domingo, 17 de octubre de 2010

Las impactantes revelaciones de André Sougarret:

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domingo 17 de octubre de 2010

Las impactantes revelaciones de André Sougarret:
"En los sondajes ocurrieron cosas que no tienen ninguna lógica ingenieril. Creo que 'algo' sucedió"





Sougarret, junto a la perforación por la que se rescató a los 33, que pronto se sellará con una gruesa capa de concreto

El ingeniero fue ovacionado en el avión que lo trajo de vuelta a Santiago. "Algo nos ayudó: la fe, la oración, las ganas de todo el mundo de que esto se mejorara...". "La verdad es que nunca dudé (...) El día del rescate no había ninguna posibilidad de falla".


El viernes 15,ya sin su atuendo de minero y horas antes de volver a su vida normal, Sougarret se dio un tiempo para caminar por las playas de Bahía Inglesa, localidad que fue su hogar por casi 70 días.

Llevaba una vida anónima hasta que el 9 de agosto lo citaron a La Moneda, lo bajaron al subterráneo, lo subieron a un auto con escolta y, sin entender nada, se embarcó con el Presidente rumbo a Copiapó. Tras setenta días de trabajo, y a pocas horas de haber rescatado a los 33 mineros, el ingeniero de Codelco ofrece su última entrevista antes de retomar su vida en Rancagua. Aunque es un técnico racional, habla de cosas inexplicables de la operación: "Algo nos ayudó: la fe, la oración, las ganas de todo el mundo de que esto se mejorara...".

Rocío Montes Rojas Desde Bahía Inglesa
Pocos días antes del rescate del siglo, que logró sacar a 33 hombres que vivieron 69 días a 700 metros bajo tierra, el ingeniero a cargo de la operación tiene ganas de jugar. André Sougarret Larroquete (Santiago, 1964) hace un alto en las labores y, junto a su colega René Aguilar, se aleja de la zona de trabajo. Camina en dirección al campamento Esperanza de la mina San José. Las familias de los atrapados esperan entre el polvo y el sol que curte la piel. Ha llegado prensa de toda América, Europa, África, Asia y Oceanía para ser testigos de la histórica hazaña. El ingeniero ve por primera vez, y con sus propios ojos, la loca ciudadela que se ha instalado a los pies del socavón. Observa cada detalle, se pasea entre 2.500 personas, pero como si fuera un ser invisible, nadie lo ve. Quiere pasar inadvertido y se pone un jockey.

"Fue una travesura", dice Sougarret. "Ahí nos dimos cuenta de la cantidad de gente que había. Era como ir a la Pampilla", relata en su última entrevista antes de partir de regreso a casa. Quiere dar por finalizado este ciclo y retomar su vida. Lo tiene difícil tras el rescate: la gente lo reconoce en la calle y le pide fotografías. El ingeniero se siente incómodo y no cree tener méritos para transformarse en un personaje de interés público tras el exitoso operativo de los 33.

Ingeniero de la Universidad de Chile, casado, tres hijas, sin militancia política, vive en Rancagua y es gerente de minas de Codelco en El Teniente. Es jueves y el reloj marca las 10 PM. Hace sólo veinticuatro horas estaba junto al túnel culminando el exitoso rescate que devolvió la vida a 33 chilenos. No viste uniforme de trabajo ni el casco con que 1.000 millones de personas alrededor de la Tierra lo vieron durante la operación. Quizás por ello se le ve distinto, más joven. Es un tipo simpático y sencillo. No parece tener conflictos con la prensa, como indica su fama. Habla suave y calmado, mientras se toma una sopita de huevo y picotea una ensalada con la mano. Esta conversación se realiza en el hotel en Bahía Inglesa donde se aloja desde el lunes 9 de agosto, cuando en un maratónico operativo fue "capturado" por el Gobierno para comenzar la tarea más compleja de su existencia: devolverles la vida a 33 chilenos.

El "rapto" del 9 de agosto

-¿Puede relatar cómo es que usted llegó a hacerse cargo de todo esto 4 días después del derrumbe del jueves 5 de agosto?

-Me enteré el día viernes en El Teniente. Alguien comentó de este accidente en la III Región. Pero, entre tantas cosas que hacer, no le presté atención. Pasó el sábado y el día domingo en la mañana me llama el gerente general de Codelco y me dice: "André, tienes que estar preparado, porque esta cuestión es grave. De haber algo, mañana te vas a Copiapó. Te confirmo en la noche, porque parece que va a haber una reunión en alguna parte en Santiago". A las 10 PM, ya estábamos acostados, y me volvió a llamar: "Está decidido con el presidente del directorio encargarte a ti y a un grupo de la mina que vayan a ponerse a disposición de la gente que está a cargo del rescate para ayudar". Le avisé a mi señora y me hice una mochila.

-Seguramente era pequeña, porque no sabía que ese viaje duraría más de dos meses.

-Era bien chiquitita la mochilita. Yo me fui a acostar y, al otro día, inmediatamente nos pusimos en contacto con las personas de El Salvador que estaban participando del rescate. Nos contaron someramente qué era lo que estaba pasando. En eso me llamó el presidente del directorio, Gerardo Jofré, y me dijo: "André, tú estás designado para ir a ayudar. Pero esto es una cosa al más alto nivel: tienes que aparecer en La Moneda".

-¿Qué pensó usted?

-Pensé que estaban equivocados porque, ¿por qué me van a llamar a mí en La Moneda? Pero me reiteraron: "No, es verdad. Tienes que aparecer en La Moneda porque vas a tener una reunión con el Presidente para ver este tema del rescate". Me llamó el jefe de gabinete de Piñera y me preguntó: "¿Dónde estás?". "En Rancagua", le dije yo. "¿En cuánto tiempo puede llegar a Santiago?". "Una hora y media más". Y partí.

-¿Tenía algún vínculo con el Presidente?

-No, ninguno. No conocía ni La Moneda. Había pasado por fuera, obviamente, pero no había entrado.

-Tampoco conocía personalmente al ministro de Minería, Laurence Golborne.

-No, tampoco. Cero.

-¿En ese momento ya se había dado cuenta de la misión que se le estaba encomendando?

-No tenía idea y no sabía a qué iba. Juraba que había alguna cosa formada y que nosotros íbamos a aportar con lo que sabíamos. El asunto es que llegué a La Moneda, me subieron al segundo piso, y había hartos periodistas. Yo iba con mi casco y la mochila. Eso es todo lo que llevaba.

-Eso era un signo de que no tenía idea en qué se estaba involucrando.

-Andaba con blue jeans y, la verdad, me sentí un poco incómodo, porque todo el mundo andaba de terno. Y yo nada que ver cómo andaba vestido. Me encontré con Nelson Pizarro, que fue gerente de Codelco Norte. Estábamos los dos sentados esperando no sé qué cosa. "Esperen aquí", nos dijeron. A eso de las dos de la tarde nos dicen: "Vamos".

-¿A dónde?

-No sabía dónde exactamente, pero nos bajaron al subterráneo y nos metieron en un auto de esos con escolta y salimos hacia el aeropuerto. Iba muy rápido. Siempre uno mira cuando pasa el Presidente por la calle y ahora yo iba metido dentro. Íbamos en dirección al avión.

-Todo esto suena como una especie de rapto.

-Claro (se ríe). Tuve esa sensación.

-¿Alcanzó a llamar a su mujer y avisarle?

-No. Y tampoco me atreví (se ríe).

-Fue de película.

-Era como de película. Subimos al avión y me di cuenta de que iba Piñera adelante. Yo me quedé atrás, en el lugar donde iban sentados los pasajeros. Y partimos rumbo al norte, a Copiapó. Luego de un rato salieron él y la Primera Dama a saludar. Nos invitó a pasar adelante, donde van los presidentes, y él sacó un block y empezó a dibujar un poquito lo que él entendía que estaba pasando en la mina. Una cosa muy rara, muy general. Y ahí él me comentó que teníamos la misión de hacer el mejor esfuerzo para ir a rescatar a los mineros y que teníamos todos los medios para que esto sucediera. Yo me empecé a preocupar un poco, porque no sabía qué era lo que estaba pasando. No tenía la suficiente información como para decir algo.

-Pero sabía que había 33 hombres bajo tierra.

-Sabía que eran 33 mineros que estaban a 700 metros bajo tierra. Nada más. Nos bajamos en el aeropuerto, nos subimos a una van. Nosotros nos sentamos atrás. En alguna parte del camino, antes de llegar a la mina, se subió el ministro Golborne, y le hizo un reporte al Presidente que iba sentado adelante. De repente el Presidente dijo: "Explíquele mejor a los señores que van atrás, porque ellos tienen que entender qué es lo que está pasando". Tras un largo camino, llegamos al campamento.

-¿Con qué se encontró en los alrededores de la mina San José?

-Lo primero que vi fue un enjambre de prensa. Ahí él declaró frente a los periodistas que traía dos expertos.

-Fue cuando usted se enteró de que...

-...de que se supone que yo era el experto. "OK", dije, "ésta cosa está complicada".

-¿Qué sucedió entonces?

-Al rato me llamó alguien de la Presidencia porque necesitábamos ir a la carpa de los familiares. Nunca había estado en esta mina, no sabía dónde estábamos, era ya de noche, y caminamos unos pasos hacia el campamento donde estaba la gente. Me impresioné al ver las caras de angustia.

-¿Cuánta gente había?

-Unas 50 personas. Se notaba mucha cara de preocupación y, en algunos casos, de desesperación. Y de desconfianza. Me acuerdo que le dijeron algunas cosas pesadas al Presidente, por el hecho de haber pasado primero a la prensa y después haber hablado con ellos. Fue algo que posteriormente siempre cumplimos: hablar primero con los familiares y después con los periodistas. Eso se me quedó muy grabado. Luego el Presidente explicó que venía con estos expertos, que iba a tratar de solucionar el problema, y que iba a poner todos los medios posibles. Ese momento fue clave para mí, el inicio de todo.

-Usted se dio cuenta de que...

-...de que efectivamente yo me tenía que hacer cargo de la operación. El Presidente se fue y me quedé solo.

¡Abajo hay vida!

-¿Cómo terminó ese lunes 9 de agosto?

