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lunes, 31 de octubre de 2011

Continúa investigación por tragedia en Juan Fernández

canal13
Actualizado 31/10/2011 - 22:25

Investigación judicial sobre las causas del accidente aéreo en Juan Fernández arrojarían dudas sobre datos del combustible del CASA 212.

Continúa investigación por tragedia en Juan Fernández


Entre los resultados se determinó que quien tripulaba la nave era el piloto Juan Mallea y no la Teniente Carolina Fernández como se aseguró en un principio

La última información arrojada por la investigación del ministro en visita a cargo del tema, Juan Cristóbal Mera, da cuenta de nuevos antecedentes que podrían atribuir responsabilidades en el accidente del pasado 2 de septiembre en el archipiélago de Juan Fernández.

Entre los resultados se determinó que quien tripulaba la nave era el piloto Juan Mallea y no la Teniente Carolina Fernández como se aseguró en un principio.

Además se comprobaron errores fundamentales en el plan de vuelo presentado por Mallea, como la altura en el que se desplazaba el Casa 212 y la autonomía de vuelo que le permitía el combustible asignado.

El abogado de algunas de víctimas, Alfredo Morgado, se refirió a estos últimos antecedentes señalando que las familias confían en la investigación que se lleva a cabo.

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sábado, 15 de octubre de 2011

Los botánicos Philippe Danton y Christophe Perrier encontraron "joyas verdes" en la isla

www.lun.com
2011-10-16

Dos franceses locos llevan 15 años mirando plantas en Juan Fernández











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lunes, 19 de septiembre de 2011

A dos semanas del accidente que costó la vida a 21 personas: Cómo vive Juan Fernández, más allá de la tragedia

www.emol.com
Lunes 19 de Septiembre de 2011



El dos de septiembre sufrieron otro desastre. Sus calles, usualmente despobladas, se abarrotaron de periodistas y soldados. Pero la vida de los isleños no cambia. Las mujeres tienen a sus hijos en el continente, sólo cuentan con un médico en el pueblo y hay que esperar la temporada de langosta para subsistir.

Boris Pinto M. Desde Juan Fernández
Pese a haber sufrido otra tragedia de carácter nacional y a que sus calles, casas, hostales y mares se han llenado de cientos de soldados y periodistas, multiplicando la población de la isla, la vida, para los isleños, no ha cambiado radicalmente.

Los días parecen transcurrir serenos, pero los cerca de 800 habitantes, están dolidos por el accidente. Salen poco y cualquier historia de alguno de los accidentados llena de lágrimas los ojos del pescador más rudo. A pesar de la pena, casi palpable, siguen con su misma tranquilidad y las mismas carencias.

Son las 9 de la mañana y aún no sale el sol. La gente casi ni se ve en las calles, salvo el grupo de padres que lleva a sus hijos al único establecimiento educacional de la isla: el Colegio Insular Robinson Crusoe. Ahí, 131 niños les prestan atención a 17 profesores. Acá no hay paros, protestas ni nada parecido. Si las hubiese, a los ocho carabineros de la isla les tocaría controlar el orden.

Usualmente, llamar por teléfono antes de las 10 de la mañana es molestar. No porque se esté durmiendo, pero con la amanecida a las 9, se siente literalmente como una llamada al alba.

Hoy todos están preocupados de preparar los botes para la temporada de langosta, que abre el 1 de octubre y cierra el 14 de mayo de 2012. Son 7 meses en los que cada uno saca un promedio de 500 langostas al mes y vende cada espécimen en $8.500.

Mientras tanto, la banda del colegio practica para el desfile de Fiestas Patrias. Por eso, las tardes se llenan de trompetas y bombos. Los niños que ahí participan son los mismos que acompañan las misas y celebraciones litúrgicas con guitarra y voz.

Para comprar lo que sea en un almacén hay que esperar que sean las 16 horas, cunado abren. Una bebida en lata vale $1.000 y un chocolate con almendras llega casi a los $4.000.

Las mujeres isleñas se caracterizan por su versatilidad. Saben cocinar, coser, navegar, bucear, montar caballos, pescar, entre muchas otras cosas más. No están dispuestas a "estancarse" con sus familias. Por eso, aprenden de todo. Sin embargo, deben dar a luz fuera del continente porque la única posta local no tiene capacidad. Si alguna prefiriera tener a su bebé en Juan Fernández, debe firmar un documento en el que asume su responsabilidad total.

El notario está en un container al igual que la oficina de correos y el registro civil. Sin embargo, pasa la mayor parte del día sin gran actividad. No hay mucho papeleo que regularizar. Y debe esperar a las 21 horas para cerrar.

Al caminar por el pueblo soportando el potente viento y el constante barro, no es raro toparse con algún Recabarren o Chamorro. Éstas son las familias más numerosas.

El barro en las calles es tanto que, dentro de las casas, se suele andar en calcetines o con pantuflas para no ensuciar el piso.

Una carpa de material liviano instalada en la zona cero, post maremoto, le da algo de bohemia a Juan Fernández. Ahí se vende la cerveza local "Insular" a $1.500 en sus 2 variantes: ámbar y negra. No más de 30 personas se reúnen allí. En estos días, sólo la cantidad de visitantes de la isla ha obligado a que se mantenga abierta casi todas las noches.



11
personas trabajan en la posta.

1
viaje mensual hace un barco con civiles.

90%
de la población depende de la pesca.

500
langostas extrae mensualmente un pescador.

$8.500
es el precio de la langosta.

114
habitantes son pescadores.

832
habitantes tiene el archipiélago de Juan Fernández.

52,6%
son hombres.

8
carabineros es la dotación de la isla.

1
médico trabaja en el archipiélago.

131
alumnos tiene el colegio.

17
profesores trabajan ahí.

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www.lacuarta.cl
Santiago de Chile 22.09.2011



"Juan Fernández desea un camino de verdad al aeródromo"
21.09.2011 Publicado en La autoridad responde


Leopoldo González, sheriff de la comuna, habló sobre la realidad del archipiélago más allá de la tragedia.
Con todo lo ocurrido en Juan Fernández, partimos a hablar con su alcalde, Leopoldo González, para que nos contara la realidad que se vive en la isla.

Nos recibió en la Muni provisoria, arriba de un cerro del poblado San Juan Bautista, porque el antiguo edificio fue arrasado por el tsunami del 27 de febrero.

- ¿Cómo va la reconstrucción?

- Avanza, lento, pero avanza. Al menos ya se entregaron un par de casas, pero aún hay familias que están de allegadas, porque perdieron todo con el tsunami. El material está y sigue llegando. Se ha demorado por diferentes problemas, pero nos estamos poniendo en pie. Lo que pasó con el avión es muy triste, porque ellos venían a trabajar y entregar el fruto de la pega de un año y medio.

- ¿Qué sigue faltando acá?

- Lejos lo más complejo es el tema de conectividad. Cuesta llegar a la isla; al menos hay dos líneas aéreas, pero aun así es difícil llegar y salir de la isla. La otra opción es en barcos de la Armada, pero en ese caso son varias horas.

- ¿Y las comunicaciones?

- Aquí nos comunicamos con radio, porque se pierde la señal a pocos kilómetros de distancia. Por ejemplo, no había comunicación alguna entre el aeródromo y el poblado. Ahora, recién, hace 2 ó 3 días, tenemos señal de telefonía, pero antes no había nada.

