sábado, 27 de marzo de 2010

PATRIMONIO CHILENO

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n° 361
sábado 27 de marzo 2010


Reportajes

La gran oportunidad




Las consecuencias del terremoto de febrero pasado aún resultan difíciles de cuantificar en términos patrimoniales. No sólo por el daño en construcciones emblemáticas del centro y sur de nuestro país, sino también por la realidad que develó. Una, cruzada por una ley desactualizada y carente de incentivos para la conservación patrimonial; por la falta de una normativa de construcción en adobe que sistematice su restauración y conservación y, por último, por la necesidad de generar políticas de estado. Es entonces el momento para replantear, crear y discutir. Es la oportunidad para el patrimonio chileno.
por: Constanza Almarza



La postal del Chile rural nace de estos pequeños poblados que se suceden entre la cordillera y el mar a lo largo del territorio. Algunos perdidos entre cerros y caminos de tierra, otros, emblemáticos, y más o menos conocidos por sus ilustres habitantes. También están aquellos en los que la sola presencia de un auto resulta un acontecimiento, y los vecinos reunidos frente a las fachadas de sus casonas de adobe se sientan a verlos pasar. Ahí, donde el imperio de la montura y el galope es casi ley, es justamente donde radica parte importante del patrimonio rural campesino de nuestro país. Es en pueblos construidos con barro y paja, fachadas continuas y tejas musleras donde se crea parte de la historia de la arquitectura nacional además de un legado de tradiciones que curiosamente poco se conocen. Hasta ahora.

Y es que la coyuntura también se presenta como una oportunidad. Primero, por la visibilidad que esta tragedia ha entregado a un recorrido patrimonial –actualmente con centro en la VI, VII y VIII regiones– poco acostumbrado a aparecer en diarios y noticiarios. Menos a ser tema del debate.

Por otro lado, se da la consideración cierta de trabajar en la evaluación de la Ley de Monumentos Nacionales y el planteamiento de generar políticas de estado que consideren al patrimonio como pieza importante del desarrollo del país, así como la puesta en marcha de normativas que sistematicen la restauración y revisión de las construcciones en adobe con el objeto de tener mayor control sobre él y su comportamiento.

:la experiencia

Nelson Barrios, alcalde de Quinta de Tilcoco, explica que su mayor preocupación en este momento no son los inmuebles declarados monumentos nacionales —como la iglesia de Guacarhue, que tiene garantizada su reconstrucción— sino más bien el entorno, también de conservación, que básicamente consiste en casas particulares. “El problema que tenemos es con los privados, que si bien están protegidos, por su condición de particulares no reciben subvención. Estamos viendo la posibilidad de postular a algún proyecto, pero los procesos son lentos y la gente está inquieta. A lo que se suma que hay personas a las que nos les interesa ni tienen cariño por el tema, entonces tenemos que buscar la forma de convencerlos, apelando a la importancia que tienen estos lugares para la comunidad. Porque en general la gente es muy apegada a ellos y se siente orgullosa de estos hitos, que además generan un turismo bien especial, no masivo, sino profesional, de arquitectos y artistas, de universidades y extranjeros”, asegura Barrios.

A través de esta declaración, el edil deja de manifiesto una de las mayores debilidades de la Ley de Monumentos Nacionales: la inexistencia de incentivos al patrimonio privado, tema por lo cual se evaluarían prontas modificaciones, como aseguró el secretario ejecutivo del Consejo de Monumentos Nacionales (CMN), Óscar Acuña. “Como Consejo desde hace años hemos diagnosticado que la ley tiene aspectos positivos, como el normativo y regulador, pero es tremendamente deficitaria en términos de incentivos a particulares. Nosotros declaramos monumentos y le cargamos la mano al propietario, sea público o privado, para que lo mantenga y restaure, pero falta una parte, que consiste en decir que si esto nos importa a todos, también hay recursos vía indirecta de incentivos tributarios que permiten que lo conserve. Finalmente la responsabilidad no puede ser individual sino colectiva”.

En la localidad de Zúñiga, por ejemplo, perteneciente a la comuna de San Vicente de Tagua Tagua y declarada zona típica en el 2005, el nombramiento implicó más que prohibiciones, protecciones, según nos cuenta Amanda Droguett, presidenta de la Junta de Vecinos de la localidad, sexta generación en el pueblo y una de las primeras profesionales universitarias salidas de la escuela pública del lugar. Para ella, que ha instaurado la autogestión de recursos como medio para lograr mejoras en su pueblo, involucrando de paso a toda la comunidad y gestionando una amplia red de contactos a nivel nacional e internacional, el problema pasa también por la falta de criterio de algunas autoridades locales que no valoran lo que se tiene, “es por eso que muchas localidades, a diferencia de Zúñiga, han sido devastadas con retroexcavadora sin hacer un diagnóstico técnico”, asegura.

