sábado, 16 de octubre de 2010

El milagro de los 33

www.emol.com
REVISTA SÁBADO
sábado 16 de octubre de 2010





El padre de Jimmy Sánchez, el más joven de los atrapados; Miguel Fortt, el primer voluntario rescatista; Carlos Parra, capellán evangélico del campamento; Maglio Cicardini, alcalde de Copiapó y devoto de la Candelaria; y Alfonso Ávalos, padre de los hermanos Florencio y Renán. Cinco vidas cruzadas en el último día de encierro de los mineros. Lejos están los días en que recién comenzaban a llegar las familias a preguntar qué sucedía y aquí no había nada, excepto una barrera. Cuando la chimenea colapsó y Golborne se quebró al hacer el anuncio, "Fue el día más terrible de todos", recuerda un familiar. -¿Puede sacar a los 33 mineros? -le preguntó el Presidente a fortt. -Sí, pero necesito todos los recursos en Chile y fuera de Chile-dijo. En una carta Jimmy sánchez decía: "Sueño que mi mamá (en la foto) me viene a dar mi comida. He pasado mucha hambre". Dicen que en la mina han ocurrido dos milagros: uno, que estén vivos; y dos, que la mayoría de ellos, que jamás habían escrito una carta de amor, ahora lo han hecho.

Por Gazi Jalil F., desde la mina San José




Juan Sánchez se despierta a las 7 de la mañana y se persigna. Prende la tele y se persigna. Se queda viendo los despachos en directo desde el campamento Esperanza y se persigna. Se pone la camiseta de la U. de Chile que le envió hace unas semanas la barra Los de Abajo y se persigna. En el pequeño comedor de su casa desayuna y se persigna. Se levanta de la mesa, se despide de su mujer, Norma Lagués, y antes de salir a tomar el bus hacia el campamento, vuelve a persignarse.

Afuera pasa frente a un cartel. Dice: Fuerza Jimmy. Pasa frente a otro: Pantera, te esperamos. Cruzando, está la multicancha donde los vecinos preparan la bienvenida de Jimmy. En la esquina hay un grafiti con el nombre de Jimmy. Al lado alguien escribió: "Resiste hijo y acumula historias para tus nietos". Todas las casas de la población Villa Esperanza están embanderadas.

Jimmy, 19 años, es el más joven de los mineros atrapados y mientras Juan Sánchez, su padre, camina hacia la plaza de Copiapó, la gente lo aplaude, se le acerca, lo saluda, lo felicita, le desea suerte y le dice que esté tranquilo.

-Estoy tranquilo -contesta él.

A esa misma hora, ocurren otras cosas:

Norma Cortés, la madre de Claudio Acuña, se toma una pastilla contra la hipertensión apenas despierta y se coordina con siete miembros de la familia para ir a tomar el bus.

Alfonso Ávalos, padre de Florencio y Renán, que ha permanecido toda la noche en vigilia en el campamento junto al resto de los Ávalos, atiende a casi todos los canales de televisión que transmiten desde la mina San José.

El pastor Carlos Parra, de la Iglesia Adventista de Copiapó, transformado en el capellán evangélico de los familiares, hace lo que siempre hace todas las mañanas: ora, pero ora en términos inusualmente técnicos para una oración. Ora por el encamisado, ora por la cápsula Fénix, otra por el peinecillo, ora por la roca viva. También ora por el Gobierno y al final ora por los mineros que comienzan a salir hoy.

Maglio Cicardini, el alcalde de Copiapó, no puede desayunar de los nervios. Tampoco logró dormir en toda la noche. Pone en el bolsillo de su cortaviento una figura de yeso de la Virgen de la Candelaria que siempre lleva consigo y en la camioneta escucha las noticias matinales de Radio Festiva. Allí se entera que el rescate se podría adelantar un par de horas, a las 10 de la noche. El alcalde, que es devoto de la Virgen y dueño de Radio Festiva, decide apurar un par de compromisos municipales para llegar temprano al campamento.

Jhonny Quispe, suegro del boliviano Carlos Mamani, el único extranjero entre los atrapados, está a dos horas de terminar su turno en las labores de rescate, bajo las órdenes de André Sougarret. Quispe es el conductor del camión aljibe y toda la noche ha pensado en lo que la gente anda diciendo: que Carlos podría ser el primero en salir.