"Quienes no conocen no entienden que la distancia es harta para llegar, por ejemplo, al aeródromo. Que no hay camino para vehículos y las únicas formas de llegar son caminando (6 horas), en botes de pescadores (2 horas) y en mulas (4 horas). Estamos muy separados y es necesario un camino de verdad, para la gente del pueblo y para los turistas que puedan llegar", concluye el alcalde González.

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sábado, 17 de septiembre de 2011

Juan Fernández El Archipiélago abandonado

sábado 17 de septiembre de 2011



La tragedia aérea del Casa 212 desnudó las frágiles condiciones en que viven los habitantes de Robinson Crusoe. Asolados por otros accidentes, varios naufragios y el maremoto de 2010, los isleños reclaman por la mayor tragedia de su historia: el olvido.

Por Sabine Drysdale, desde Robinson Crusoe | Fotos José Alvújar




María Eugenia Beéche, con la ayuda de un bastón, y seguida por Timón, su perro salchicha, café, recorre lo que queda del cementerio de Bahía Cumberland, en la Isla Robinson Crusoe, Archipiélago Juan Fernández, Quinta Región, a más de 600 kilómetros de mar furioso desde Valparaíso, a donde llegó a vivir hace más de 50 años buscando un tesoro que aún no encuentra. Cae una lluvia suave sobre las calas blancas, los lirios celestes, las caléndulas amarillas que aquí crecen como si fueran maleza entre los trozos quebrados de mármol que, antes del maremoto del 27 de febrero de 2010, eran las lápidas y las tumbas de los muertos de este lugar. Ella tiene más de 70 años, el pelo corto, rubio, el dedo índice tatuado, usa botas de goma con dibujos de calaveras, y mientras camina por esta tierra húmeda, donde quiere que la entierren, repite:

-Vivir aquí es realmente una aventura. Esta es la isla de la fantasía y la aventura. No sabes si vas a llegar con vida. Si te salvaste de la pista de aterrizaje -una calle pavimentada entre dos acantilados sobre una meseta al otro lado de la isla, sin luces ni torre de control- a ver si te salvas después de atravesar este mar durante dos horas en un bote para llegar al pueblo, porque ni siquiera son lanchas cubiertas.

Apunta su bastón hacia el horizonte y dice:

-Esta no es más que una caleta olvidada de Valparaíso.

Hasta que sucedió el accidente que los sacó del olvido.

Ese avión Casa 212 de la FACh -que transportaba hacia la isla al equipo del programa de TVN Buenos Días a Todos, funcionarios del Consejo de la Cultura y al equipo de Desafío Chile, liderado por el empresario y navegante Felipe Cubillos, en total 21 pasajeros, en una misión de reconstrucción tras el maremoto- se estrelló en el mar este viernes 2 de septiembre sin dejar sobrevivientes.

Desde entonces, los 629 habitantes de Juan Fernández, 364 hombres y 265 mujeres, se han visto invadidos por cientos de periodistas, camarógrafos, marinos, aviadores, fragatas, helicópteros, autoridades, incluyendo al comandante en jefe de la FACh, Jorge Rojas; al ministro de Defensa, Andrés Allamand, y al propio Presidente Sebastián Piñera.

-Hace unos años se perdió un avión en el mar con isleños, guaguas recién nacidas. Se mataron todos, pero de eso nadie sabe. Pero de estos 21 se van a acordar durante años -asegura Beéche, y ahora señala con el bastón hacia la punta de la isla.

-Acá, a esa punta le llamamos "la punta del olvido". Todos los que vienen, prometen y cuando se van en el bote, al doblar por ahí, dicen chao y se olvidan de todo.

Felipe Cubillos había roto ese estigma.

-Aquí lo querían mucho y es raro que aquí quieran tanto a un "plástico" -dice usando el término que utilizan los isleños para referirse a los continentales por todo el plástico que traen a la isla en sus visitas-. Todas estas cosas las hizo él, se metió con la gente, les prometió y cumplió.



Desde el cementerio se ve el camino nuevo del borde costero con bancas, juegos infantiles, máquinas para hacer ejercicio, todo construido por Desafío Chile, junto con la plaza de Armas y su mosaico con la rosa de los vientos en el suelo, los locales comerciales, las casas, las embarcaciones que Cubillos iba a inaugurar en esta visita que no fue.

María Eugenia Beéche esperaba con ansias su llegada. Le iba a entregar la llave de su nueva hostería a la que piensa bautizar como "El punto del navegante". La anterior, "Aldea Robinson Crusoe", donde el mismo Cubillos había veraneado en su infancia junto a su padre, el ex ministro Hernán Cubillos, se la llevó el mar, y junto con ella, a la mujer que cuidaba el jardín, a sus cuatro perros y todos sus recuerdos.

Esa madrugada de febrero de 2010 despertó con los gritos de su hija y el agua adentro de su casa.

-Al mar yo le vi una cara negra, inmensa, que me decía "vengo a recuperar todo lo mío". Y yo le respondí, "llévate todo lo que querái, jetón, pero menos a mis hijas y a mí. Llévate todo lo material". Y se lo llevó, langueteó hasta el árbol que había plantado mi madre.

Hace un tiempo, María Eugenia entró en un estado depresivo del que se está recuperando. Pensó matarse. El maremoto la dejó convertida en una mujer sin historia. Felipe Cubillos venía a intentar reconstruirla.

En Juan Fernández, archipiélago de pescadores de langosta, breca, vidriola y cangrejo dorado, no nacen niños. Las mujeres embarazadas deben viajar al continente a parir, porque no hay hospital, sino que una posta que ni siquiera está equipada para operar un apéndice. En ese caso se monta un operativo de evacuación. Apenas hay unas pocas calles pavimentadas, y cuando llueve, la isla se transforma en un barrial.

El viernes de la tragedia aérea, Julia Chamorro, la dueña de la hostería "El mirador de Selkirk", estaba esperando con la mesa puesta, un ceviche de vidriola y una bandeja de leche asada, a la piloto de la FACh, Carolina Fernández, que se supone iba piloteando la nave siniestrada.

-Pero lamentablemente no llegó -dice, incapaz de contener las lágrimas-. Esto es muy triste, otra vez estamos golpeados. Primero el maremoto y ahora esto. Todavía nos estábamos recuperando. Me cuesta creer lo que estamos viviendo.




Y repite lo que todos dicen en esta isla:

-Casi no sabían que existíamos, tuvo que pasar esto para que nos tomaran en cuenta. Esto estaba muy, pero muy abandonado.

Aquí no hay cultivos agrícolas, ni más animales que unas cuantas gallinas y chivos. La tierra es agreste y gran parte del territorio es un Parque Nacional protegido. Por eso no hay camino que una la pista de aterrizaje con el pueblo.

Julia Chamorro tiene que pedir su mercadería, que llega en la barcaza Antonio, una vez al mes al supermercado Líder. Un quintal de harina, 40 kilos de papas, dos mallas de 20 kilos de cebollas, 10 kilos de tomates.

-¿Verduras? Hasta que duren no más. Yo encargo seis lechugas, porque más no van a durar.

Hace unos años los víveres llegaban tres a cuatro veces al año. En varias ocasiones tuvo que sacar un plato de comida de la nada. El pan lo hacían con tallarines remojados con que se hacía una pasta a la que se le agregaba levadura y se horneaba. O pan de pescado. Pescado molido mezclado con huevo y horneado. A los niños les faltaba la leche.



En Juan Fernández la señal de celular es inestable y el clima impredecible. En un día cambia cuatro a siete veces, hace calor, luego llueve, llega el viento. En caso de incendio, no hay bomberos, sino que acude el pueblo completo a apagarlo, y en el único muelle sólo pueden atracar botes pequeños.