-Me reuní en las oficinas técnicas con geólogos, mecánicos, algunos operadores, y me quedé hasta las 11 de la noche, ya con un análisis más detallado. Después llegó la gente que estaba haciendo los sondajes y todos se empezaron a poner a mi disposición. Y yo sin conocerlos y sin entender quién era quién.

-¿Qué hizo esa noche?

-Llegó el resto del equipo de El Teniente, entre ellos René Aguilar, y lo primero que hice fue explicarles el problema de la mina en presencia de los técnicos. Ya estaba craneando qué era lo que podíamos hacer.

-A esas alturas ya sabía que era una tarea titánica y muy compleja.

-Era una tarea compleja, no tenía muy claro cómo solucionarla, pero bueno...Con René Aguilar, con quien trabajo más cercanamente, empezamos a discutir cómo armar esto y organizarlo todo. Había mucha gente: rescatistas, del sondaje, la misma gente de la empresa, etc. Me dieron un listado de nombres de las personas que estaban participando y me vine en la noche hasta el hotel para ver cómo lo íbamos a hacer. Con René Aguilar, sin preguntarle a nadie, decidimos tomarnos la conducción del operativo. Y empezamos a designar equipos, tareas y responsables. Nos empezamos a juntar todos los días muy temprano para asignar labores y definir una estrategia. Entramos a la mina el día martes y recién pude saber de qué estábamos hablando.

-¿De qué se dio cuenta?

-De que había posibilidades reales de que las personas pudieran estar vivas.

-¿Cuáles eran las razones técnicas para pensar que abajo había vida?

- Había tres razones muy sencillas: la mina tenía ventilación, la calidad de la roca era muy buena y, tercero, había agua. Preguntándoles a los trabajadores de la mina empecé a armar un cuadro de cuál era la situación: dónde estaban los mineros atrapados, el lugar en que había ocurrido el derrumbe, etcétera. Con todos esos elementos yo tenía claro que la zona donde estaban trabajando, al fondo, no era precisamente donde ocurrió el colapso. Ya con esos elementos uno podía afirmar que había una posibilidad.

-Usted le contaba estas novedades todos los días al Presidente vía telefónica...

-No sé si diariamente, pero, en la medida en que los distintos planes iban avanzando, lo hacía con alguna frecuencia. Él estaba preocupado, necesitaba detalles técnicos de los avances y de las reales posibilidades. Y con mayor premura cuando, a una semana de llegados, declaramos que teníamos que cerrar la mina. Ese fue un momento bien difícil, complicado, porque achicamos las posibilidades. Nosotros teníamos como estrategia entrar por la mina y, al mismo tiempo, tener los sondajes. Pero ingresamos, llegamos hasta el fondo, y nos dimos cuenta de que el tema era más grave de lo que pensábamos.

-¿De quién fue la idea de los sondajes?

-Cuando llegué ya estaban las máquinas funcionando. Pero cuando se cerró la mina, los ordenamos. Estábamos haciendo varios tiros y no había una estrategia muy clara. Lo que definimos fue que había tres tipos de técnicas de perforación.

-La idea era tener tres planes paralelos.

-Tres planes paralelos que buscaban conceptos distintos: algunos con mayor rapidez y otros con mayor precisión. Estábamos luchando contra el tiempo. Si queríamos ser muy precisos, nos íbamos a demorar mucho. Si queríamos ir más muy rápido, estas cosas se nos podían desviar. Entonces ahí empezamos a jugar: "Ya, vamos a dejar estas máquinas aquí, éstas acá". Generamos el área de planificación, otra de operación y otra de ejecución de las obras.

-Tras analizar que los 33 podían estar con vida, se enfrentaron a varios problemas, y usted alguna vez señaló que los dueños de la mina habían entregado mala información.

-La información no era errónea ni nada por el estilo, pero no tenía los estándares como para desarrollar trabajos de ingeniería a partir de ellos. En una mina hay que entregar el avance mensual, tener los planos de todas las labores que estás desarrollando, y eso no estaba. Por lo tanto había planos que no coincidían con la realidad. Segundo, que la información topográfica no era precisa.

Días de tensión y angustia

-¿Usted es creyente?

-Sí, soy creyente.

-¿Rezó durante estos meses?

-Más de alguna vez y tiene que ver con un proceso de reflexión de por qué estaban pasando ciertas cosas. Porque ocurrieron algunas situaciones que, en algunos aspectos, no tienen mucha explicación.

-¿A qué se refiere?

-En los sondajes ocurrieron cosas que no tienen ninguna lógica ingenieril. Creo que 'algo' sucedió.

-¿El ingeniero de esta operación habla de un milagro ?

-Yo hablaría de suerte. No es una especie de milagro, porque la verdad es que estábamos planificados para que esto sucediera. Pero un ejemplo: nosotros pensábamos que el sondaje iba a tomar una dirección y se iba en otra que nos beneficiaba. Eso ocurrió con el último, que finalmente se convirtió en el Plan B. No teníamos mucha esperanza de que llegásemos, pero el sondaje rompió. Necesitábamos que se verticalizara y cambiara de dirección en el fondo. Y eso ocurrió en el último tramo, cuando es más difícil. Y cayó justo en una esquina de la galería. O sea estamos hablando de centímetros. Tuvimos suerte ahí... o ayuda.

-¿De quién? ¿De Dios?

-Sí, bueno, han pasado cosas... Los números, no sé...

-¿Cree en todas las coincidencias del número 33?

-No tengo una explicación lógica, pero todo el mundo se pregunta, ¿por qué estos números? Algo nos ayudó: la fe, la oración, las ganas de todo el mundo de que esto se mejorara...

-¿Cuál fue el momento de mayor desesperanza?

-Cuando erramos en el primer sondaje debajo de los 700 metros, el 19 de agosto, cuatro días antes de saber que los 33 estaban con vida. Fue bien duro porque pasábamos ya hasta el último nivel de la mina y no hicimos contacto. La gente empezó a perder la paciencia y nos exigía otra alternativa. Nos pedían que dejáramos entrar a los pirquineros a la mina. Razonablemente había dudas de si efectivamente íbamos a alcanzar una posición tan lejana, en un espacio tan reducido, con un sondaje tan pequeño.

-Cuando las familias querían que entraran los pirquineros usted le señaló al Gobierno que si eso sucedía, usted se retiraría de la faena.

-Lo que dije es que bajo mi responsabilidad ninguna persona iba a entrar a la mina. Muchos me pidieron ingresar. El papá de uno de los mineros, que es pirquinero, José Vega, fue a hablar conmigo y me pidió expresamente entrar de noche, sin que yo me diera cuenta. Le dije que eso era imposible. Él me decía: "Póngase en mi posición. Si usted tuviera un hijo dentro, ¿no lo haría?". Me dejó pensando, pero yo estaba convencido de que no era lo correcto. Esos días fueron difíciles, hubo mucha presión.

-¿Incluso del Gobierno?

-Más de alguien me sugirió que si alguno estaba dispuesto a su propio riesgo a entrar a la mina... Pero mi posición fue muy clara: mi objetivo era que las personas que estaban trabajando en el rescate también tenían que salir vivas. No podíamos aumentar el número de accidentados.

-¿Cómo vivió usted ese domingo 22 de agosto, cuando todo el país y el mundo vieron el mensaje de "Estamos bien en el refugio los 33"?

-Fue un momento intenso y, por lejos, el más potente. En ese instante cambió el curso de las cosas: este hecho nos daba tiempo para mantenerlos con vida y hacer lo necesario para poder sacarlos.

-El minero Luis Urzúa dijo tras salir que los mineros hicieron llegar varios papeles y no sólo el de "Estamos bien en el refugio los 33". Había algunos que decía "Mándame pan", "tengo hambre", "cuida a la familia". ¿Esos mensajes se perdieron en el camino? ¿O llegaron y se guardaron?

-No recuerdo que hayan llegado papeles con otro tipo de mensajes.

-Usted lo debe saber: si la primera sonda llegó el domingo 22 de agosto a eso de las 6 AM, ¿por qué se esperó al Presidente Piñera para que él diera la noticia?

-No, no es así. Efectivamente a las seis se hizo contacto. Me llamaron a esa hora que fue cuando se rompió. En ese momento subimos rápidamente a la mina para tener la certeza de que había personas vivas. La única forma de poder verificarlo adecuadamente era ingresando con una cámara de televisión y audio. Para poder hacer eso, había que sacar todas las barras. Ese proceso llevaba por lo menos unas cinco horas. Es cierto que se escuchaban ruidos, pero el día lunes anterior también hicimos contacto con una cavidad que no tenía nada, donde no estaban los mineros, y también la gente escuchaba que estaban golpeando. Nosotros metimos una cámara de televisión y no había nada. Entonces no teníamos la certeza, aunque escucháramos golpes...

-¿Por eso transcurrieron tantas horas antes de que el Presidente diera la noticia?

-La verdad es que los mineros fueron más astutos, porque, cuando nosotros sacamos las barras, lo primero que vimos fue una marca de pintura. Con eso yo dije: "Al menos hay una persona viva". Después aparecieron las dos cartas, y aparecieron varios nombres. Pensé: "Por lo menos hay 6 vivos". Y después apareció el famoso mensaje que todos conocimos y ya con eso hubo certeza de que estaban todos bien. Posteriormente bajamos la cámara de televisión, de acuerdo al protocolo. Por lo tanto, eso de que esperamos al Presidente no fue de esa forma. Se le dijo que se había hecho contacto a las seis de la mañana y él tomó la decisión de viajar a Copiapó. En el momento en que se recibió el papel se le informó al Presidente, que se demoró 10 minutos en llegar desde el helipuerto e informar a los familiares, como era lo correcto.

-Cuando ya hacen contacto con los 33, ¿qué tipo de conflictos tenían?

-Lo primero que uno hubiese esperado es que hayan estado en un estado calamitoso y eso no sucedió. Lo primero que hicimos fue priorizar la alimentación y, poco a poco, fuimos entablando una conversación más profunda sobre lo que había pasado. Por otro lado, ordenamos nuestra comunicación con ellos jerárquicamente. Siempre nos manejamos con el jefe de turno como autoridad en la mina, Luis Urzúa.

-En un comienzo la autoridad de Urzúa fue puesta en duda por el resto, según trascendió... ¿Era importante fomentar un solo liderazgo?

