sábado, 6 de marzo de 2010

16 testimonios del mundo de la cultura

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sábado 6 de marzo de 2010

Son artistas, escritores y músicos chilenos de trayectoria. Hace una semana, al igual que el resto del país, sintieron cómo el suelo se movía bajo sus pies: aquí cuentan cómo lo vivieron y qué reflexionan frente a la catástrofe.

Mario Irarrázabal (escultor, 1940):

El magma de la miseria humana.

"Siento una vergüenza muy grande por el magma de miseria humana que ha surgido con esta ola de asaltos y pillaje en nuestro país. Es muy duro comprobar que hay mucho resentimiento adentro y que aflora en ocasiones como ésta", manifiesta. Respecto del terremoto mismo, no sufrió nada grave, sin embargo, muchas de sus esculturas se rompieron. "Afortunadamente el bronce se puede reparar", recalca. Él se ha dedicado a llamar a todos quienes poseen obra suya para verificar su estado. Además, está muy afectado porque José Vicente Gajardo, que tiene su taller en Doñihue, perdió numerosas esculturas.

José Balmes (pintor, 1927):

En centenaria casa

de adobe ñuñoína.

Apenas el descascaramiento de algunas murallas", eso sufrió su casa. "Es que la estructura está construida en roble, es muy resistente", exclama. La casa de los Balmes/Barrios, en un arbolado y amplio terreno, constituye un universo cultural donde esta pareja tiene además sus talleres. En medio siglo el barrio ha ido cambiando y, al frente, hoy se yergue una gran edificio "donde la gente se quedó aislada. Yo he vivido tantos terremotos en mi vida privada, los de la guerra, los de los exilios...Uno ya está curtido y toma las cosas con más calma", concluye.

Fernando Marcos (muralista, 1919):

"Chile se levantará como

tantas veces lo ha hecho".

"Fue terrible. Un impacto que estremeció brutalmente a Chile. Afortunadamente sólo sufrí daños materiales, como en mi colección de cerámica de Luis Guzmán con piezas de Bolivia y Perú. También sentí cómo se caían los murales de cerámica que tengo afuera. Esta catástrofe podría compararla con la de Chillán. Ahí, a pesar de morir 30 mil personas, fue enaltecedora la reacción de la comunidad. Yo participé organizando una caravana para recolectar alimentos. Ese espíritu lo tengo muy presente, palpé muy bien la hermandad nacional. Hoy día, en cambio, la veo desarticulada: de esa época no recuerdo tanto saqueo. El impacto reciente ha sido violentísimo. Hay que tener presente que Chile se levantará como tantas veces lo ha hecho".

Tatiana Álamos (artista, 1935):

"En Constitución estaba mi historia".

Todavía está impactada y con el alma en un hilo, dice esta creadora que pasó el terremoto en Constitución. Afortunadamente quedó ilesa, aunque asegura: "Durante esos dos minutos sentí fuerte la muerte, creí que iba a morir ahí mismo". En Santiago, su casa estuvo abierta durante varios días para recibir donaciones que llevará, con su hijo, a la zona: "Quiero quedarme allá inyectando alegría". Y mientras cuenta esto, muestra todos sus tesoros de Constitución: fotos, cartas, libros y múltiples recuerdos que guarda en una cajita. "En este pueblo estaba mi historia y ahora quedó en el suelo", lamenta.

Hugo Marín (artista, 1929):

"Oír a la naturaleza".

"Ésta es una sacudida a la conciencia colectiva de nuestro sistema nervioso vertical, con océanos y cordillera, pero tenemos que tomar en cuenta que aquí el sol llega a despertar nuestras neuronas más atrasadas del tiempo cósmico. Yo viví el terremoto justo cuando venía de trabajar en un mural hecho de adobe en Illapel. Eso fue como una premonición, un homenaje al adobe, porque mucho de lo que se destruyó ahora era de ese material. Aquí, es muy fuerte la pérdida del patrimonio. Es tan enorme el espacio que ha sido devastado por esta catástrofe. Qué remezón para la conciencia colectiva oír a la naturaleza".

Claudio Di Girolamo (artista, 1929):

"La cercanía afectiva".

