domingo, 27 de marzo de 2011

Providencia se resiste a la demolición

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domingo 27 de marzo de 2011

Mientras sectores de la comuna sucumben ante la arremetida de las inmobiliarias, otras se proponen crecer sin destruir el patrimonio de uno de los más tradicionales puntos de la capital. No todo está perdido.
IÑIGO DÍAZ

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Es un epicentro de la comuna, una zona de alto tránsito donde avanzan rápido los trabajos de demolición. Ricardo Lyon 35 esquina de Av. Providencia. Allí se levantará un hotel de 16 pisos que reemplazará el tradicional edificio rojo de tres plantas de 1940, conocido como "la casa de los jueces" ya que por años fue residencia de los ministros de la Corte Suprema. La inmobiliaria Paz Corp pagó 116 UF por metro cuadrado para adquirirlo.

"Es triste que se pierda un edificio como ése, tan representativo de Providencia. Estamos viviendo una fuerte especulación inmobiliaria que le hace un flaco favor al patrimonio", opina Christian Matzner, arquitecto del Consejo de Monumentos Nacionales (CMN). "El exterminio silencioso de edificios y casas históricas es un total desconsuelo", agrega Jorge Atria, académico e integrante del Comité de Patrimonio del Colegio de Arquitectos.

En comunas como Providencia, que ostenta un marcado carácter residencial y señorial con sus amplios trazados urbanos, el efecto visual se multiplica. Hay casos dramáticos, como el de la Iglesia Matriz de las Hermanas de la Providencia (1892), que deberá ser restaurada prácticamente desde las cenizas después del incendio del 24 de enero pasado. Pero detrás de la mayoría de estas pérdidas patrimoniales está la voluntad humana, casi siempre por motivos comerciales.

"El edificio de las Monjas de la Buena Esperanza, que se convirtió en el colegio Compañía de María y luego se demolió para construir la torre de Telefónica. Otras pérdidas históricas son la antigua estación Pirque de Ferrocarriles, donde ahora está el Parque Bustamante, y el Deutsche Sport (de 1916) que estaba en Los Leones. Una maravilla de edificio", dice Matzner.

El escritor y cronista Miguel Laborde recuerda la visita de un grupo de urbanistas extranjeros que le solicitaron bajar de un vehículo para caminar por Ricardo Lyon: "Entre las mansiones, la altura de los árboles y el ancho de la calle, les pareció que era una obra maestra". Esa escena también es parte de un pasado. "La destrucción de Avenida Lyon ha sido emblemática. Siempre se argumenta que el patrimonio principal es la red, el trazado y el arbolado urbano, y que mientras se mantengan estos elementos no importa cambiar las casas por edificios de altura. Eso no es así", reclama Laborde.

El problema, según Atria, lo dicta el plano regulador de cada comuna. Son las normativas locales condicionadas por la Ley 458, de urbanismo y construcción. "Hay arquitectos que si se ganan unas lucas, se olvidan de la protección del patrimonio", dice. "Toma su tiempo aprender a defenderse de este régimen y parte de ello es la declaración de Zonas Típicas. En esa materia estamos muy atrasados. Entonces llegan los street center , los supermercados, los malls. Por eso me parece notable el ejemplo de Alemania tras la apertura del Muro de Berlín: inmediatamente, unos 500 comandos patrimoniales en moto partieron a pegar los emblemas de protección en edificios y casas, antes de que llegaran los inversionistas. Eso es cultura", apunta.

La moneda tiene siempre dos lados, y si ése es el sello lamentable, estos arquitectos ven una cara favorable porque no se puede evitar el crecimiento de las ciudades. El gran tema es evitar que crezca desarmónicamente.

Hace doce años, el tiempo que lleva Matzner en el CMN, hablar de patrimonio era "como hablar de fisiología-nuclear-atómica-astrofísica. Ahora el tema está instalado. A la gente no le da lo mismo que se pierda el patrimonio material. Pero no siempre hay que ver a los inversionistas como enemigos. A veces pueden ser un aliado. Si viene una empresa inmobiliaria para invertir, no es el único camino demoler. Se pueden recuperar las estructuras para elaborar proyectos nuevos, aún más interesantes", dice.

Jorge Atria agrega: "Yo camino por Pocuro y siento que es una avenida tan equilibrada como antes. He vivido toda mi vida en Providencia. Si lo miras en rigor, esta comuna aún vive en armonía. Hay otras donde de verdad se ha denostado el patrimonio. Date una vuelta por Ñuñoa: es para llorar a mares".

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