-En un grupo grande como éste, de 33 personas, necesitábamos que hubiera orden y mantenerlos ocupados. Que tuvieran una dirección clara de manera de crear confianza y disciplina a la hora de ejecutar el trabajo. Era un tiempo largo el que iban a estar bajo tierra y, por lo tanto, era necesario crear esa organización.

-¿Qué le relataron los mineros cuando usted los visitó en el hospital de Copiapó esta semana?

-De alguna manera, organizaron una estructura por afinidades. Los más jóvenes, los más antiguos, los más cercanos, los que eran familiares, en fin. Lo más probable es que hayan existido conflictos, pero los supieron resolver. Podrían haber peleado por comida, y no me cabe ninguna duda de que ese fue un tema. Sin embargo, pudieron montar una organización tal que les permitió racionar la alimentación el tiempo suficiente.

"OK. Los mineros están fuera"

-¿Cuándo usted tuvo la certeza de que el operativo se iba a producir en octubre?

-Cuando estaban ya las tres máquinas funcionando, por los rendimientos que empezaron a tener. Recuerdo que las dos perforadores, el plan B y C, partieron el mismo día, el 19 de septiembre. Entonces yo le dije al ministro: "Dejemos que pasen unos tres a cuatro días y vamos a tener una primera estimación". Es decir, alrededor del 25 de septiembre tuve una estimación porque todos los días iba haciendo mi propia revisión. Siempre me daba primero el plan B, segundo el plan C y tercero el plan A.

-Siempre confió en el plan B, que finalmente fue el que resultó.

-Sí. De hecho me gané una comida con el ministro, porque él apostaba a la petrolera, al plan C. Y yo le dije que no, que el plan B iba a ganar. Y había una razón muy fundamental: que el plan B usaba una perforación preexistente, que fue el tercer sondaje. Eliminaba una incertidumbre bien importante, que era llegar.

-Esto se lo pregunto porque se ha hablado mucho sobre el manejo de los tiempos por parte del Gobierno. Incluso el Presidente habló de que sería en Navidad...

-Esos diagnósticos eran alimentados por la información que nosotros les entregábamos.

-¿Cómo durmió la noche antes de que empezara el rescate?

-Muy tranquilo porque, cuando vi el video del pozo con "casing", hicimos una prueba, que no anunciamos: bajar la cápsula Fénix antes de colocar este sistema de izaje. Eso fue tres días antes del rescate. Usamos un sistema de huinches, que es el mismo que baja la paloma, lo colocamos, y bajamos la jaula hasta los 610 metros. Y bajó y subió. Entonces dije: 'Ya, estamos OK. Los mineros ya están fuera'. Con eso ya tenía la seguridad. No lo quisimos llevar hasta abajo porque se nos podía subir una persona.

-¿O sea no había prácticamente ningún riesgo la noche que empezó el rescate? ¿O lo dice ahora que todo salió bien?

-Ninguno. La verdad es que nunca dudé de que el viaje sería impecable. Esta operación se hace diariamente en todas las minas que tienen este sistema de transporte en otros lados. El día del rescate no había ninguna posibilidad de falla.

-Durante el rescate se veía por la TV una inmensa bandera chilena que tapaba la vista a los medios, como una especie de biombo, y luego se corrió. ¿Quién decidió que la salida de Fénix se hiciera pública?

-La verdad es que eso no lo manejo. Esa era una cuestión del Gobierno de qué quería transmitir y qué no. Y en un momento a mí me preguntaron, hubo una discusión sobre eso. Nosotros habíamos construido una plataforma para la prensa y era medio ilógico que les diéramos espacio para que miraran y que después lo tapáramos. El argumento era la privacidad de los mineros al momento de salir. Los médicos pensaban que podían salir mal, sufriendo, en fin. Pero la verdad es que, a través de la conversación con los mineros abajo, se notaba que estaban bien y sanos, como finalmente salieron. Ellos podrían haber salido caminando. Yo sé que hay que tomar ciertas precauciones, en fin, pero bueno... Era un momento importante la salida de la cápsula y creo que era trascendente que lo vieran porque nosotros siempre garantizamos la transparencia de este proceso. Y en el último minuto, ¿por qué no lo íbamos a hacer? Lo que sí me complicó fue el tema de los familiares a la salida.

-¿A qué se refiere?

- No sabía que iban a pasar muchas de las cosas que pasaron, en el sentido de que hay ciertas emociones que no se podían controlar. El reencuentro de los mineros con sus familiares era una cuestión privada, creo yo, y se hizo público. Por ejemplo, una niñita, hija de minero, ante tanta gente, tantos medios, ¡estaba asustada! Y no sé si era bueno exponer a niños a ese tipo de tensión y no esperar un momento más privado de reencuentro entre cada uno de los mineros y su familia. Sacarlos, que los médicos los vean y llevárselos me parecía que era lo lógico. Pero, bueno, yo no manejaba este tipo de situaciones.

-No estuvo de acuerdo con que se haya televisado ese momento.

-Ese momento del reencuentro. Creo que es algo personal, eso en realidad tiene que ver más con las personas, aunque hay gente que le da lo mismo. Pero si a mí me hubiera pasado, yo no habría estado dispuesto a compartirlo porque yo creo que es una cosa privada.

-Se le vio emocionado.

-Soy persona y, obviamente, fueron momentos bien emotivos. Cuando salió Florencio y estaba el hijo llorando porque estaba nervioso y ansioso porque quería ver a su papá. También me quebré cuando salió Richard Villarroel. Quizás por la acumulación de tanta tensión. Ver a su mamá muy emocionada decirle "mi niñito"... Fue fuerte.

Sin pena por dejar el campamento

-¿Qué porcentaje de esta operación es netamente chileno?

-Lo que es el diseño de esta operación es netamente nuestro, por lo que creo que en un 95% es chileno. Obviamente hemos comprado elementos y suministros que son extranjeros. Y la NASA, que se involucró en un ámbito médico. Pero desde el punto de vista ingenieril, hubo recomendaciones, gente que opinó, pero no llegó un súper experto que viniera a decirnos cómo había que hacerlo ni nada por el estilo.

-Respecto de su vida privada y profesional, ¿podrá llevar la misma vida que llevaba antes en Rancagua?

-Eso es lo que quiero, la verdad. Creo que en la mina El Teniente tenemos desafíos muy grandes y espero volver a terminar lo que dejé no concluido. Probablemente llegaré con una experiencia de vida muy distinta, pero yo voy a volver a lo mío. Seguro que me van a invitar a contar la experiencia, pero pretendo mantenerla en el círculo técnico donde estoy trabajando.

-¿No le preocupa lo que va a pasar en el futuro con los 33 mineros?

-Sí, mucho. Me preocupa que a los mineros los medios de comunicación los suban y después desaparezcan. Es muy fácil que las cámaras nublen a las personas que probablemente, a lo mejor, no tienen la preparación para discriminar lo que es una cosa momentánea de algo que puede ser más trascendental. Se los dije en el hospital: que se cuidaran, que no vieran tantas luces y que disfrutaran de estar de vuelta con sus familias.

-¿Le da pena dejar el campamento Esperanza?

-No, para nada. Tengo ganas de volver finalmente a mi rutina. Mi familia vino a verme al hotel y tuve un fin de semana que me escapé un sábado y un domingo a Rancagua, pero además de eso no he vuelto a mi casa.

-Antes de irse, ¿no está tentado de bajar por el acceso que dejó la T 130, por donde salieron los mineros?

-Estuve tentado, pero la verdad es que reflexioné y me dije a mí mismo que cómo se me podía ocurrir eso. Si luchamos tanto tiempo por sacar a seres humanos, volver a ingresar sería une tremenda irresponsabilidad.
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Las horas más dramáticas del encierro: Los días en que la desesperación y la anarquía reinaron en el fondo de la mina

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domingo 17 de octubre de 2010

Los días en que la desesperación y la anarquía reinaron en el fondo de la mina

Sólo al quinto día los mineros lograron organizarse, racionar la comida y establecer un sistema de mando. En los días previos cundieron el miedo y la desesperanza entre los 33.

Equipo de Reportajes

Luego del ensordecedor ruido del derrumbe, vinieron el silencio y la oscuridad. Una nube de polvo que no permitía ver a más de un metro de distancia envolvió a los 33 mineros, que de inmediato comenzaron a buscar la forma de salir del yacimiento. Un grupo se dirigió a la rampa que estaba bloqueada. Otro a la chimenea, sin escalerar. No tenían cuerdas. Se dieron cuenta de que estaban atrapados a 700 metros de profundidad.

Así se inician las dramáticas horas de miedo y desesperación que marcaron los primeros cinco días bajo la mina San José.

Día uno: ¿Dinamitar la chimenea?




Luis Urzúa (54), el jefe de turno que había llegado apenas hace dos meses a la mina, intenta mantener la calma y les dice a sus compañeros que hay que esperar, ya que está seguro de que serán rescatados. Pero no todos piensan lo mismo y comienzan las divisiones. Surgen tres ideas que hacen peligrar la vida de los mineros. Un grupo plantea dinamitar la chimenea; un segundo grupo sugiere hacer un gran incendio con el combustible disponible para dar señales hacia afuera, y un tercero usar la maquinaria pesada para provocar vibraciones que pudieran ser percibidas desde el exterior.

La tensión sube de nivel y miembros del grupo llegan a los golpes para imponer sus respectivos planes de escape o supervivencia.

Tras la desesperación inicial, se logra imponer la visión de Luis Urzúa, quien con dificultad logra dividir al grupo en diferentes labores para dar señales al exterior. Richard Villarroel (27) sube en una camioneta hasta el nivel 190 y quema algunos neumáticos a manera de señal. Otro grupo hace pequeñas explosiones con dinamita. Otros recorren la galería en busca de aire.

Pero las soluciones no dan resultado y vuelve la desesperación.

Día tres: No hay racionamiento

Durante tres días hubo anarquía y desgobierno. Los mineros se dividieron en bandos, no hubo racionamiento de agua ni de comida. Cada uno dormía donde quería y usaba distintos sectores como improvisados baños.

La desorganización pasa la cuenta. Los alimentos empiezan a escasear y sólo quedan unas pocas provisiones de atún, galletas, duraznos, leche, jugo y agua. Las corrientes de aire llevan hasta el refugio olores nauseabundos.

