miércoles, 4 de abril de 2012

Las costumbres, la moda y el glamour a principios del siglo XX: Ahumada, epicentro de la vida social santiaguina

Domingo 19 de Septiembre de 2010



Entre los años 1920 y 1970, esta calle fue la pasarela obligada de cada mañana, el centro de la actividad comercial y social, que giró por largo tiempo en función al edificio del Banco de Chile. En ella se encontraban los mejores restaurantes y cafés, las tiendas más elegantes y los más distinguidos representantes de las familias chilenas. Lo recuerdan algunos de sus protagonistas.  
VERÓNICA MATTE LIRA y M. DE LOS ÁNGELES COVARRUBIAS C. "Botica", "biógrafo", "boite", "trajines", son términos que a las generaciones jóvenes prácticamente no les dicen nada. Para quienes atesoran en la memoria sus andares por la calle Ahumada durante las primeras décadas del siglo XX, ellos significan mucho más que su tenor literal; y otros, como "Waldorf", "La Novia", "Café Santos" y "Crillón", los hacen suspirar.

Ahumada fue hasta los años '70 "la emblemática calle santiaguina, en cuyas escasas cuatro cuadras circulaban los que allí trabajaban, los que querían mirar y los que querían ser vistos", recuerda la historiadora Regina Claro. Era "la calle" del centro de Santiago.

"Comenzar en la Plaza de Armas y salir a la Alameda frente a la Universidad de Chile daba a Ahumada mucha importancia", sostiene el historiador Julio Retamal.

De acuerdo a lo que explica Armando de Ramón en el libro "Santiago de Chile", con la remodelación de la Alameda en los años veinte, esta tradicional avenida fue perdiendo su encanto, y la vida comercial y social se fue trasladando a Ahumada.

Retamal dice que la calle mantuvo su esplendor hasta los años 60. A partir de entonces, la gente se fue a vivir más al oriente de Santiago. Sin embargo, la calle mantuvo su lugar en el corazón de los fieles capitalinos. En 1970, cuando resultó electo Presidente don Salvador Allende, le preguntaron a Leonidas Larraín Vial, corredor de Bolsa y uno de los fundadores de Larraín Vial, si pensaba irse de Chile, a lo que sin vacilar respondió: "¡Nunca! ¡No podría vivir sin mi paseo diario por la calle Ahumada!".

 Más de una historia detrás de las puertas del Crillón

Fue uno de los grandes protagonistas de la vida social santiaguina del siglo XX. Originalmente, la residencia de la aristocrática familia Larraín García Moreno, el grandioso edificio que data de 1919, hospedó a personalidades como Dwight Eisenhower, Clark Gable y Cantinflas. En sus modernos y elegantes salones alternaban sofisticadas señoras, políticos, hombres de negocios y escritores. A estos recintos podían entrar señoras, pero al exclusivo bar del hotel ingresaban sólo hombres. Aquellos "amigos conocidos" que en una suerte de pacto social tácito excluían a todo aquel que no perteneciera al grupo.

Glamour y pasión se vivieron allí: María Luisa Bombal, abrumada por el desamor, protagonizó una de las historias más dramáticas del Crillón, al disparar tres tiros a su amante. Más tarde, otra celosa escritora, María Carolina Geel, mató a balazos a su amante. (Ver página 12).

Nadie dejó de ir a "Los Gobelinos"Oriundo de Astorga, España, Severiano García Carro llegó a Chile a los 18 años. Vislumbró en la sociedad chilena un potencial para prendas finas de vestir, ropa interior, zapatería, menaje y modernos juguetes. "Los Gobelinos" abrió sus puertas el 11 de septiembre de 1935 e hizo historia en Ahumada esquina de Compañía.

El entrepiso, decorado en estilo francés, era la sección de vestuario femenino, sector del que don Severiano se preocupaba especialmente. "Admiré mucho a mi abuelo, tenía un gusto innato, fue pionero en organizar desfiles de moda. En los años 50 estrenó en sociedad la marca Christian Dior, lo que causó sensación", recuerda su nieta María Trinidad García Moreno.

La temporada de Navidad se iniciaba con un original espectáculo: el arribo a Los Cerrillos del Viejo Pascuero en persona, en la hoy legendaria aerolínea Panagra. Con gran expectación de niños y adultos, el viajero se subía a un auto que lo llevaba a la tienda para atender los deseos de los ansiosos pequeños.

María Trinidad García no olvida el impacto que le causaba ver al Viejo Pascuero descendiendo del avión. Aún guarda el disfraz que cada año usan sus hijos para ilusionar a los más pequeños de la familia.

"Los Gobelinos" cerró en 1978.