Frente a ese muelle conversan bajo la lluvia unos pescadores que acaban de llegar de las labores de búsqueda de los cuerpos. Lo que han visto en el mar ha sido perturbador. Sergio Ruz Bustamante dice que está triste. Que estas personas que murieron habían hecho algo concreto por la isla.

-¿Sabís la talla de por qué se hizo ese muelle nuevo? -le pregunta a María Eugenia Beéche.

-No.

-Vino un ex Presidente. El Lagos. Hacen años. Antes de candidatearse, cuando era ministro. Vino al muelle viejo que estaba para la escoba, en el que había que andar con cuidadito, ¿te acordái? y justo el gallo saltó y metió la pierna hasta aquí -dice, mostrando la rodilla-. Y nosotros, la ignorancia más grande, nos largamos a reir. En seis meses ya estaban haciendo el muelle.

En estos días, tras el accidente del avión de la FACh, también apareció un nuevo avance para los isleños. Por la presión de los periodistas que copan la isla, Entel abrió una segunda señal para celulares. La primera la opera Movistar, que era la única compañía de telefonía que funcionaba aquí. También se rumorea que le van a poner luces a la pista de aterrizaje.

Sergio Ruz se enoja cuando María Eugenia le comenta que en el continente dicen que esta isla está maldita.

-Es como si nosotros dijéramos que el continente está maldito por que hubo un terremoto. ¿Escuchaste de un avión que se fue a pique en Colombia? También estarán malditos. Y lo que pasó en Japón. Esos si que están recontra malditos.

LOS MIEDOS

Tras terminar su jornada como directora de la posta de Juan Fernández, la dentista Mónica Quevedo se sube a su moto de cuatro ruedas y se detiene en un restaurante frente a la iglesia. Pide una Coca Cola. Llegó hace unos 12 años a la isla en un operativo médico, conoció a quien es su actual marido y se quedó. Estaban celebrando su cumpleaños cuando recibió la noticia del accidente aéreo. Inmediatamente partió a la posta a esperar posibles sobrevivientes. Hizo lo mismo el sábado. El domingo se quedó en su casa esperando instrucciones que nunca llegaron.

-Este accidente nos hace repensar en la vulnerabilidad del lugar en que vivimos y el riesgo de que nos pudo haber pasado a nosotros, a nuestras familias. Constantemente hacemos esa ruta con esos aviones. Estábamos muy sensibles y ahora volvimos a sentir esa fragilidad.

A ella misma le ha costado superar el trauma del maremoto.

-Siento miedo de la nada -dice, bajando la voz-. Se me gatilla cuando estoy cansada o con alguna preocupación.

Esa madrugada del maremoto estaba durmiendo en su casa con su marido y sus dos hijos pequeños cuando los despertó el gong. Pensaron que era un incendio, pero vieron que el mar se estaba llevando sus motos. Trataron de arrancar en la camioneta, pero llegó la ola.

-Era una columna de 15 metros que venía avanzando. Yo la vi.

La fuerza del agua la sacó de la camioneta y no pudo evitar soltar a su hija. Se quedó con su pijama en la mano y durante las dos horas que estuvo en medio del mar, encima de un techo, pensó que la había perdido. Pero su marido había logrado salvarla. Los días siguientes no fueron alentadores. Tuvo que reconocer cadáveres por sus dientes. Terminó con licencia y se fue al continente durante seis meses. Pero volvió.

-Con mi marido pudimos haber elegido no volver, pero sentíamos que teníamos que recuperarnos emocionalmente acá -dice.



Los isleños son menos extrovertidos que en el continente, quizás por el mismo hecho de que son pocos, que todos se conocen, que muchos son parientes, que no tienen cómo aislarse ni hacia dónde escapar.

-Tienen historias turbias. Es una comunidad chica y están todos emparentados y hay crímenes no resueltos. Hace unos cuatro o cinco años a un chico lo asesinaron y apareció una semana después flotando en el mar camino al aeropuerto. Las teorías son horrendas -dice Héctor Campos, ex militante del MIR, que llegó a esta isla a fines de los 80, tras haber sido torturado. Su caso está consignado en el Informe Rettig. Se terminó quedando. Desde entonces se dedica a la construcción. Ahora trabajaba con Desafío Chile.

-Los isleños tienen doble faceta. Son como el clima: variable. Así es la gente acá, parca, fría y oportunista, porque son pescadores. Con los turistas que vienen por pocos días, es todo maravilloso, pero si planteas quedarte acá es otra historia, porque te conviertes en su competencia. Te vas a venir a respirar su aire, a comer sus pescaditos, a ocupar su espacio físico. Se siente inevitablemente como pasan del compañerito, del buena onda al desgraciado muy rápido.

Héctor Campos ha tenido conflictos con los isleños, pero dice que, tarde o temprano, es inevitable la reconciliación.

-Al final terminas abrazándote con tu enemigo, porque no te queda otra. Te lo vas a encontrar todos los días en la calle.




María Eugenia camina lento con su perro salchicha por la calle Lord Anson, cerro arriba, hasta la casa donde vive, una casa pequeña, de subsidio, que le dio el Gobierno, sin vista al mar. En las paredes cuelgan algunos cuadros de su madre, la pintora y escritora Blanca Luz Brum, los que logró recuperar entre los escombros que dejó el maremoto. Eso y un candelabro y unas pocas fotos. El resto se lo llevó el agua o se lo robaron.

-La gente aquí es muy buena, pero también hay envidia, mucho celo. El día que buscábamos cadáveres, detrás mío había personas con carretillas robándome cosas. Hasta las cañerías de cobre me las robaron. Aquí conozco a todo el mundo. Ese candelabro de plata que me regalaron cuando me casé, estaba en la casa de un gallo, tuve que ir a buscarlo. Acuérdate que esta isla fue un presidio de asesinos y de ese gen, algo tiene que quedar.

El archipiélago ha sido siete veces usado como colonia penal en su historia.

María Eugenia prepara una vidriola al horno con cebollines. Se sirve un vaso de whisky y recuerda su infancia en esta isla cazando zorzales, escalando, pescando. Los viajes en yate. Las visitas de Hernán Cubillos, el fundador de la regata de las mil millas que llegaba hasta Juan Fernández.

-Felipe vino como a los nueve años. Vivían en mi casa y después íbamos a nadar donde justo se mató ahora, en Villagra. Salíamos en el yate con Hernán, y cuando íbamos por el Verdugo me decía, "María Eugenia, son las 12, cocktail time" y sacaba un gin con tónica. Y todos al agua a bañarse entre los lobos marinos.

La última vez que vio a Felipe Cubillos hablaron de resucitar esa regata, en recuerdo de los yatistas más viejos.

María Eugenia sirve pescado para el almuerzo. Cuenta los años que ha dedicado a buscar el tesoro de monedas de oro que el marino inglés Cornelius Webb habría enterrado acá. Lo buscó durante años con la ayuda de su suegro, Luis Cousiño, y, tras su muerte, con el magnate norteamericano Bernard Keiser.

-Si lo encontramos va a cambiar la historia de toda esta isla.

-¿Necesita esta isla que le cambien la historia?

Bebe un sorbo de whisky.

-Yo creo que sí. Hemos descubierto cosas tan increíbles como una puerta secreta que tiene el timbre de los templarios. ¿Qué hacen los templarios acá? Si encontramos el santo grial, obvio que va a cambiarnos la historia -dice-. Pero si abrimos la boca como la estoy abriendo ahora, van a decir que estamos todos locos.

