lunes, 27 de febrero de 2012

El torreón del San Cristóbal se reinventa


Esta tradicional torre del Parque Metropolitano albergará un restaurante que tendrá una de las mejores vistas de Santiago.
por Darío Zambra

FUE UN gran año para el Parque Metropolitano.
En 1925, el entonces Presidente de la República, Arturo Alessandri, inauguró tres lugares que con el tiempo se transformaron en hitos de Santiago: el Zoológico Nacional, el funicular y el Torreón Victoria.

Este último se emplaza en la ladera poniente del cerro San Cristóbal. Originalmente, era una construcción de piedra con tres niveles, algo parecido a una pequeña fortaleza en medio de la ciudad.

Se construyó con la idea de que fuera un observatorio astronómico, pero eso nunca se concretó.
Es probable que en los 87 años de existencia de esta torre, algunos santiaguinos hayan asistido a más de alguna de las tantas actividades que albergó. Pueden haber sido las muestras que en los 80 organizaban los centros de madres que lideraba Lucia Hiriart. Tal vez fueron invitados a uno de los varios matrimonios que se celebraron ahí o quizás hayan presenciado los recitales de los cantautores chilenos Leo Quinteros y Felipe Cadenasso, durante el verano de 2008.

Pese a sus múltiples usos, el protagonismo del Torreón Victoria ha sido más bien discreto. "Nunca se aprovechó su potencial", asegura el Coordinador Nacional de Parques Urbanos del Ministerio de Vivienda, Martín Andrade. Pero hoy se está reinventando: ya está en marcha un proyecto para instalar ahí un centro gastronómico que busca convertirlo en uno de los principales atractivos del parque.

Los terremotos y el Torreón Victoria no se llevan bien. Los que se registraron en 1960 y 1985 se ensañaron con esta construcción y echaron abajo su parte superior. El sismo de febrero de 2010 terminó por dejarlo inutilizado: debilitó sus pilares, botó casi todas sus piedras y dañó la mitad de la losa que está sobre la planta baja. Cuando ocurrió la tragedia, en el lugar funcionaba la galería Flor de Arte, la que cerró después del terremoto por la clausura de la torre.

Dos años más tarde, su reinvención marcha a tranco firme. En diciembre comenzó la restauración y la idea es que quede lo más parecido al original. La única diferencia es que no tendrá la torre que lo coronaba en sus inicios.

"Vamos a mantener la línea arquitectónica que tenía antes. Esta seguía el diseño creado por Luciano Kulczewski para la estación de acceso al funicular", explica Andrade. El torreón conservará su forma octogonal y también las piedras que se utilizaron en su construcción. Además, en esta oportunidad se le incorporarán las fundaciones, ya que tras un análisis estructural, se descubrió que no las tenía. La remodelación terminará en julio.

En forma paralela, la administración del parque elabora las bases para la licitación de este recinto. La idea es que en agosto, apenas concluyan las obras, esté operando el nuevo proyecto, que se espera sea una cava de vinos, un café con wi-fi o un restaurante. "Pueden ser estas dos últimas opciones juntas. Premiaremos la propuesta que le dé más vida a este sector del parque", afirma Andrade.

El potencial del torreón es alto. Está ubicado en el sector Tupahue, frente a la piscina del mismo nombre, a la estación intermedia del teleférico y a escasos metros de la Enoteca. Ahí también convergen los caminos de acceso al parque, el de Pedro de Valdivia Norte y el de Pío Nono.

El recinto es amplio: el interior de la torre tiene 120 m2 y las terrazas y la azotea suman 580 m2. Además, está rodeado por palmas chilenas y araucarias y tiene una atractiva vista de la ciudad.
Para incentivar las visitas, a las personas que ingresen en auto al restaurante del torreón se le descontará de la boleta el cobro del peaje ($ 3.000 de lunes a viernes y $ 4.000 los fines de semana y festivos), tal como se hace hoy en la Enoteca. De todos modos, lo que se busca es asegurar el acceso peatonal a este sector. El proyecto para reactivar el teleférico, cuya licitación se lanza en abril, va en esa línea. "Este es un punto neurálgico, ya que por aquí pasa gran parte de los cinco millones de personas que nos visitan al año. Por eso es importante contar con este lugar de pausa y descanso", remata Andrade.


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