Miguel Fortt, el ingeniero en minas que está desde el derrumbe, se sienta a leer las noticias. Había avisado que no iría a la Universidad del Mar hoy, donde hace clases en la carrera de Ingeniería en Prevención de Riesgos y Medio Ambiente. Igual se despertó a las seis de la mañana.




Juan Sánchez camina entre la multitud de periodistas, familiares, voluntarios y figuras de la TV que hay en el campamento. Se cruza con Don Francisco. Se cruza con Miguel Piñera. Se cruza con José Miguel Viñuela. Se cruza con la cámara de CQC. Se cruza con casi todos los rostros anclas de la televisión chilena que apenas notan su presencia entre la tensión, el desorden, el calor infernal, la polvareda que se levanta, el ruido de los generadores eléctricos y los helicópteros que pasan en vuelo rasante.

Juan Sánchez es de los pocos familiares directos de los mineros que se puede ver por acá. También está María Segovia, hermana de Darío Segovia; Lilian Ramírez, esposa de Mario Gómez; Verónica Quispe, esposa de Carlos Mamani, pero la mayoría ha preferido estar en un área sin acceso a la prensa, cansados de responder mil veces las mismas preguntas: y cómo se siente, y qué va a hacer cuando vea a su hijo, y qué le va a decir a su marido, y cómo ha vivido estos días. Y los periodistas, que han venido de 40 países hasta este punto inexistente en el mapa, se deben conformar con preguntarle a la cuñada de, al suegro de, al tío de o al amigo de.

Lejos están los días en que recién comenzaban a llegar las familias a preguntar qué sucedía y aquí no había nada, excepto una barrera, una garita y escasa información.

Ese día, el jueves 5 de agosto, a Juan Sánchez le avisó un vecino. Le dijo:

-Juan, hubo un accidente en la mina y el Jimmy quedó atrapado.

Y Juan Sánchez, que estaba tomando té con su mujer, miró el reloj en forma instintiva. Seis y media de la tarde. Y Norma Lagués, que justo se había levantado a recoger los platos, rompió en llanto.

-Vieja, pero no se sabe, no han dicho nada, a lo mejor no es cierto -le dijo su marido para consolarla.

Juan Sánchez recuerda la escena como una película.

"Llamamos a la oficina de la minera en Copiapó y nadie contestaba. Luego llamamos a la mina y nos dijeron que había pasado algo, pero que no se sabía nada más. Me preguntaron de quién era familiar. De Jimmy Sánchez, dije. Al otro lado hubo silencio. Quedamos preocupados y mi cuñado volvió a llamar para reclamar por la falta de información. Pero cómo no van a saber qué pasa, les gritó, y le cortaron. Entonces fuimos a la casa de la Helen, la polola del Jimmy, en Villa Arauco. Tampoco sabía nada. El papá de la Helen llamó a Carabineros. Nada. Llamamos a un conocido en Investigaciones. Nada. Volvimos a llamar a la mina. Sonaba ocupado. Habían descolgado el teléfono. Decidimos ir a la mina con mi cuñado y con un tío que trabajaba allá para que nos indicara el camino. Fuimos los primeros en llegar".

Alfonso Ávalos se enteró en la noche junto a su mujer, María Silva, por las noticias de la tele. De inmediato 16 miembros de la familia se acomodaron en dos camionetas y partieron a la mina. A Norma Cortés, que vive en Ovalle, la llamó su hijo, Arnaldo Acuña.




-Mamá, parece que el Claudio quedó atrapado. Era el turno de él -le dijo.

Desde entonces, Norma dejó Ovalle y ha vivido entre el campamento y la casa de su hijo en Copiapó.

Johnny Quispe lo supo de inmediato. Trabajaba en la mina e iba saliendo del túnel a bordo del camión aljibe cuando sintió una bocanada de polvo en su espalda.

-Mira, hubo un derrumbe -le dijo otro minero.

Quispe se dio vuelta y quedó paralizado.

Eran las 13.45 horas.

Juan Sánchez, que se había enterado casi cinco horas después del accidente, llegó a las 8 y media de la noche a la mina.

-¿De quién es familiar? -le volvieron a preguntar en la barrera.

-De Jimmy Sánchez -volvió a responder.

-Está adentro, hubo un derrumbe, pero no sabemos en qué sector.

A lo lejos alcanzó a divisar dos carros de Bomberos y uno del Cuerpo de Rescate, y de la boca de la mina aún salía una nube de tierra. "Ahí pensé que era algo realmente grave", dice.