De barrio tradicional a corazón del comercio

Conservando su nombre desde la Colonia hasta hoy, antes de convertirse en paseo, Ahumada vio transitar carretones con caballos, tranvías, golondrinas (carros de mudanzas) y automóviles. Fue testigo de animadas conversaciones, de flirteos, negocios y de historias que siguen guardadas celosamente en el anecdotario social. Las grandes residencias de prominentes familias como los Edwards Mac Clure, De Torres, Matte, Cruz Montt, Alessandri, Fernández Concha, le imprimieron el estilo europeo y con el tiempo fueron reemplazadas por edificios de oficinas con locales en sus plantas bajas, de reconocidos arquitectos como Alberto Siegel, Jorge Arteaga Icaza, Wenceslao Cousiño, Eduardo Knockaert, Alberto Cruz y Josué Smith.

Las tiendas que hicieron historia

De todo había en Ahumada: tintorería, librería, imprenta, joyería, armerías, ferretería, botillería, bancos. La "Botica El Indio" era toda una institución en la esquina con Alameda. Las señoras que, siguiendo las costumbres de la época, prácticamente no tomaban alcohol, tenían "un secreto": pedían el "licor de Launeaux ", que vendido para el dolor de estómago les levantaba el ánimo sacándoles más de una sonrisa por su pícara composición. Para juguetes estaba la "Casa Hombo", que más adelante se mudó a Phillips. En Ahumada 354 atendía desde 1835 "Ex Jardell", la perfumería más antigua de Santiago. La firma "Curphey & CO" importaba dos objetos esenciales: máquinas de escribir y vitrolas. Espejos y marcos ofrecía la "Casa Adolfo Schlack"; plaqué, la Casa Hardy; y objetos de arte y artículos religiosos, Jean D'arc. Y por supuesto las sastrerías France, Inglesa y Falabella, cuya publicidad "Ahumada la calle de Falabella", en los 70, nadie olvida. Éstas, junto a las grandes tiendas que traían las últimas tendencias de la moda francesa, como la Ville de Nice y Los Gobelinos, hicieron de Ahumada un imperdible de la época.

Sin corbata no entra ni Louis Armstrong

En las veredas, confiterías y cafés se organizaban los programas para la noche. Desde 1949, ir a comer y a bailar al Waldorf era lo in, aunque el sitio también recibía un promedio de 250 personas a almorzar. Artistas mundialmente conocidos pisaron su escenario: Sarita Montiel, Paul Anka, The Platters, Malú Gatica y Cuco Sánchez, entre otros. De las anécdotas que se cuentan, es que se le negó la entrada nada menos que a Louis Armstrong, por no llevar corbata. Y otra: Felipe Herrera, ex ministro de Hacienda, presidente del Banco Central de Chile, fundador de Banco Interamericano de Desarrollo (BID), quería pagar con cheque. A pesar de que su firma iba estampada en todos los billetes de la época, ¡le pidieron la cédula de identidad!

La mejor hora para dejarse ver en las escalinatas del Banco de Chile

Se iba al centro en la mañana de lunes a sábado, que hasta los años 40 era un día laboral. Los caballeros iban a los tribunales, a la Bolsa, a los bancos, a la sastrería, a cortarse el pelo. Las señoras vitrineaban, compraban remedios en la botica, se encontraban con amigas, entraban a "Otero" a ver géneros. Si no tenían ningún "trajín" que hacer, iban a darse una vuelta. Ahumada era una calle llena de vida.

Resonaba desde el cerro Santa Lucía el cañonazo de las 12.

"Era la mejor hora del centro, donde la santiaguina lucía", señala Oreste Plath en su libro "El Santiago que se fue". Sentadores abrigos, coquetos sombreros, guantes de cabritilla, zapatos de taco alto y hasta líneas dibujadas con mucha perfección a lo largo de la pierna para que pareciera que llevaban medias -que por entonces eran difíciles de conseguir- eran parte de la moda de la época. Las señoritas en edad de debutar en sociedad iban a dejarse ver frente a las escalinatas del Banco de Chile, el principal edificio de calle Ahumada, construido en 1925 por Alberto Siegel. "Su escalera era para mirar niñas, ser vistos, ser presentados. Todo pasaba ahí hasta 1960", señala Miguel Laborde.

Los inolvidables "tapaditos" de "La Novia"

A mediodía se abría también el apetito y todas las opciones eran tentadoras. Magdalena Cruz Covarrubias, quien trabajó en "La Novia", recuerda que le costaba decidirse entre una medialuna del "Lucerna" o los sándwiches tapados de "La Novia". Eso, antes de que se casara con Fernando Sahli, ¡hijo del dueño de La Novia! No olvida a su suegra, Berta Natermann, preparando y supervisando cada detalle.

Respecto a las exquisiteses de ese local, no hay discrepancias. Arturo Alessandri Besa, abogado y ex senador, también tiene estupendos recuerdos: "Cuando estudiaba en la Escuela de Derecho en la Universidad de Chile, me iba en bicicleta y hacía un alto ahí para comer un sándwich". Otras veces también llegada a la calle Ahumada en el carro 17 que tomaba en Echaurren esquina de Domeyko.

Cuando se estaba acostumbrando la clientela a sus emparedados de ave que todos recuerdan, pero que en realidad eran de pavo (y a sus deliciosas pastillas "besitos"), vinieron las picotas y terminaron con el edificio en el cual atendía "La Novia". La familia Sahli tomó entonces la concesión del Hotel Crillón, a donde se mudaron cocineros, utensilios y recetas. Para los caprichosos gourmets , sin embargo, los tapados de pavo ya no eran lo mismo.

Todo el encanto europeo... en pleno Portal Fernández Concha

Otra estupenda opción para deleitar el paladar era el "Chez Henry", en el Portal Fernández Concha. El chef francés Henry, después de haber trabajado varios años con la familia Cousiño, instaló en 1924 un exclusivo restaurante donde se podían probar elaboradas salsas, caracoles y paté maison . El hito de entrada a la calle Ahumada era el Portal Fernández Concha. Su construcción original, de 1577, sufrió terremotos, incendios y remodelaciones. Reconstruido en 1870, en su segundo piso se instaló el Hotel Inglés. Connotados huéspedes, como el escritor argentino Domingo Faustino Sarmiento, aprovecharon el moderno adelanto: la luz eléctrica en todas sus habitaciones.

Otro panorama era ir al biógrafo a ver las últimas películas llegadas de Europa. A algunos de ellos se accedía por portales y pasajes como el Matte, Bulnes y Unión Central.

El "Lucerna": de día dulcería, de noche un lugar para cantar y bailar

Para aquellos que ya han pasado las siete décadas de vida, el "Lucerna" fue otro lugar inolvidable. En el número 262 de Ahumada, desde 1932 ofrecía sus medias lunas de ave y vino añejo. De día era dulcería, pastelería, rotisería. Al atardecer, atractivos eran los aperitivos danzantes en que se rifaban mantones de Manila y champagne francés. De noche, una concurrida boite memorable por sus números de canto y baile. Ignacio Domeyko Bulnes, abogado, hace recuerdos del conjunto español de las Hermanas García que, sostiene, eran muy simpáticas y buenas mozas. En 1945, una de ellas era novia de "Fernandito", campeón de boxeo y héroe popular, quien las esperaba a ellas y a su madre todas las noches en la puerta del local. En 1949, un incendio arrasó con la fama de las García, las medias lunas y las vivencias del "Lucerna".

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Calle Ahumada en 1958

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Las estrellas que visitaron el Rex



Esplendor como sala de espectáculos y luego como cine tuvo el antiguo Rex, en nuestros días convertido en el primer complejo en Chile de la compañía Hoyts. Esplendor porque por allí pasaron nombres como los de Louis Armstrong, Marlene Dietrich, Maurice Chevalier, Nat King Cole, Joan Manuel Serrat y Sara Montiel. Fotos: El Mercurio | actualizado el 20/09/2010

Lo que el tiempo se llevó: qué fue de los antiguos cines de Santiago


Aunque no se han demolido, hoy están convertidos en bodegas, discotecas y templos evangélicos.
por Cristián Labarca




Primero cine, después librería y ahora, hotel. El Teatro Santa Lucía, construido por el arquitecto Eduardo Valdés Freire, gracias a un encargo de la Caja de Ahorro del Salitre, se inauguró el 2 de mayo de 1937, con la exhibición en Technicolor de la película El jardín de Alá, protagonizada por Marlene Dietrich. En los 60, la sala emplazada en la esquina poniente de Alameda y San Isidro presenció la aparición del Cinerama, una gran pantalla curva. En 1995 se convirtió en librería, la Lápiz López, el "primer supermercado de la oficina". Y finalmente, en 2003 fue demolido para construir ahí un hotel, el Caesar Business.

Hoy, lo único que queda de este cine son las antiguas butacas, que se pueden comprar en el barrio Italia. "La construcción con afanes comerciales arrasa con todo. Así, se borra la memoria, lo que nos permite tener identidad", dice el investigador de la Cineteca Nacional, Antonio Machuca.

La misma suerte corrieron otras salas que se repartían por el centro de Santiago, que aunque no se derribaron, se convirtieron en discotecas, centro de eventos, bodegas y templos evangélicos, entre otros.

El Cine Real, por ejemplo, alberga hoy una multitienda que conserva la arquitectura de influencias arábigas y columnas en espiral que tenía. Erigido sobre un sitio eriazo en 1930, donde funcionaban circos, estaba a pasos de la Plaza de Armas (Compañía 1040), al lado de la desaparecida casa colonial, donde se levantó después la tienda Los Gobelinos. Como la sala era de propiedad de la Paramount Pictures, su fachada -hoy intervenida por letreros de una multienda- recordaba el frontis de ese estudio hollywoodense.

El caso que los amantes del cine y el patrimonio lamentan es el del antiguo Teatro Carrera (Alameda 2145), construido en 1927 sobre los jardines delanteros del antiguo Palacio Concha Cazotte, a pasos del actual barrio Concha y Toro. Hoy es un centro de eventos.