"Desde el de Valdivia, los he vivido todos, pero éste fue feroz. Fueron los dos minutos más largos de mi vida: estábamos en la casa de mi hija Claudia en Tunquén, que está hecha sobre pilotes de madera junto a un barranco. Pero, por la edad, sé que el ser humano tiene la posibilidad de reponerse, pero necesita la cercanía afectiva de todos. Por favor, reflexionemos qué tenemos como chilenos. Claro que sale a flote la maldad, pero también solidaridad. Recuerdo una misa, encabezada por Mariano Puga, en La Legua. Cuando venía el ofertorio llegó un niñito y abrió su mano para ofrecer un puñado de porotos, lo que él tenía. Ése es un gran ejemplo, hoy debemos dar todo lo que podamos".

Ximena Cristi (pintora, 1920):

"Vivir en la incertidumbre".

"No desperté hasta el final, así que lo noté menos que el de 1985. En catástrofes como ésta, uno siente con mucha más fuerza que la vida no es eterna, es precaria e inestable. En este país estamos acostumbrados a vivir en la incertidumbre, desde niño uno ha vivido situaciones así. Cuando yo tenía unos siete años, un gran terremoto sacudió Talca y todavía recuerdo lo fuerte que se sintió en Santiago. Las impresiones infantiles quedan grabadas a fuego con una sensación de desamparo. A mí lo único que me pasó fue que la inauguración de la muestra que tendré en el MAC Parque Forestal se postergó. Eso es un detalle solucionable, la desgracia verdadera es cuando se pierde una vida humana".

Sylvia Soublette (compositora, 1923):

"No queremos la belleza".

"Después del terremoto del 85, quedé con la idea de que por estos días siempre se produciría uno; por eso no me tomó tan desprevenida. Acá mi departamento se movió como un barco y la verdad, nunca me imaginé los devastadores efectos. Ahora me duele la negatividad de los chilenos, que en vez de condolerse con el dolor, de dar amor y preocuparse por el prójimo, buscan culpables. También me duele la destrucción del patrimonio, de las iglesias. Nos estamos convirtiendo en ciudades llenas de torres, impersonales, sin alma. He vivido en Italia, y ahí hay planes reguladores donde se explicita que se debe construir a cierta altura. Pero aquí no amamos la belleza".

Fernando García (compositor, 1930):

"Somos muy individualistas".

"Lo viví como tenía como vivirlo. Mi departamento del noveno piso, en el centro, se movió como una coctelera. Terremoto o no terremoto, igual uno se va morir, por eso a mis 80 años lo sufrí con un espíritu calmo. El terremoto ha desnudado lo peor de nosotros: somos una sociedad enferma, individualista, donde el hombre es secundario, donde los saqueos son el ejemplo de la ganancia y el dinero sin límites, pero también un símbolo del desamparo frente a un Estado que llega tarde con la ayuda. La sociedad chilena está totalmente desorganizada".

Armando Uribe (poeta, 1933):

"Una lección que recibimos los chilenos".

"Estaba en cama acostado y no me moví, pese a que siempre le he tenido mucho pánico a los temblores. Pero ahora no. Será la edad, y la idea que tengo hace años de que para mí ya está bueno seguir viviendo. No tuve ningún temor. Fue un movimiento desarticulado, se producía con una geometría disparatada. Fue como si subterráneamente hubiera un gigante con Parkinson. Lo hemos vivido como un tremendo acontecimiento del inconsciente colectivo chileno. Porque ha sido muy difícil para todos racionalizar el fenómeno y sus consecuencias. Es la más tremenda experiencia de la naturaleza que he tenido en la vida, y es una lección que recibimos los chilenos de que la muerte está siempre pendiente de todos los seres vivos y sus obras. Uno se siente como si fuera una cosa".

Poli Délano (escritor, 1936):

"Esto me deprimió mucho".

