domingo, 15 de mayo de 2011

El inédito viaje al pasado que logró reproducir la "Esmeralda" de Prat

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domingo 15 de mayo de 2011



Proyecto para levantar un museo de la corbeta se tuvo que hacer sin los planos de la nave:



En Chile y en Inglaterra. En museos, archivos, libros y cartas. En fotografías, cuadros y croquis. En oficinas y en el fondo del mar. En todas partes hubo que buscar las piezas que dieron forma a la obra que emociona a Iquique.


La reproducción de la corbeta, con un 98% de avance, tiene 58 metros de eslora y 12 de manga. El mayor de los tres mástiles mide 37 metros.
Foto:ARTURO MORALES

IVÁN MARTINIC
Cuando la "Esmeralda" de Arturo Prat se hundió en la rada de Iquique, hace casi 132 años, no sólo se llevó al fondo del mar las vidas de 140 tripulantes. También, los planos de la corbeta construida a orillas del río Támesis entre 1854 y 1856, que siempre iban a bordo ante la eventualidad de una reparación urgente. Los secretos del diseño original se perdieron para siempre, al menos en Chile.

Así de complejo fue el comienzo del proyecto Museo Corbeta Esmeralda, que a seis días de ser inaugurado por el Presidente Sebastián Piñera emociona a los iquiqueños. Con asombro, éstos ven cómo el buque que le dio renombre a la ciudad pareciera haber sido reflotado e instalado, intacto, en el remodelado Paseo Lynch, en el borde costero.

Pero ¿cómo se pudo reproducir la "Esmeralda" -los expertos rehúyen la palabra réplica, porque si bien esta versión es a escala real, no es exacta ni menos puede flotar- sin los planos del siglo XIX?


Este cuadro muestra una imagen poco usual de la "Esmeralda", con todo su velamen extendido, navegando a la altura de Iquique.
GENTILEZA PROYECTO MUSEO CORBETA ESMERALDA

Silenciosa pero tenazmente, un grupo de especialistas indagó por años el tema, hasta encontrar una serie de piezas que, unidas en una suerte de rompecabezas histórico, permitieron diseñar la reproducción de la corbeta más fidedigna que se conozca hasta ahora.

"Dicho de otro modo, pasar de lo legendario a lo respaldado por fuentes históricas confiables y comprobables", explica el capitán de navío (r) Carlos Tromben, doctor en Historia Marítima y líder de la investigación.

Fue una empresa difícil y costosa. La minera Collahuasi, gestora del proyecto, lleva invertidos US$ 6,5 millones. Hubo que rastrear en libros, cartas, museos y colecciones de pintura. Fue necesario enviar expertos a Inglaterra a escudriñar en los archivos del Almirantazgo y de astilleros. Incluso, organizar una expedición de buzos para revisar los restos náufragos en Iquique.

El resultado, coinciden los autores, es una obra que conmueve a quienes recorren las reproducciones de las cubiertas y los camarotes en los que Prat y sus 201 hombres vivieron sus últimas horas.

"Es la experiencia más bonita que he tenido en mi vida", dice Francisco Moris, jefe de carpintería. "Como chileno y como marino, me tiene muy orgulloso", agrega el vicealmirante (r) Gudelio Mondaca, jefe del proyecto. "Es un gran honor", complementa Tromben.

Por culpa de los nazis

A falta de planos en Chile, había que viajar a Inglaterra. El astillero de Henry Pricther, que construyó la corbeta a un costo de 34 mil libras esterlinas, podía tener copias o algún registro. No resultó. La compañía quebró poco después de entregarle la "Esmeralda" a Chile -el alza de las materias primas por la Guerra de Crimea hundió sus finanzas- y, peor aún, las instalaciones situadas en Northfleet, en el condado de Kent, fueron destruidas por los bombardeos nazis de la II Guerra Mundial.



Tromben, que llevaba años tras los planos, recurrió entonces al Archivo Nacional de Gran Bretaña, al Museo Marítimo Nacional de Greenwich y a la Oficina de Historia Naval de la Real Armada, entre otras entidades.

El resultado fue una colección de documentos, fotografías y planos que, debidamente analizados, sustentan la construcción del museo. "La investigación desarrollada me llevó a la conclusión de que la 'Esmeralda' probablemente fue construida mediante planos adaptados del HMS "Cruizer" (ver infografía), precisa el historiador naval.

