martes, 24 de enero de 2012

Preparan libro con la historia de la casona del Colegio de Arquitectos

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En el edificio vivió una familia, pero también sirvió de tintorería,
taller mecánico y maternidad.
por Cristián Labarca B.
La tarde del pasado 10 de enero fue especial para Marta López. Invitada por el Colegio de Arquitectos a su sede ubicada en Alameda 115, a propósito de una investigación que el gremio está haciendo para un libro, la mujer de 78 años se reencontró con una parte importante de su historia: la vez que, hace 50 años, dio a luz a su único hijo en una habitación de ese edificio.

"Fue una noche de 1961. Subí esa escalera preciosa, de mármol, creyendo que mi bebé ya nacía, pero no sucedió sino hasta el día siguiente", recuerda Marta.


Hace unos días, repitió el recorrido, peldaño a peldaño, pero acompañada de otros que, como ella, visitaron e, incluso, habitaron la casa de tres pisos, construida en 1920 por el arquitecto Luciano Kulczewski para Martín Figueroa Velasco y que hoy es uno de los mejores exponentes del Art Nouveau en Chile.

Una historia, un libro
Lo que el Comité del Patrimonio del Colegio de Arquitectos pretende es publicar un libro que rescate la historia del elegante inmueble en septiembre de este año.

Declarado Monumento Histórico en 2010, tiene varias historias que contar. En 1970, la Corporación de Mejoramiento Urbano (Cormu) -después transformada en Serviu- lo adquirió como parte de un plan estratégico, la Remodelación San Borja. Se contemplaba su demolición, pero entonces apareció el Colegio de Arquitectos y la compró.

Mucho antes, Martín Figueroa concibió su construcción con cinco locales comerciales en el primer piso y dos plantas superiores, las que dividió de forma vertical (tipo dúplex), con un fin habitacional. El N°113, el lado oriente, correspondía a la casa familiar de los Figueroa Echaíz. Su vecino, en el Nº117, era Alfredo Cerda Jaraquemada.
Eliana (92), la hija de Martín Figueroa, es considerada la única residente original de esta casa, que habitó hasta 1937, un año después de la muerte de su padre.

Ella vivió el mayor esplendor del inmueble: "A la subida de la escalera estaban los salones, la cocina, el repostero y tres dormitorios de la servidumbre. También había un garaje con dormitorio para el chofer, que tenía la entrada por Santiago Bueras. En el tercer piso estaba el escritorio de mi madre, un hall de distribución con sillones donde tomábamos té y nuestras habitaciones: la de mi papá, con balcón a la Alameda y baño propio; la de mi madre, también con balcón, y la mía y las de mis tres hermanos, con baños independientes", dice.
En una especie de cuarto piso, estaba la terraza: "Con muchas y coloridas camelias, bancas de plaza y una glorieta muy agradable. Era como una especie de mirador", recuerda la mujer.

Cambia, todo cambia
Pero en 1941 la propiedad fue adquirida por José Ramón Gutiérrez Alliende, quien la destinó al arriendo de habitaciones.
Fue así como en la otrora casa de los Figueroa se instaló una residencial que recibía, principalmente, a estudiantes provenientes de Antofagasta y Punta Arenas: la comunidad croata de la época. En tanto, en el Nº 117 funcionó la Clínica Maternidad Nightingale, la segunda de esta naturaleza en Santiago, después de la Clínica Sara Moncada. Allí estuvo tres décadas.

Su dueña, la matrona Lidia Dellepiane, bautizó el recinto en homenaje a la pionera de la enfermería moderna: la británica Florence Nightingale. Marco Antonio Vodanovic (70), hijo de Lidia, vivió allí entre 1951 y 1969, "hasta el día que me casé", dice.
Vodanovic recuerda que en el primer piso funcionaron distintos locales comerciales: "Una compra-venta de autos, una tintorería y un taller mecánico de motos. En verano se sentaba a estudiar en el balcón y desde ahí: "Veía el Hospital San Francisco de Borja, donde ahora está el Hotel Crowne Plaza. Podía ver las piezas de las mujeres que daban a luz. Eran unas ventanitas pequeñas, como las de un barco", agrega.

La casa, según cuenta Vodanovic, era una exquisitez, con piso de parquet (que está intacto) y en un barrio muy tranquilo, pese a estar en plena Alameda.
Mabel Briceño (62) no habitó este edificio ubicado a pasos de Plaza Italia, pero nació en él, en 1949. Además, volvió a visitarlo otras nueve veces para el nacimiento de cada uno de sus nueve hermanos. "El último, cuando yo ya estaba de novia, sólo vivió dos días", dice la arquitecta.

Su vida se ha visto casualmente relacionada a Kulczewski: "La primera casa propia que tuve, en Teniente Compton con José Domingo Cañas, era de este arquitecto; un cliente me encargó un proyecto que más tarde fue comprado por el embajador de Polonia (orígenes del renombrado arquitecto). Además, soy amiga de Mireya Kulczewski, su hija", cuenta.

"Después de tantos partos -el primero a sus 17 años-, mi madre era la regalona de la señora Dellepiane. Ella era tan protectora y dedicada, que cuando se abrió la maternidad en la Clínica Santa María, mi madre no se cambió", cuenta Mabel, que aún recuerda el olor a cloroformo empleado en el lugar.

Cuando el Colegio de Arquitectos compró y rehabilitó el edificio de 1.455 m2, se esforzó por mantener el sello de su autor. El arquitecto Gonzalo Mardones unificó las dos viviendas originales y los locales comerciales del primer nivel y mantuvo sólo uno, donde actualmente se venden artículos de librería.

Además, se conservó su ornamentación de fierro forjado y yeso, así como los vitrales que abarcan el segundo y el tercer piso, donde se reconocen copihues y rosas, entre otras especies. "Los de la casa de Martín Figueroa tienen hortensias, sin duda un homenaje a su mujer, Hortensia Echaíz", cuenta Ezio Mosciatti, del Colegio de Arquitectos.

Desde 2007, este edificio es uno de los que se pueden visitar el Día del Patrimonio.

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