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sábado, 3 de septiembre de 2011

Leopoldo González, el rudo de Juan Fernández

www.lun.com
Domingo, 04 de Septiembre de 2011

El alcalde que dice las cosas tal como son




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Domingo, 04 de Septiembre de 2011

"Encontramos el primer cuerpo y la balsa del avión"
A punta de coraje el abuelo de Puntito ingresó al mar en su bote





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http://es.noticias.yahoo.com/

Todos los ocupantes del avión accidentado en Chile murieron en el acto
EFE – Hace 8 horas


Vista de un Hércules C130 en la pista de la II Brigada Aérea de la Fuerza Aérea de Chile (FACH) en Santiago de Chile, donde se organiza la operación de rescate tras el accidente de uno de sus aviones este viernes en el archipiélago de Juan Fernández con 21 personas a bordo. EFE

Santiago de Chile, 4 sep (EFE).- El ministro chileno de Defensa, Andrés Allamand, anunció hoy que los 21 ocupantes del avión militar que se estrelló el viernes en el archipiélago de Juan Fernández han muerto.

"Tras la búsqueda en que participamos con el comandante en jefe de la Fuerza Aérea (FACH, Jorge Rojas) uno llega a la conclusión que el impacto fue de tal magnitud que debió producir la muerte instantánea de todas las personas que se encontraban en el avión", dijo Allamand, que permaneció todo el día en el área del accidente.

Entre los ocupantes de la aeronave, un CASA C-212, estaban Felipe Camiroaga, uno de los más conocidos animadores de la televisión chilena, y el empresario y filántropo Felipe Cubillos, cuñado del ministro Allamand.

Tras el terremoto de febrero de 2010, Cubillos impulsó la organización "Desafío Levantemos Chile", para apoyar las labores de reconstrucción y se preocupo especialmente de Juan Fernández, que fue duramente azotado por el tsunami que siguió al sismo.

Además viajaban un equipo de la red estatal de televisión TVN, en la que trabajaba Camiroaga, varios integrantes de la citada ONG, así como funcionarios del Consejo de la Cultura y personal de la FACH.

Los integrantes de la ONG y el equipo de TVN viajaban a la isla Robonson Crusoe, a 670 kilómetros de la costa chilena, para verificar los avances en los trabajos de reconstrucción.

Felipe Camiroaga, que animó las ediciones 2009 y 2010 del Festival Internacional de la Canción de Viá del Mar, conocía la isla desde niño y se sentía comprometido con apoyar a los lugareños en la superación de la catástrofe que supuso el terremoto, recordaron hoy sus amigos.

"Tenemos la tranquilidad de que Felipe murió en un lugar que le encantaba", comentó al respecto Mauro Valdés, director ejecutivo de TVN.

En sus declaraciones, Allamand dijo que los familiares y cercanos a las víctimas ya conocen lo sucedido.

"Fueron informados con el mayor respeto posible. Eso significa que ellos tengan siempre la prioridad de la información", dijo el ministro de Defensa.

Los cadáveres de las cuatro primeras víctimas recuperados fueron identificados en el Servicio Médico Legal (SML) tras ser trasladados a Santiago en un avión Twin Otter de la FACH.

La información fue entregada a los periodistas por el portavoz del gobierno, Andrés Chadwick, quien consideró "una triste labor dar a conocer los nombres.

Se trata de Erwin Núñez, cabo de la FACH; Galia Díaz, funcionaria del Consejo Nacional de la Cultura y las Artes; Roberto Bruce, periodista de TVN, y Sylvia Slier, productora de TVN.

Chadwick entregó las condolencias del Gobierno "y de todo el país" a los familiares de las víctimas.

La aeronave se estrelló a las 17.48 horas del viernes (20.48 GMT) después de realizar dos intentos de aterrizaje bajo fuertes vientos atravesados en la isla Robinson Crusoe, la principal del archipiélago.

El avión de la FACH, pilotado por la teniente Carolina Fernández, de 26 años y considerada una avezada aviadora, no tenía posibilidades de regresar al continente después de un vuelo de tres horas, por lo que su tripulación estaba obligada a llevarlo a tierra, según han explicado fuentes de la institución.

En la zona del accidente se mantiene un operativo de búsqueda que incluye aviones Hércules C-130, Twin Otter y CASA C-212 de la FACH y la Marina, más un avión del Ejército, dos fragatas y una patrullera de la Armada provistas de helicópteros y varios buques mercantes, así como los pescadores de la misma isla.

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sáb, 3 sep 2011

Chile: conmoción por Felipe Camiroaga, astro de la TV en avión desaparecido
Por martin bernetti | AFP – sáb, 3 sep 2011


El conductor de televisión chileno Felipe Camiroaga durante el festival de música …

Chile estaba conmocionado la noche de este viernes tras confirmarse la desaparición de un avión de la Fuerza Aérea de Chile (FACH) con 21 pasajeros a bordo, entre ellos el conocido animador de la televisión local Felipe Camiroaga.

Camiroaga, de 44 años, está al frente desde hace casi una década del programa matinal de Televisión Nacional de Chile (TVN) 'Buenos días a todos', que lidera la audiencia en el horario de la mañana.

El conductor televisivo, que también es actor, es uno de los rostros más creíbles y populares del país por su gran atractivo físico y simpatía. Soltero y sin hijos, está al aire más de cuatro horas cada día con su programa de televisión.

En 2009 y 2010 condujo el Festival Internacional de la Canción de Viña del Mar, que es considerado el evento de música popular más importante de América Latina.

Junto a un equipo de TVN, compuesto por otras cuatro personas, Camiroaga viajó este viernes a la isla Robinson Crusoe, en el archipiélago de Juan Fernández, para ver el avance de las labores de reconstrucción de ese poblado tras el tsunami que lo arrasó el 27 de febrero de 2010.

El avión, un Casa-212, llevaba en total 21 pasajeros y fue declarado "desaparecido" por la FACH en horas de la tarde, luego de que se perdiera comunicación con la nave tras intentar aterrizar en el aeropuerto de destino.

La noticia de la desaparición del aparato con Camiroaga dentro se expandió rápidamente por las redes sociales. En twitter acaparaba los comentarios sobre Chile la noche de este viernes.

"Este es un duro golpe para nuestro país", señaló el presidente Sebastián Piñera sobre el accidente tras personarse en la sede de la Fuerza Aérea de Chile.

En las afueras del edificio de la Televisión Nacional de Chile algunas personas ya se habían acercado para poner velas y rezar por la suerte de los desaparecidos.

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domingo, 3 de julio de 2011

El renacimiento de Robinson Crusoe



www.emol.com
sábado 2 de julio de 2011

Ha pasado un año y cuatro meses desde que una ola de veinte metros destruyó gran parte de la isla, mató a 10 personas e hizo desaparecer a otras seis. Hoy casi no quedan escombros, pero los habitantes aún tienen la herida abierta. "Sábado" recorrió el poblado de San Juan Bautista y fue testigo de una reconstrucción que comienza desde la nada.

Por Ana Callejas desde Juan Fernández Fotos Héctor Flores




El maremoto dejó 900 toneladas de escombros y 50 personas sin casa. Los habitantes han asumido que la isla jamás volverá a estar como antes del terremoto. Hoy buscan ser el ícono de la reconstrucción.

