domingo, 30 de enero de 2011

Patrimonio urbano: lo que el incendio se llevó

http://diario.latercera.com/2011/01/30/01/
domingo 30 de enero de 2011

Varios siniestros han impactado y enlutado a la arquitectura de la capital. La primera tragedia de proporciones fue el incendio de la Iglesia de la Compañía de Jesús, templo colonial edificado por los jesuitas en el lugar ocupado hoy por el ex Congreso Nacional. Hubo 2 mil muertos.

por Por Benjamín Blanco Abarca
La mañana del martes 8 de diciembre de 1863, el clérigo Juan Ugarte repartió la comunión entre los fieles que llegaron a la Iglesia de la Compañía de Jesús, ubicada en los actuales jardines del ex Congreso Nacional de Santiago, y los convocó para regresar por la tarde. Ese día se celebraría la misa de la Inmaculada Concepción y la clausura del mes de María y se esperaba la llegada de más de 3.500 personas a la iglesia. Sin embargo, minutos antes de la ceremonia, una falla técnica en la media luna de "gas líquido" en el altar generó una llama. El fuego tomó fuerza al inflamar las guirnaldas y coronas de papel, ayudado por las 1.200 lámparas y velas que iluminaban el lugar. La concurrencia, en su mayoría mujeres y niños, se aterrorizó. Los vestidos de crinolina usados por las damas aristocráticas de la época complicaron la huida de los feligreses, pues muchos tropezaron con las telas en su intento de llegar a la puerta. En menos de una hora, la iglesia ardió completamente y dos mil capitalinos perdieron la vida, en momentos que Santiago sólo contaba con 400 mil habitantes.

"Fue enorme. La Compañía de Jesús era dueña de toda la manzana y en ese momento estaba en construcción una de las torres, que se desplomó. La mayoría de las muertes se produjeron por el atochamiento generado por el pánico, ya que la puertas no se abrieron", cuenta Gonzalo Piwonka, abogado e historiador de la Universidad de Chile. "El hecho fue noticia mundial. Semanas después, el London Ilustrate News publicó un fotograbado del incendio", agrega.

El presbítero Ugarte había decorado el templo magníficamente, pues así lo requería la pugna de la época sostenida entre católicos conservadores y liberales librepensadores. "El cierre del mes de María se prestaba para una gran demostración de fe. Al terminar la tragedia, cerca de 2.000 personas murieron carbonizadas", comenta Antonio Márquez, bombero, investigador y director de la Escuela de Publicidad de la Universidad Central.



En estos 470 años desde la fundación de Santiago, no son pocos los siniestros que han destruido recintos eclesiásticos y emblemáticos de la ciudad, tal como ocurrió el pasado lunes con la Iglesia de las Hermanas de la Providencia. Muchos de estos eventos, sin llegar al nivel de tragedia como el de 1863, han generado una pérdida en el patrimonio arquitectónico de la capital. Incluso, 12 días después de la catástrofe de la Compañía de Jesús, el 20 de diciembre, se firmó el acta de fundación del Cuerpo de Bomberos de Santiago en el Salón de la Filarmónica, en el Portal de Sierra Bella, hoy Portal Fernández Concha de la Plaza de Armas.

Ejemplos de desastres en lugares religiosos abundan. En junio de 1864 ardió el convento de las Monjas Agustinas, ubicado en esa calle con Ahumada. Fue un evento de magnitud que enfrentó el naciente Cuerpo de Bomberos. El primer herido de la agrupación fue Henry Meiggs, constructor del primer ferrocarril entre Santiago y Valparaíso. En 1920 ocurrió algo similar en el Colegio de los Padres Franceses, en la actual calle Almirante Latorre esquina Alameda. El fuego, cuando llegó a la sala de química, provocó una gran explosión.

A su vez, la actual Iglesia de Santo Domingo, una de las más tradicionales del centro y cuyo valor arquitectónico radicaba en los retablos y estucados de falso mármol, se quemó totalmente en 1960 y quedó sólo la piedra cruda. "Eso obligó a una remodelación, a cargo del arquitecto Carlos Cruz, que optó por dejar el material a la vista y no reponer el estucado. Por eso ese templo tiene esa estética media desnuda", especifica Hernán Rodríguez Villegas, director del Museo Andino.

Para Gonzalo Piwonka, los incendios de las iglesias son más notorios, porque son lugares públicos de la ciudad. "Antes, al no existir grandes edificios, eran las construcciones más grandes de la ciudad, pero también hubo gigantescos incendios en casas particulares, mansiones del siglo XIX que se perdieron por el efecto del fuego", cuenta. "Uno de los más simbólicos fue el incendio en la Embajada de Argentina, en 1950. El gobierno de la época se hizo cargo de la reconstrucción del lugar y a cambio Argentina construyó la actual embajada de Chile en Buenos Aires", cuenta.

Siete años después del incendio de la Iglesia de la Compañía, un nuevo siniestro remeció a la elite de Santiago. Mientras el público del Teatro Municipal aplaudía la presentación del pianista francés Théodore Ritter, el violinista español Pablo Sarasate y la cantante italiana Carlota Patti, un telón rompió una de las cañerías de gas que alimentaba el alumbrado del lugar. Esto provocó un corte en la iluminación y los presentes debieron salir a tientas, mientras el administrador del recinto, el empresario Luis Ducci, recorría el teatro en busca de la fuga con una antorcha prendida. Al hacer contacto con el gas, se generó el incendio que dejó dos muertos, entre ellos el bombero Germán Tenderini, héroe de la tragedia de la Iglesia de la Compañía y primer mártir de Bomberos.

Paradójicamente ese 8 de diciembre se iba a hacer un concierto en memoria del incendio de la Compañía, pero se canceló. "Además de la muerte de dos personas, el siniestro afectó al que se entendía como el más bello edificio del momento en Santiago, un orgullo para una nación que recién comenzaba su camino, y templo de las artes para una burguesía local naciente", cuenta José Miguel Izquierdo, encargado del Centro DAE del Teatro Municipal.

"El teatro tenía demasiado cortinaje, lo que avivó el fuego con bastante potencia. La restauración posterior, de hecho, le quita las cortinas", dice Piwonka.

Al anterior, se suma el incendio que afectó al edificio de la Municipalidad de Santiago, ubicado en la Plaza de Armas, en mayo de 1891. "Durante la Guerra Civil de ese año, hubo dificultades para el uso de las campanas que daban la alarma para los incendios y estos no eran controlados", cuenta Antonio Márquez. "Cuando el fuego amenazaba destruir el gran edificio de la Municipalidad, se autorizó el toque de la campana, pero sólo se controló el fuego durante el amanecer del día dos de mayo", agrega. El siniestro obligó a cerrar el edificio por cuatro años.

Pero entre las cenizas, algunas enseñanzas dejaron los grandes incendios en la ciudad. Para Miguel Laborde, urbanista de la U. Diego Portales, los incendios que han afectado a los grandes hitos de Santiago también dejaron su impronta en la ciudad. "A nivel de Latinoamérica, somos bastantes respetuosos de la ordenanzas municipales sobre este tema. Me ha tocado conocer otras ciudades del continente que no cuentan con grandes preparaciones y no incluyen cortafuego en las construcciones nuevas", explica. "Todos los siniestros han producido un aporte cultural que finalmente nos favorece", concluye.
---

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada