miércoles, 4 de abril de 2012

Las costumbres, la moda y el glamour a principios del siglo XX: Ahumada, epicentro de la vida social santiaguina

Domingo 19 de Septiembre de 2010



Entre los años 1920 y 1970, esta calle fue la pasarela obligada de cada mañana, el centro de la actividad comercial y social, que giró por largo tiempo en función al edificio del Banco de Chile. En ella se encontraban los mejores restaurantes y cafés, las tiendas más elegantes y los más distinguidos representantes de las familias chilenas. Lo recuerdan algunos de sus protagonistas.  
VERÓNICA MATTE LIRA y M. DE LOS ÁNGELES COVARRUBIAS C. "Botica", "biógrafo", "boite", "trajines", son términos que a las generaciones jóvenes prácticamente no les dicen nada. Para quienes atesoran en la memoria sus andares por la calle Ahumada durante las primeras décadas del siglo XX, ellos significan mucho más que su tenor literal; y otros, como "Waldorf", "La Novia", "Café Santos" y "Crillón", los hacen suspirar.

Ahumada fue hasta los años '70 "la emblemática calle santiaguina, en cuyas escasas cuatro cuadras circulaban los que allí trabajaban, los que querían mirar y los que querían ser vistos", recuerda la historiadora Regina Claro. Era "la calle" del centro de Santiago.

"Comenzar en la Plaza de Armas y salir a la Alameda frente a la Universidad de Chile daba a Ahumada mucha importancia", sostiene el historiador Julio Retamal.

De acuerdo a lo que explica Armando de Ramón en el libro "Santiago de Chile", con la remodelación de la Alameda en los años veinte, esta tradicional avenida fue perdiendo su encanto, y la vida comercial y social se fue trasladando a Ahumada.

Retamal dice que la calle mantuvo su esplendor hasta los años 60. A partir de entonces, la gente se fue a vivir más al oriente de Santiago. Sin embargo, la calle mantuvo su lugar en el corazón de los fieles capitalinos. En 1970, cuando resultó electo Presidente don Salvador Allende, le preguntaron a Leonidas Larraín Vial, corredor de Bolsa y uno de los fundadores de Larraín Vial, si pensaba irse de Chile, a lo que sin vacilar respondió: "¡Nunca! ¡No podría vivir sin mi paseo diario por la calle Ahumada!".

 Más de una historia detrás de las puertas del Crillón

Fue uno de los grandes protagonistas de la vida social santiaguina del siglo XX. Originalmente, la residencia de la aristocrática familia Larraín García Moreno, el grandioso edificio que data de 1919, hospedó a personalidades como Dwight Eisenhower, Clark Gable y Cantinflas. En sus modernos y elegantes salones alternaban sofisticadas señoras, políticos, hombres de negocios y escritores. A estos recintos podían entrar señoras, pero al exclusivo bar del hotel ingresaban sólo hombres. Aquellos "amigos conocidos" que en una suerte de pacto social tácito excluían a todo aquel que no perteneciera al grupo.

Glamour y pasión se vivieron allí: María Luisa Bombal, abrumada por el desamor, protagonizó una de las historias más dramáticas del Crillón, al disparar tres tiros a su amante. Más tarde, otra celosa escritora, María Carolina Geel, mató a balazos a su amante. (Ver página 12).

Nadie dejó de ir a "Los Gobelinos"Oriundo de Astorga, España, Severiano García Carro llegó a Chile a los 18 años. Vislumbró en la sociedad chilena un potencial para prendas finas de vestir, ropa interior, zapatería, menaje y modernos juguetes. "Los Gobelinos" abrió sus puertas el 11 de septiembre de 1935 e hizo historia en Ahumada esquina de Compañía.

El entrepiso, decorado en estilo francés, era la sección de vestuario femenino, sector del que don Severiano se preocupaba especialmente. "Admiré mucho a mi abuelo, tenía un gusto innato, fue pionero en organizar desfiles de moda. En los años 50 estrenó en sociedad la marca Christian Dior, lo que causó sensación", recuerda su nieta María Trinidad García Moreno.

La temporada de Navidad se iniciaba con un original espectáculo: el arribo a Los Cerrillos del Viejo Pascuero en persona, en la hoy legendaria aerolínea Panagra. Con gran expectación de niños y adultos, el viajero se subía a un auto que lo llevaba a la tienda para atender los deseos de los ansiosos pequeños.

María Trinidad García no olvida el impacto que le causaba ver al Viejo Pascuero descendiendo del avión. Aún guarda el disfraz que cada año usan sus hijos para ilusionar a los más pequeños de la familia.

"Los Gobelinos" cerró en 1978.

De barrio tradicional a corazón del comercio

Conservando su nombre desde la Colonia hasta hoy, antes de convertirse en paseo, Ahumada vio transitar carretones con caballos, tranvías, golondrinas (carros de mudanzas) y automóviles. Fue testigo de animadas conversaciones, de flirteos, negocios y de historias que siguen guardadas celosamente en el anecdotario social. Las grandes residencias de prominentes familias como los Edwards Mac Clure, De Torres, Matte, Cruz Montt, Alessandri, Fernández Concha, le imprimieron el estilo europeo y con el tiempo fueron reemplazadas por edificios de oficinas con locales en sus plantas bajas, de reconocidos arquitectos como Alberto Siegel, Jorge Arteaga Icaza, Wenceslao Cousiño, Eduardo Knockaert, Alberto Cruz y Josué Smith.

Las tiendas que hicieron historia

De todo había en Ahumada: tintorería, librería, imprenta, joyería, armerías, ferretería, botillería, bancos. La "Botica El Indio" era toda una institución en la esquina con Alameda. Las señoras que, siguiendo las costumbres de la época, prácticamente no tomaban alcohol, tenían "un secreto": pedían el "licor de Launeaux ", que vendido para el dolor de estómago les levantaba el ánimo sacándoles más de una sonrisa por su pícara composición. Para juguetes estaba la "Casa Hombo", que más adelante se mudó a Phillips. En Ahumada 354 atendía desde 1835 "Ex Jardell", la perfumería más antigua de Santiago. La firma "Curphey & CO" importaba dos objetos esenciales: máquinas de escribir y vitrolas. Espejos y marcos ofrecía la "Casa Adolfo Schlack"; plaqué, la Casa Hardy; y objetos de arte y artículos religiosos, Jean D'arc. Y por supuesto las sastrerías France, Inglesa y Falabella, cuya publicidad "Ahumada la calle de Falabella", en los 70, nadie olvida. Éstas, junto a las grandes tiendas que traían las últimas tendencias de la moda francesa, como la Ville de Nice y Los Gobelinos, hicieron de Ahumada un imperdible de la época.

Sin corbata no entra ni Louis Armstrong

En las veredas, confiterías y cafés se organizaban los programas para la noche. Desde 1949, ir a comer y a bailar al Waldorf era lo in, aunque el sitio también recibía un promedio de 250 personas a almorzar. Artistas mundialmente conocidos pisaron su escenario: Sarita Montiel, Paul Anka, The Platters, Malú Gatica y Cuco Sánchez, entre otros. De las anécdotas que se cuentan, es que se le negó la entrada nada menos que a Louis Armstrong, por no llevar corbata. Y otra: Felipe Herrera, ex ministro de Hacienda, presidente del Banco Central de Chile, fundador de Banco Interamericano de Desarrollo (BID), quería pagar con cheque. A pesar de que su firma iba estampada en todos los billetes de la época, ¡le pidieron la cédula de identidad!

La mejor hora para dejarse ver en las escalinatas del Banco de Chile

Se iba al centro en la mañana de lunes a sábado, que hasta los años 40 era un día laboral. Los caballeros iban a los tribunales, a la Bolsa, a los bancos, a la sastrería, a cortarse el pelo. Las señoras vitrineaban, compraban remedios en la botica, se encontraban con amigas, entraban a "Otero" a ver géneros. Si no tenían ningún "trajín" que hacer, iban a darse una vuelta. Ahumada era una calle llena de vida.

Resonaba desde el cerro Santa Lucía el cañonazo de las 12.