Gino López González tiene un sueño -o quizás una pesadilla- recurrente. Despierta en esa casa que no es su casa, pero que en medio del sueño nada le hace sospechar que se trata de un lugar, de una cama, de una pieza ajena. Se levanta, entonces, y hace lo de costumbre: se viste en silencio para no despertar a su mujer y arregla todo antes de salir a pescar. Es -siempre en sus sueños lo es- aún muy temprano para que el sol caliente sus huesos, entumidos por la llovizna que cae a las cinco de la mañana sobre el poblado San Juan Bautista de la isla Robinson Crusoe. Cuando abre la puerta y pone sus pies en el barro, siente, por primera vez, la idea angustiante de que lo que ve no es real. Frente a él están las casas de antes, el colegio de antes, la vida de antes. Mientras se queda viendo esa versión de lo que fue, algo lo despierta. Entonces, Gino se ve a sí mismo en un lugar, en una cama, en una pieza ajena. En esa casa que un primo le prestó cuando su hogar fue destruido por una gran ola, la madrugada del terremoto. Cada vez que ese sueño termina, le toma menos tiempo acostumbrarse a la realidad, aquélla en que él, su mujer y su hijo son damnificados y víctimas de una de las catástrofes más grandes en la historia de Chile.

Hoy esperan. Ha pasado más de un año desde el terremoto, y el proceso de reconstrucción en el archipiélago de Juan Fernández va "lento pero seguro", dice Gino, parado justo en medio del área en que se inaugurarán las 22 casas que el Ministerio de Vivienda construye para los damnificados de Robinson Crusoe.

Aquí murieron diez personas y seis aún continúan desaparecidas. Pero Gino López (31 años), su mujer Ariela de Rodt (40 años) y su hijo Samuel (5 años) no estaban en la isla cuando eso ocurrió.

-Estaríamos muertos -dice Ariela, cuando piensa qué habría pasado si hubieran dormido esa noche en su casa.

Y ese pensamiento, aunque lúgubre, no deja de ser potencialmente cierto.

Aquella noche

Era 26 de febrero de 2010. El verano ya terminaba y Gino por fin podría volver a Juan Fernández. Ya había pasado ese periodo en que se instalaba con su familia en la isla Alejandro Selkirk, a noventa millas (unos 145 kilómetros) de Robinson Crusoe, para aprovechar la temporada de langostas. Esa noche, Gino durmió sin problemas. Ariela también. Y Samuel no lloró ni despertó. A las cinco de la madrugada del día 27, ajeno a la histeria que a esa hora se vivía en gran parte del país, él se juntó con un primo y fue a cazar chivos. Caminaron por la isla y se detuvieron a observar el mar. Se recogía tanto que supieron que algo andaba mal. Regresaron a sus casas y allí escucharon por primera vez la historia de terremoto y muerte que había atacado al archipiélago. No tenían más información que la que llegaba por radio a la isla, pero con eso se enteraron de todo. Así, Ariela supo que su madre había desaparecido, que el mar se la había llevado, que ella se había agarrado a un trozo de madera para sobrevivir en medio del tsunami, que las olas la desnudaron y los materiales de las casas destruidas le hirieron la piel, cada vez que pasaban a su lado. Ariela supo después que su madre logró salvarse del mar, pero que un primo de Gino apareció muerto en la playa.






Pasaron cuatro días para que la motonave Antonio (de la empresa Transmarko, con capacidad para 12 pasajeros) llegara a la isla Alejandro Selkirk e iniciara el viaje de regreso a Robinson Crusoe. Estuvieron durante doce horas imaginando, con la mirada fija en las nubes, qué encontrarían al llegar a la Bahía Cumberland. Pensaron en un poblado destruido, pero nada como lo que encontraron. Cuando el buque dio su último giro y quedó frente al muelle de San Juan Bautista, cada metro que avanzaban iba aclarando la magnitud de la tragedia. Una masa de madera molida flotaba como derrame tóxico desparramado sobre el mar. Botes descuartizados iban y venían, perdidos en el juego enfermo de las olas. Mientras caminaban por Robinson Crusoe, veían el resto de lo que quedaba de la isla. A pocos pasos, se toparon con el cementerio. Ahora era un revoltijo de cruces, lápidas y flores que sobresalían entre el barro. El gimnasio, recientemente remodelado, ya no existía. La destrucción, cuentan, era total. La Municipalidad de Juan Fernández, la Capitanía de Puerto, la Conaf, la Casa de la Cultura, el colegio, el jardín infantil, la oficina de correos, la notaría, las canchas deportivas, hosterías, restaurantes, tiendas de souvenir, agencias de turismo, centros de artesanía, oficinas de aerolíneas, todo; inexistente, irreconocible, irreparable. Esa ola de veinte metros de altura que ellos no conocieron, entró a la costa de Robinson Crusoe, cubrió trescientos metros horizontalmente y dejó a cincuenta personas sin casa.

-Cuando llegamos a nuestra casa, vimos que era la única que estaba en pie. Estaba ladeada, pero aún se agarraba un poco al suelo. Las otras construcciones salieron volando con el maremoto y a nuestro vecino lo agarraron las olas y murió ahogado -cuenta Ariela, mientras camina entre el barro hacia lo que será su nuevo hogar, en la parte más alta de Robinson Crusoe.

Volver a casa

Hoy es día de brindis, de pescado a la parrilla y banderas de Chile asomándose en las casas. Hoy, también, es un día en que las nubes están tan bajas, que caminar por Juan Fernández es un recorrido húmedo y algo molesto, por la llovizna intermitente y el barro que lo cubre todo. La promesa incumplida de un día soleado y temperatura sobre los 20 °C no desanima a los isleños. Ya pasaron un año llorando a sus muertos, limpiando las 900 toneladas de escombros que dejó el tsunami, y asumiendo que Robinson Crusoe jamás volverá a estar como antes del terremoto, pero que quizás eso no es del todo malo.

"No lo hemos pasado bien. Los primeros siete meses estuvimos recolectando los restos de nuestra isla, pero la reconstrucción ha logrado avanzar. Hoy ya podemos abrazarnos y reírnos, porque están llegando las inauguraciones a esta aldea. Queremos ser el ícono de la reconstrucción y así va a ser", dice el alcalde de Juan Fernández, Leopoldo González, y suenan los aplausos de unas 200 personas. Los isleños aplauden el fin de la construcción del primer tramo del eje Larraín Alcalde, el camino más importante de la comuna. Pronto el ministro de Vivienda, Rodrigo Pérez Mackenna, cortará la cinta para inaugurarlo y dirá: "Los felicito por lo que están haciendo, por el esfuerzo que ha significado para los habitantes de esta isla tener que reconstruir esta zona cero, tan dañada, y sobre todo recuperar el espíritu, el ánimo de la gente y las familias que fueron duramente golpeadas por esta tragedia".

Por esta avenida hay recordatorios constantes de lo que ocurrió y de lo que vendrá. Desde un barco de nombre Alborada, que aún está incrustado entre dos árboles al pub-discotheque Brújula, que se reinstaló hace pocos meses. Al lado de esta construcción de madera, se vuelve a levantar uno de los restaurantes que el mar borró de sus cimientos. Por el resto de la isla se repone la cancha deportiva, la plaza municipal y terminan de armarse 22 de las 39 casas que deben reconstruirse en Juan Fernández.