Juan Sánchez lo supo porque también es minero. Empezó a trabajar como pirquinero, luego estuvo en Domeyco, Inca de Oro, Mantos de Cobre e incluso en la Minera San Esteban, dueña de la San José. Su único accidente fue en la mina Amolana, de la empresa Cobrex. Se cortó un dedo con la correa de un motor. "Pero fue culpa mía. Estaba con sueño y me descuidé", dice. El dedo se lo volvieron a pegar.

En su familia casi todos son o han sido mineros: su papá, sus dos hermanos, varios tíos, sobrinos, su yerno y dos cuñados, sin considerar a los parientes mineros de su mujer. Ambos tienen siete hijos, pero sólo Juan, el mayor, y Jimmy, el tercero, siguieron la misma vocación.

En eso pensaba Juan Sánchez, cuando intentaba conseguir más información el día del derrumbe. Tuvo que regresar unos kilómetros para obtener señal de celular y decirle a su otro hijo que llamara a la prensa. Justo allí vio el auto de la familia de Franklin Lobos que iba a hacia la mina.

Después llegó la familia de Mario Gómez, llegó la señora de Claudio Yáñez, que no paró de llorar, llegó la televisión, llegaron dos grupos de rescate, uno de la minera Carola y otro de Pucobre. Llegó Carabineros, el Gope, la Asociación Chilena de Seguridad.

A las 4 y media de la mañana, el gerente de la mina, Alejandro Bohn, reunió a las familias que ya estaban en el lugar, les dijo que hubo un derrumbe y que los grupos de rescate estaban trabajando y en seguida dio la lista de los mineros atrapados. Eran 34. Hasta ese momento no se sabía que uno del turno no había llegado a trabajar.

"Hacía mucho frío y yo tenía apenas un chaleco. Un familiar de Franklin Lobos me prestó una parka y nos metimos a la micro de la empresa a pasar el resto de la noche. Había unas 10 familias. En la mañana nos trasladamos al sector en que nos quedamos estos dos meses y al mediodía se comenzaron a instalar las primeras carpas", cuenta Juan Sánchez.

Hoy, casi 70 días después, el campamento parece una gran feria sobrepoblada y organizada, con un casino que prepara 800 raciones al almuerzo, tres salas de prensa, containers, decenas de camiones de las estaciones de televisión, vallas papales, señal de todos los celulares, conexión a internet, varias antenas parabólicas, más de 100 carabineros, baños químicos, una escuelita, estudios de radio que transmiten minuto a minuto, cientos de carpas y casas rodantes, tres controles policiales para llegar y un gran estacionamiento para mil automóviles.

Cuando llega Miguel Fortt al campamento se acerca Lilian Ramírez a abrazarlo. Detrás de ella, una fila de familiares de los mineros, padres, tíos, hijos, espera para saludarlo.

-Por fin van a salir -le dicen.

Y Fortt, casado, cinco hijos, responde con una sonrisa.

Fortt fue el primer experto en rescate que llegó a la mina. Ha participado en 14 rescates mineros, ocho de ellos en Chile, y ha hecho sondajes no sólo en el país, sino que también en Argentina, Perú, Australia y Nueva Guinea.

Iba en su camioneta desde Copiapó a Caldera, donde vive, cuando escuchó por Radio Nostálgica que los rescatistas intentaban entrar por la chimenea. Al llegar a su casa le mandó un mail a Marcelo Kemeny, dueño de la mina, con copia a la radio. Fortt conocía a Kemeny. Trabajó como contratista en el yacimiento Chañarcillo y hace poco tiempo había hablado con él sobre un proyecto de sondaje que no se concretó. Esa vez, el empresario le dejó su tarjeta con su mail. Por eso sabía dónde escribirle. En el mail le recomendaba que se implementara un plan B con sondajes múltiples para ganar tiempo. Kemeny nunca le respondió, pero en la radio leyeron el mail al aire y los familiares de los mineros lo escucharon y le pidieron al ministro Golborne, que ya había llegado, que lo ubique.

"Yo andaba en una mina de oro en Chañarcillo y sólo cuando llegué a mi casa mi señora me dice que el ministro quería hablar conmigo. Era sábado y ya había fallado el plan A. Le dije a mi señora que me preparara el equipo y subimos a la San José. La primera persona que me recibe es Lilian Ramirez", recuerda Fortt.

Ese día habló con Golborne, recorrió el sector, vio los planos geomecánicos y luego, cuando estuvo Piñera, habló con él.

-¿Puede sacar a los 33 mineros? -le preguntó el Presidente.

