martes, 26 de octubre de 2010

El silencioso adiós del Gran Palace, el último gran cine del centro de Santiago

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martes 26 de octubre de 2010

Con medio siglo de vida, la sala tuvo sus últimas funciones el pasado 6 de octubre y este fin de semana concluye su etapa de desmantelamiento.

Fernando Zavala

En los años 60, sólo en la calle San Diego habían al menos diez salas de cine. Y muchos de los testigos de aquella época pueden lanzar una larga lista de nombres de cines que abundaban en el centro de Santiago: el Astor, el Windsor, el Toesca, el Rex, el Lido, entre otros. Una larga tradición que este fin de semana llegará a su fin, cuando termine el proceso de desmantelamiento del cine Gran Palace, ubicado en la intersección de las calles Huérfanos y Morandé, el último exponente que quedaba de una época de oro. "Sin duda era uno de los cines más elegantes que había en el centro, era imponente", dice la periodista María Inés Sáez.


El esplendor de los 60, cuando funcionaba el inolvidable juego de luces y bóveda celeste de los costados.
Foto:ZIG ZAG


Ayer parecía como si el cine estuviera abierto, pero no se exhiben películas desde el 6 de octubre.
Inaugurado a fines de los años 50, en 1998 también cayó ante la moda de las multisalas y transformó su espacio para albergar cuatro pantallas. En Chilefilms, la compañía dueña del complejo, sólo afirman que el espacio dejó de funcionar el 6 de octubre y que el inmueble fue comprado. Sin embargo, trascendió que la sala ya no cumplía con los estándares de calidad aparecidos en la última década y que se privilegió una oferta económica proveniente de la misma firma dueña del vecino Hotel Gran Palace. La entrega oficial del cine se hace este fin de semana. Por eso para esa fecha ya no pueden quedar ni butacas ni proyectoras.

"Ahora la gente ya ni siquiera prefiere ir a una multisala", dice Sáez. "Ahora quieren la multisala dentro de, por ejemplo, un centro comercial, donde además puedan comer y comprar", agrega.

Lo cierto es que, a comienzos de los 90, cuando aparecieron las primeras multisalas en Chile, el centro de Santiago ya tenía pocos cines clásicos en funcionamiento. Por ejemplo, el Rex ya estaba dividido en tres salas y el Central, en dos. "Lo que realmente provocó la muerte de todos los cines clásicos fue la consolidación de la televisión, en los años 60", recuerda Carlos Velasco, ex cinematografista que entró a la industria en 1958. "La gente prefirió quedarse en casa a ver la tele y dejó de ir al cine, así murieron también todos los cines que había en la periferia. Luego, en los 80, apareció el VHS, y ese fue otro golpe. Sin embargo, creo que nunca ha afectado al cine propiamente tal, sólo a la manera de ver el negocio de las salas. El cine siempre avanza en calidad, ahora está el 3D. Es decir, el interés no disminuye".

Los últimos cierres
El Gran Palace era el último cine histórico del centro, pero en los últimos años han cerrado varias salas de otros sectores de Santiago. A mediados de 2008, el multicine Vitacura cerró para dar paso al Centro Cultural Amanda. A comienzos de ese mismo año, el Pedro de Valdivia fue rematado y en 2005 el cine Las Lilas, demolido.

Los que sobreviven
Con el fin del cine Gran Palace, los cines "tradicionales" que existen en el centro de la capital forman parte del siempre subsistente circuito del cine arte. El Biógrafo, abierto desde 1992, mantiene una interesante oferta de cine de calidad. El Cine Normandie existe en la calle Tarapacá desde 1959, y también está en pleno funcionamiento. "Estas salas sobreviven porque satisfacen una necesidad cultural que las multisalas no están cumpliendo", dice Álex Doll, a cargo del Normandie, que nació en 1941 en el inmueble que hoy ocupa el Centro Arte Alameda, inaugurado hace 18 años. "Creo que estamos en un súper buen momento, consolidando nuestra oferta de cine de calidad, aprovechando la segunda sala que inauguramos en 2001 y el espacio que también ocupamos para eventos de música y artes visuales, entre otros", dice Roser Fort, directora del lugar.
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Lunes 11 de Mayo de 2009

Los antiguos "biógrafos":
Cines con fachada de palacio y butacas con manillas de bronce

Las salas de antaño lucían balcones tallados y dibujos en el cielo, pero conversar o comer estaba censurado.

"¿Vamos al biógrafo?". Así le decián sus padres a María Eugenia González (81) cuando la invitaban a ver películas. "Nadie hablaba de cine; después se le empezó a llamar teatro, porque las salas eran antiguos anfiteatros adaptados".

Raúl Mella (80) recuerda que cuando era niño observaba por horas los detalles del antiguo cine Real, de Compañía con Ahumada. "Tenía fachada de palacete, balcones de madera tallada y el cielo estaba pintado con nubes, como un fresco". Hoy lo reemplaza un local comercial.





Algo similar ocurrió con el antiguo Cine Metro, de la calle Bandera, donde ahora funciona un banco. "Se llamaba así porque sólo daban largometrajes de la Metro Goldwyn Mayer, como 'Cantando bajo la lluvia' o 'Lo que el viento se llevó', que me emocionó hasta las lágrimas", rememora María Angélica Pérez (72).

El ex Teatro Carrera del barrio Concha y Toro era otro cine-palacio. "Tenía azulejos, mosaicos, y en su interior las butacas tenían manillas de bronce", dice Manuel Sancho (78).

En el barrio vivía Raúl Mella a sus 10 años. "El castigo si me portaba mal en el colegio era que no había teatro el domingo, con lo que me perdía las aventuras de 'El Llanero Solitario'", cuenta.

María Elena Saffer (79) recuerda que uno de los pocos que aún funcionan es el actual teatro de la U. de Chile, en Plaza Italia. "Antes se llamaba Baquedano, y exhibía casi puras películas mexicanas, con Jorge Negrete y María Félix".

Antiguamente existía la cultura de "matinée, vermouth y noche", según la hora del filme. Manuel Sancho recuerda que "en los rotativos se podían ver varias películas al hilo".

"Había más respeto, y si alguien conversaba o abría una caluga, se le llamaba la atención", asegura Marina Saavedra (80).

"Hoy las butacas son más cómodas y las salas más calefaccionadas, pero sigo sin comprender la costumbre de las cabritas y su insoportable ruido", se queja María Angélica Pérez.
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1 comentario:

  1. Es Muy cierto lo que dice la ultima persona , es enfermizo ir al cine y escuchar como la gente habla sin disimular en medio de las películas, o no apagan los celulares (siendo que avisan en todas partes.......), la comodidad y el sorraund reemplaza al respeto por el otro.
    Con respecto al cine, me a dado mucha pena , no tanto por ser un cine clásico y añoso que había sobrevivido a varios golpes de la moda (porque eso no lo malcasé a ver) sino , porque es otra puerta de la cultura que se sierra, (Aunque solo mostrara las películas de taquilla).
    Alberto Pino (34)

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