Luis Urzúa continúa intentando liderar al grupo, pero choca contra otro bando, donde se encuentran parte de los subcontratados de la empresa Armamit, liderados por Juan Illanes (52), quien, amparándose en su formación castrense, quiere poner en práctica las herramientas aprendidas en los dos años que pasó en un trinchera para el conflicto chileno-argentino del Canal Beagle a mediados de los 70.

Día cinco: Sistema de mayorías



Al quinto día logran organizarse. No todos estaban convencidos del liderazgo de Luis Urzúa. Algunos cuestionaban que llevaba muy poco tiempo en la mina. Otros decían que sabían mucho más que él de las faenas mineras. Pero un elemento fue clave: el rol de José Henríquez (56), el predicador evangélico oriundo de Talca que sostuvo a sus compañeros a través de la fe y apoyó a Urzúa, afianzando su liderazgo.

Los mineros se reúnen y acuerdan racionar el agua y la comida: sólo una cucharada de atún cada 24 horas. Además, logran imponer un sistema de votación para tomar decisiones de acuerdo con la voluntad de la mayoría. Pero más allá de las votaciones, se estipula que aunque se alcancen acuerdos, primará la voz de Urzúa para las grandes determinaciones.

Además, diseñan un código de disciplina con responsabilidades y sanciones, del cual aún no se conocen los detalles.

El jefe de turno improvisó una oficina a bordo de una camioneta. A bordo de ella organizaba a sus compañeros, revisaba una y otra vez los planos de la mina, y por sobre todo intentaba mantener la calma a 700 metros bajo tierra.

Afianzar el liderazgo

Durante los siguientes días se mantuvo la desesperanza -"estábamos esperando la muerte", dijo el minero Richard Villarroel esta semana- y bajo tierra no se sabía a ciencia cierta si los estaban buscando. Se mantuvieron algunas de las diferencias, pero ya había más cordura entre los miembros del equipo.

Urzúa intentaba infundir confianza en sus compañeros, dando por sentado que estaban siendo buscados y que se haría todo lo posible para que fueran rescatados. "Si nos encuentran, bien, y si no, eso es todo", les repetía Urzúa, según relató a los medios esta semana. Su aceptación del destino chocaba con la visión de otros grupos.

El quiebre entre contratados y subcontratados se mantuvo hasta el día en que fueron contactados, situación que ha sido reconocida incluso por autoridades gubernamentales. "Tenían una relación menos prolongada con el resto y en la práctica eran mirados (al interior del refugio) como de segunda categoría", explicó esta semana a "El Mercurio" una autoridad que pidió reserva de su nombre.

"Estaban marginados. Tenían un campamento en otra parte, lejos", agregó.

Una de las decisiones más polémicas del grupo, entre los que se encontraban Juan Carlos Aguilar, Raúl Bustos, José Henríquez, Richard Villarroel y Juan Illanes, fue marginarse del primer video del grupo, que fue dado a conocer la noche del domingo 22 de agosto, el día en que fueron encontrados al interior de la mina San José.

Por eso, una vez que el equipo de rescate hizo contacto con ellos, una de las primeras labores fue cohesionar al grupo. El Gobierno y Codelco sabían que la única forma de lograr buenos resultados arriba era mantener la unión bajo la mina, labor que fue asignada al psicólogo de la Asociación Chilena de Seguridad Alberto Iturra.

Las familias también mediaron. De hecho, Adi, la hermana de Juan Illanes, reconoció esta semana a este diario que hubo intervención a través de cartas.

En la superficie además se tomó la decisión de ordenar jerárquicamente las conversaciones y conversar sólo con Urzúa para remarcar su liderazgo y mantener el orden bajo la mina. Las comunicaciones oficiales serían sólo a través de él.

"Nos manejamos con el jefe de turno como autoridad en la mina y dejamos que el resto del equipo se comunicara con todos ellos, o por temas puntuales según sus especialidades: mecánicos, eléctricos, en fin, según los necesitaban para desarrollar alguna tarea determinada", explica un rescatista.
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"Los 33" y la veta minera de Chile y Gran Bretaña

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ARTES Y LETRAS
Domingo 17 de Octubre de 2010

VISIÓN DESDE LONDRES Un paralelo entre los dos países:

Hace un siglo, uno de cada diez trabajadores de Gran Bretaña era minero. No extraña, entonces, la fascinación que despertó entre los ingleses el rescate de la mina San José. Ben Macintyre, del Times, reflexiona sobre las similitudes de la "casta minera" y sus expresiones culturales.

Ben Macintyre Times



Gran Bretaña está alucinada con la saga de los 33 mineros chilenos, encerrados a 700 metros debajo del desierto de Atacama. Es un drama humano apasionante, un sorprendente relato de resistencia y de ingenio tecnológico. Para muchos británicos, el desarrollo del relato tiene, además, ciertos matices de una particular nostalgia. Pues Gran Bretaña, al igual que Chile, tiene rastros de polvo de mina en su ADN.

Nuestra fascinación con los acontecimientos en la mina San José va más allá de un mero interés humano: refleja una intensa afinidad cultural. Mucho después que el "Rey Carbón" haya dejado de dominar nuestra economía nacional, el minero sigue acaparando nuestra imaginación colectiva de una manera mucho más poderosa que cualquier otro tipo de trabajador, una extraña amalgama entre admiración, misterio y culpa.



"Gran Bretaña se construyó sobre las espaldas de los mineros'', escribió George Orwell, describiendo al minero del carbón como "una especie de cariátide mugrienta sobre cuyos hombros se apoyan casi todas las demás cosas que no son mugrientas''. El minero desempeña un rol similar en la cultura chilena, como el símbolo intensamente masculino de la clase trabajadora de Chile: fuerte, arrogante, emprendedor y rebelde.

Pues Chile se ha construido asimismo sobre la minería: primero, de oro y plata; luego, salitre para hacer explosivos y fertilizantes, y ahora cobre, del cual es el mayor productor del mundo. Los mineros de Gran Bretaña ya son sólo 10.000, pero en una época fueron una casta particular y elevada dentro de la clase obrera, una hermandad forjada en el peligro, la humedad y la fortaleza física, que ejercía un gran atractivo romántico.

"Cómo desearía estar ahí...''

En su "Carta a Lord Byron", W.H. Auden evoca un viaje en tren durante su infancia a través de un yacimiento de carbón: "Del corredor / Lo vi pasar con envidia, pensando '¡Qué fantástico!/ Oh, cómo desearía estar ahí'./ Rieles de tranvía y escoriales, piezas de maquinarias,/ Ése era, y aún es, mi escenario ideal''.

D.H. Lawrence menospreciaba la ciudad carbonífera de su infancia, "un pueblucho feo en un paisaje feo'', pero a él también las minas le prometían "un tipo de oscuridad interior resplandeciente''. Tal vez el minero británico sea una especie en vías de extinción, pero la historia de los mineros conserva todo su potencial: "El camino a Wigan Pier" nos conduce directamente a Billy Elliot.





Antes de la I Guerra Mundial, la industria británica del carbón le dio trabajo a alrededor de un millón de hombres, una décima parte de toda la población obrera del país. Unas 3 mil minas producían la mitad del carbón de Europa. Con reglamentos en parte propios, aferrados a sus propias tradiciones, música y poesía, los mineros eran una raza aparte y trabajaban sin ser vistos. En la imaginación popular, eran fuertes y nobles, golpeando la superficie de piedra, trabajando duramente en un mundo subterráneo empapado donde el hombre no debía estar. El oficio se transmitía de padres a hijos; las hijas se casaban con hombres de la misma comunidad minera.

El peligro era un elemento más que se agregaba al arenoso glamour, y había una percepción generalizada de que, en las palabras de Orwell: "Usted y yo le debemos la comparativa decencia de nuestras vidas a las heroicas y valerosas almas subterráneas, ennegrecidas hasta los ojos, con sus gargantas llenas de polvo''.

Duros como el granito

Mucho antes del drama de la mina San José, los mineros desempeñaron un papel semejante en la psiquis de Chile, como la personificación de la hombría de la clase obrera: rebeldes, independientes y duros como el granito. Baltazar Castro, autor de cuentos cortos y político que trabajó de joven en El Teniente, la mayor mina subterránea de cobre del mundo, expresó en palabras la mentalidad machista, casi elitista de sus compañeros mineros: "Nunca miré en menos a mis compañeros que trabajaban en la superficie... pero mi aspiración era siempre la de ser transferido a la mina, sentir que era minero en todo el sentido de la palabra''.

Los mineros de El Teniente, desde el minero jefe que ponía los explosivos hasta los enmaderadores que apuntalaban las paredes del túnel, competían para desafiar al peligro. Castro celebraba "la fama del verdadero enmaderador, capaz de pisarle los talones a las explosiones mientras avanzaba hacia el interior de la montaña''. Los mineros de San José, discutiendo quién debería ser el último en ser rescatado, están siguiendo una larga y valerosa tradición minera.

Los mineros chilenos usaban una ropa distinta, se dejaban crecer elaborados bigotes y adoptaban sus propias costumbres y música. En las minas, se apoyaban unos a otros, establecían sus propias jerarquías, se cuidaban las espaldas y trabajaban juntos, burlándose al mismo tiempo de sus jefes. Sobre la superficie, se afiliaban a sindicatos, se metían en peleas y frecuentemente, iban a la huelga. El fornido minero con su perforadora sigue siendo un símbolo del orgullo de la clase trabajadora chilena.

Como lo observa el novelista chileno-norteamericano Ariel Dorfman, la conducta de los mineros atrapados nos ofrece una parábola moderna, derivada de la historia subterránea del país: "Las minas hicieron que los trabajadores se organizaran, se descubrieran unos a otros y se cuidaran unos a otros... Están abajo en las minas y nos están dando una lección a todos''.

Los mineros de Chile, al igual que sus contrapartes británicos de una época anterior, desarrollaron un sentido de identidad arraigado en la fuerza física, la capacidad de trabajar arduamente y la solidaridad colectiva. La acusación de ser un "crumiro'' es el peor insulto para un minero chileno.

