miércoles, 29 de diciembre de 2010

Museo Precolombino edita libro en homenaje a Hans Niemeyer

www.emol.com
Miércoles 29 de Diciembre del 2010

Reúne la labor del destacado arqueólogo:

"Cerca de las 6 pm emprendemos el regreso, llenos de optimismo por el hallazgo de las primeras pinturas, que con ser notables, se demostrará que eran una ínfima parte de lo que veremos en los próximos días. Considerábamos, sin embargo, con su hallazgo, compensado el esfuerzo hasta aquí hecho...", va contando en su diario de viaje Hans Niemeyer (1921-2005). Unos meses antes de su muerte, confió el registro de su famosa expedición de 1973 al sitio arqueológico de El Médano, a Francisco Gallardo, investigador del Museo Precolombino. él es el editor de esta obra, titulada "Hans Niemeyer. Crónica de un descubrimiento: Las pinturas rupestres de El Médano, Taltal".


"Cuando don Hans ya estaba muy enfermo, pidió al Museo Precolombino que le ayudara a publicar este libro y yo partí de inmediato a La Herradura, donde él vivía, para concretarla", revela Gallardo, que también trabajó con él en otras expediciones.

El libro parte con "Crónica del rescate", que es el diario de su expedición de 1973; luego, incluye un artículo sobre estas pinturas rupestres, publicado en 1984, en coautoría con Grete Mostny, así como textos breves escritos por Niemeyer respecto del origen y aplicación de los pigmentos, los instrumentos de caza y pesca, y las balsas de cuero de lobo. Finalmente, el libro contiene un conjunto de fotografías realizadas por Fernando Maldonado, luego de una expedición a El Médano en 2009.

El volumen es prologado por José Berenguer, curador jefe del museo, quien sostiene que el desembarco en El Médano de Niemeyer y su ayudante, Fernando Benavides, "es casi un alunizaje", en pleno desierto de Atacama. A la vez, precisa que éste es uno de los yacimientos de arte rupestre más notables de la costa del Pacífico sudamericano. "Peces, cetáceos, tortugas y otros animales marinos aparecían solos o en grupos, a veces arponeados y arrastrados por diminutas balsas de cuero de lobo de mar, en escenas de pesca y caza colectiva en el océano más rico del planeta".

Maravillado, Niemeyer tomaba apuntes, fotografías y diapositivas, y también bosquejaba las pinturas. Benavides cargaba litros de agua y una radio portátil, donde seguía los acontecimientos posgolpe de estado. Niemeyer decidió emprender esta osada excursión apenas el geólogo Guillermo Chong le comunicó el hallazgo de un gran número de pinturas rupestres prehispánicas al sur de la provincia de Antofagasta, en la costa. Fue su primera y más importante expedición a la quebrada de El Médano. Allí verificó la existencia de un vasto conjunto de pinturas en las rocas, que relatan faenas de pesca de animales, realizadas por los changos alrededor del 1000 d.C.

Greta Niehaus y Klaus Schmidt-Hebbel, amigos de Niemeyer y colaboradores de esta publicación, afirman que este ingeniero civil de aguas de profesión "fue uno de los últimos naturalistas de intereses y talentos amplios, motivado por recorrer Chile y documentar sus cuencas hidrográficas, su riqueza natural y su legado arqueológico".

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