domingo, 4 de diciembre de 2011

Rescatan la versátil mirada de Ignacio Hochhäusler

LA TERCERA EDICION IMPRESA
sábado 03 de diciembre de 2011



Una muestra en el Centro Cultural Montecarmelo y un libro de Origo Ediciones reúnen el legado del austríaco en Chile.

por Denisse Epinoza
La historia suele repetirse. Un talentoso fotógrafo en ciernes huye de su cuna europea debido a la guerra y se refugia en una nueva tierra, donde se convertirá en un retratista ineludible de la escena. Le pasó a dos grandes maestros: los húngaros André Kertesz y Robert Capa, y también al austríaco Ignacio Hochhäusler (1892-1983), quien en 1926 llegó a Chile tras iniciada la Primera Guerra Mundial. Tenía 33 años, una esposa y dos hijos.





En Santiago, su fotografía se desarrolló al alero de distintos estudios que levantó, a través de los años, en las calles Teatinos, Estado, Pasaje Matte, Ahumada, Plaza Las Lilas y El Vergel. En paralelo, participó en cuanto salón de fotografía se realizó en el país, fue uno de los fundadores del Foto Cine Club en 1937 y escribió las primeras críticas de fotografía para la revista ProArte. Como suele pasar también, su figura cayó en el olvidó. Hasta ahora.



Una muestra y un libro rescatan su legado, gracias al archivo que cuida su nonagenaria hija, Inge. Se trata de Un austríaco descubre Chile, exposición de 40 fotos que estará hasta el 15 de enero en el Centro Cultural Montecarmelo, y Por el alma de Chile, volumen que acaba de lanzar Origo Ediciones, con más de 100 fotografías. Ambas recorren toda la obra del austríaco: se mezcla el desierto de Chile con las calles de Santiago en los años 40, un retrato de Pedro Aguirre Cerda con el de la bailarina Yerka Luksic en El Arrayán, además de fotos de arquitectura y de teatro con María Maluenda y Marés González.

Para el historiador Hernán Rodríguez, la obra de Hochhäusler está a la altura de la de Antonio Quintana y Jorge Opazo. "Fue famoso por sus retratos de niños, pero hizo toda clase de registros, era versátil y expresivo. Fue importante su retrato del campo chileno. En 1942 ganó un premio en Washington por la foto de unos arrieros", cuenta Rodríguez, quien este año también lo incluyó en su libro Historia de la fotografía.

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