Enterrada en el pasado

Así como en Gran Bretaña, la experiencia minera chilena atraviesa su literatura en vetas profundas. Todos los escolares chilenos leen "El chiflón del diablo" de Baldomero Lillo, que se publicó por primera vez en 1904. Lillo trabajó en las minas, y su relato más famoso describe cómo un monstruoso pique de la mina se devora a los mineros que han penetrado a su guarida: para muchos chilenos, hay similitudes inconfundibles con la suerte de los mineros, engullidos por las entrañas del desierto de Atacama.

El profesor Vic Allen, historiador oficial del National Union of Mineworkers (Sindicato Nacional de Mineros de Gran Bretaña), describió en una ocasión la imagen popular, si bien estereotipada, de los mineros: "Hombres duros y poco refinados, distintos y separados de los demás trabajadores, excavando en misteriosos calabozos de carbón, en cierto modo temibles... pero atractivos''.

Esa es también una descripción precisa de los mineros chilenos: hombres simples, autodisciplinados, prisioneros durante 69 días, pero abriéndose camino de un hoyo psicológico, a medida que los rescatistas excavan hacia ellos. Es eso lo que toca una fibra sensible en Gran Bretaña: el recuerdo de una antigua cultura minera que ahora yace irrevocablemente enterrada en nuestro pasado.



Baldomero Lillo y El Chiflón del Diablo

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sábado, 16 de octubre de 2010

El milagro de los 33

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REVISTA SÁBADO
sábado 16 de octubre de 2010





El padre de Jimmy Sánchez, el más joven de los atrapados; Miguel Fortt, el primer voluntario rescatista; Carlos Parra, capellán evangélico del campamento; Maglio Cicardini, alcalde de Copiapó y devoto de la Candelaria; y Alfonso Ávalos, padre de los hermanos Florencio y Renán. Cinco vidas cruzadas en el último día de encierro de los mineros. Lejos están los días en que recién comenzaban a llegar las familias a preguntar qué sucedía y aquí no había nada, excepto una barrera. Cuando la chimenea colapsó y Golborne se quebró al hacer el anuncio, "Fue el día más terrible de todos", recuerda un familiar. -¿Puede sacar a los 33 mineros? -le preguntó el Presidente a fortt. -Sí, pero necesito todos los recursos en Chile y fuera de Chile-dijo. En una carta Jimmy sánchez decía: "Sueño que mi mamá (en la foto) me viene a dar mi comida. He pasado mucha hambre". Dicen que en la mina han ocurrido dos milagros: uno, que estén vivos; y dos, que la mayoría de ellos, que jamás habían escrito una carta de amor, ahora lo han hecho.

Por Gazi Jalil F., desde la mina San José




Juan Sánchez se despierta a las 7 de la mañana y se persigna. Prende la tele y se persigna. Se queda viendo los despachos en directo desde el campamento Esperanza y se persigna. Se pone la camiseta de la U. de Chile que le envió hace unas semanas la barra Los de Abajo y se persigna. En el pequeño comedor de su casa desayuna y se persigna. Se levanta de la mesa, se despide de su mujer, Norma Lagués, y antes de salir a tomar el bus hacia el campamento, vuelve a persignarse.

Afuera pasa frente a un cartel. Dice: Fuerza Jimmy. Pasa frente a otro: Pantera, te esperamos. Cruzando, está la multicancha donde los vecinos preparan la bienvenida de Jimmy. En la esquina hay un grafiti con el nombre de Jimmy. Al lado alguien escribió: "Resiste hijo y acumula historias para tus nietos". Todas las casas de la población Villa Esperanza están embanderadas.

Jimmy, 19 años, es el más joven de los mineros atrapados y mientras Juan Sánchez, su padre, camina hacia la plaza de Copiapó, la gente lo aplaude, se le acerca, lo saluda, lo felicita, le desea suerte y le dice que esté tranquilo.

-Estoy tranquilo -contesta él.

A esa misma hora, ocurren otras cosas:

Norma Cortés, la madre de Claudio Acuña, se toma una pastilla contra la hipertensión apenas despierta y se coordina con siete miembros de la familia para ir a tomar el bus.

Alfonso Ávalos, padre de Florencio y Renán, que ha permanecido toda la noche en vigilia en el campamento junto al resto de los Ávalos, atiende a casi todos los canales de televisión que transmiten desde la mina San José.

El pastor Carlos Parra, de la Iglesia Adventista de Copiapó, transformado en el capellán evangélico de los familiares, hace lo que siempre hace todas las mañanas: ora, pero ora en términos inusualmente técnicos para una oración. Ora por el encamisado, ora por la cápsula Fénix, otra por el peinecillo, ora por la roca viva. También ora por el Gobierno y al final ora por los mineros que comienzan a salir hoy.

Maglio Cicardini, el alcalde de Copiapó, no puede desayunar de los nervios. Tampoco logró dormir en toda la noche. Pone en el bolsillo de su cortaviento una figura de yeso de la Virgen de la Candelaria que siempre lleva consigo y en la camioneta escucha las noticias matinales de Radio Festiva. Allí se entera que el rescate se podría adelantar un par de horas, a las 10 de la noche. El alcalde, que es devoto de la Virgen y dueño de Radio Festiva, decide apurar un par de compromisos municipales para llegar temprano al campamento.

Jhonny Quispe, suegro del boliviano Carlos Mamani, el único extranjero entre los atrapados, está a dos horas de terminar su turno en las labores de rescate, bajo las órdenes de André Sougarret. Quispe es el conductor del camión aljibe y toda la noche ha pensado en lo que la gente anda diciendo: que Carlos podría ser el primero en salir.

Miguel Fortt, el ingeniero en minas que está desde el derrumbe, se sienta a leer las noticias. Había avisado que no iría a la Universidad del Mar hoy, donde hace clases en la carrera de Ingeniería en Prevención de Riesgos y Medio Ambiente. Igual se despertó a las seis de la mañana.




Juan Sánchez camina entre la multitud de periodistas, familiares, voluntarios y figuras de la TV que hay en el campamento. Se cruza con Don Francisco. Se cruza con Miguel Piñera. Se cruza con José Miguel Viñuela. Se cruza con la cámara de CQC. Se cruza con casi todos los rostros anclas de la televisión chilena que apenas notan su presencia entre la tensión, el desorden, el calor infernal, la polvareda que se levanta, el ruido de los generadores eléctricos y los helicópteros que pasan en vuelo rasante.

Juan Sánchez es de los pocos familiares directos de los mineros que se puede ver por acá. También está María Segovia, hermana de Darío Segovia; Lilian Ramírez, esposa de Mario Gómez; Verónica Quispe, esposa de Carlos Mamani, pero la mayoría ha preferido estar en un área sin acceso a la prensa, cansados de responder mil veces las mismas preguntas: y cómo se siente, y qué va a hacer cuando vea a su hijo, y qué le va a decir a su marido, y cómo ha vivido estos días. Y los periodistas, que han venido de 40 países hasta este punto inexistente en el mapa, se deben conformar con preguntarle a la cuñada de, al suegro de, al tío de o al amigo de.

Lejos están los días en que recién comenzaban a llegar las familias a preguntar qué sucedía y aquí no había nada, excepto una barrera, una garita y escasa información.

Ese día, el jueves 5 de agosto, a Juan Sánchez le avisó un vecino. Le dijo:

-Juan, hubo un accidente en la mina y el Jimmy quedó atrapado.

Y Juan Sánchez, que estaba tomando té con su mujer, miró el reloj en forma instintiva. Seis y media de la tarde. Y Norma Lagués, que justo se había levantado a recoger los platos, rompió en llanto.

-Vieja, pero no se sabe, no han dicho nada, a lo mejor no es cierto -le dijo su marido para consolarla.

Juan Sánchez recuerda la escena como una película.

"Llamamos a la oficina de la minera en Copiapó y nadie contestaba. Luego llamamos a la mina y nos dijeron que había pasado algo, pero que no se sabía nada más. Me preguntaron de quién era familiar. De Jimmy Sánchez, dije. Al otro lado hubo silencio. Quedamos preocupados y mi cuñado volvió a llamar para reclamar por la falta de información. Pero cómo no van a saber qué pasa, les gritó, y le cortaron. Entonces fuimos a la casa de la Helen, la polola del Jimmy, en Villa Arauco. Tampoco sabía nada. El papá de la Helen llamó a Carabineros. Nada. Llamamos a un conocido en Investigaciones. Nada. Volvimos a llamar a la mina. Sonaba ocupado. Habían descolgado el teléfono. Decidimos ir a la mina con mi cuñado y con un tío que trabajaba allá para que nos indicara el camino. Fuimos los primeros en llegar".

Alfonso Ávalos se enteró en la noche junto a su mujer, María Silva, por las noticias de la tele. De inmediato 16 miembros de la familia se acomodaron en dos camionetas y partieron a la mina. A Norma Cortés, que vive en Ovalle, la llamó su hijo, Arnaldo Acuña.




-Mamá, parece que el Claudio quedó atrapado. Era el turno de él -le dijo.

Desde entonces, Norma dejó Ovalle y ha vivido entre el campamento y la casa de su hijo en Copiapó.

Johnny Quispe lo supo de inmediato. Trabajaba en la mina e iba saliendo del túnel a bordo del camión aljibe cuando sintió una bocanada de polvo en su espalda.

-Mira, hubo un derrumbe -le dijo otro minero.

Quispe se dio vuelta y quedó paralizado.

Eran las 13.45 horas.

Juan Sánchez, que se había enterado casi cinco horas después del accidente, llegó a las 8 y media de la noche a la mina.

-¿De quién es familiar? -le volvieron a preguntar en la barrera.

-De Jimmy Sánchez -volvió a responder.

-Está adentro, hubo un derrumbe, pero no sabemos en qué sector.

A lo lejos alcanzó a divisar dos carros de Bomberos y uno del Cuerpo de Rescate, y de la boca de la mina aún salía una nube de tierra. "Ahí pensé que era algo realmente grave", dice.

Juan Sánchez lo supo porque también es minero. Empezó a trabajar como pirquinero, luego estuvo en Domeyco, Inca de Oro, Mantos de Cobre e incluso en la Minera San Esteban, dueña de la San José. Su único accidente fue en la mina Amolana, de la empresa Cobrex. Se cortó un dedo con la correa de un motor. "Pero fue culpa mía. Estaba con sueño y me descuidé", dice. El dedo se lo volvieron a pegar.