Gino y Ariela ya han podido recorrer su futuro hogar. Tiene 67 metros cuadrados y es más grande que la casa que el tsunami destruyó. Además, está tan lejos del mar y rodeada por tantos árboles de eucaliptus, que es difícil ver la orilla de la bahía. Aquí, en el conjunto habitacional Picaflor Rojo, se reubicará a gran parte de las familias damnificadas por el terremoto. Aquí todos conocen a alguien que perdió a alguien esa noche. Aquí, a kilómetros de ese mar al que le agarraron miedo, sus vidas volverán a comenzar.

-Ha sido difícil vivir en una casa ajena. Ya estamos desesperados. Es como poner en pausa todo lo que quieres, porque ni lo más básico es tuyo. Pero nos encantaba la isla y jamás pensamos en irnos. El turista sí se asustó, ahora a lo más vienen por el día. Ojalá que eso cambie tras la reconstrucción. La isla no volverá a ser como antes, pero creo que quedará mejor. Ya se ve más bonita -dice Ariela. A pocos metros está la casa en la que espera vivir junto a su familia, a partir de septiembre.

Gino y Ariela ya han podido recorrer su futuro hogar. Tiene 67 metros cuadrados y es más grande que la casa que el tsunami destruyó.

Por Ana Callejas desde Juan Fernández Fotos Héctor Flores.
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Domingo 3 de Julio de 2011

Inauguran pequeños locales comerciales destruidos por el tsunami en Juan Fernández
El programa diseñado por Desafío Levantemos Chile tuvo un costo total de inversión de más de $238 millones.


Foto: Héctor Flores, El Mercurio. (Archivo)

JUAN FERNANDEZ.- Buscando reconstruir el comercio destruido en Juan Fernández por el tsunami del 27 de febrero del 2010, fueron inaugurados 16 nuevos establecimientos comerciales correspondientes al pequeño comercio local y que están orientados a la atención y recepción del turismo que ahí llega.

El programa diseñado por Desafío Levantemos Chile tuvo un costo total de inversión de $238.338.438 y fue realizado en conjunto con el Servicio de Cooperación Técnica (SERCOTEC), entidad que aportó $190.355.599, con el apoyo de la Minera Collahuasi quien donó $47.667.688, para comprar los materiales de construcción.

La Fuerza Aérea y la Armada de Chile transportaron los materiales y técnicos que le enseñaron a los isleños a construir por ellos mismos.

El gerente general de Sercotec, José Luis Uriarte Campos, explicó que, "levantar al comercio formalizado arrasado por el tsunami ha sido un gran trabajo, principalmente, en Juan Fernández por las dificultades en su acceso. Pero afortunadamente, hoy vemos como funcionan 16 locales comerciales donde nos preocupamos no solamente de volver a reconstruir lo que el tsunami destruyó, sino que los volvimos a construir incluso mejor a como estaban antes del 27 de febrero tal como nos encomendó el Presidente Sebastián Piñera".

Dentro de las 16 obras que se inauguraron cuatro están destinadas a hosterías de 90 m2 con capacidad para cinco camas cada una. Otros cinco beneficiados autoconstruyeron locales destinados a la venta de artesanía, souvenirs y excursiones por la isla. Cinco construcciones de 50 m2 serán destinadas a almacenes, de estos uno será un minimarket, otro una sala de degustaciones de productos del mar; otro será un comedor para algunas cabañas que se salvaron y un quinto será un cibercafé.

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domingo 10 de julio de 2011

Collahuasi colabora con la reconstrucción de Juan Fernández





Poco a poco Juan Fernández se recupera del maremoto del 27/2.

Esta vez se trata de la inauguración de los 16 establecimientos comerciales que forman parte del programa "Desafío Levantemos Chile" en alianza con Compañía Minera Doña Inés de Collahuasi y el Servicio de Cooperación Técnica (Sercotec).
Los mismos propietarios de estos comercios, como cabañas, hoteles, locales, colaboraron en la construcción de las nuevas instalaciones.
La iniciativa se suma a otras que ya se están implementando, como la limpieza del fondo marino de Bahía Cumberland y el plan de trabajo que lleva a cabo la Fundación Educacional Collahuasi con el Colegio Insular Robinson Crusoe, recinto que también fue donado por la compañía minera.


2Felipe Cubillos, de Desafío Levantemos Chile; Giancarlo Bruno, presidente de Collahuasi; José Luis Uriarte, de Sercotec; Leopoldo González, alcalde de Juan Fernández; Andrés Allamand, ministro de Defensa, y Raúl Celis, intendente de la V Región.


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martes, 19 de abril de 2011

Piratas y corsarios en el Archipielago de Juan Férnandez

abril 27, 2009

in Barcos, Biografías, Chile, Crónicas insólitas, Cultura, Historia, Leyendas, Los mares del sur, Marinos, Navegantes, Puertos, Valparaíso

Por muchos años, los piratas terminaban en las costas de Juan Fernández para reponer las fuerzas perdidas en sus hazañas, sin embargo, los españoles pusieron punto final a esta tradición corsaria.



Durante el reinado de Isabel I de Inglaterra, la piratería recibió aprobación y ayuda gubernamental, produciendo grandes beneficios con las riquezas provenientes de botines, y fue la base del incipiente imperialismo inglés.
Conocida la existencia del archipiélago, gracias al descubrimiento de Juan Fernández , el 22 de Noviembre de 1574, las islas fueron constantemente visitadas por piratas y corsarios del viejo mundo, debido a que era un punto estratégico de abastecimiento y descanso, ideal para reponer fuerzas luego de largas correrías por el pacífico sur.
Visitantes asiduos del archipiélago fueron: Juan Jacobo Le Maire y William Van Schouten, después de descubrir y bautizar el Cabo de Hornos en 1616.

El corsario J. Hermite con once naves y 1.600 hombres. Bartolomé Sharp, después de saquear La Serena en 1680. John Cook y John Eaton recalaron en Marzo de 1683. Cabe destacar al Pirata Edward Davis, quien en 1686, llega a repartir los trofeos logrados en sus correrías de saqueo por América, para luego regresar vencido en 1690 por una escuadra española, dejando allí 9 tripulantes. Rescatados finalmente en 1698 por el Welfare, al mando del capitán Strong.
Bueno, también cabe mencionar al Pirata William Dampier, quien comandaba el Cinque Ports, y que desembarcó a Alejandro Selkirk en “Mas a Tierra” en Septiembre de 1704. Y a quien rescató a este náufrago el 12 de Febrero de 1709, el capitán Wallace Woodes Rogers, comandante del Duke de la armada británica (También con licencia de Corso), quién contaba coincidentemente como primer piloto a William Dampier.



En el año 1720 recala en la isla el buque corso inglés “Speedwell” al mando del capitán Shelvocke (con licencia de corso otorgada por la corona), que zarpó del puerto de Plymouth, el 13 de febrero de 1719. Sus “Percances, hazañas y fechorías”, que tuvieron enloquecidos por el pánico a los mayores desde Ancud hasta Acapulco, fueron anotadas en su bitácora de navegación, que terminó el 25 de Mayo de 1720, cuando huyendo de un buque español, navegó rumbo al Archipiélago Juan Fernández , donde un fuerte viento arrojó a la nave contra la costa haciéndola zozobrar.
La obra colonizadora de los españoles detuvo, por un tiempo, la acción expansionista de los navegantes ingleses.

En el año 1767, el “Dolphin”, embarcación que conocía el archipiélago, fue enviado al mar del sur bajo el mando del capitán Samuel Wallis, junto al “Swalow”, comandado por el capitan Phillipe Carteret, con instrucciones de realizar descubrimientos en el hemisferio meridional. Esta flota dio fe que la isla de “Más a Tierra“, ya había dejado de ser un lugar para recalar embarcaciones inglesas.