"Era la mejor hora del centro, donde la santiaguina lucía", señala Oreste Plath en su libro "El Santiago que se fue". Sentadores abrigos, coquetos sombreros, guantes de cabritilla, zapatos de taco alto y hasta líneas dibujadas con mucha perfección a lo largo de la pierna para que pareciera que llevaban medias -que por entonces eran difíciles de conseguir- eran parte de la moda de la época. Las señoritas en edad de debutar en sociedad iban a dejarse ver frente a las escalinatas del Banco de Chile, el principal edificio de calle Ahumada, construido en 1925 por Alberto Siegel. "Su escalera era para mirar niñas, ser vistos, ser presentados. Todo pasaba ahí hasta 1960", señala Miguel Laborde.

Los inolvidables "tapaditos" de "La Novia"

A mediodía se abría también el apetito y todas las opciones eran tentadoras. Magdalena Cruz Covarrubias, quien trabajó en "La Novia", recuerda que le costaba decidirse entre una medialuna del "Lucerna" o los sándwiches tapados de "La Novia". Eso, antes de que se casara con Fernando Sahli, ¡hijo del dueño de La Novia! No olvida a su suegra, Berta Natermann, preparando y supervisando cada detalle.

Respecto a las exquisiteses de ese local, no hay discrepancias. Arturo Alessandri Besa, abogado y ex senador, también tiene estupendos recuerdos: "Cuando estudiaba en la Escuela de Derecho en la Universidad de Chile, me iba en bicicleta y hacía un alto ahí para comer un sándwich". Otras veces también llegada a la calle Ahumada en el carro 17 que tomaba en Echaurren esquina de Domeyko.

Cuando se estaba acostumbrando la clientela a sus emparedados de ave que todos recuerdan, pero que en realidad eran de pavo (y a sus deliciosas pastillas "besitos"), vinieron las picotas y terminaron con el edificio en el cual atendía "La Novia". La familia Sahli tomó entonces la concesión del Hotel Crillón, a donde se mudaron cocineros, utensilios y recetas. Para los caprichosos gourmets , sin embargo, los tapados de pavo ya no eran lo mismo.

Todo el encanto europeo... en pleno Portal Fernández Concha

Otra estupenda opción para deleitar el paladar era el "Chez Henry", en el Portal Fernández Concha. El chef francés Henry, después de haber trabajado varios años con la familia Cousiño, instaló en 1924 un exclusivo restaurante donde se podían probar elaboradas salsas, caracoles y paté maison . El hito de entrada a la calle Ahumada era el Portal Fernández Concha. Su construcción original, de 1577, sufrió terremotos, incendios y remodelaciones. Reconstruido en 1870, en su segundo piso se instaló el Hotel Inglés. Connotados huéspedes, como el escritor argentino Domingo Faustino Sarmiento, aprovecharon el moderno adelanto: la luz eléctrica en todas sus habitaciones.

Otro panorama era ir al biógrafo a ver las últimas películas llegadas de Europa. A algunos de ellos se accedía por portales y pasajes como el Matte, Bulnes y Unión Central.

El "Lucerna": de día dulcería, de noche un lugar para cantar y bailar

Para aquellos que ya han pasado las siete décadas de vida, el "Lucerna" fue otro lugar inolvidable. En el número 262 de Ahumada, desde 1932 ofrecía sus medias lunas de ave y vino añejo. De día era dulcería, pastelería, rotisería. Al atardecer, atractivos eran los aperitivos danzantes en que se rifaban mantones de Manila y champagne francés. De noche, una concurrida boite memorable por sus números de canto y baile. Ignacio Domeyko Bulnes, abogado, hace recuerdos del conjunto español de las Hermanas García que, sostiene, eran muy simpáticas y buenas mozas. En 1945, una de ellas era novia de "Fernandito", campeón de boxeo y héroe popular, quien las esperaba a ellas y a su madre todas las noches en la puerta del local. En 1949, un incendio arrasó con la fama de las García, las medias lunas y las vivencias del "Lucerna".

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Calle Ahumada en 1958

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Las estrellas que visitaron el Rex



Esplendor como sala de espectáculos y luego como cine tuvo el antiguo Rex, en nuestros días convertido en el primer complejo en Chile de la compañía Hoyts. Esplendor porque por allí pasaron nombres como los de Louis Armstrong, Marlene Dietrich, Maurice Chevalier, Nat King Cole, Joan Manuel Serrat y Sara Montiel. Fotos: El Mercurio | actualizado el 20/09/2010

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