En su familia casi todos son o han sido mineros: su papá, sus dos hermanos, varios tíos, sobrinos, su yerno y dos cuñados, sin considerar a los parientes mineros de su mujer. Ambos tienen siete hijos, pero sólo Juan, el mayor, y Jimmy, el tercero, siguieron la misma vocación.

En eso pensaba Juan Sánchez, cuando intentaba conseguir más información el día del derrumbe. Tuvo que regresar unos kilómetros para obtener señal de celular y decirle a su otro hijo que llamara a la prensa. Justo allí vio el auto de la familia de Franklin Lobos que iba a hacia la mina.

Después llegó la familia de Mario Gómez, llegó la señora de Claudio Yáñez, que no paró de llorar, llegó la televisión, llegaron dos grupos de rescate, uno de la minera Carola y otro de Pucobre. Llegó Carabineros, el Gope, la Asociación Chilena de Seguridad.

A las 4 y media de la mañana, el gerente de la mina, Alejandro Bohn, reunió a las familias que ya estaban en el lugar, les dijo que hubo un derrumbe y que los grupos de rescate estaban trabajando y en seguida dio la lista de los mineros atrapados. Eran 34. Hasta ese momento no se sabía que uno del turno no había llegado a trabajar.

"Hacía mucho frío y yo tenía apenas un chaleco. Un familiar de Franklin Lobos me prestó una parka y nos metimos a la micro de la empresa a pasar el resto de la noche. Había unas 10 familias. En la mañana nos trasladamos al sector en que nos quedamos estos dos meses y al mediodía se comenzaron a instalar las primeras carpas", cuenta Juan Sánchez.

Hoy, casi 70 días después, el campamento parece una gran feria sobrepoblada y organizada, con un casino que prepara 800 raciones al almuerzo, tres salas de prensa, containers, decenas de camiones de las estaciones de televisión, vallas papales, señal de todos los celulares, conexión a internet, varias antenas parabólicas, más de 100 carabineros, baños químicos, una escuelita, estudios de radio que transmiten minuto a minuto, cientos de carpas y casas rodantes, tres controles policiales para llegar y un gran estacionamiento para mil automóviles.

Cuando llega Miguel Fortt al campamento se acerca Lilian Ramírez a abrazarlo. Detrás de ella, una fila de familiares de los mineros, padres, tíos, hijos, espera para saludarlo.

-Por fin van a salir -le dicen.

Y Fortt, casado, cinco hijos, responde con una sonrisa.

Fortt fue el primer experto en rescate que llegó a la mina. Ha participado en 14 rescates mineros, ocho de ellos en Chile, y ha hecho sondajes no sólo en el país, sino que también en Argentina, Perú, Australia y Nueva Guinea.

Iba en su camioneta desde Copiapó a Caldera, donde vive, cuando escuchó por Radio Nostálgica que los rescatistas intentaban entrar por la chimenea. Al llegar a su casa le mandó un mail a Marcelo Kemeny, dueño de la mina, con copia a la radio. Fortt conocía a Kemeny. Trabajó como contratista en el yacimiento Chañarcillo y hace poco tiempo había hablado con él sobre un proyecto de sondaje que no se concretó. Esa vez, el empresario le dejó su tarjeta con su mail. Por eso sabía dónde escribirle. En el mail le recomendaba que se implementara un plan B con sondajes múltiples para ganar tiempo. Kemeny nunca le respondió, pero en la radio leyeron el mail al aire y los familiares de los mineros lo escucharon y le pidieron al ministro Golborne, que ya había llegado, que lo ubique.

"Yo andaba en una mina de oro en Chañarcillo y sólo cuando llegué a mi casa mi señora me dice que el ministro quería hablar conmigo. Era sábado y ya había fallado el plan A. Le dije a mi señora que me preparara el equipo y subimos a la San José. La primera persona que me recibe es Lilian Ramirez", recuerda Fortt.

Ese día habló con Golborne, recorrió el sector, vio los planos geomecánicos y luego, cuando estuvo Piñera, habló con él.

-¿Puede sacar a los 33 mineros? -le preguntó el Presidente.

-Sí, pero necesito todos los recursos en Chile y fuera de Chile - dijo.

-Va a tener todos los recursos que necesite -le respondió mirando a Golborne.



"Pero el día 8 comenzaron a llegar los topógrafos de Codelco y tuve mis primeras divergencias de opinión con ellos. Son buenos operadores mineros, buenos administradores de contratistas, pero de rescate no sabían nada. Pronto dejaron de considerar mi opinión y me fui. Sólo regresé al día siguiente luego que me lo pidiera el ministro", cuenta. "Pero con la llegada de Sougarret sentí que me estaban sacando".

Sin embargo, Fortt no ha dejado de venir todos los días. Dice que sólo se relaciona con el ministro y no con el equipo de rescate de Codelco. "Son muy soberbios. Las relaciones humanas no son su especialidad", dice.

Fortt se transformó en el nexo entre las familias, que siempre lo defendieron, y el gobierno. De hecho, en uno de los momentos más tensos, cuando los pirquineros querían tomarse la mina y entrar por la chimenea, Fortt los convenció de que el cerro no estaba en condiciones.

El ingeniero viene hoy acompañado de su mujer. Juan Sánchez termina de almorzar en el casino y se acerca a saludarlo.

-Este es el día -le dice el minero.

-Este es el día -le responde el ingeniero.

Sánchez se cruza luego con el alcalde Cicardini. Cicardini, ex PS, usa un cortaviento municipal y un casco plateado, y fue minero antes de ser alcalde. Trabajó en la Disputada de Las Condes, en Pelambres y en la mina El Soldado, en El Melón. Se enteró del derrumbe fue a través de Radio Festiva y el segundo día, cuando vio que las familias decían que no se iban a mover hasta que los mineros aparecieran vivos, decidió montar el casino con un agregado para que se quedaran las mujeres. Ese fue el inicio del campamento. Pronto comenzaron a llegar frazadas y colchonetas. También psicólogos, psicopedagogos y asistentes sociales. Más tarde, a medida que aparecían más familiares, hubo agua, luz, personal de aseo, retiro de basura, baños, movilización. Se sumaron las municipalidades de Tierra Amarilla, Vallenar y Caldera. Después llegaron las señales para celulares, hasta que los mismos habitantes bautizaron el lugar como campamento Esperanza.

El Gobierno instaló unas carpas militares para que las familias se cambiaran a un sector más cómodo. "Era un campamento de lujo. Le pusieron 'La nueva aldea', pero aquí le decían 'El barrio alto' y la mayoría prefirió permanecer donde mismo. El sector donde están las autoridades y los expertos comenzó a ser conocido como La Dehesa, porque allí tienen un casino más elegante y duchas con agua caliente. Las carpas militares eran Las Condes y este campamento, La Pintana", dice Cicardini.

-¿Qué había de almuerzo hoy? -le pregunta Cicardini a Juan Sánchez

-Ravioles.

Un periodista francés le pide al alcalde una entrevista. Detrás espera uno finlandés, una de Bolivia y otro de México.

Juan Sánchez tiene colgada en su polera una chapita con el rostro de Jimmy, y detrás de su credencial que lo acredita como familiar puso una estampita de San Expedito. La tiene desde el día en que falló el primer plan, cuando la chimenea colapsó y Golborne se quebró al hacer el anuncio. "Fue el día más terrible de todos", recuerda mientras recorre los 200 metros del campamento, esquivando cámaras. Norma Cortés, la mamá de Claudio Acuña, vomitó y Alfonso Ávalos le preguntó a un doctor de la AChS cuánto podía durar una persona sólo con agua. Sesenta días le dijo.



"Pesqué a mi hijo mayor y me puse a llorar. Perdimos toda esperanza y me vine para la casa -dice Sánchez-. "Veníamos callados en el auto y se nos caían las lágrimas. Pensaba por qué mierda mi hijo se fue a trabajar allá. Mi señora se había enterado por la tele. Estaba destrozada".

-Me voy para la mina otra vez. Si el Jimmy está en el refugio y hay alimento y agua para 48 horas, está bien -le dijo a Norma, su mujer.

-También quiero ir, estar allá, cerca de mi niño -respondió ella.

"Yo no quería que fuera, pero partimos con mi cuñado y unos vecinos. Llegamos como a las 8 de la tarde y allí estaba María Segovia, la alcaldesa del campamento, gritando y alborotando a todos. Y nos fuimos a conversar con el ministro y los dueños de la empresa. Queríamos una explicación. Llegamos hasta la garita y Carabineros tuvo que hacer un cordón humano para detenernos. Atrás de ellos había otro cordón humano de detectives. Fue el día de la desesperación", cuenta Sánchez.

Ese día, Pedro Simunovic y Alejandro Bohn, ambos gerentes de la empresa, y Alberto Salas, que se presentó como presidente de los mineros, salieron a hablar con las familias. Se subieron en la parte trasera de una camioneta y Salas tomó la palabra.

-Yo también soy minero -dijo.

-Si fueras minero se te notaría en las manos, conchetumadre -le gritó Sánchez, lleno de rabia.

Ahora recuerda: "No queríamos que hablara Salas. Para mí no era un minero y empezamos a gritarles a los tres 'asesinos, asesinos'. Estaban nerviosos, sobre todo Simunovic. Bohn, en cambio, tenía un gesto irónico. Casi terminamos pegándoles. Carabineros tuvo que intervenir y se los llevaron. Muy tenso. Sólo cuando comenzaron a llegar las máquinas de sondaje aparecieron las banderas, los gritos y los ceacheí".

En el cerro, allí donde antes estaban las 33 banderas, uno por cada minero, ahora está la de Estados Unidos, la de Argentina, la de Canadá, la de Marruecos y la de Palestina. En la noche llegará un atleta uruguayo con el único propósito de agregar su bandera. También ha llegado el dueño de la bandera del terremoto, un estudiante de Calama que compuso una canción para los mineros, una maratonista en silla de ruedas y un ciclista que viene pedaleando desde Peñalolén.