José de Nordenflycht, presidente de ICOMOS Chile (International Council on Monuments and Sites), toma cartas en el asunto planteando a corto plazo tres temas que convergen y vienen a evitar ese tipo de situaciones: “Primero, al entregar información oportuna a las autoridades locales para mitigar las actuaciones irreflexivas en contra de los efectos del terremoto en las áreas de mayor densidad patrimonial vernácula, lo que significa básicamente no confundir escombros con ruinas, ya que los primeros son descartables pero las segundas, no. Luego, apoyar una red de diagnósticos especializados en misiones (de hecho ICOMOS Chile ha participado en varias de ellas a través de sus miembros expertos en estructuras históricas y patrimonio construido en tierra), y tercero, coordinar eficientemente una “Operación Invierno”, para proteger de la saturación de humedad las ruinas y monumentos con menos daño que tengan como material constructivo elementos de tierra cuyo mayor agente de deterioro es el agua”, puntualiza, enfatizando eso sí que esto debe ir acompañado de un trabajo voluntario de especialistas, participación de las comunidades afectadas y actuaciones responsables de las autoridades locales y de nivel central.

:adobe (si) adobe (no)





En Zúñiga, mientras tanto, ya recibieron los primeros metros de mangas plásticas por parte del CMN para proteger algunas construcciones de la llegada de las primeras lluvias, sin embargo falta más, al igual que la mano de obra especializada para hacer el trabajo, situación relevante pues el buen comportamiento que tenga el adobe posteriormente dependerá de ello. Así lo entienden en Perú, uno de los países con mayor desarrollo e investigación en este tipo de construcciones. Julio Vargas Neumann, ingeniero civil de la Pontificia Universidad Católica del Perú y asesor, entre otras cosas, del Comité Internacional para el Estudio y Conservación de la Arquitectura en Tierra, cree que lo que probablemente se requiera en nuestro país es una norma de Construcción Patrimonial que especialmente incluya la construcción monumental con tierra, de forma de poder conservar el valor patrimonial. “Se trata de conservación bajo una nueva normativa distinta a la existente, que es para obras comunes. Este patrimonio en tierra está ligado al pasado de todas las familias chilenas, es parte de sus raíces y de su historia”, acota el ingeniero, dando cuenta de la relevancia de generar normas específicas para este tipo de construcciones de índole patrimonial que ya están resueltas así, tarea que en parte ha tomado en sus manos la Comisión de Construcción Patrimonial dentro del Instituto de la Construcción.

El foco entonces no está puesto en entregarle un sí o un no rotundo al adobe. Más bien la discusión pasa por mantener lo que ya está de buena manera. Por incorporar herramientas que consigan minimizar las variables de riesgo ante su reacción en diversos escenarios y por considerarlo dentro de la realidad constructiva del país.

Iniciativas todas que atañen directamente a cientos de habitantes de pueblos rurales y ciudades cuyo patrimonio se ha visto deteriorado no tan sólo por el terremoto del pasado febrero, sino también por mucho tiempo de postergación. Y si bien hoy son poblados en las regiones de O’Higgins y el Maule principalmente, los alcances y ganancias identitarias que representarían estos cambios abarcarían a todo el territorio nacional, más si se tiene la altura de miras necesaria para observar el positivo impacto que tendría a nivel educacional, económico y social. En ese sentido De Nordenflycht acota que “la instalación de una cultura patrimonial de la prevención frente a los escenarios de crisis (que son cíclicos respecto a los terremotos) y la institucionalidad sectorial que no solamente coordine y evalúe sino que también ejecute con un rango de autonomía presupuestaria y normativa, es una tarea que hay que tomar en cuenta en el largo plazo a la hora de discutir temas patrimoniales.

La parroquia de Guacarhue es una construcción del siglo XVIII, diseñada por el italiano Joaquín Toesca, la que luego del terremoto de 1835 fue reconstruida, y hoy, tras los daños sufridos, ya tiene garantizada su restauración por ser declarada Monumento Histórico.
“Utilizar refuerzos de geomallas polímeras estructurales, material industrial que se usa en reservorios y muros de contención de tierra en la ingeniería moderna, es una buena técnica. Las mallas envuelven todos los muros de adobe o tierra y también son unidas entre sí cruzando los muros. También hay herramientas de refuerzo para confinar los muros entre sí, como las publicadas por la Getty Conservation Institute en 2003”, comenta Julio Vargas Neumann.
Las construcciones de adobe requieren de una mantención y evaluación constante, evitando a toda costa el ingreso de la humedad
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