El capitán Carteret desconocía que los españoles habían fortificado esta isla, y se sorprendió al divisar a un considerable número de “hombres alrededor de la playa, con una casa, y cuatro piezas de cañón cerca del agua; y a unos 300 metros de la costa un fuerte construido en la pendiente de un cerro con la bandera española, rodeado de murallas de piedra y adentro barracas para la guarnición, y alrededor de unas 30 casas de varias formas”.
Al ver que “Más a Tierra” estaba defendida, el capitán Carteret ordenó cambio de rumbo hacia “Más Afuera”, y ancló en el mismo lugar donde el comodoro Byron había desembarcado dos años antes.

La isla de Más a Tierra tuvo para su defensa una fortaleza y siete baterías, o fortificaciones menores, con un total de 48 cañones. El fuerte Santa Bárbara, con sus parapetos de barro y piedra, sus merlones de cal y ladrillo, y sus quince cañones, era la defensa central del puerto de Cumberland, junto a la batería de San José ubicada en la playa, con ocho cañones.



El fortín San Carlos defendía, con sus cuatro cañones, la parte occidental del puerto; la atalaya del castillo del Pangal, con cinco cañones, cubría la bahía por el este.
El San Francisco Javier, a la retaguardia, reforzaba la acción del Santa Bárbara y sus pesados cuatro cañones asomaban por la desembocadura del valle de Lord Anson.
Las defensas rasantes de Puerto Inglés, con sus cuatro cañones, despojaron de su fondeadero predilecto a los filibusteros ingleses; y las ubicadas en Puerto Francés, con igual número de defensa, detuvieron a 108 bucaneros. En la ensenada de Villagra estaba ubicada la séptima batería para defender el otro lado de la isla de un sorpresivo desembarco enemigo.
En la playa de bahía Cumberland, en Puerto Inglés y Puerto Francés, aún quedan algunos cañones que pertenecieron a la fortaleza colonial que alardean de haber alejado, con su sola presencia, a los temidos y sanguinarios piratas del pacífico.

Fuente:www.comunajuanfernandez.cl
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sábado, 12 de marzo de 2011

Subida de mar cubre caleta en Isla de Pascua

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Fecha: 12 de marzo de 2011

Desde las 13:45 horas, 1.500 personas fueron sacadas del borde costero de Hanga Roa:

Movimientos del mar no generaron daños. Los pascuenses que habían ido a los cerros anoche volvieron al centro de la ciudad.

Macarena Toro y Jaime Pinochet


HANGA ROA.- Desde la mañana, los pescadores de Hanga Roa comenzaron a sacar los botes del mar y llevarlos a zonas seguras. La subida del oleaje de anoche no los había dañado.

Poco antes de la una de la madrugada, el ministro del Interior Rodrigo Hinzpeter informó que el último tren de ondas del tsunami había llegado a Isla de Pascua sin provocar mayores daños, pero evitó levantar la alarma sino hasta un par de horas después como medida de precaución.

Y es que durante la noche, al menos seis veces ingresaron masas de agua a la caleta principal de Hanga Roa, la cual quedó cubierta hasta un metro y medio. Según informó el gobernador marítimo, Claudio Montenegro, los rápidos movimientos no generaron daños en las instalaciones o embarcaciones, que ya en la mañana habían sido sacadas del mar.

De hecho, pasadas las 21:00 horas en la isla (23:00 horas en el continente), gran parte de las 400 personas que habían subido al volcán Rano Kau, donde se ubica la ciudad sagrada de Orongo, ya habían bajado a la ciudad, luego de percatarse de que los movimientos no habían generado grandes trastornos.

Lo mismo ocurrió con las 250 personas que habían sido evacuadas al aeropuerto Mataveri, ubicado a 45 metros de altitud.

Pese a ello, la alarma de maremoto decretada en la tarde por las autoridades no permitía el ingreso de la población hacia zonas por debajo de los 25 metros sobre el nivel del mar.

La jornada había empezado casi 17 horas antes, cuando a eso de las cinco de la madrugada comenzó a llegar la información sobre la alerta de maremoto en las costas del Pacífico. Los llamados desde el continente y la poca información que había en la isla generaron el temor en decenas de personas que huyeron a los cerros y al aeropuerto.

En el Hospital Hanga Roa, el turno que se encontraba de urgencia debió atender a varias personas que llegaron con trastornos de angustia. Horas después llegó al lugar José Villavicencio, médico de un consultorio de Peñalolén que casualmente se encuentra realizando una pasantía en la isla.

"En el turno de la noche se atendieron casos de trastornos, de gente que no sabía qué iba a pasar. Pero ninguno fue grave y todos fueron derivados a sus casas", contó el médico, quien se quedó luego toda la tarde en la urgencia del hospital para atender posibles emergencias.

Los más preocupados fueron los turistas, especialmente los habitantes de países asiáticos. Ante sus dudas, en el aeropuerto se habilitó especialmente internet para que pudieran contactarse con sus familiares.

Y aunque los colegios no funcionaron, sí lo hizo el comercio, restaurantes y hoteles en la zona de seguridad, donde varios pascuenses disfrutaban la tarde. "Nosotros los isleños sabemos cuándo evacuar. Por eso estamos todos tranquilos", decía en el centro de la ciudad Mata Atán, vocero de los clanes rapanuís.

En la tarde, la gobernadora Carmen Cardinali ordenó el cierre de las seis calles que llevan hacia la costa, mientras que personal de Carabineros solicitó a los más curiosos que se mantenían en la playa que se retiraran de la zona de riesgo.

Con un despliegue que movió a casi 200 efectivos de las policías y Fuerzas Armadas, la costa quedó vacía, la gente se mantuvo a resguardo y no se reportaron heridos o daños.

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''Pase lo que pase, igual nos vamos a levantar. En el 60, el mar botó (los moáis) de Tongariki, pero ya los levantamos de nuevo".

AVELINA PAKOMIO,
FUNCIONARIA DEL AEROPUERTO MATAVERI.

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Juan Fernández: isleños subieron al cerro a las 10 hrs.
El terremoto y maremoto de Japón causó pánico y angustia de inmediato en el archipiélago de Juan Fernández.


JUAN FERNÁNDEZ.- A partir de las 10:00 horas, Carabineros recorrió la costa pidiendo a la gente subir a zonas seguras.

Incluso, el comité de emergencia de Robinson Crusoe se conformó cerca de las 8:00 horas para analizar las posibles marejadas, fijadas para las 23:43 horas de ayer, que llegarían a su costa.

Esta situación alarmó a los más de 700 habitantes, pues la tragedia del 27-F aún permanece muy fresca en sus memorias. Por ello, la gran mayoría optó por desplazarse desde las 10:00 horas hacia el sector de La Pólvora, ubicado en lo más alto de la isla.

Fue el caso de Flora de Roth, propietario del restaurante Barón de Roth, quien quedó muy preocupada. "Estoy angustiada, no he parado de llorar, pues recuerdo lo que nos ocurrió hace un año. Además, mis hijos están en Valparaíso", relató con lágrimas en sus ojos.

Por su parte, Carmen Angulo valoró el que la comunicación entre los vecinos se mantuviera activa durante todo el día.