-Sí, pero necesito todos los recursos en Chile y fuera de Chile - dijo.

-Va a tener todos los recursos que necesite -le respondió mirando a Golborne.



"Pero el día 8 comenzaron a llegar los topógrafos de Codelco y tuve mis primeras divergencias de opinión con ellos. Son buenos operadores mineros, buenos administradores de contratistas, pero de rescate no sabían nada. Pronto dejaron de considerar mi opinión y me fui. Sólo regresé al día siguiente luego que me lo pidiera el ministro", cuenta. "Pero con la llegada de Sougarret sentí que me estaban sacando".

Sin embargo, Fortt no ha dejado de venir todos los días. Dice que sólo se relaciona con el ministro y no con el equipo de rescate de Codelco. "Son muy soberbios. Las relaciones humanas no son su especialidad", dice.

Fortt se transformó en el nexo entre las familias, que siempre lo defendieron, y el gobierno. De hecho, en uno de los momentos más tensos, cuando los pirquineros querían tomarse la mina y entrar por la chimenea, Fortt los convenció de que el cerro no estaba en condiciones.

El ingeniero viene hoy acompañado de su mujer. Juan Sánchez termina de almorzar en el casino y se acerca a saludarlo.

-Este es el día -le dice el minero.

-Este es el día -le responde el ingeniero.

Sánchez se cruza luego con el alcalde Cicardini. Cicardini, ex PS, usa un cortaviento municipal y un casco plateado, y fue minero antes de ser alcalde. Trabajó en la Disputada de Las Condes, en Pelambres y en la mina El Soldado, en El Melón. Se enteró del derrumbe fue a través de Radio Festiva y el segundo día, cuando vio que las familias decían que no se iban a mover hasta que los mineros aparecieran vivos, decidió montar el casino con un agregado para que se quedaran las mujeres. Ese fue el inicio del campamento. Pronto comenzaron a llegar frazadas y colchonetas. También psicólogos, psicopedagogos y asistentes sociales. Más tarde, a medida que aparecían más familiares, hubo agua, luz, personal de aseo, retiro de basura, baños, movilización. Se sumaron las municipalidades de Tierra Amarilla, Vallenar y Caldera. Después llegaron las señales para celulares, hasta que los mismos habitantes bautizaron el lugar como campamento Esperanza.

El Gobierno instaló unas carpas militares para que las familias se cambiaran a un sector más cómodo. "Era un campamento de lujo. Le pusieron 'La nueva aldea', pero aquí le decían 'El barrio alto' y la mayoría prefirió permanecer donde mismo. El sector donde están las autoridades y los expertos comenzó a ser conocido como La Dehesa, porque allí tienen un casino más elegante y duchas con agua caliente. Las carpas militares eran Las Condes y este campamento, La Pintana", dice Cicardini.

-¿Qué había de almuerzo hoy? -le pregunta Cicardini a Juan Sánchez

-Ravioles.

Un periodista francés le pide al alcalde una entrevista. Detrás espera uno finlandés, una de Bolivia y otro de México.

Juan Sánchez tiene colgada en su polera una chapita con el rostro de Jimmy, y detrás de su credencial que lo acredita como familiar puso una estampita de San Expedito. La tiene desde el día en que falló el primer plan, cuando la chimenea colapsó y Golborne se quebró al hacer el anuncio. "Fue el día más terrible de todos", recuerda mientras recorre los 200 metros del campamento, esquivando cámaras. Norma Cortés, la mamá de Claudio Acuña, vomitó y Alfonso Ávalos le preguntó a un doctor de la AChS cuánto podía durar una persona sólo con agua. Sesenta días le dijo.



"Pesqué a mi hijo mayor y me puse a llorar. Perdimos toda esperanza y me vine para la casa -dice Sánchez-. "Veníamos callados en el auto y se nos caían las lágrimas. Pensaba por qué mierda mi hijo se fue a trabajar allá. Mi señora se había enterado por la tele. Estaba destrozada".

-Me voy para la mina otra vez. Si el Jimmy está en el refugio y hay alimento y agua para 48 horas, está bien -le dijo a Norma, su mujer.

-También quiero ir, estar allá, cerca de mi niño -respondió ella.

"Yo no quería que fuera, pero partimos con mi cuñado y unos vecinos. Llegamos como a las 8 de la tarde y allí estaba María Segovia, la alcaldesa del campamento, gritando y alborotando a todos. Y nos fuimos a conversar con el ministro y los dueños de la empresa. Queríamos una explicación. Llegamos hasta la garita y Carabineros tuvo que hacer un cordón humano para detenernos. Atrás de ellos había otro cordón humano de detectives. Fue el día de la desesperación", cuenta Sánchez.