Faltan pocas horas para el rescate

El pastor Carlos Parra busca a Juan Sánchez para mostrarle la carta que le envió Jimmy. En el último párrafo le escribe: "Somos 34 porque Dios nunca nos dejó". Antes del derrumbe, Jimmy pertenecía a la iglesia evangélica, pero casi no participaba. Su madre y su abuela lo habían llevado un día que lo vieron mal por un problema sentimental. Abandonó el colegio en octavo básico. "Ese tiempo estábamos muy mal económicamente y él no tenía ni para el pasaje. Yo estaba en la agricultura y mi mujer era asesora del hogar. Era todo muy difícil, así que él se quedó en casa cuidando a los más chicos. Esa fue su tarea y era bien ordenado. Lavaba la loza, hacía el aseo", cuenta su padre.

Los Sánchez Lagués viven en la Villa Esperanza, una de las más pobres de Copiapó. Llegaron allí a tomarse el terreno, cuando Jimmy tenía dos meses de vida. Eran cinco y vivían en una pieza de tres por tres. La población recién se urbanizó hace 12 años.

Fanático de la U. de Chile, tal como su padre, Jimmy tenía su pieza pintada de azul y la bandera pegada en la puerta. Toda la ropa que se compraba era azul y había dibujado fuera de la casa un grafiti con un chuncho. Jugaba de lateral en el Unión Rodríguez y antes en el Manuel Rodríguez, pero cuando nació su hija Bárbara dejó el fútbol y desechó la idea de hacer el servicio militar. Este año le tocaba cumplirlo y se había inscrito.

Nunca supo que Helen, su pareja, estaba embarazada de siete meses hasta que la mamá de ella le contó a la mamá de Jimmy. Jimmy no la había visto desde que terminaron, pero cuando se enteró volvió con ella y decidió buscar trabajo en la mina.

Ganaba 350 mil pesos mensuales y se había hecho amigo de Ariel Ticona, también fanático de la U. Se levantaba a las 6 y media de la mañana y volvía a las 9 de la noche. Contaba que los jefes lo felicitaban. Apenas llevaba dos meses cuando ocurrió el accidente. Hoy continuamente le manda saludos al pastor Parra, desde que éste les envió a los mineros 33 biblias pequeñas.

Parra llegó al campamento tres días después del accidente y ha logrado entrar incluso en las familias católicas. Juan Sánchez, que es católico, dice que ahora cree en todas las religiones y ora con el pastor todos los días a las seis de la tarde, antes del último reporte del ministro Golborne. Parra incluso ha hablado con dos de los mineros por videoconferencia: con Henríquez y con José Ojeda, el guía espiritual durante los días de encierro. Ojeda le mandó una carta que el pastor escaneó y puso en su Facebook. Hará lo mismo con la de Jimmy Sánchez.

El día que se mostró la primera imagen dentro de la mina, cuando aparecía la cara de uno de los mineros como un espectro, Juan Sánchez pensó que era su hijo. Ahora ya no lo piensa. Dice que fue el entusiasmo.

Ese día Miguel Fortt alojaba en la carpa de la Onemi junto a su señora. A las seis de la mañana se despertó con un silencio que hace días no escuchaba. Todas las máquinas de sondaje pararon al unísono.

-Hicieron contacto -le dijo a su señora.

Sabía que el silencio sólo significaba una cosa: los rescatistas querían escuchar si emergían ruidos desde el fondo. "Tuve unas ganas de llorar terribles, pero no lo hice. Un periodista me dijo que tenía cara de póquer. A la primera que abracé fue a la Lilian", recuerda.

Alfonso Ávalos despertó con los gritos de un rescatista que corría hacia el campamento

-¡Están vivos! -decía.





La noticia pilló al alcalde Cicardini en una feria de Copiapó. Estaba comprando pañuelos para llevarles a los familiares, cuando vio que todo el mundo se abrazaba. Tomó su Virgen de la Candelaria y fue al santuario. Le había prometido a la Virgen visitarla el día que los encontraran vivos. Luego subió a la mina.


Jhonny Quispe abrazó a su hija Verónica. Pero ya sabía que estaban vivos. No porque trabajara en el rescate, sino porque tres días antes había llamado a un primo en Bolivia para que consultara con un yatiri, un chamán altiplánico que ve el futuro en las hojas de coca. Y las hojas de coca habían dicho que Carlos Mamani y todos los mineros estaban vivos. "Las hojas de coca saben", le dijo Quispe a Verónica.

Después llegaron las cartas. En una Jimmy decía: "Sueño que mi mamá me viene a dar mi comida. He pasado mucha hambre". Juan y Norma lloraron juntos cuando la leyeron.

Luego le envió una carta a Helen diciéndole que se quería casar con ella. Cicardini dice que en la mina han ocurrido dos milagros: uno, que estén vivos; y dos, que la mayoría de ellos, que jamás habían escrito una carta de amor, ahora lo han hecho. Muchos ofrecieron matrimonio, pero Sánchez no está de acuerdo con que su hijo quiera casarse. "Está muy joven", dice.

Sólo quedan unas horas para el rescate. Carabineros juegan a la pelota con los niños, los llevan en sus motos. Los periodistas se acreditan para estar más cerca de la cápsula Fénix. Se instala un telón en el campamento para ver la transmisión. Reparten globos con helio para soltar al momento en que salga el primero, Florencio Ávalos.

Cuando salga, todo se convertirá en un caos y la carpa de los Ávalos desaparecerá en medio del asedio periodístico.

En Copiapó la gente se prepara para la celebración. En la plaza se ha instalado una pantalla gigante para seguir el rescate, la municipalidad adornó con guirnaldas el camino hacia el hospital donde llegarán los mineros y por las calles se ofrecen banderas con los rostros de todos ellos, fotos de Piñera con el mensaje "Estamos vivos en el refugio los 33", poleras con el mismo mensaje estampado y atrás el nombre de cada minero, tazones alusivos y viseras que dicen "Los 33".

En la calle la gente los llama "Héroes del Bicentenario", "Los 33 de Atacama", "Nuestros mineros".

Hace rato que no se ve por el campamento a Juan Sánchez. Él, Norma y Helen están inscritos para recibir a Jimmy, que será el quinto en salir. En la cancha de la Villa Esperanza de Copiapó los vecinos tienen todo listo para la celebración y la familia ha invitado al pastor Parra para que dé la oración inicial. Parra dice que siempre quiso predicar la palabra de Dios al mundo y que lo ha conseguido a través de todos los canales que lo han entrevistado. Ahora quiere tener un programa de televisión.


Miguel Fortt fue declarado hijo ilustre de Caldera y será el padrino de matrimonio de Lilian Ramírez y Mario Gómez.

Alfonso Ávalos pedirá que dejen encendido el fogón que prendió para esperar a sus dos hijos como una especie de llama de la libertad y que el lugar donde estuvo la familia sea marcado.

Juan Sánchez le construyó otra pieza a su hijo, más grande, más elegante, y en diciembre se casará por la iglesia con Norma cuando cumplan 25 años de casados por el civil.

En el momento en que salga Jimmy de la cápsula, Juan lo recibirá con la bandera de la U.

Por Gazi Jalil F., desde la mina San José.

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La proeza del desierto de Atacama en editoriales de destacados periódicos extranjeros: El mundo mira a Chile

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Fecha: 16 de octubre de 2010

La proeza del desierto de Atacama en editoriales de destacados periódicos extranjeros: El mundo mira a Chile

Después del impacto noticioso, la prensa internacional procesa lo sucedido y emite sus juicios.

Piñera, días de gloria de la nueva estrella
DIARIO ABC ESPAÑA

La nueva estrella del firmamento internacional se llama Sebastián Piñera. El primer Presidente conservador desde que Chile recuperó la democracia (1990) ha conquistado un puesto de honor en el estrado mundial de la política sin distinción de colores.

El Presidente de Chile, audaz hombre de negocios, ha demostrado estar sobrado de reflejos para aprovechar las oportunidades que la vida ha puesto a su alcance. Su fortuna, en torno a los 3.500 millones de dólares -después de vender Chilevisión-, es buena prueba de ello. Convirtió el drama de los mineros en cuestión personal y de Estado. Apostó a todo o nada por su rescate cuando los demás miraban para otro lado. Supo estar junto a las desconsoladas familias y pedir sin complejos ayuda internacional.

Los mismos (Presidentes de países) vecinos que ayer le observaban de reojo, hoy buscan su mirada. El éxito tiene esas cosas y, como él mismo dijo ayer, «Chile no es el mismo». Y, visto lo visto, el mundo tampoco.


El ejemplo de los mineros chilenos
EL COMERCIO DE PERÚ

La operación de rescate de los 33 mineros chilenos atrapados en el yacimiento San José de Copiapó, en el desierto de Atacama, ha sido simplemente excepcional.

La planificación, ejecución así como el proceso seguido para cautelar la integridad física y mental de los rescatados, en el encierro y luego en la superficie, han puesto en evidencia la aplicación de una estrategia exitosa que ha cumplido con su meta: devolver a la vida a este valeroso grupo de trabajadores del socavón. (...)


El rescate de los mineros corona una serie de éxitos
THE WASHINGTON POST

A menudo no se reconoce lo suficiente que Chile, el que adoptó el libre mercado y el libre comercio en mucho mayor medida que Brasil, ha crecido dos veces más rápido durante las últimas dos décadas y se ha vuelto mucho más rico y competitivo en los mercados mundiales.

(...) Políticamente, su democracia ha producido gobiernos pragmáticos y eficientes y una libertad de prensa sólida. Todo eso contribuye a explicar por qué el rescate de 33 mineros atrapados a más de 600 metros bajo tierra en medio del desierto tuvo éxito.

El gobierno del Presidente Sebastián Piñera, un exitoso empresario, se comprometió rápidamente con la meta políticamente arriesgada de salvar a los hombres atrapados. Gracias a la apertura hacia el mundo y la adopción del emprendimiento del país, éste pudo desplegar eficazmente tecnologías de avanzada. Hubo teléfonos celulares especiales de Corea, cable de fibra óptica flexible de Alemania y asesoría de la NASA en la construcción de una cápsula de rescate. Quizás más significativo, una compañía minera privada con inversionistas japoneses y británicos financió el equipo de perforación como también las brocas para éste de fabricación estadounidense que lograron atravesar la roca en tiempo récord.