Despejado ese punto, había que especificar las terminaciones, pues en sus 23 años de servicio la corbeta sufrió varios cambios. "Hablamos de un buque del que sólo existen diez fotos, tres de ellas interiores", detalla Mondaca. De esas tres, una de las más útiles fue la que Benjamín Vicuña Mackenna se tomó en 1861 en el puente de mando. El mismo de la arenga de Prat. El mismo del salto al abordaje del "Huáscar".

Tan valiosas como las escasas fotos resultaron las más abundantes pinturas sobre el Combate Naval de Iquique. Mondaca resalta como el mayor aporte un óleo del inglés Thomas Somerscales. "Mucho más iluminado que la mayoría de los que se conocen del combate -dice-, muestra cómo era la popa del buque, que tiene una galería para que desde afuera se viera más bonito".

Otro aporte relevante llegó desde el fondo del mar. El doctor Alfredo Cea Egaña, pionero de la arqueología submarina chilena, suma más de 200 inmersiones a los restos náufragos del buque de Prat. En 1977 elaboró una serie de croquis que, más de 30 años después, han aportado valiosos datos estructurales.

Como complemento, en octubre de 2010 varios buzos se sumergieron en la rada en busca de datos específicos. Por ejemplo, tomaron medidas exactas de la hélice y de las planchas de cobre que protegían el casco de madera de la nave, para que no fuera horadado por animales marinos.

Pero la mejor fuente de información aún estaba por aparecer. Hacia 1930, Carlos Fistenbusch, un particular aficionado a los temas navales, contactó al contraalmirante (r) Arturo Wilson, un sobreviviente de la "Esmeralda", para pedirle que le entregara la mayor cantidad de detalles de la corbeta, pues quería hacer una maqueta y una pintura fidedignas.

A sus más de 80 años, Wilson -que como guardiamarina ayudante de Prat fue testigo privilegiado del combate- se dio tiempo para describir la nave a fondo. El epistolario entre él y Fistenbusch aclara muchas dudas, plantea Mondaca. Tromben agrega que la maqueta resultante fue entregada al Museo Histórico Nacional y que uno de los cuadros está en el Club Naval de Valparaíso.

"Me estresé con tanta información", admite Moris, el jefe de carpintería. "Por eso estoy tan flaco", agrega enfundado en un overol que pareciera colgarle por todos lados. Pero está orgulloso: "Encima, me tocó hacer el camarote de Prat".

En Chile no hay precedentes de una investigación histórica de este tipo para reproducir un buque. En EE.UU. se hizo para homenajear al "Mayflower", que en 1620 llegó con colonos ingleses. Protagonistas de la investigación
En 2004, los trabajadores de Minera Collahuasi escogieron reproducir la "Esmeralda" como regalo Bicentenario para Iquique. Luego de un año de investigación a cargo de la Corporación de Amigos del Patrimonio Cultural de Chile, se planteó construir una réplica capaz de flotar cuyo costo bordeaba los US$ 16 millones. "Era como tener otro buque escuela 'Esmeralda' navegando. Habría sido carísimo", recuerda el vicealmirante (r) Gudelio Mondaca.

No obstante, el trabajo de los investigadores Susana Iduya, Fernando Wilson, Isidora Puga y Carlos Tromben Reyes, liderados por el contraalmirante (r) Hernán Barría, fue crucial para lo que vendría después.

Edwin Trench, gerente del área de proyectos de Collahuasi, explica que para hacer viable la iniciativa la minera formó una alianza con la Corporación del Patrimonio Marítimo. De este modo, al primer grupo de investigación se sumaron especialistas como Marco Fernández, Eduardo Rivera, Cecilia Guzmán, Raimundo Silva, Enrique Cáceres y Gloria Reyes.

Coordinado por Carlos Tromben Corbalán, este equipo propuso las bases del diseño que está a punto de ser entregado. La clave de su menor inversión (US$ 6,5 millones) está en que el casco de la corbeta, sin quilla, va adosado a una base de cemento y está rodeado por un espejo de agua. Fuera del mar, los costos de mantención cayeron drásticamente.
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