Diseñado a imagen y semejanza del Teatro de los Presidentes de Francia, fue encargado por Aurelio Valenzuela Basterrica a los arquitectos Gustavo Monckeberg y José Aracena. "Este lugar ha cobijado negocios de variada índole, desde un cabaret y una bodega comercial, hasta un centro de eventos y discoteca", cuenta Machuca, quien destaca sus butacas en semicírculo, los palcos laterales y su profusa decoración. "Fue la sala precursora del cine sonoro en Chile. Curiosamente, se inaguró con el filme Te acordarás de mí", ríe.

Con capacidad para 1.500 espectadores y estilo neoclásico, aún mantiene sus escaleras imperiales y, según Machuca, detrás de la suciedad de las murallas están los mosaicos que decoraron su fachada, obra de Aristodeo Latannzi con la técnica de cristales de colores.

El más grande
La década del 20 marcó la llegada de los denominados "cines palacios", con enormes conchas acústicas, elegantes foyers y reminiscencias neoclásicas, art déco y barroco, marcando pauta. El más grande de estos espacios fue el Cine Esmeralda, en San Diego 1025, a pasos de Av. Matta. En su sala podían reunirse hasta 2.600 espectadores, mientras que su hall fue empleado como salón de baile.

A su inauguración, el 31 de marzo de 1922, asistió el Presidente Arturo Alessandri y una orquesta amenizó la jornada. Sin embargo, antes de que finalizara esa década, el monumental cine terminó consumido por un incendio. Años más tarde fue reconstruido y aunque sus dimensiones se redujeron, siguió entrando en la historia: el cineasta Silvio Caiozzi contó que una de las personas que incentivó su gusto por las películas fue su abuelo materno, Domingo García, reconocido "cojo" del Esmeralda. En los 90, fue el epicentro de las fiestas Spandex y hoy es una bodega de materiales electrónicos.

La desaparición de estas joyas del siglo pasado llamó la atención del colectivo Bicipaseos Patrimoniales y el 15 de abril hará una ruta para conocer la historia de los mencionados cines y de otros, como San Diego, American Cinema, Normandie, Continental, Novedades y O'Higgins.

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www.memoriachilena.cl

Espectadores de cine en el Teatro Carrera, 1926

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martes, 3 de abril de 2012

Bellas pinturas aparecieron debajo de cinco capas de látex Iglesia en Valparaíso

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miércoles 4 de abril de 2012
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miércoles 4 de abril de 2012

Frescos de estilo Art Nouveau fueron pintados en 1904 por maestros provenientes de la escuela de Baviera:
Vivos colores y ornamentos emergen bajo capas de pintura de barco en iglesia jesuita de Valparaíso

Hallazgo sorprende a los propios expertos patrimoniales que recuperan el más antiguo edificio religioso en pie en la ciudad puerto.   

La iglesia fue construida por el ingeniero Nicanor Marambio, quien se inspiró en la Basílica Romana de Santa Sabina. Bajo el gris (izquierda) está apareciendo el color oro en las columnas y los frescos sobre el yeso de los muros. 


MAURICIO SILVA 
"Esto tiene mucho de regalo y de la alegría que producen los milagros". El sacerdote jesuita Cristián Meneses describe así la sorpresa de la propia comunidad religiosa que desde 1852 administra el templo católico que atiende al barrio El Almendral de Valparaíso.

La "sorpresa" la guardaba la iglesia Compañía de Jesús, construida en 1899 para reemplazar el anterior templo de los Doce Apóstoles que fuera destruido por una inundación.

Bajo cinco capas grises y blancas de pintura de barco, la "nueva iglesia de El Almendral" ocultaba profusas ornamentaciones de estilo modernista de inicios del siglo XX en sus muros, cielo, dinteles y zócalos. La pintura superficial opacaba además los vivos colores de las 14 escenas del Vía Crucis que decoran sus muros y las hojas de oro en sus columnas.

Los murales sorprendieron a los propios expertos de la Fundación CREA que en febrero iniciaron la reparación del templo, financiada por la Compañía de Jesús y por fondos de restauración patrimonial que el Consejo Nacional de la Cultura dispuso para enfrentar los daños que en esa área dejó el 27-F.

"Esperábamos hallar algún decorado. Pero las ornamentaciones cubren toda la estructura del templo", dice la directora de CREA, Macarena Carroza. El año pasado, una estratigrafía hecha a las capas de pintura le hizo abrigar expectativas de descubrir algunos detalles ocultos. Pero la paciente remoción está revelando una policromía que Carroza ve como "maravillosa".

Ayer, el ministro de Cultura, Luciano Cruz-Coke, viajó a Valparaíso para conocer lo que los trabajos -que deben concluir en octubre de 2013- ya revelaron. "La iglesia ha resistido los terremotos de 1906 y 1985 y un incendio en 1962 . Y ahora aparece este 'milagro' prácticamente en Semana Santa que cambia la naturaleza de los frescos, agregándoles verdes y tonos de piel", explica.

