebir un imaginario integrador: con el indígena incluido y el español perdonado, en una América indohispana.

Rubén Darío percibió desde lejos el valor de esa creación, y se vino a Chile. Él redondeó el proyecto. Esta América, donde conviven blancos, negros, rojos, amarillos, demuestra al mundo que un futuro es posible en paz. A esta región de libertad pueden venir todos los perseguidos del mundo. Hay tierras vírgenes, como las pampas y los llanos que se prolongan hasta el horizonte, espacio para todos.

Pero ellos no cambiaron el mundo. La cultura social siguió, en torno al Centenario, soñando en francés. Será Pedro Prado (1886-1952), arquitecto y poeta, el que logra una versión nueva y completa gracias al Grupo de los X que lideró, integrado por Juan Francisco González, Augusto D'Halmar, Acario Cotapos, Eduardo Barrios, toda una constelación fundacional del arte y la cultura chilenas.

Descubridores de Chile, luego de viajes juveniles inauguran "el criollismo cósmico", una apuesta por lo local sin perder la apertura al mundo. Prado es un puntal de lo que más tarde podrá llamarse cultura latinoamericana.

Algunos no lo querían, era "demasiado poético", le faltaba compromiso social. Él lo tuvo, a su manera. "Alsino", el único mito literario chileno, según se ha dicho, cuyo héroe es un niño pobre del campo, fue su hermosa forma de hacerlo.

Uno de sus hijos puso cara extraña al ver a un niño jorobado, humilde, de mirada limpia. Le produjo tal dolor al poeta, que le dijo a sus hijos que ese niño tenía eso, porque así son las alas cuando todavía no crecen. Comenzó a escribir ese "Alsino" que en el fondo habla de Chile, antes de crecer. Sin los grandes monumentos europeos, sin descubrimientos científicos, pero nunca se sabe lo que será una nación joven en el futuro. Con su aspecto sencillo, modesto, Chile ya no era el mejor país del mundo. Había que reinventarlo, crearlo.
---

No hay comentarios:

Publicar un comentario