Ese día, Pedro Simunovic y Alejandro Bohn, ambos gerentes de la empresa, y Alberto Salas, que se presentó como presidente de los mineros, salieron a hablar con las familias. Se subieron en la parte trasera de una camioneta y Salas tomó la palabra.

-Yo también soy minero -dijo.

-Si fueras minero se te notaría en las manos, conchetumadre -le gritó Sánchez, lleno de rabia.

Ahora recuerda: "No queríamos que hablara Salas. Para mí no era un minero y empezamos a gritarles a los tres 'asesinos, asesinos'. Estaban nerviosos, sobre todo Simunovic. Bohn, en cambio, tenía un gesto irónico. Casi terminamos pegándoles. Carabineros tuvo que intervenir y se los llevaron. Muy tenso. Sólo cuando comenzaron a llegar las máquinas de sondaje aparecieron las banderas, los gritos y los ceacheí".

En el cerro, allí donde antes estaban las 33 banderas, uno por cada minero, ahora está la de Estados Unidos, la de Argentina, la de Canadá, la de Marruecos y la de Palestina. En la noche llegará un atleta uruguayo con el único propósito de agregar su bandera. También ha llegado el dueño de la bandera del terremoto, un estudiante de Calama que compuso una canción para los mineros, una maratonista en silla de ruedas y un ciclista que viene pedaleando desde Peñalolén.



Faltan pocas horas para el rescate

El pastor Carlos Parra busca a Juan Sánchez para mostrarle la carta que le envió Jimmy. En el último párrafo le escribe: "Somos 34 porque Dios nunca nos dejó". Antes del derrumbe, Jimmy pertenecía a la iglesia evangélica, pero casi no participaba. Su madre y su abuela lo habían llevado un día que lo vieron mal por un problema sentimental. Abandonó el colegio en octavo básico. "Ese tiempo estábamos muy mal económicamente y él no tenía ni para el pasaje. Yo estaba en la agricultura y mi mujer era asesora del hogar. Era todo muy difícil, así que él se quedó en casa cuidando a los más chicos. Esa fue su tarea y era bien ordenado. Lavaba la loza, hacía el aseo", cuenta su padre.

Los Sánchez Lagués viven en la Villa Esperanza, una de las más pobres de Copiapó. Llegaron allí a tomarse el terreno, cuando Jimmy tenía dos meses de vida. Eran cinco y vivían en una pieza de tres por tres. La población recién se urbanizó hace 12 años.

Fanático de la U. de Chile, tal como su padre, Jimmy tenía su pieza pintada de azul y la bandera pegada en la puerta. Toda la ropa que se compraba era azul y había dibujado fuera de la casa un grafiti con un chuncho. Jugaba de lateral en el Unión Rodríguez y antes en el Manuel Rodríguez, pero cuando nació su hija Bárbara dejó el fútbol y desechó la idea de hacer el servicio militar. Este año le tocaba cumplirlo y se había inscrito.

Nunca supo que Helen, su pareja, estaba embarazada de siete meses hasta que la mamá de ella le contó a la mamá de Jimmy. Jimmy no la había visto desde que terminaron, pero cuando se enteró volvió con ella y decidió buscar trabajo en la mina.

Ganaba 350 mil pesos mensuales y se había hecho amigo de Ariel Ticona, también fanático de la U. Se levantaba a las 6 y media de la mañana y volvía a las 9 de la noche. Contaba que los jefes lo felicitaban. Apenas llevaba dos meses cuando ocurrió el accidente. Hoy continuamente le manda saludos al pastor Parra, desde que éste les envió a los mineros 33 biblias pequeñas.

Parra llegó al campamento tres días después del accidente y ha logrado entrar incluso en las familias católicas. Juan Sánchez, que es católico, dice que ahora cree en todas las religiones y ora con el pastor todos los días a las seis de la tarde, antes del último reporte del ministro Golborne. Parra incluso ha hablado con dos de los mineros por videoconferencia: con Henríquez y con José Ojeda, el guía espiritual durante los días de encierro. Ojeda le mandó una carta que el pastor escaneó y puso en su Facebook. Hará lo mismo con la de Jimmy Sánchez.