"La gente salió de inmediato de sus casas, pues las imágenes de la televisión trajeron nuevamente el pánico. De todas formas, estamos orando por Japón en Juan Fernández, porque sabemos lo que es sufrir un maremoto", comentó la mujer.
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LA TERCERA TV

http://www.3tv.cl/index.php?m=video&v=17595

El fuerte oleaje que afectó a Dichato
Un fuerte oleaje con características de tsunami azotó a Dichato. El mar llegó hasta el estero sin causar grandes daños. Hasta el cierre de esta nota aún permanecía la alerta de tsunami en Dichato. Imágenes gentileza Canal TV Dichato.
Tags: Tsunami, Dichato, terremoto Japon
Añadido hace: Hoy, 12:32 Reproducciones: 12441

lunes, 28 de febrero de 2011

Homenaje en Juan Fernández a las 4:40

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lunes 28 de febrero de 2011

El reloj marcaba las 4:37 AM y la familia Ortiz Green se alistaba para trasladarse al muelle de Robinson Crusoe, donde realizarían un homenaje a Joaquín (8), más conocido como "Puntito", quien fue arrastrado por el maremoto y permanece desaparecido en las aguas de Juan Fernández.

La comitiva era liderada por la abuela del menor, Ximena Green, quien cargaba más de 100 lilium rosados, a tres minutos de que se cumpliera el primer aniversario del 27-F en la isla.

Los familiares caminaron hacia la Bahía Cumberland, donde se sumaron parientes de Matías Brito (7) -quien también perdió la vida esa fatídica madrugada- e iluminaron el mar con velas. Tras una oración silenciosa, comenzaron arrojar las flores con gestos de amargura y rabia.



"La idea es cerrar un ciclo. Yo no quise tomar pastillas ni tratamientos durante el año, pero me di cuenta que necesito cambiar de aire, ya no puedo más", comentó Ximena Green, quien ayer se embarcó en el buque Aquiles de la Armada con el objetivo de instalarse junto a la madre del "Puntito" en la Décima Región.

Las actividades conmemorativas se retomaron a las 10 horas, cuando el párroco de la isla, Dietrich Lorenz, ofició una misa y luego la comunidad se reunió en la plaza para comenzar una romería al Cementerio, donde se recordarían uno a uno los nombres de las 16 víctimas. También hubo espacio para que los familiares expresaran palabras y recuerdos de sus seres queridos.

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domingo, 26 de diciembre de 2010

El difícil renacer del Archipiélago de Juan Fernández:

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Fecha: 26 de diciembre de 2010

Robinson Crusoe pierde un 90% de su turismo por daños del maremoto

Visitantes cayeron de 3.000 al año a apenas 300. Empresarios afirman que no hay recursos para volver a levantar los hostales.

MACARENA TORO VALDIVIA

ARRASADO.- En la bahía Cumberland todas las construcciones del borde costero fueron arrasadas por el mar, incluyendo hostales, restaurantes y cafés. Sólo el sector pesquero se ha reactivado, gracias a donaciones.

AYUDA.- La barcaza Rancagua de la Armada arribó a la isla con maquinaria y materiales para reconstruir

ROBINSON CRUSOE.- "Se nos acabaron los pasteles", contestan en la hostería Petit-Breullh cuando uno de los doce clientes que entraron de improviso para cobijarse de la lluvia pide un trozo de torta. En el lugar ya no están acostumbrados a un arribo tan masivo de visitantes. "La gente que ahora viene lo hace por la reconstrucción, no consume", dice Ramón Baeza, dueño de la hostería.

El maremoto de febrero destruyó siete de las once hosterías de la isla Robinson Crusoe, en el archipiélago de Juan Fernández, y el número de camas pasó de 250 a sólo 40. A diez meses de la tragedia, en la zona ni siquiera piensan en levantar de nuevo los edificios, ya que la prioridad son las casas: sólo se ha terminado una de las 42 que se construirán.

Sin lugares donde recibir a los turistas, ese sector -que representa el 40% de la economía isleña- registra una caída de 90%. De los casi tres mil visitantes que recibían al año, ahora "con suerte llegaremos a los 300 esta temporada", dice Ramón Salas, presidente de la Cámara de Turismo del archipiélago.

Ximena Green era dueña de la hostería Martínez & Green hasta que el mar se la llevó. No sólo perdió a su nieto Joaquín, el "puntito", sino que además una empresa familiar de décadas. No tiene cómo levantar de nuevo su hostería, el café y sus negocios y por eso por ahora sólo tiene un puesto en una cabaña que consiguió, donde vende confites y pasteles que ella misma prepara.

"Nosotros no podremos hacer nada para el verano. Esto es, entre comillas, un negocio pero en realidad todo es diferente. Venderé cositas, pero turismo, turismo, no", comenta.

El alcalde Leopoldo González afirma que mientras no haya infraestructura poco pueden hacer los guías turísticos y restaurantes para atraer visitantes. Las pocas hosterías que quedaron han bajado en promedio un 30% sus precios para incentivarlos.

Mientras tanto, los comerciantes piden más apoyo para reconstruir. "No podemos construir en el borde y no hay suficiente transporte para traer herramientas para volver a levantarnos", dice Salas. Agrega que las pérdidas por el maremoto y por los ingresos que se dejaron de percibir este año superan los $2.000 millones.

Por ahora la pesca, la otra industria de la zona, mantiene a los isleños. Este año vendieron 58 toneladas de langosta y gracias a donaciones de privados casi todos los 120 pescadores tienen un bote. "Nos falta la caleta, pero estamos bien, echando para adelante", dice Alberto Vergara, dirigente del gremio.

Mientras, en la bahía Cumberland, el alcalde inicia los trabajos para levantar un muro en el borde costero, y habilitar espacios para una caleta que permita retomar la normalidad.



Los cinco ejes de la reconstrucción isleña
En lo personal, el alcalde González perdió su casa y hostería. En su trabajo, el municipio perdió el edificio consistorial, escuela, centro cívico, gimnasio y el muelle. Ante la magnitud del daño, se fijó un plazo de cuatro años -junto a la Intendencia de Valparaíso y la Municipalidad de Lo Barnechea- y cinco ejes para la reconstrucción.

Uno de ellos es la rehabilitación portuaria, que implicará la habilitación de casetas y una bomba de combustible para los pescadores. Otro es el edificio consistorial, que se empezará a construir desde febrero. Con un costo de $1.400 millones, se levantará en la misma zona donde fue destruido, pero contará con vías de evacuación y barreras de mitigación.

El tercer proyecto es la construcción de una escuela que reemplace a la modular que llegó por la emergencia. "Hoy en día es una verdadera laguna como se llueve. Pobres seremos, pero en taza plástica no tomamos té", dice González.

El nuevo colegio tendrá laboratorio, gimnasio y más salas que permitan retomar la jornada escolar completa para los 130 alumnos. Y para fomentar el deporte se proyecta levantar en el borde costero un complejo deportivo que tenga piscina, canchas y gimnasio.

Pero de todos los proyectos, el más importante es la entrega de viviendas. Además de la casa que ya se terminó, ahora se construye otra, en enero se levantarán 22 más y luego otras 18 para dar solución a 42 familias damnificadas.

Sin embargo, el edil explica que hay otras ocho familias que no podrán recibir viviendas porque sus casas eran fiscales o ya habían recibido algún beneficio.

Es el caso de la familia de Martina Maturana, la niña que tocó el gong con el que alertó de la primera de tres olas que devastaron el pueblo. El papá de Martina es oficial de Carabineros y, como perdió su casa fiscal, viven en una cabaña de veraneo que ahora deben dejar porque la ocupará su dueño. "Aquí estamos, sin saber adonde ir", dice Martina.

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