lunes, 30 de abril de 2012

Las casas art decó y Bauhaus de Ñuñoa

LA TERCERA EDICION IMPRESA |
sábado 28 de abril de 2012
Dos cuadras al norte del Estadio Nacional hay viviendas estilo barco, con balcones redondos y sostenidas por pilares.
por Paulina Cabrera


EN las calles Suárez Mujica y Crescente Errázuriz, dos cuadras al norte del Estadio Nacional, en Ñuñoa, emergen casas con balcones redondeados y pequeñas ventanas circulares. Algunas mejor mantenidas que otras, evocan la forma de un barco, símbolo característico de la arquitectura moderna.
Parte de la clase media emergente de los años 40 buscaba distinguirse del resto con diseños vanguardistas.

“Por ser un barrio progresista se buscaba un sello de modernidad. No se quería una casa representativamente burguesa, sino una con la modernidad apropiada para el nuevo burgués de Ñuñoa, de una clase más intelectual”, explica Oscar Ríos, arquitecto y profesor de la Universidad Diego Portales.

Los nuevos habitantes que llegaron a este sector después de la construcción del Estadio Nacional en 1938 edificaron viviendas más atrevidas que poco tenían que ver con las mansiones tipo castillo de la aristocracia local. “Los recién llegados provenían de calle Ejército y República”, indica Carlos Frías, director de Obras de la Municipalidad de Ñuñoa.


Chrysler Building by David Shankbone.jpg
Edificio Chrysler de Nueva York
Así, llegaba a Chile el art decó que saltó a la fama en París en 1925 y encontró cinco años después su máxima expresión en el Edificio Chrysler de Nueva York, con su fachada escalonada que culminaba en una aguja. Acá arribó a través de formas redondeadas, balcones con barandas metálicas y ventanas ojo de buey, como las de una embarcación.

“El movimiento de arquitectura naval o steamboat refleja lo más avanzando de esa época, el barco, que es la gran novedad y el ícono máximo de lo moderno de ese entonces”, señala Ignacio Salinas, profesor de la Facultad de Arquitectura de la U. de Chile.

Se trata de viviendas transitables por los costados, con jardines y aprovechamiento de la luz natural. En las residencias art decó de dos pisos se enfatiza una línea vertical en su diseño. Exteriormente se ve un largo ventanal con bloques de vidrios -que dejan pasar el sol, pero que no son totalmente transparentes-, mientras que interiormente la escalera también tiene forma curva.

Otra característica de este estilo son los pisos cuadriculados de los baños y la cocina. Una simulación de una mesa de ajedrez en blanco y negro. En los casos más puros de esta arquitectura, se logran ver, incluso, líneas decorativas en la fachada y formas geométricas que se asemejan a una pirámide escalonada.

El barrio residencial que se ubica a pasos del Estadio Nacional no sólo tiene la marca art decó, también posee elementos de un estilo anterior, el Bauhaus.

En 1919, el arquitecto y urbanista Walter Gropius fundó en Alemania esta escuela de diseño que reclutó lo mejor de la vanguardia del momento. Se trata de construcciones con forma de bloques geométricos puros, muchas veces sostenidos por pilares.

Es una arquitectura racional, limpia, sencilla y con volúmenes desprovistos de decoración. “Todo refleja funcionalidad, porque la Bauhaus nace como una forma de enfrentar la era industrial manteniendo las terminaciones artesanales”, señala Oscar Ríos. Y agrega: “Las casas pueden tener balcones redondos o cuadrados, pero es un estilo más serio y simple. No hay rebuscamiento formal”.

Este tipo de viviendas también tiene barandas de metal tipo barco y ventanas pequeñas y curvas. Sin embargo, resaltan por sus formas más rectas y sus bloques modulares, donde cada unidad tiene una función.

“Estos diseños tienen mucho de la arquitectura industrial y se busca dejar a la vista el material, no recubierto, pero sí pintado de blanco”, indica el arquitecto.

También pueden tener cuadriculado el suelo de los baños y la cocina. Sin embargo, uno de sus elementos distintivos son las esquinas transformadas en ventanas de dos pisos. Un aporte del diseño a la transparencia del inmueble. De la industria tomaron diseños con líneas rectas, además de estos ventanales, que servían como solución económica (y estética) para la entrada de luz. Así, la modernidad arribaba a Santiago de la mano de una clase media emergente con ansias de progreso.                                                                                                

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