No es un milagro
EL PAÍS DE ESPAÑA

(...) El esfuerzo ha sido, en cualquier caso, colectivo y los chilenos han superado con creces el desafío confirmando de nuevo que sus instituciones son sólidas y competentes sus profesionales que, en las múltiples tareas que surgieron día a día, pusieron por delante siempre el objetivo final y nunca sus propios intereses. La solidaridad ha sido el carburante para superar un reto que se les podía haber ido fácilmente de las manos. Chile ha dado ejemplo no sólo a sus vecinos, sino al mundo entero: el rescate se produjo antes de lo previsto y se pusieron en marcha hasta tres estrategias para garantizar la vida de los mineros.


Sonrisas de Chile... lecciones para México
EL UNIVERSAL DE MÉXICO

Los chilenos mostraron que la riqueza más valiosa de un país es su gente, que una tragedia y una crisis pueden ser una gran oportunidad. Oportunidades para buscar resolver cosas de fondo, de encontrar causas comunes, de sumar, de salir adelante y de subir. Esto fue lo que sucedió simbólicamente cuando se vio la bandera de Chile que "subía y salía" en la cápsula Fénix con el primer minero rescatado.

Alguien dijo en Twitter: "En Chile encontraron y rescataron con vida a 33 personas que estaban a 700 metros bajo tierra... en México ni siquiera pudieron encontrar a una niña debajo de su colchón" ¡¡¡!!!. Qué alegría y qué gozo las sonrisas de Chile. ¿Qué tiene que pasar para que en México se hagan realidad esas sonrisas?


Chile y su digno baño de orgullo
LA NACIÓN DE ARGENTINA

En Chile, el orgullo nacional quedó inscripto en su mero nombre, grabado en la cápsula Fénix 2, y en su bandera desplegada en el refugio y en la superficie como la salvaguarda común de esos hombres bravos que, puro coraje, supieron organizarse para no desesperarse y contenerse para no dispersarse.

(...) No da envidia, despierta admiración, y en el fondo, nostalgia: ¿cuánto hace que los argentinos no nos enorgullecemos de nosotros mismos como sociedad en lugar de vanagloriarnos por el crédito de un polo o un sector en particular?

Esa es la diferencia con Chile, acaso más monumental que la cordillera de los Andes, Y es también, la consecuencia de vivir una guerra permanente contra nosotros mismos en la cual es imposible que haya ganadores (...).


Piñera con Dios en los labios
LOS TIEMPOS, COCHABAMBA






Quienes pudieron seguir la transmisión durante horas habrán advertido que vez tras vez Piñera repitió las alabanzas, lloró y se persignó con la señal de la cruz: "Vivimos una noche maravillosa que el mundo entero nunca va a olvidar". Agradeció de nuevo a Dios y a sus ministros por la operación de rescate que no tiene parangón en la historia de la humanidad.

...

Qué envidia advertir la unión y la solidaridad del pueblo con su gobierno en la tarea de rescate, empresa colosal más allá de la furia y desesperación iniciales. El resto, igual al mejor montaje de un filme de Hollywood, caminos que se abren, campamentos que surgen, transporte febril, máquinas perforando la tierra, comunicaciones a granel y la concurrencia de 1.500 comunicadores a nivel planetario...


Coming to Britain, Chile's new star of global politics
INDEPENDENT

(...) El dramático rescate en el desierto de Atacama ha hecho estrellas a los 33 mineros que pasaron más de dos meses atrapados bajo tierra con los ojos del mundo sobre ellos. Pero el resultado notable ha convertido al Presidente de Chile en un héroe de América Latina con un perfil verdaderamente global.


Feliz rescate
THE NEW YORK TIMES

Éste ya fue un año muy difícil para Chile, el que sufrió un terremoto devastador a fines de febrero. El nuevo Presidente, Sebastián Piñera, prometió hacer todo lo posible para traer a los mineros a casa y organizó a su gobierno para que cumpliera la tarea. Igualmente aceptó en forma sensata y amable la ayuda de la comunidad internacional, lo que incluyó este país.


China: 20 mineros mueren en explosión
Las agencias de noticias reportaban esta madrugada una explosión en una mina de carbón de la provincia china de Henan, que dejó 20 muertos y más de 30 atrapados, haciendo la comparación con lo ocurrido en Chile. El año pasado fallecieron 2.600 mineros en accidentes en China.
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Santiago reactiva remodelación del Parque Forestal para 2011

http://www.emol.com/
sábado 16 de octubre de 2010

El proyecto asciende a 1.800 millones de pesos:

Las obras se retrasaron un año porque el Gobierno Regional congeló el proyecto para destinar esos recursos a enfrentar la emergencia del terremoto.

NADIA CABELLO F.
A toda velocidad trabajan en la municipalidad de Santiago para establecer las bases de licitación que permitan llevar a cabo el Plan de Mejoramiento y Remodelación del Parque Forestal, que debía estar listo en diciembre de 2010.



El proyecto tiene casi un año de retraso. ¿La razón? Los recursos que en febrero el Consejo Regional aprobó para el proyecto no fueron entregados a la comuna porque se destinaron para paliar los efectos del terremoto en la capital.

"Como es un proyecto con fondos regionales, como muchos otros se postergó por el terremoto del 27 de febrero, pero al menos no se eliminó, que es lo que más nos importaba", comentó el alcalde de Santiago, Pablo Zalaquett.

Es por eso que esta semana, cuando llegó al municipio el convenio de traspaso de fondos totalmente tramitado por parte del Gobierno Regional, inmediatamente comenzaron a trabajar en la licitación.

"En este momento nos encontramos en proceso de confección de las bases de licitación, y esperamos antes que se haya terminado este año para retomar esta iniciativa, de modo de ver materializada la nueva cara del Forestal en el transcurso del 2011", explicó el alcalde.

La fecha en que debía comenzar la renovación urbana era mayo de este año, pero recién en diciembre podrían comenzar las obras. El total del proyecto asciende a 1.800 millones de pesos, y según la nueva planificación del municipio llevarlo a cabo tomaría diez meses.

La idea es cambiarle la cara al emblemático Parque Forestal que hoy luce con los jardines dañados y las fuentes y esculturas sucias.

Para mejorar el paisaje del parque se construirá una vía exclusiva para ciclistas de 1,5 kilómetros, que será bidireccional y pasará paralela al sendero peatonal, por el bandejón que bordea el río Mapocho, entre las calles Pío Nono y Mac Iver.

Además, los tramos del parque entre José Miguel de la Barra y Mac Iver serán pavimentados, se pondrá allí nuevas luminarias de mejor calidad y eficiencia energética, se hermosearán los jardines y se cambiará el mobiliario con nuevos juegos y esculturas más limpias.

El exterior del Museo de Bellas Artes también sufrirá cambios, pues se unirá con el parque en un solo espacio hasta los límites de la Plaza Francia. También se construirá un atrio frente a la Fuente Alemana, que también será remodelada, entre Cardenal José María Caro y Merced.

1,5
kilómetros de ciclovía en el parque contempla el proyecto.

1.800
millones de pesos costará remozar el sector.

Dos
nuevos atrios habrá a lo largo del Parque Forestal.

viernes, 15 de octubre de 2010

En enero finaliza mayor remodelación de la Quinta Normal en 80 años

www.latercera.com
viernes 15 de octubre de 2010

Este proyecto Bicentenario incluye una plaza de juegos de agua y la renovación de la laguna artificial.
por Consuelo Terra



En la emblemática laguna del Parque Quinta Normal ya no hay patos, botes ni agua. Está seca. En su fondo se está construyendo una cama de hormigón de 10 centímetros de espesor para que resista el peso del agua y no se filtre. Su "cambio de look" será radical. En los próximos meses se construirán embarcaderos de madera y se plantará en los bordes vegetación anfibia, como papiros y calas, y plantas acuáticas: algas, nenúfares y lotos. Lo que se mantendrá son los antiguos árboles de la orilla y los clásicos botes a remo, pero que tendrán un diseño más seguro.

La renovación de la laguna es uno de los hitos del proyecto de remodelación del parque, cuyo diseño fue encargado al arquitecto Teodoro Fernández por el Ministerio de Vivienda, que invirtió 2.500 millones de pesos en esta obra Bicentenario.

Según el arquitecto del Departamento de Planes y Programas del Minvu, José Villarroel, el estado de avance de las obras a la fecha es del 30% y la fecha de entrega de está fijada para el 15 de enero. "El objetivo es poner en valor los lugares más visitados de la Quinta Normal, 4,4 hectáreas entre el acceso principal y la laguna", dice Teodoro Fernández.

Para evitar que los visitantes usen la laguna para bañarse, se creará -en un espacio de 1.500 m2- una plaza de juegos de agua interactiva, cuyo diseño y fabricación fueron encargados a la empresa española Emte Service, la misma que ha creado fuentes lúdicas en Granada, Lisboa y Sevilla. La plaza, ubicada donde antiguamente existía una cancha de patinaje, será de adoquines y tendrá chorros de agua altos, con forma de arcos, y otros que crean figuras y nubes de agua. En el día, niños y adultos podrán mojarse y jugar con el agua y, al atardecer, disfrutar de espectáculos de luces y música. A su vez, a un costado de la fuente se instalarán baños públicos subterráneos. "Estos nuevos servicios contribuyen a un lugar más aseado donde poder pasar el día", dice Fernández.

En su diseño original del siglo XIX, la Quinta Normal tenía un trazado de avenidas internas que se fue desdibujando con el tiempo. "Volveremos a dibujar esos trazados a la francesa, con adoquines y bancas. Por otro lado, en la zona de parque recuperaremos el trazado de paseos laberínticos entre árboles que propuso Claudio Gay", cuenta el arquitecto.

La Quinta Normal fue el primer parque público de América. "En esa época existían parques en Europa, pero eran sólo para la aristocracia. En cambio, la Quinta Normal fue concebida desde el comienzo como un parque abierto a todo el público", afirma Teodoro Fernández.

En el lugar funcionó el primer restaurante elegante de la ciudad, a cargo de Santiago Melossi, y se plantaron por primera vez árboles exóticos, como los plátanos orientales, que después emigraron a otras comunas. "La gente empezó a imitar la Quinta Normal. La Plaza de Armas se convirtió en un pequeño jardín porque la tomó como modelo. Las haciendas chilenas tienen como característica un pequeño parque y eso también viene de la Quinta Normal", finaliza Fernández.


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