"Estoy convaleciente de una operación. Me senté en la cama y esperé lo que viniera: no podía levantarme. No tuve grandes daños. Pero a esta tragedia se sumó el vandalismo. Un vandalismo que no es necesariamente motivado por la pobreza o la falta de alimento. Me pareció que hay una falta de moral. Una gran caída con respecto a cómo la gente reaccionaba antes. Se ha perdido mucho el sentido de solidaridad que existe en otras partes. Siempre me ha preocupado el tema de los terremotos, porque Chile es un país sísmico, y en varios cuentos y novelas mías aparecen temblores. De hecho estoy terminando una novela en la que aparecen unas escenas bastantes tenebrosas del terremoto de Valdivia".

Lucho Córdova (baterista, 1921):

Cinco terremotos encima.

"¿Qué cuántos terremotos he vivido? Me dicen que todos". El baterista de jazz tiene 88 años, por lo tanto acredita un registro telúrico casi inigualable. "Tenía 18 y estaba en Cartagena para el terremoto de Chillán de 1939. Se sintió muy fuerte. Para el de Valdivia del 60... Si ahora las comunicaciones son malas imagínate hace 50 años. No sospechábamos el alcance del desastre", recuerda. La madrugada del sábado, ni siquiera se levantó de su cama: "Me despedí de mi mujer porque se nos caía todo el edificio encima. Pero aquí estamos".

Pepe Hosiasson (jazzista, 1931):

Ocho mil discos intactos.

En el segundo piso de la casa de este pianista y crítico de jazz descansan 84 mil obras recopiladas en más de ocho mil discos. Ninguno de ellos salió dañado. "Lo extraño fue que cuando regresó la electricidad mi tocadiscos nunca más paró de girar", cuenta. "Cuando desperté me imaginé que estaba en un botecito en un océano en medio de la tempestad. Con la cantidad de edificios que se levantaron en los últimos cinco años que sólo haya unos cuantos en peligro me parece que habla bien de nuestra legislación".

Valentín Trujillo (pianista, 1933):

Una pala y un sombrero.

Ninguno de los cinco hermanos Trujillo había arrancado nunca de un terremoto. "Eso lo enseñó mi padre. Mantener la calma siempre ha sido una costumbre para mí. Mi señora fue la que quiso agilizar las cosas, aunque en mi casa tampoco había por dónde salir arrancando", relata el famoso pianista, quien participa en la cruzada "Chile ayuda a Chile". "El piano de la casa, que pertenecía al maestro Francisco Flores del Campo, no sufrió ningún daño. Ahí estoy preparando ahora una canción para esta noche (ayer): 'Una pala y un sombrero', de Gervasio. Va a ser el homenaje musical a los chilenos en la reconstrucción del país", dice.

Gastón Soublette (musicólogo, 1927):

"El alma nacional".

"Se agrietaron dos muros de adobe y estuve varios días sin luz, pero hace bien no ver televisión. Como discípulo de Jung, se me ocurrió que todo acontecer tiene un paralelismo analógico con el acontecer síquico, ya sea individual o colectivo. Es bastante curioso que se diga en Chile que todo Presidente tiene su terremoto; efectivamente a cada Presidente le ha tocado un terremoto en una región distinta. Y me acordaba del terremoto con que inauguró su mandato Eduardo Frei Montalva. Y ahora que inicia Piñera, ya electo, hay un terremoto. ¿Que significarán estos terremotos desde el punto de vista síquico? Más que un movimiento telúrico, tiene que ver con el alma nacional. Estos remezones demuestran que algo anda muy mal en la conciencia nacional".

Margot Loyola (folclorista, 1918):

"Continuar bailando con la Patria".

"Lo viví como el peor de los terremotos. Su magnitud no tiene comparación con ningún otro. Hace algunos días había estado en el Maule, frente al río más hermoso de Chile, y lloré, como presintiendo esta catástrofe. El Pacífico se llevó todas las casas donde estuve cantando junto a su gente, frente a la desembocadura del Maule. En Chile siempre nos unimos en el dolor y en la muerte. ¡Ojalá que nuestras guitarras sigan ayudándonos a querernos y ser solidarios! Alcemos nuestra bandera y levantemos en alto nuestros pañuelos, para continuar bailando con la Patria".


Mario Irarrázabal y muchos escultores nacionales vieron sus obras dañadas por el terremoto. "Afortunadamente, todas son reparables", dice el artista respecto de las suyas.
Foto:MACARENA PÉREZ

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