Los retablos del Vía Crucis y la decoración del templo fueron obra de artesanos de la escuela de Arte de Munich, Alemania, iniciada en Baviera y culminada en el propio Valparaíso entre los años 1906 y 1910.

La información estaba en los propios cuadernos de registro que mantiene la Compañía de Jesús, de cuyo noviciado depende hoy el templo. Con apoyo de la alta sociedad porteña de inicios del siglo XX, en la época de esplendor del puerto, el entonces párroco Luis Uría encargó vitrales y retablos a Alemania. Los artistas germanos viajaron a instalarlos a Valparaíso y en largas estadías lo decoraron.

La pintura gris y blanca propia de barcos de guerra que los cubrió fue aplicada tras el incendio de 1962 que quemó el techo del templo, y fue conseguida por el párroco, que era capellán de la Armada. La decisión fue a tono con la "sobriedad" post Concilio Vaticano II, que evitaba la "ostentación" en las iglesias.

La firme capa de pintura que aún cubre las estaciones del Vía Crucis, propia de suelos de buques, exige poderosos solventes químicos para removerla.

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lunes, 2 de abril de 2012

Buscan rescatar museo que guarda los restos de la primera Esmeralda

www,emol.com
lunes 2 de abril de 2012


Recinto patrimonial en Plaza Sotomayor de Valparaíso: 

Armada colaborará en la recuperación del espacio donde se conservan vestigios de la fragata española capturada por Lord Cochrane, y del primer muelle fiscal del puerto.  



Los restos de la Esmeralda aparecieron durante excavaciones para un estacionamiento en 1998. Tembién se encontraron restos culturales históricos.
Foto:TOMÁS FERNÁNDEZ TOMÁS FERNÁNDEZ

HERNÁN CISTERNAS ARELLANO  Hace 14 años, la arqueóloga Alejandra Didier formó parte del rescate de los restos de la fragata Esmeralda, sepultados durante un siglo y medio bajo la Plaza Sotomayor de Valparaíso. El que fuera el buque insignia de la Armada española y su navío más importante en el Pacífico, capturado por el almirante Lord Thomas Cochrane en el puerto de El Callao en 1820 -al mando del buque "O'Higgins"-, salió a la luz con la construcción de estacionamientos subterráneos en el lugar en 1998.

Su importancia naval no era lo único relevante de los viejos maderos que aparecieron en el lugar. En junio de 1825, la Esmeralda fue arrastrada por un temporal y terminó encallada en la playa San Agustín, que en esa fecha se ubicaba a los pies del actual edificio de la Comandancia en jefe de la Armada en el lugar.


Este hecho, sumado a la necesidad de construir un muelle para la ciudad -planteada por Diego Portales en 1823-, llevó al gobernador José Ignacio Zenteno a ordenar que su quilla fuera arrastrada más afuera de la playa y rellenada con arena, sirviendo así de base para la naciente instalación portuaria.


Años de abandono
En el lugar del hallazgo se conservan restos de la proa y la quilla del navío capturado a los españoles, pero también vestigios de cuatro muelles, del Hotel Inglés y de la primera Bolsa de Comercio del país. Pero desde hace cinco años el esfuerzo de arqueólogos, historiadores y conservadores no está al alcance del público, porque el recinto está cerrado.


Para Didier, es al menos "lamentable" que una ciudad reconocida por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, mantenga en total abandono el "museo in situ" que se habilitó en el lugar del hallazgo.


A mediados del 2000, cuando se inauguró el museo subterráneo, las autoridades de la época aseguraron que el recinto se convertiría en un atractivo turístico, donde los visitantes podrían conocer los restos del primer muelle fiscal -cuando Valparaíso recién comenzaba a ganar terrenos al mar- y algunas partes de la Esmeralda.

Inicialmente fue administrado por el municipio, pero luego se traspasó a Sercotec y se convirtió en oficina de información turística y tienda de souvenirs . Luego, un bus de turismo que estacionó sobre el recinto dañó el mecanismo de la compuerta hidráulica de acceso, impidiendo el ingreso hasta ahora.


Hoy la Armada está interesada en reabrirlo. El vicealmirante Kenneth Pugh, comandante en jefe de la Primera Zona Naval, dice que la institución considera que "es urgente e imperioso cooperar con el municipio para poder recuperar un espacio patrimonial de todos, que nos conecta con nuestra historia más profunda".

Agrega que el museo recuerda un Valparaíso de antaño, cuando la playa llegaba a metros del edificio de la Armada y cuando el desarrollo económico del país obligó a ganar terreno al mar, donde "quedó como relleno un buque que para la Marina es importantísimo, incorporado a Chile en un acto audaz".


Pugh afirma que la Marina tiene la capacidad de evaluación y mano de obra para colocarlos a disposición del proyecto. Asmar podría colaborar en la reparación o reemplazo del sistema hidráulico del acceso al museo, así como en la restauración de la dañada compuerta de vidrio.


