miércoles, 29 de febrero de 2012

Rugby, emoción y tributo en la montaña del milagro

Sobrevivientes y familiares recordaron a uruguayos accidentados en los Andes:
Rugby, emoción y tributo en la montaña del milagro
Con un partido jugado a 3.500 metros sobre el nivel del mar se homenajeó a las 29 víctimas y 16 supervivientes de la tragedia que hace 40 años conmovió al mundo.   


Sebastián Sottorff y Héctor Yáñez desde Malargüe, Argentina 


"Cada vez que subo, me pasan cosas distintas. Esta vez vine con mis hermanos, mis hijos y muchos amigos. Es difícil de explicar, pero en ese lugar nos conectamos con una montaña maravillosa, que fue nuestro hogar durante 70 días. El sol, las estrellas y la luna fueron nuestro techo. Ahí, la presencia de Dios es muy grande, y estás en un estado de contemplación en el que todos los pensamientos se esfuman. La montaña está viva, y volver después de casi cuarenta años es una nueva oportunidad para celebrar y agradecer. A la vida y a todos quienes me enseñaron a luchar".

El que habla es Gustavo Zerbino, uno de los 16 uruguayos que sobrevivieron al accidente aéreo que en 1972 cobró la vida de 29 de sus compañeros, y que impactó al mundo por el ejemplo de tenacidad y esperanza que brindaron quienes, como él, pudieron escapar de la muerte (ver recuadro).

Han pasado sólo un par de horas y Zerbino, médico de profesión y con apenas 19 años el día de la tragedia, ha descendido por novena vez desde la cordillera de los Andes. La primera fue ese diciembre de 1972, cuando un helicóptero de la FACh lo trajo de regreso a la vida desde el glaciar que, a 4 mil metros de altura, se llevó para siempre a sus compañeros.

Su último descenso fue el domingo, luego que junto a su familia y varios amigos visitara el cerro El Sosneado, una cumbre en la que aún están los restos del avión Fairchild y descansan las 29 víctimas del accidente. Era la forma de tributar la memoria de quienes protagonizaron una historia que en octubre cumplirá cuarenta años.

"Lo que nos pasó es un testimonio de solidaridad que rompió todos los límites de supervivencia. Lo que hicimos fue gracias al amor, porque creímos que siempre era posible vivir", añade Zerbino en Malargüe, una ciudad argentina ubicada a 421 kilómetros al suroeste de Mendoza.

El lugar es el punto de partida de la ruta de peregrinación que cientos de personas recorren cada año para visitar el Valle de las Lágrimas, la zona donde el vuelo 571 de la Fuerza Aérea de Uruguay capotó abruptamente.

Zerbino no se siente un héroe, pero asume que su experiencia genera impacto en millones de personas alrededor del mundo.
"Todos los días recibo miles de mails de personas que me agradecen, porque sienten que nosotros les damos fuerzas para luchar. Pero no me siento como un guía, porque lo que hicimos fue gracias al amor; porque creímos que siempre era posible vivir", sentencia, mientras revisa las fotos que captó en la altura con su cámara.

No hay superhombres
Además de visitar el sitio del accidente, el monolito y la cruz que marcan el lugar donde están los cuerpos de sus compañeros, Zerbino llegó a una planicie de El Sosneado, a 3.500 metros de altura, para jugar rugby. El partido lo organizó la Fundación Rugby sin Fronteras, que realiza acciones solidarias y promueve los valores de este deporte con encuentros en lugares emblemáticos. Ya han jugado en las Malvinas y en Sudáfrica, y en 2010 organizaron un partido para recaudar fondos destinados a las víctimas del terremoto del 27-F. Esta vez, familiares y amigos de los protagonistas del Milagro de los Andes son parte de la expedición.

Uno de los equipos que jugaron en la cordillera fue liderado por el chileno Francisco Planella, ex entrenador de la selección chilena y del club Old Boys, que en 1972 se iba a enfrentar al Old Christians uruguayo que viajaba en el Fairchild.

"Es muy difícil explicar lo que se siente en esa montaña. Es algo muy impactante y uno se da cuenta de lo que hicieron ellos. Ellos no son superhombres, pero tenían el profundo deseo de vivir. Eso los sacó adelante. Así que esto es, por lejos, lo más hermoso que me ha pasado en mi vida", explica el chileno entre lágrimas.

El otro equipo lo capitaneaba Alejandro "Coco" Nicolich, hermano de Gustavo, uno de los rugbistas que murieron en los Andes.
"Le agradezco a Dios la oportunidad de venir, y me llevó cuarenta años lograrlo. Yo siempre dije que mis lágrimas se habían secado, pero me voy siendo otra persona", dice Nicolich, llorando tras realizar una cabalgata que duró más de ocho horas. Detrás de él se erige, imponente, la cordillera en la que aún permanece su hermano.

Asombrosa historia de sobrevivencia
El Milagro de los Andes es una de las historias de sobrevivencia más asombrosas de la humanidad. Comenzó el 13 de octubre de 1972, cuando el equipo de rugby uruguayo Old Christians abordó un avión Fairchild de la Fuerza Aérea de ese país para jugar un partido contra el Old Boys chileno en Santiago. Presa de una tormenta, el avión cayó a un glaciar de la cordillera de los Andes, a 4 mil metros de altura. De los 45 ocupantes, 29 murieron en el impacto, en avalanchas posteriores o de hambre. Se les buscó sin éxito durante 70 días, hasta que el 21 de diciembre, tras caminar 10 días al borde de la inanición, sin equipo y sin experiencia de montaña, Fernando Parrado y Roberto Canessa descendieron a Los Maitenes, frente a San Fernando. Allí se toparon con el arriero Sergio Catalán, que avisó a Carabineros. Entre el 22 y 23 de diciembre, en una misión sin precedentes, pilotos de la FACh forzaron sus helicópteros UH más allá de los límites conocidos para rescatar a los 14 jóvenes que aún seguían vivos. La noticia dio la vuelta al mundo. El milagro fue posible.





Sobrevivientes y familiares recordaron a uruguayos accidentados en los Andes:
Rugby, emoción y tributo en la montaña del milagro – Con un partido jugado a 3.500 metros sobre el nivel del mar se homenajeó a las 29 víctimas y 16 supervivientes de la tragedia que hace 40 años conmovió al mundo. El Mercurio






Restos En el valle de Las Lágrimas aún se encuentran partes del avión Fairchild. Guías argentinos ofrecen excursiones que llegan al lugar luego de ocho horas de cabalgata. Allí los turistas se fotografían junto a los vestigios de la nave. 


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