El día que se mostró la primera imagen dentro de la mina, cuando aparecía la cara de uno de los mineros como un espectro, Juan Sánchez pensó que era su hijo. Ahora ya no lo piensa. Dice que fue el entusiasmo.

Ese día Miguel Fortt alojaba en la carpa de la Onemi junto a su señora. A las seis de la mañana se despertó con un silencio que hace días no escuchaba. Todas las máquinas de sondaje pararon al unísono.

-Hicieron contacto -le dijo a su señora.

Sabía que el silencio sólo significaba una cosa: los rescatistas querían escuchar si emergían ruidos desde el fondo. "Tuve unas ganas de llorar terribles, pero no lo hice. Un periodista me dijo que tenía cara de póquer. A la primera que abracé fue a la Lilian", recuerda.

Alfonso Ávalos despertó con los gritos de un rescatista que corría hacia el campamento

-¡Están vivos! -decía.





La noticia pilló al alcalde Cicardini en una feria de Copiapó. Estaba comprando pañuelos para llevarles a los familiares, cuando vio que todo el mundo se abrazaba. Tomó su Virgen de la Candelaria y fue al santuario. Le había prometido a la Virgen visitarla el día que los encontraran vivos. Luego subió a la mina.


Jhonny Quispe abrazó a su hija Verónica. Pero ya sabía que estaban vivos. No porque trabajara en el rescate, sino porque tres días antes había llamado a un primo en Bolivia para que consultara con un yatiri, un chamán altiplánico que ve el futuro en las hojas de coca. Y las hojas de coca habían dicho que Carlos Mamani y todos los mineros estaban vivos. "Las hojas de coca saben", le dijo Quispe a Verónica.

Después llegaron las cartas. En una Jimmy decía: "Sueño que mi mamá me viene a dar mi comida. He pasado mucha hambre". Juan y Norma lloraron juntos cuando la leyeron.

Luego le envió una carta a Helen diciéndole que se quería casar con ella. Cicardini dice que en la mina han ocurrido dos milagros: uno, que estén vivos; y dos, que la mayoría de ellos, que jamás habían escrito una carta de amor, ahora lo han hecho. Muchos ofrecieron matrimonio, pero Sánchez no está de acuerdo con que su hijo quiera casarse. "Está muy joven", dice.

Sólo quedan unas horas para el rescate. Carabineros juegan a la pelota con los niños, los llevan en sus motos. Los periodistas se acreditan para estar más cerca de la cápsula Fénix. Se instala un telón en el campamento para ver la transmisión. Reparten globos con helio para soltar al momento en que salga el primero, Florencio Ávalos.

Cuando salga, todo se convertirá en un caos y la carpa de los Ávalos desaparecerá en medio del asedio periodístico.

En Copiapó la gente se prepara para la celebración. En la plaza se ha instalado una pantalla gigante para seguir el rescate, la municipalidad adornó con guirnaldas el camino hacia el hospital donde llegarán los mineros y por las calles se ofrecen banderas con los rostros de todos ellos, fotos de Piñera con el mensaje "Estamos vivos en el refugio los 33", poleras con el mismo mensaje estampado y atrás el nombre de cada minero, tazones alusivos y viseras que dicen "Los 33".

En la calle la gente los llama "Héroes del Bicentenario", "Los 33 de Atacama", "Nuestros mineros".

Hace rato que no se ve por el campamento a Juan Sánchez. Él, Norma y Helen están inscritos para recibir a Jimmy, que será el quinto en salir. En la cancha de la Villa Esperanza de Copiapó los vecinos tienen todo listo para la celebración y la familia ha invitado al pastor Parra para que dé la oración inicial. Parra dice que siempre quiso predicar la palabra de Dios al mundo y que lo ha conseguido a través de todos los canales que lo han entrevistado. Ahora quiere tener un programa de televisión.


Miguel Fortt fue declarado hijo ilustre de Caldera y será el padrino de matrimonio de Lilian Ramírez y Mario Gómez.

Alfonso Ávalos pedirá que dejen encendido el fogón que prendió para esperar a sus dos hijos como una especie de llama de la libertad y que el lugar donde estuvo la familia sea marcado.

Juan Sánchez le construyó otra pieza a su hijo, más grande, más elegante, y en diciembre se casará por la iglesia con Norma cuando cumplan 25 años de casados por el civil.

En el momento en que salga Jimmy de la cápsula, Juan lo recibirá con la bandera de la U.

Por Gazi Jalil F., desde la mina San José.

---

No hay comentarios:

Publicar un comentario