Mientras, el historiador porteño Archibaldo Peralta afirma que el Liceo Matilde Brandau de Ross está dispuesto a colaborar en su atención, con alumnos de la carrera de técnicos en turismo que imparte el establecimiento.

Didier espera que también haya preocupación por la colección de materiales recuperados, como "fragmentos de loza, vidrios, botellas, pipas y restos culturales históricos, que dan cuenta del desarrollo decimonónico del espacio".

Cinco años lleva cerrado  el museo bajo la Plaza Sotomayor por daños  en su acceso.


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domingo, 1 de abril de 2012

La legendaria cinta de Jodorowsky "EL TOPO" se convertirá en novela gráfica

por:  La Segunda
viernes, 30 de marzo de 2012


La primera cinta de culto y favorita de John Lennon se transformará en diálogo y viñetas de la mano de un equipo de jóvenes chilenos, comandados por Cristián Valenzuela.



Jodorowsky y Cristián Valenzuela, editor del proyecto. Tiene 23 años, estudia diseño gráfico y dirige una revista.


La película "El topo", de Alejandro Jodorowsky, desde su estreno en 1970 pasó a la historia por ser llamada "la primera película de culto", con funciones todas las noches, fanáticos interpretando las escenas de este particular western y la bendición del mismísimo John Lennon.

  Una cinta que se convertirá en una novela gráfica a cargo de Cristián Valenzuela en la edición y producción, Juan Vásquez en dibujo y Vicente Plaza en guión. Realizadores jóvenes que esperan trasladar todo el delirio del filme a los códigos de la novela gráfica, un género en alza en nuestro país.
Valenzuela tiene 23 años, estudia diseño gráfico en la Diego Portales y dirige la revista Blanco Experimental (www.blancoexperimental.com)

"Encontramos fascinante la idea de adaptar una cinta tan metafórica, onírica y surrealista como lo es "El Topo", que inclusive en nuestros días sigue siendo considerada transgresora", explica Valenzuela.
Dice que la gracia de la pieza de Jodorowsky es que juega con el azar, la negación de la belleza como valor estético esencial y el desfile -y fusión- de simbolismos, algo que plantea un juego de exigencias con el espectador.

"No entendí nada, pero me fascinó"
"Recuerdo la primera vez que la vi y dije: «No entendí nada, pero me fascinó». Sentí que acababa de observar una película que mi consciente no entendió, pero que mi mente inconsciente deseaba descifrar".

La obra cuenta con el apoyo del Consejo de la Cultura, se encuentra en proceso de estudio de la filmografía de Jodorowsky. "Estamos investigando las metáforas que se muestran en sus películas y a la vez realizando pruebas y correcciones de guión, lo que durará aproximadamente 2 meses, para luego dar paso al dibujo", explica el editor.

Un filme "sagrado, iniciático"
El entrevistado recuerda una entrevista, donde Jodorowsky decía que con "El topo" buscaba hacer un filme "sagrado, iniciático", capaz de cambiar la humanidad, iluminar al público y convertirse en una experiencia más radical que cualquier droga.

"Esa es la visión que estamos emulando con este proyecto; no se tratara de una copia cuadro a cuadro de la pieza audiovisual, sino que será una reinterpretación bastante ambiciosa. Nos estamos tomando este proyecto muy en serio".

Para el ministro de Cultura, Luciano Cruz-Coke, "el eje narrativo de «El Topo» le permite ser transformada en novela, en película, en libro, en programa de software. Incluso en música, superando lenguajes específicos y conectándose con audiencias más diversas".

Para él, la llegada de su obra a la novela gráfica "no sólo la enriquece sino que la instala como ejemplo del amplio espectro de posibilidades que una obra tiene y de sus alternativas de trascender los formatos

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El Topo (1971)

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Sobrevivientes - En los muros de ocho teatros de Santiago aún se conserva el recuerdo de los actores que dejaron parte de sí en las tablas.

           
   

Texto, Jimmy Gavilán Y. Fotografías, Carla Pinilla G. y María Ignacia Concha






























TEATRO PARQUE COUSIÑO
"MUNICIPAL CHICO"

Mario Contreras, geógrafo, siempre quiso tener un teatro y, cuando supo sobre el estado del Teatro Parque Cousiño, vendió su casa de Ñuñoa y se hizo cargo de él.

En 2008 el ex Humoresque o Teatro Parque Cousiño no tenía camarines, la pintura estaba deteriorada y lo único que se mantenía era la obra gruesa, que evidenciaba su calidad y su estilo, el cual es comparable con el Teatro Municipal, según Contreras.

Junto con los vecinos del lugar presentaron un proyecto al Consejo de la Cultura y hoy tienen un Fondart de más de ocho millones de pesos para investigar sobre su arquitectura y postularlo como Monumento Histórico.

El edificio está emplazado en San Ignacio de Loyola 1249, en el barrio Viel (declarado como Zona Típica en 2009) y fue construido por el arquitecto Horacio Guzmán en la primera mitad del siglo XX. Formó parte del Parque Cousiño y tiene capacidad para 350 personas.




















































TEATRO CARRERA
EL PRIMER CINE SONORO

Mientras la mítica discoteque que marcó a una parte de la generación adolescente del 2000 permanece cerrada, en el hall de acceso se prepara la inauguración -en la primera quincena de abril- del restaurante que lleva el mismo nombre: Teatro Carrera.

Declarado Monumento Histórico en 1989, el edificio es de estilo neoclásico y, además, mezcla distintos elementos del románico y del barroco francés. Víctor Clavero Sepúlveda es el arrendatario desde hace tres años. Él reparó los interiores y la fachada, mantuvo el piso de mármol italiano y los tonos blanco, dorado y café originales. Sólo agregó algo de rojo.

El edificio fue el primer teatro creado para exhibir cine sonoro en Chile e inició sus funciones en 1927 con el film "Te acordarás de mí" . Los arquitectos Gustavo Monckeberg y José Aracena levantaron sus cuatro pisos en los jardines del antiguo Palacio Concha Cazotte.

Hoy, el acceso de calle Maturana ¬-que por años mantuvo el negro y el amarillo- ya no está, y en su lugar, en medio de dos faroles, una hoja de papel impresa adorna las murallas: "Vecino esto no es basurero".






















TEATRO NOVEDADES
EN UN BARRIO EN ALZA

La migración de las clases acomodadas desde el barrio Yungay a la zona oriente de Santiago dejó un hálito de abandono en el sector que bordea a la calle Cueto. Aunque de eso ya son bastantes años y el actual resurgimiento de este barrio trajo consigo un plan que podría recuperar al Teatro Novedades. En noviembre del año pasado, el Consejo de Monumentos Nacionales acogió un proyecto de la Corporación para el Desarrollo de Santiago (CORDESAN) para refaccionar el edificio, aunque en la Municipalidad de Santiago no están seguros de que se materialice ni de que se lleven a cabo obras sobre este teatro, el cual data de 1908 y que tiene parte de su segundo y tercer piso clausurados.

La fachada actual es de su reconstrucción en 1929 - tras un incendio- y fue un lugar de encuentro para figuras como Joaquín Prieto y Eusebio Lillo. Es administrado por la CORDESAN y sus primeros propietarios fueron los integrantes del Círculo Español en los años 20, en la época de las zarzuelas y del cine mudo.



























TEATRO ORIENTE
CINE, BANCO Y ACCIÓN

En los pisos superiores todavía se conservan los proyectores que se usaron en los años 30 y en el subterráneo, las puertas de las bóvedas bancarias siguen teniendo sus rasgos originales: una cuarta de grosor y la placa de fabricación de Máximo Bash.

El Teatro Oriente fue primero una sala de cine y -con las butacas arrancadas- luego, una sucursal del Banco de Chile. Es una construcción de 4000 m2 y sus tres pisos están en la calle Pedro de Valdivia.

De estilo neoclásico francés, se construyó en 1933 y comenzó a usarse en 1935 como sala de cine para aproximadamente 1200 personas. En la actualidad, tres son las entidades responsables: el Consejo Nacional de la Cultura y las Artes, la productora Fénix Entertainment Group y el Centro Cultural Mori. Puede ser utilizado para eventos masivos, por su gran capacidad, y no ha sido remodelado -exhaustivamente- en los últimos años. Sólo se repara cuando se necesita.







SALA ANTONIO VARAS
TEATRO UNIVERSITARIO

Se pensó como sala de cine, pero jamás fue usada como tal. La Sala Antonio Varas (Morandé 25), construida en 1941, se arrendó al Teatro Experimental de la Universidad de Chile impidiendo su estreno como Sala Persa, nombre al que aluden los murales del recibidor.

Con la dirección de Pedro de la Barra y de José Morales, abrió sus puertas el 22 de junio de 1941 con "Ligazón" de Ramón de Valle Inclán y "La Guardia cuidadosa" de Miguel de Cervantes y Saavedra.

El mito popular dice que está construido sobre bolones de acero, lo cual sigue sustentándose por la resistencia que ha tenido a los terremotos. Fue diseñado junto con el edificio Banco del Estado de Chile y otras tiendas comerciales.

La entrega del Fondart de 2008 le brindó a la compañía Teatro Nacional Chileno el financiamiento para que se repararan las 420 butacas del teatro y la grifería de los baños públicos.

TEATRO CARIOLA
A LA ITALIANA

En el recibidor del Teatro Cariola, las placas conmemorativas lucen colgadas de los muros. El inmueble ubicado en calle San Diego es de propiedad de la Sociedad de Autores Teatrales de Chile (SATCH) y su construcción se terminó el 10 de febrero de 1954, bajo la presidencia de Carlos Cariola.

Es un teatro a la italiana por sus palcos, la inclinación de la platea y la fosa destinada a la orquesta. Además, en sus inicios fue pensado como "caja negra", cuando el escenario está completamente oscuro.

Hace ocho años retapizaron las butacas y hace cinco cambiaron el telón de boca y el portón de la calle. También se modernizó la iluminación. Ahora no están realizando ninguna actividad cultural propia, pero permanece abierto para que los artistas presenten proyectos autónomos.

Para el 2012 el Teatro Cariola está gestionando dos propuestas: espera la resolución del Consejo de Monumentos Nacionales para que se declare patrimonio histórico y se estudia una alianza con privados para modernizarlo.

TEATRO HUEMUL
VOLVER A SER UN HITO

En la calle Biobío número 1377 se ubica el Teatro Huemul, de estilo victoriano y testigo, por ejemplo, del trabajo de compañías como la de María Cánepa en los 80. Está en medio del barrio Franklin y fue construido entre los años 1914 y 1917 para la celebración del Centenario de Chile, además de ser uno de los escenarios políticos de la campaña del No en el plebiscito de 1988.

Tras el terremoto de 2010 Luis Marchant se asoció con Matías Acuña para devolverle la vida al teatro, una construcción hecha con bloques de cemento traídos de Portland, planchas y clavos de Liverpool, y decorado con Palmeras de las Islas Canarias.

Hoy, Marchant y Acuña están en el proceso de su compra - al Arzobispado de Santiago- y desarrollan un plan de negocios para que el teatro pueda seguir funcionando: trabajan con eventos de grandes marcas y promueven actividades para que funcione como centro cultural.

TEATRO LIBERTAD
OTRO USO

Si uno digita www.alar.cl, la imagen de un rinoceronte aparece junto con "aluminios para la construcción". Tanto el animal como el eslogan forman parte de la vida actual del Teatro Libertad, que ahora acoge una actividad comercial.

Ubicado en la calle Vivaceta, sus últimos años estuvieron marcados por la presencia del credo evangélico, que lo usó como iglesia y, desde el 2005 es ocupado por esta empresa, quienes conservaron el cielo falso, el suelo y el escenario. Además mantuvieron la obra gruesa para aprovechar la altura del espacio, ya que la necesitan para distribuir sus largos materiales. Alar dejó intacta la fachada y sólo la marcó con el logotipo que la caracteriza, el rinoceronte.

Texto, Jimmy Gavilán Y. Fotografías, Carla Pinilla G. y María Ignacia Concha.
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Lista restauración de casona de Ninhue donde nació Prat

Hacienda San Agustín de Puñual de Ninhue, dañada el 27-F:

Inmueble del siglo XVIII y Monumento Histórico desde 1968 se desnudó entero para rehabilitarlo con materiales de la época.  



FABIÁN ÁLVAREZ 
El sismo 7,0° Richter que se registró el pasado domingo en la zona centro sur fue la prueba de fuego para las labores de restauración post 27-F de la Hacienda San Agustín de Puñual de Ninhue (Región del Biobío), cuna de Arturo Prat. El fuerte temblor no produjo ni una grieta en la casona de adobe, cuya  rehabilitación está en un 98% terminada.

No fue una tarea fácil lograr que este inmueble, donde el héroe naval nació el 3 de abril de 1848 y declarado Monumento Histórico en 1968, pueda resistir este tipo de sismos, y hasta otros mayores. Se invirtieron $360 millones -aportados por la minera BHP Billiton Pampa Norte- para reparar con técnicas antisísmicas los daños del terremoto de 2010, el que por fortuna no dejó fallas estructurales.

Para esta tarea, la casona patronal de mediados del siglo XVIII fue desnudada entera. Se removieron 5 mil m {+2} de estucos, se puso una malla metálica por ambos lados de los muros para darles resistencia y se agregó un nuevo estuco de guano, arena y barro; se desarmó el techo entero para reforzar el entablado y vigas; se cambiaron 1.200 pulgadas de maderos; se reinstalaron 22 mil tejas (traídas de otras zonas "terremoteadas") y se construyeron 170 m {+2} de nuevos pisos de piedra en los accesos.

La intervención fue tan ajustada a la forma de construir de la época, que incluso el barro y la paja fueron pateados por caballos para la mezcla del adobe. En uno de los muros del inmueble, de 2.188 m {+2} , se dejaron cuadrículas que testimonian el proceso de restauración.

Sólo falta terminar de pintar con esmalte al agua por dentro, y una mezcla de cal y látex por fuera, para darle la apariencia original. En tres semanas más, la oficina de arquitectura Raúl Irarrázabal y Asociados entregará esta rehabilitación a la Corporación Patrimonio Cultural de Chile, gestora del trabajo iniciado el 15 de noviembre pasado.

Reapertura
Aunque la restauración está prácticamente lista, habrá que esperar al menos un año para que el Museo Santuario en honor a Prat reabra al público. Ahora viene la etapa de instalar los tesoros del inmueble en vitrinas y con iluminación especial.

Los muebles y documentos de la época, como el cuaderno de apuntes en la Escuela Naval de Prat, donde escribió cómo realizar los abordajes, permanecen embalados en una bodega y un contenedor aledaños a la casona.


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